BAJO LAS ESTRELLAS

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Summary

Una vida juntos es lo que quiero... En un mundo de diamantes fabricados y promesas, el amor de Ji-ho es la única verdad que Hana puede tocar. Él es el lobo que no busca domesticarla, sino correr a su lado entre sombras de una ciudad que intenta devorarla...

Genre
Romance
Author
blake
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPITULO 1

Era de noche, el sonido de los carros sobre el asfalto mojado y las bocinas a lo lejos formaban un ruido blanco que llenaba el departamento. Eran las tres de la mañana y Hana se había levantado. Se puso las pantuflas y camino en silencio por el pasillo para no despertar a nadie. Salió a la terraza y se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la pared.

Hacia frio, pero era mejor que el encierro de su habitación. Se quedo mirando las luces de los edificios hasta que escucho el roce de la puerta corrediza.

- Hana ¿qué haces aquí? - Ha-rin, su hermana mayor, estaba de pie en el umbral. Tenía el rostro cansado y se ajustaba el suéter- Entra, vas a enfermarte.

-Mañana es tu primer día en el instituto, No puede llegar tarde. Entra ya.

Hana suspiro, se levantó y paso al lado de su hermana sin decir nada más. Se tiro en la cama y cerró los ojos. Sabía que no serviría de nada darle vueltas al asunto; Seul era solo otra ciudad en una lista que no dejaba de crecer.

Al día siguiente, el sonido del cristal rompiéndose contra el piso de la cocina rompió con el silencio alertando a todos los que aún se encontraban dormidos.

-Te pedí que el café no estuviera cargado Sun-young. ¿Tan difícil es seguir una instrucción? - La voz de Park Sang-hoon era fría y pesada. Estaba de pie frente a la mesa, observando el líquido negro derramado sobre el mantel.

-Lo siento, lo limpio ahora mismo- Respondió su madre, agachándose rápidamente para recoger los pedazos de vidrio que se habían esparcido por todo el piso. Da-won, el hermano gemelo de Ha-rin, bajo de golpe por las escaleras.

-No le hables así a mi madre. Ella no es tu empleada. - Sang-hoon no se asustó y camino hacia Da-won el cual tenía la cara roja del enojo y tomo al contrario de la solapa del saco.

-Golpéame- reto Da-won -Pero eso no quita lo cobarde que eres con las mujeres.

Sang-hoon se soltó del agarre con un empujón violento, tomo su maletín de la mesa y salió de la casa sin decir ni una sola palabra. El portazo hizo vibrar los vidrios de la entrada provocando un pequeño salto a la mujer.

-Da-won, no debiste hacerlo- susurro Sun-young con las manos temblorosas.

-Madre, tienes que dejar de defenderlo- Hablo ahora Hana, quien bajaba por las escaleras ya alistada para ir a su nueva escuela -En fin, siempre que te digo esto te enojas así que mejor me voy.

Hana tomo su maletín y salió de la casa. El uniforme nuevo le quedaba rígido y el aire de esa mañana estaba cargado de humedad. Al necesitar caminar y distraerse, decidió tomar un atajo por una zona de bodegas y talleres mecánicos que se encontraban detrás de la avenida principal. Se detuvo en seco al escuchar el impacto de un cuerpo contra el contenedor de basura.

En aquel callejón estrecho, un chico de cabello negro y largo se encontraba rodeado por siete sujetos, ella se quedó paralizada. El pelinegro esquivo un golpe, conceto un rodillazo en el estómago de uno de ellos y lo derribo. Se movía con una gran precisión, como si para el fuera algo de rutina.

Cuando el último de los hombres cayó al suelo, uno de ellos noto la entrada de Hana a aquel callejón.

-¿Y esa que mira? - dijo el tipo, tratando de levantarse.

-Déjala en paz, lárguense antes de que decida no dejarlos caminar - ordeno el chico pelinegro, su voz era plan, sin ningún rastro de agitación. Los sujetos se miraron entre sí, recogieron a sus compañeros

Del suelo y se fueron maldiciendo por lo bajo. El chico se limpio la sangre de la nariz con el dorso de la mano y miro a Hana, Tenia los ojos oscuros y una expresión gélida.

-¿Qué haces aquí? Este lugar es peligroso -dijo el.

