Doble Jugada.

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Summary

Luego de una trágica experiencia, Rebeca se ve obligada a sacar adelante a sus pequeños gemelos. Ella no cree que el amor pueda llegarle, puesto que es mamá soltera, hasta que un nuevo accionista se incorpora en la empresa donde trabaja. Sus ojos azules son tan hipnotizantes que pareciera que ya los ha visto antes. En las noches sus pesadillas se hacen más vividas, trayendo a su mente aquella triste noche en que la abusaron.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Rebecca estaba inclinada en el retrete vomitando la cena. Las primeras veces que le había ocurrido, sus amigas creyeron que se trataba de comida en mal estado, pero ahora la cosa parecía ser más complicada.

—¿Quieres que te llevemos al doctor? —Rose se mordió el labio inferior, esperando recargada en la puerta del baño.

—Estoy bien —aseguró Rebecca, sin embargo, a los cinco segundos el sonido de sus arcadas inundaron el lugar.

Dina acudió a ellas y con el señor fruncido se inclinó para sujetar los hombros de la afectada.

—Cielo, no quiero asustarte, tus síntomas no son normales, hay una enorme probabilidad que estés embarazada.

Las mejillas de la joven se llenaron de lágrimas, era una verdad que temía plantearse, ¿qué haría ahora?

No recordaba el rostro de aquel hombre. Toda esa noche era difusa en su cabeza.

Sus padres le advirtieron cientos de veces que no fuera a esos lugares, no obstante su amiga la había convencido de asistir a ese evento privado.

«La banda Mortus se iba a presentar en el centro de Token y Rose moría por verlos en vivo. Pese a que Rebecca contaba con diecinueve años, todavía debía dar cuentas a sus padres. Ellos pagaban sus estudios, su comida y el alquiler de su departamento.

“No se van a enterar, vamos, yo invito”, le insistió su amiga.

Así comenzó el caos en su vida.

El grupo musical contaba con cinco integrantes y uno se veía más guapo que el otro.

En el transcurso de la velada, Rose tarareó cada una de las canciones y se movía al ritmo de la música.

Media hora antes de que terminara el concierto, uno de los hombres de seguridad se acercó y le susurró al oído.

El gesto de Rose pasó del asombro a la alegría.

El guardia siguió su camino.

Entonces le contó a su amiga la maravillosa invitación que le habían hecho.

—¿Una fiesta privada?, no sé, suena extraño. —Rebecca vio cientos de películas donde esas proposiciones terminaban en ritos satánicos o en trata de blancas.

—Vamos, tengo la corazonada que habrá mucha diversión —La sonrisa de Rose se amplió dejando ver sus dientes—. ¿No me digas que tienes miedo?, esta es una oportunidad de oro y no la voy a desaprovechar.

Aunque Rebecca no quería ir a esa fiesta “privada”, tampoco dejaría sola a su amiga con la banda Mortus. Tal vez estaba exagerando las cosas.

—Iré con la condición de que regresemos temprano a casa y, cualquier señal de algo malo, llamaremos a la policía.

—¿De verdad crees que soy tan irresponsable?, no va a pasar nada, ¡relájate!



El vocalista se despidió y agradeció por haber asistido a su concierto. Los guardias llevaron a las chicas “elegidas” detrás del escenario, ahí les explicaron que la reunión se llevaría a cabo en un hotel.

—Están prohibidos los celulares —advirtió uno de ellos—, y no se podrán acercar a Mortus, a menos que ellos les digan.

Rebecca no pudo resistir el impulso de rodar los ojos. El auditorio tenía una capacidad aproximada de quinientas personas, la exigente banda no llenó ni la mitad.

«Son unos creídos», pensó.

Luego de un rato, las chicas fueron llevadas al sitio en una urvan blanca.

Hospedarse en el ”Panoramic” resultaba un completo lujo, pasar la noche ahí equivalía a dos mensualidades de su universidad.

En uno de los grandes salones se llevaría a cabo la fiesta. Entre luces parpadeantes y música a volumen alto, Rebecca sintió un mal presentimiento, miró a chicas eufóricas bailando y otras besándose en el jacuzzi.


—No me siento bien, ¿puedo ir a casa? —le dijo al odio a su amiga.

—Rebe esto apenas comienza, por favor no seas así —suplicó Rose, viendo que a los lejos entraba Benni, el baterista de la banda.

—Ok —respondió resignada y buscó el lugar más apartado del ruido.

Después de un rato, una sonriente y bajita mujer de cabello rubio se acercó a hacerle plática y ofrecerle una bebida. Luego su alrededor se volvió confuso, fue en dirección al baño a lavarse la cara, y sus parecían ir en cámara lenta, sus pasos se entorpecieron.

Posó su vista al frente y una figura masculina se aproximó a ella, y la sujetó por los hombros.

Su conciencia se distorsionó, no podía emitir palabras coherentes.

Un par de ojos azules. El techo de una habitación, un ardor inexplicable que la hizo llorar.

El rostro distorsionado de Rose. Despertó del trance con una fuerte migraña.

—Perdóname Rebecca, por favor perdóname —le suplicó su amiga.

—¿Dónde estamos? —giró su cabeza intentando adivinar en qué lugar estaban.

—Tranquila —intervino Dina sin saber que otra cosa decir.

—¿Qué pasó? —quiso saber Rebecca, los sollozos de Rose la ponían nerviosa.

Con un nudo en la garganta, Dina, la mayor de las tres, explicó a grandes rasgos lo que ocurrió esa noche.

Resulta que un tipo mandó a una chica a darle una bebida con un alucinógeno. Rebecca quedó inconsciente y unos sujetos la metieron a uno de los cuartos.

—¡No, no, no!, es imposible, yo no recuerdo nada. —La muchacha miró un punto ciego al frente, forzándose a recordar los acontecimientos de aquella noche.

—¡Es mi culpa! —exclamó horrorizada Rose. Si quedó atrapada en una pesadilla, era momento de despertar.

Las manos de Rebecca empezaron a temblar.

—Primero vamos a levantar una denuncia, iremos al médico, y todo… —Dina no se atrevió a mentir—, todo. Mierda solo hagamos algo.

Pasaron nueve semanas del traumático suceso. Las acusaciones a la banda no prosiguieron. Los argumentos de los abogados eran que la chica solo intentó sacar beneficio de aquella fiesta. Según los testigos que llevaron, Rebecca se retiró con dos jóvenes de buena gana, nadie la forzó.

“No hay forma de que esa chica estuviera alcoholizada”

“Si se fue con ellos es porque quiso irse”.

Los estudios toxicológicos no arrojaron ninguna droga. Así que dentro del club fans a Rebecca la tacharon de oportunista. Los integrantes de Mortus ni siquiera tuvieron que presentarse en el juzgado.

Y ahora, tres meses después, la pobre chica con síntomas de embarazo.