CAPÍTULO 1: RUTINA
Abrí mis ojos cuando el pitido resonó por toda la habitación, estirándome apagué la alarma para luego con esfuerzo sentarme en la cama. Miré por la ventana, el día parecía estar increíble, sin una nube.
Caminé rápidamente al baño para darme una ducha así despertarme y comenzar mi mañana de la mejor manera. Tenía cada minuto cronometrado para llegar a tiempo a la empresa. Cuando terminé de vestirme con un pantalón negro, camisa color vino tinto junto a una corbata y smoking negro, bajé las escaleras de la casa.
Todavía me impresionaba el lugar. Era tan amplio, con decoración minimalista, siendo tan novedoso, todo estaba pintado de blanco y negro. Había sido una idea mía y estaba feliz por el resultado.
—Buen día, Nohely —hablé mientras me acercaba a la cocina mirando distraídamente el celular, fijándome en los mails de mi secretaria que me hablaba de la reunión que tenía a las diez.
—Hola señor Kim —dijo la mujer sonriendo mientras guardaba comida en el freezer.
Era la mejor empleada que había tenido, confiable, cariñosa y presentable. Nohely tan solo venía dos veces por semana, ya que no era necesario más, porque aunque era una casa grande para dos personas, era bastante fácil de mantener.
—¿Quiere desayunar? Le preparé jugo con unas tostadas con mermelada —habló la mujer.
—Claro, si es posible —Le contesté ahora mirándola. —¿Hyonshin ya se fue? —pregunté ahora sentándome en la mesa amplia del comedor.
—El señor Park salió hace una hora aproximadamente. Me dijo que le haga recordar de la reunión con los escoceses —dijo mientras
apoyaba el vaso con el líquido naranja y un plato con las tostadas.
Había olvidado que Hyonshin tenía un difícil día hoy.
—¿Puede darme algo de fruta Nohely, por favor? —comenté. —En realidad no tengo tanta hambre como para comerme estás tostadas —dije apenado. Ella sonrió amablemente asintiendo.
—Está comiendo poco señor Kim —apreció lentamente.
—No te preocupes, Youngwon me mantiene sano —dije sonriendo mientras tomaba un poco del delicioso jugo, mientras veía como la mujer se iba a la cocina a buscarme lo pedido.
Youngwon era mi entrenador personal, he incluso ya era parte de mi familia, él me cuidaba como su hermano pequeño.
[..........]
Frené mi audi en el estacionamiento de la empresa con total agilidad. El reloj de mi muñeca marcaba las nueve de la mañana.
«Bien, había llegado puntual.»
Sonreí a mi mismo tomando mi maletín, saliendo del hermoso auto que había sido regalo para mi maravilloso cumpleaños número veintitrés.
Los zapatos resonaron en el piso de charol mientras caminaba por el pasillo de la gigantesca empresa. Tomé el ascensor para luego apretar el número 8 y esperé con paciencia mirando los números pasar mientras miraba mi aspecto en el espejo que cubría toda la pared; observé mi cabello ahora totalmente platinado, que se encontraba perfectamente peinado hacía atrás.
Apenas se abrieron las puertas mecánicas, Yoongi me atacó.
—¿Acaso sabes la hora que es? —preguntó con papeles en las manos.
Su traje azul francia de etiqueta, le resaltaba su buena figura y tenía su cabello largo oscuro atado.
—Son las nueve —dije como si nada mientras caminaba hacía mi oficina. —Karla un café por favor —Le dije a la mujer que estaba sentada detrás del escritorio. Ella asintió rápidamente.
Cuando entré a mi lugar privado, acomodé mi maletín y sabía que mi amigo/asistente me seguía mirando de forma furiosa.
—Taehyung, es muy importante está reunión —comentó Yoongi mirándome de forma seria.
—Tranquilo, lo sé, igual pensé que Hyonshin se encargaría de eso. Se que necesitamos a Son Heungmin en nuestra compañía, ya que es un gran jugador de fútbol pero es un patán y todos lo saben —dije sentándome en la silla.
Ambos miramos como Karla traía un café en su mano para luego dejarlo en mi escritorio.
—¿Necesita algo más señor Kim? —preguntó la mujer de unos veintitantos.
—No, muchas gracias Karla —Mi secretaria asintió para luego retirarse con su típica timidez.
—Sea o no sea un patán. Vale millones, Hyonshin no se puede encargar por que está en otra reunión. Lo sabes perfectamente —dijo con profesionalidad.
—No te preocupes, estoy listo para enfrentarme a ese idiota —hablé poniendo los ojos en blanco. Yoongi intentó retener una sonrisa.