-Me perdí. Soy nueva por aquí-respondió Hana, tratando de mantener una voz firme.

El la examino un segundo, como si estuviera decidiendo si era una amenaza o no. Luego, recogió su mochila del piso, se la colgó al hombro y camino en dirección contraria sin despedirse. Hana se quedo sola en aquel callejón, escuchando como sus propios latidos se calmaban poco a poco. Se sacudió el polvo del uniforme y retomo su camino.

Al salir a la avenida principal, el edificio del instituto se asomo frente a ella. Era una construcción de concreto gris, rodeada de una reja metálica alta y un patio de cemento donde varios estudiantes caminaban en grupos en dirección a la entrada. Para Hana no era un lugar de aprendizaje, si no que una nueva celda pues después de haber pasado por tantas escuelas en los últimos años ya no se molestaba en aprenderse los nombres de los pasillos y sus compañeros; sabía que, tarde o temprano, Sang-hoon decidiría que era hora de mudarse a otra ciudad.

Camino hacia la entrada principal sintiéndose ese típico bicho raro que no encajaba en ese gran rompecabezas. Justo al cruzar el umbral de las puertas, una chica con un brazalete rojo en el brazo izquierdo le bloqueo el paso con una sonrisa que parecía haber sido ensayada mil veces.

-¡Buenos días! Tu debes ser Lee Hana, ¿Verdad? -La chica hablaba con una dicción perfecta. Tenia el cabello recogido en una coleta casi impecable - Soy Park Ji-soo, jefa del comité de bienvenida. El director me pidió que te diera un recorrido básico y que te llevara a tu nuevo salón de paso.

-Ah, sí soy yo-respondió Hana, tratando de igualar su cortesía, aunque se sentía agotada.

-Es un placer conocerte. El instituto es grande, pero te acostumbras así que no te preocupes-Esta comenzó a caminar con paso firme, indicando con la mano los diferentes laboratorios y áreas comunes.

-Aquí tenemos el gimnasio, allá los casilleros de artes. Intentamos que todos los nuevos se sientan integrados desde el primer día, si necesitas algo mi oficina siempre esta abierta.

-¿Tu? ¿Tener una oficina? Una oficina no es el salón de clases-dijo un chico con el uniforme desacomodado y con el cabello despeinado, con una voz burlona pero amistosa. Hana se quedó con una cara de confusión la cual el chico percato en el momento.

-Ah perdona por meterme. Me llamo Chae-Young -dijo este con una sonrisa casi impecable, una que irradiaba a primera vista confianza.

-Mucho gusto soy Lee Ha-na, espero que podamos llevarnos bien

Ji-soo. La jefa del comité y Chae-Young dieron una ultima sonrisa y se alejaron cada uno por su lado. Hana se quedó sola frente aquella puerta corrediza del salón 2-B. El letrero de madera parecía más grande de lo normal. Respiro hondo tratando de calamar sus nervios que subían por su estómago, y deslizo la puerta con decisión.

El sonido de la puerta al abrirse fue sordo pero lo suficiente como para llamar la atención de los estudiantes y de sus miradas confusas y sorprendidas. Hana sentía como los cincuenta pares de ojos se clavaban sobre ella lo cual le revolvió aún más el estómago. El profesor, un hombre de mediana edad que revisaba los papeles en su escritorio levanto la vista.

-Llegas justo a tiempo. Pasa y preséntate. -Ordeno el profesor con poco interés.

Hana camino hacia enfrente, sintiendo el suelo de madera rechinar bajo sus pies. Se detuvo junto a la pizarra y recorrio las filas de los pupitres con la mirada, intentando mostrar la seguridad que definitivamente le faltaba. Busco un lugar vacío y lo encontró al fondo, cerca de la ventana trasera. Pero antes de llegar se congelo, a un lado de aquel pupitre; sentado con una postura despreocupada y la cabeza a poyada en sus brazos, estaba él.

Era el chico de aquel callejón, su cabello negro y largo caía sobre su rostro, cubriéndole casi por completo. Pero Hana reconoció de inmediato esa silueta y la vibra tan perturban té que emanaba con su mirada. El no levanto la vista, era como si estuviese dormido o ignorando por completo la clase, entonces Hana noto sus nudillos todavía rojos y mal heridos de la pelea, apretaban el borde de la mesa. La sangre en el callejón, su voz plana, la forma en que los otros chicos le temían...todo volvió a la mente de Hana en cuestión de segundos.

-Me llamo Lee Ha-na, mucho gusto en conocerlos a todos- dijo ella, con una voz plana casi forzando las palabras a salir de su boca, mientras su corazón retumbaba con fuerza contra sus costillas. Se dirigió al pupitre vacío, que casualmente estaba en la misma fila que él. Se sentó en silencio, sintiendo como el aire que entraba por la ventana lo hacia el mas frio que en comparación a otro lugar del salón.

Y como era de esperarse Ji-ho no hizo ningún movimiento para intentar reconocer su presencia.

La clase de literatura dio comienzo, pero Hana apenas podía procesar las palabras del profesor. El silencio de Ji-ho a su lado era denso, casi electrizante. Ella mantenía la vista en el cuaderno, pero sus ojos a ratos se desviaban inevitablemente hacia la mano de él, que colgaba al costado del pupitre. Los nudillos estaban a carne viva y empezaban a tomar un color violáceo.

Aprovechando que el profesor escribía en la pizarra, Hana metió la mano en uno de los bolsillos de su mochila. Con movimientos lentos y precisos, saco un curita transparente. Sin girar la cabeza, estiro el brazo y la deslizo sobre la madera del pupitre de Ji-ho.

El chico se tensó al instante. No se movió, pero Hana noto como su respiración se detenía por un segundo. El bajo la vista hacia ese pequeño objeto y luego, muy lentamente, giro la cabeza hacia ella. Sus ojos se mostraban indescifrables, como si estuviera intentando entender el por qué una desconocida se atrevía a invadir su espacio personal con un gesto tan amable.

Hana no devolvió la mirada. Sigui escribiendo en su cuaderno con un ligero temblor en la mano. Ji-ho no tomo el curita de forma inmediata pero tampoco la hizo un lado, como si intentara decir: "Gracias, pero no la necesito"

Al sonar el timbre, la tensión se rompió cuando el salón se lleno de ruido. Ji-ho se levanto de golpe, agarro su mochila y salió por la puerta trasera sin decir ni una sola palabra, dejado aquel curita sobre la mesa.

Hana suspiro, sintiéndose un poco tonta por haberlo intentado, hasta qué una sombra se proyecto sobre su pupitre. Era Chae-Young el chico de la sonrisa impecable que la había recibido al entrar.

-Vaya, sí que eres valiente-dijo Chae-Young apoyándose en el banco adelante con una expresión entre divertida y preocupada. - He visto lo que has hecho con el curita.

Hana comenzó a guardar sus cosas intentando parecer indiferente.

-Solo vi que estaba herido.

-Escucha Hana...-Chae-young bajo la voz y se inclinó un poco más hacia ella- Ji-ho no es como los demás. Aquí todos sabemos que es mejor mantener una distancia. No es solo que sea difícil, es que su mundo es peligros. Ten cuidado, no es el tipo de personas que agradece los buenos gestos.

Esto hizo que Hana se quedara callada, procesando la información. Pero en vez de asustarse, esto le intrigo más... ¿Quién era él y porque era así?

Hana apenas iba a responder ante la advertencia de Chae-Young cuando el sonido de la puerta corrediza golpeando contra el marco la hizo saltar. Tres estudiantes del 3er año, con el uniforme desaliñado y expresiones de pocos amigos, entraron al salón. No buscaban a un profesor; buscaban a alguien especifico.

El líder del grupo, un chico alto con una cicatriz en la ceja, pateo un banco vacío.

-¿Dónde esta Han Ji-ho? -pregunto, barriendo el salón con la mirada. Nadie respondió; el silencio en el aula era absoluto, todos bajaron la vista hacia sus libros.

Chae-Young se tenso a un lado de Hana y dio un paso atrás, tratando de no llamar la atención. Sin embargo, el tipo de la cicatriz camino directamente hacia el pupitre de Ji-ho, justo a lado de donde se sentaba Hana. Se detuvo frente a ella y vio el curita que Ji-ho había dejado sobre la mesa.

-Vaya, vaya...-El tipo soltó una carcajada seca y tomo el curita entre sus dedos- Parece que el perro rabioso tiene a alguien que lo cuide.