—Intenta empezar por sacar lo de idiota. ¿Almorzamos juntos hoy o te irías con tu prometido dejándome abandonado como un desdichado? —preguntó frunciendo el entrecejo exageradamente.
Si había algo que me daba gracia de él era su forma de ser tan dramática y a la vez tan serio.
—Almorzaré contigo —dije bebiendo de mi café. —Ahora vete que tengo que leer un poco mas sobre mi próximo cliente.
—Bien, en veinte minutos te quiero en la sala de reuniones —Me señaló parándose y rápidamente salir de mi oficina.
Observé la ficha del nuevo deportista que se agregaría a la firma. Representar a deportistas era difícil, ya que todos parecían estar subidos a grandes egos, no querían ser guiados y creían que podían hacer todo por ellos solos. Como jefe del departamento de comunicación de la empresa se me hacía difícil tapar cada “desliz” que tenían. Hace poco, me había sucedido con Tiger Woods y sus malditas infidelidades y fue un infierno.
Cuando se hizo la hora, tomé mis papeles, dispuesto a enfrentarme a uno de los mejores futbolistas del momento.
—Señor So —dije entrando a la sala de reuniones.
Era un gran lugar, donde había en el centro una gran mesa junto a varias sillas. A los costados estaban hombres de traje y a mi lado simplemente Yoongi con algunas carpetas.
—Soy Kim Taehyung.
El hombre se levantó con soberana arrogancia para luego estrechar una mano conmigo y proseguí haciendo el mismo gesto con los demás hombres.
—Sabemos quién eres —comentó el joven para luego volver a sentarse.
—Bien, eso nos hace saltar la introducción entonces —dije amablemente sentándome. —Hemos investigado bastante sus rankings, puntos, anotaciones. Estamos realmente sorprendidos con su desempeño en el fútbol y realmente nos gustaría tenerlo en “Sportstar. S. Company” pero tendremos que hacer algunos ajustes en su imagen pública, creemos que una gran carrera se hace en base de varios aspectos y uno de ellos es poder conectar con los fanáticos —dije lentamente. El joven de cabello oxigenado bufó.
—Escúchame, me encanta tu charlita de moral pero no me interesa. Solo quiero ganar más dinero del que tengo. ¿Comprendes? —Levantó las cejas mirándome fijamente.
Ahora entendía porque esté idiota perdía sus representantes como los minutos que pasaban.
—Señor So, no podemos representar a una persona por mas talentosa que sea si no está dispuesto a cooperar con nosotros. Usted juega excelente al fútbol, pero luego si trata mal a sus fanáticos frente las cámaras, sale con mujeres de baja sociedad e insulta a otros jugadores. Créeme que puede seguir así y perderá montones de dinero. ¿Comprende? —hablé ahora con voz dura. Él chico se quedó en silencio evaluándome.
—Me gusta su actitud —susurró todavía con disgusto.
—Me alegro, por que nos veremos bastante la cara —dije regalando una leve sonrisa de lado. —Mi asistente ya le ha hablado de nuestra visión ante usted, él les dará los papeles. Pueden evaluar con tranquilidad y si están interesados haremos una cita para poder cerrar —dije parándome. —Lamento tener que irme, pero el tiempo corre —comenté estrechando mi mano con ellos. —Un placer señor So —dije lentamente. Él dió un asentimiento.
Apenas me fui del lugar caminando hacia mi oficina pude respirar tranquilo, odiaba tener que enfrentarme a estos tipos. Hyonshin lo hacía mejor, pero yo llevaba un buen puntaje de varios aciertos y sabía que este rubio iba a ceder, porque éramos la mejor compañía con los deportistas, mejorábamos la imagen hasta del más monstruo.
—Karla —Llamé a mi secretaria. Está me miró atentamente. —¿Hyonshin terminó su junta? —pregunté lentamente. Ella asintió parándose.
—Está en su oficina señor Kim, lo vino a buscar pero le tuve que decir que estaba con So.
—Gracias —dije para luego caminar por los pasillos nuevamente, en busca de mi prometido.
Saludé a su secretaria Nessa que me sonrió dándome una sonrisa amplia. Ella podría ser tranquilamente una modelo pero estaba realmente interesada en llegar al tope de la compañía.
—Hola —saludé con una sonrisa luego de haber tocado la puerta.
Él se encontraba sentado en su inmenso escritorio. Su cabello oscuro con rulos, tapaba un poco su cara, ya que cada vez lo tenía más largo, llevaba un traje de etiqueta con una corbata gris; parecía todo un modelo de revistas. Levantó su rostro para luego dejar de hacer todo y pararse con una gran sonrisa en sus labios.