Se inclino sobre el pupitre de Hana, invadiendo su espacio personal. El olor a cigarro era insoportable.

-Oye, nueva. ¿Tu eres la que le anda curando las heridas a Ji-ho? ¿O es que tú también eres de su clase?

Hana apretó los puños debajo de la mesa. Podio sentir el miedo de Chae-young a su lado, quien evitaba el contacto visual con los de tercero.

-No sé de qué hablas -respondió Hana, manteniendo la voz lo mas plana posible, aunque por dentro su corazón la golpeaba -Solo era un curita.

-No me mientas-el tipo golpeo la mesa de Hana con la palma de su mano, haciendo que sus plumas saltaran -Ji-ho nos debe algo, y si el no aparece, tal vez tu puedas danos el mensaje por él. Hana ya cansada se levanto de su asiento lentamente, manteniendo una postura rígida, y lo miro directamente a los ojos sin parpadear.

-Búscalo tú mismo - dijo Hana con la voz gélida que sorprendió incluso a Chae-young

-No soy su secretaria ni me interesa lo que tengan pendiente con él. Así que quita tus asquerosas manos de mi pupitre idiota.

El líder del grupo se quedo mudo por un segundo, desconcertado por la audacia de la chica nueva. Sus amigos soltaron una risita nerviosa. Justo cuando el tipo iba a estirar la mano para sujetar a Hana del uniforme, la puerta trasera se deslizo con un estruendo metálico.

-¿Me estas buscando? - La voz era ronca y cargada de una notable indiferencia

Han Ji-ho estaba apoyado en el marco de la puerta. Pero no venia solo. A su lado, con una expresión mucho más seria que la de Chae-Young y una postura que delataba que sabia pelear, estaba Kang Min-hyuk. Min-hyuk tenia las manos en sus bolsillos y observaba con atención la escena.

El grupo de tercero retrocedió un paso de forma instintiva.

-Ji-ho...- el líder intento recuperar la compostura - Tenemos asuntos pendientes por lo de ayer.

-Lo de ayer quedo saldado cuando tus amigos terminaron en el suelo del callejón - respondió Ji-ho, caminando hacia el centro del salón con paso lento. Se detuvo justo detrás de Hana, marcando su territorio - Y ahora que estas molestando en mi lugar. Lárgate.

Min-hyuk dio un paso al frente, con una sonrisa pequeña de poco humor. -Chicos, no querrán que el comité de diciplina los encuentre aquí ¿Verdad? Y créanme, Ji-ho tiene poca paciencia a comparación de otros días.

El líder de tercero miro a Hana, luego a Ji-ho y finalmente a Min-hyuk. Sabiendo que estaba en desventaja numérica y de fuerza, escupió al suelo, señalo a Ji-ho con el dedo y, esta vez, se la guardo en el bolsillo del pantalón.

Min-hyuk se acerco al pupitre de Hana y le dedico una inclinación respetuosa.

-No mucha gente les planta cara a esos tipos en su primer día. Soy Min-hyuk, tu eres...Lee Ha-na ¿Cierto? Ji-ho no a parado de hablarme sobre ti - esto conmociono a Hana y a Chae-Young quien se le veía mas serio de lo normal.

Hana sintió un calor que le subía a las mejillas. No sabía si era la vergüenza de ser el centro de atención o por la confusión de que alguien como Ji-ho se hubiera tomado la molestia de mencionarla. Chae-Young, que hasta hace un momento parecía el chico mas relajado del salón, ahora observaba a Min-hyuk con los ojos entrecerrados y los labios apretados.

-¿Te ha hablado de ella? - repitió Chae-Young con un tono que ya no sonaba tan amistoso- Ji-ho no habla con nadie, Min-hyuk.

Min-hyuk soltó una risa ligera, restándole importancia al asunto con un gesto de la mano, mientras Ji-ho se hundía más en su asiento, escondiendo el rostro entre sus brazos como si quisiera desaparecer.

-Digamos que tiene buena memoria para los rostros interesantes- respondió Min-hyuk con una voz burlona.

Después de un largo día sonó la campana de la escuela para indicar la salida, Hana guardo sus cosas rápidamente. Quería evitar mas preguntas de Min-hyuk o miradas extrañas de Chae-Young. Caminaba por el pasillo principal hacia la salida cuando sintió que alguien la tomaba de los hombros desde atrás.