—Hola amor —dijo abriendo sus brazos para darme la bienvenida.
Lo abracé y acerqué mis labios con los de él, besándolos de forma lenta.
—Lamento no haberme levantado contigo, pero esos escoceses y lo de Dylan me tienen en ebullición —dijo separándose de mí para volver a sentarse.
Me hubiese gustado estar un poco más en sus brazos pero Hyonshin nunca había sido destacado por su forma de afecto, así que me senté en la silla de enfrente.
—Por suerte la junta fue todo un éxito —dijo sonriendo satisfecho.
—¿Sigue con ganas de jubilarse? —pregunté lentamente.
Dylan era uno de los trabajadores más antiguos de la empresa y se dedicaba a la economía de está. Definitivamente, él era el líder.
—Sí, quiere ir con su esposa a la India o recorrer el mundo —bufó. —Le ofrecí más dinero, pero lo rechazó —dijo lentamente reclinándose en la silla. —Ya no se como retenerlo —habló con amargura.
—Todo se resolverá, tal vez habría que encontrar a otra persona que pueda reemplazarlo —comenté intentando relajarlo.
—Hay alguien que irá bien con el puesto, pero no se si está disponible —Miró hacía otro lado con pensativo. —¿Cómo te fue con So Heungmin? —preguntó cambiando de tema.
—Bien, ya sabes. Es un poco arrogante —dije sarcásticamente. Él asintió con aprobación.
Hyonshin había tenido su primera junta con él y también había vuelto bastante cabreado por el genio del chico.
—Pero creo que cerrara el trato —dije sonriendo sin mostrar los dientes.
—¡Muy bien! Ese es mi chico —Estiró su mano por arriba de la mesa para tomar la mía. —¿Almorzamos juntos? —preguntó luego de unos minutos.
—Almorzaré con Yoongi, siente que lo estoy abandonando —dije mientras me cruzaba de piernas cómodamente.
—Bien, entonces te veré en la cena —Hizo una mueca. —Salvo que no vayas al gimnasio —Me miró con ojos grandes. Negué con la cabeza riendo.
«Si faltaba Youngwon me mataría.»
—Claro que no, me gusta ir al gimnasio. Cenaremos algo, le diré a Nohely que deje algo preparado o tal vez pueda cocinar algo —dije emocionado.
—Sabes que no me gusta que cocines, amor. Estas manos no están hechas para cortar carne o verduras —dijo acariciando el dorso de mi mano.
Parecían eternidades que no cocinaba yo mismo, solo lo hacía cuando Hyonshin se iba a juntas a otros países que por lo menos lo hacía tres veces por mes.
—Tienes razón —dije intentando ocultar un poco de mi disgusto. —Le diré a Nohely —Sonreí sin más.
El intercomunicador del lugar sonó y él lo levantó para luego escuchar lo que decía su secretaria del otro lado.
—Bien, ahora lo llamo —habló frunciendo el ceño para luego cortar. —Debo llamar a Janghoon, al parecer tuvo un fuerte tirón en la pierna y está en revisión —dijo preocupado mientras esperaba el nuevo llamado de la secretaría con la comunicación con el jugador estrella de básquet.
—Entonces te dejo, debo volver a trabajar y hablar con los publicista de Everlast —contesté parándome. Él asintió regalándome una sonrisa.
[..........]
Moví mi torso hacia adelante, sintiendo mi cuerpo caliente, la transpiración inundaba cada centímetro de mi piel. Volví a estirarme para luego levantarme con los brazos en mi cabeza.
—Vamos ya casi terminas, Kim —dijo Youngwon parado enfrente mío.
Vestía con su típica musculosa verde chillona, pegada a su piel y unos shorts blancos. Seguí haciendo abdominales.
—¡200! —contó finalizando mi tortura. Respiré hondo dejando caer mi cuerpo en la colchoneta intentando recomponerme.
—Muy bien, mejoraste bastante, lindura. Aquí tienes —dijo pasándome la botella de agua.
Como un sediento en un desierto, la llevé a mi boca prácticamente succionando el líquido con desesperación. Youngwon se encontraba claramente disfrutando mi mal rato.
—Si te sigues riendo te cortaré en rábanos y los tiraré a la licuadora —Le señalé con mi dedo índice de forma retadora.
—Oh Kim te tengo mucho miedo. Tal vez si dejaras de fumar los horribles cigarrillos que fumas tendrías más resistencia —Se burló. —Ven vamos, párate que irás a la caminadora —dijo estirando su mano para que la tome.