Hana salto del susto, girándose con los puños tensos por puro instinto.

- ¡Tranquila! Soy yo - dijo Min-hyuk, retrocediendo un paso con las manos en alto y una sonrisa divertida.

-Ah...Min-hyuk. Casi me das un infarto.

-Perdona. Es que Ji-ho y yo queríamos preguntarte algo - este señalo con la cabeza hacia atrás. Ji-ho estaba apoyado en una columna, con las manos en los bolsillos y mirando hacia otro lado, como si le diera vergüenza estar ahí - ¿Te importa si te acompañamos a casa? Eres nueva y esta zona se pone algo pesada a esta hora.

Hana miro a Ji-ho, quien seguía sin hacer contacto visual, y luego a Min-hyuk.

-Claro...supongo que está bien.

Caminaron a un paso lento. El silencio fue total durante las primeras tres cuadras hasta que Min-hyuk decidió que ya era suficiente.

-¿Tienes hermanos, Hana?

-Dos -respondió ella, suavizando el tono - Una hermana que se llama Ha-rin y un hermano gemelo de ella, Da-won. Son mayoreos que yo.

-¿Y tus padres? -pregunto Min-hyuk con naturalidad - Por el uniforme y la zona donde vives, deben tener buenos empleos.

Hana se quedó en blanco por un segundo. La palabra padre siempre le dejaba un sabor amargo...

-Mi madre es diseñadora de modas...y mi padre falleció hace años - Min-hyuk borro la sonrisa de inmediato

-Lo siento, no tenía idea.

-No te preocupes. No podías saberlo.

Hana sintió como su vista se le nublaba poco a poco. El recuerdo de su propio padre era lo único bueno que le quedaba, y compararlo con su realidad actual dolía.

-Tus ojos se pusieron húmedos - informo Ji-ho. Su voz era baja, pero no sonaba burlona, sino extrañamente atenta. Hana se limpió rápidamente con el dorso de su mano.

-Es el viento. Nada más.

Ji-ho guardo silencio por un momento y luego para sorpresa de ambos, cambio de tema bruscamente.

-¿Te gustan los gatos? - Hana parpadeo confundida por el cambio.

-Si...de hecho, tengo una gata blanca. Se llama Nyoko.

Una pequeña chispa cruzo los ojos de Ji-ho. Fue casi imperceptible, pero su mandíbula se relajó.

-A mí también - murmuro el - Son mejores que las personas.

Se despidieron en la esquina de su edificio. Hana camino hacia la entrada sintiendo, por primera vez en años, que tal vez podría tener amigos. Pera esa sensación murió en cuanto giro la llave de la puerta. El olor a cerveza y el sonido de algo rompiéndose la recibieron. Su madre estaba en el suelo de la sala, presionando su mejilla con una mano mientras la sangre le corría por la nariz. Park Sang-hoon estaba frente a ella tambaleándose, con el cinturón en una mano y una botella en la otra.

-¡Vete a tu cuarto, maldita mocosa! - exclamo Sang-hoon al verla. En ese momento, la puerta se abrió de golpe a espaldas de Hana. Da-won entro y, al ver la escena su rostro se transformó en una máscara de odio puro. Suelto su mochila y se lanzó hacia adelante.

-¡Es mi madre y mi hermana imbécil! -Da-won lo empujo con todas sus fuerzas -¡Vete a la mierda! ¡No mereces ni que te dirijamos la palabra!

Hana retrocedió, paralizada, hasta que un jarrón que Sang-hoon lanzo al aire impacto contra la pared. Los fragmentos volaron como metralla. Uno le rozo el pómulo, pero fue el rebote del objeto lo que le golpeo directamente su ojo derecho. El dolor fue sordo y cegador.

Dos horas después la casa estaba en completo silencio. Da-won había logrado echar a Sang-hoon y junto con Ha-rin, llevaron a su madre al hospital para un chequeo médico. Hana se negó a ir, pues no quería que nadie la viera así. Subió al baño y se miró al espejo. El área alrededor de su ojo estaba morada y se hinchaba por segundos; con manos temblorosas, abrió el botiquín y saco un parche médico.

Se lo coloco con cuidado, sintiendo como el mundo se volvía más complicado con solo un ojo funcional.