—Ya creo que fue suficiente por hoy —hablé cansado mientras nos dirigíamos al otro rincón del gimnasio. Él encendió la máquina cuando ya me encontraba arriba de está.
—Te acompañaré —dijo mientras terminaba de configurar mi caminadora, haciendo que comience a caminar y se puso en la máquina de al lado.
—Juro que te estoy odiando, quiero irme a mi casa —dije con agotamiento mientras la velocidad de la máquina comenzaba a aumentar haciendo que trote.
—Tranquilo, ya terminará. Debes descargar toda la energía negativa de esa empresa —comentó.
—Tú me estas descargando el alma —dije divertido a mi amigo.
—Yo te descargo la grasa, Kim. Sin mi no tendrías ese maravilloso cuerpo que mata a cualquier espécimen que entra aquí —dijo en apreciación. Reí.
Youngwon era un hombre grande, bronceado, castaño, muy fibroso y que tenía una adicción a los hombres chichones. Además de ser directo, no tenía pelos en la lengua y eso me gustaba.
De repente un batallón de hombres, salieron de una de las salas.
—Uf los chicos de boxeo salieron —dijo Youngwon mirando distraídamente hacia ahí mientras tratábamos.
—¿Abrieron una clase de boxeo? —comenté sorprendido.
—Hay una a la mañana y ahora abrieron una a esta hora —Me contestó.
«Boxeo. Ese maldito deporte.» Mi mente empezó a divagar haciendo que algo en mí interior se moviera.
—¿Estás bien? ¿Te encuentras mareado? —habló mi amigo preocupado parando de ejercitarse y saliendo de la máquina para frenar la mía.
—Si, si. Solo estoy realmente cansado, creo que hemos hecho bastante por hoy —dije lentamente todavía con la respiración agitada. Mi amigo me miró sabiendo perfectamente que no era eso.
—Bien, no te preocupes. Mañana te podré hacer papilla —Rió. Negué con la cabeza, divertido.
[..........]
Encendí la luz de la casa, mientras entraba con bolsas que contenían sushi fresco recién comprado.
—¿Cielo? —pregunté luego de dejar las llaves de mi auto y mi maletín arriba de la mesa. —¡¿Hyonshin?! —insistí, aunque su auto no estaba en la cochera.
Bufé molesto, tomando mi celular apretando rápidamente su número de móvil.
—Amor —dijo del otro lado.
—Hyonshin ¿Dónde estas?. Pensé que ya ibas a estar aquí en casa —dije mientras sacaba la comida de las bolsas, junto a una botella de vino.
—Lo sé , pero sigo con el tema de Dylan. Necesito que alguien se encargue de los números de la empresa, también tengo que terminar algunos reportes para mañana. Pero llegaré en una hora, lo prometo —habló rápidamente.
Sabía que era sincero. Él llevaba en su hombro la empresa de su padre y se sentía bastante estresado con todo.
—No te preocupes, te dejaré todo listo para que comas. Estoy algo cansado por el entrenamiento, creo que comeré rápido e iré a dormir —dije mientras miraba al vacío.
—Bueno, amor. Duerme bien —contestó del otro lado de la línea.
—Adiós —Corté la llamada para luego tirar el celular a la mesa.
Miré fijamente la comida que había comprado, pero me decidí por agarrar solamente la botella de vino e ir a abrirla y me serví en una copa grande.
Había conocido a Hyonshin en el último año de la carrera de comunicación. Él había ido a dar una charla en el auditorio para contar un poco de lo que se hacía en su empresa y lo que era llevar a cabo una gran comunicación con los clientes. Me topé con él ese mismo día en uno de los pasillos, la simple felicitación que le di nos llevó a ambos a comenzar una charla que luego terminó con una invitación a cenar.
Él era perfecto, era dueño de una compañía, un hombre prolijo, simpático, siempre de buen humor, siempre bien vestido. Nunca lo había visto correr ningún riesgo, era preciso con todo. Él era tan diferente a…. Corté mis pensamientos de repente, no quería volver a esa etapa de mi vida, que ya daba por olvidada.
Tomé un largo trago de la copa, abrí con amargura el envase donde se encontraba el salmón enrollado en arroz y llevé un trozo a mi boca degustando. Mi novio se moriría si me viera comiendo con los dedos, pero él por suerte, no estaba aquí. Agarré la botella y me encaminé hacia las escaleras.
Me prepararía una ducha, música y vino. No había mejor combinación para terminar está rutina de mi nueva vida.