Capitulo único
Está historia la ganó Rochy en el sorteo que realice. Espero que te guste y sea lo que imaginaste. Me gustó escribirla ❤️❤️ Sipi hay 🍋🍋 pero ya de grandes, no se me espanten y si no les gusta pues no lo lean
¿La vida de un niño debería ser fácil no? Debería ser plena, llena de risas y buenos recuerdos... tal vez uno que otro regaño o llamada de atención si se porta mal, pero en general debería ser fácil.
NO para Satoru Gojo.
- Buaaa ¡¡Te odio Toru!! - Lloriqueaba un pequeño de cabellos rosas hincado y golpeando con sus pequeños puñitos él duro piso bajo él - ¿Por qué lo rompiste? - Le pregunto con ríos de lágrimas escurriendo de sus ojos miel.
¿Por qué? ¿Cómo se atrevía a preguntarle eso? ¿Acaso no era obvio? El pequeño Satoru de 10 años apretó sus puños con toda la fuerza de un infante ¿Lo volvería a hacer? ¡¡Claro que sí!!
- Es su culpa por ser tan tierno - Solto por fin mirando a otro lado, no tenía ganas de sentirse culpable por las lágrimas de un Yuuji de 5 años.
- Pero era mío - El más pequeño junto las piezas de su peluche descabezado.
Así es, Satoru Gojo se había encelado de un peluche con forma de osito panda. Es que de verdad ¿Por qué Yuuji lo abrazaba tanto? ¿Que tenía de especial ese cuerpo inanimado de felpa? ¡¡Podía abrazarlo a él que era de carne y hueso!! No tenía sentido que Yuuji lo quisiera tanto estando él en ese mismo espacio.
- ¿Y qué? - El pequeño albino metió las manos a las bolsas de su short... la culpa ya estaba llegando a él.
- ¡¡Ya no te quiero!! - Si antes estaba llorando, ahora estaba berreando.
- No digas eso - Satoru se acercó al pequeño para intentar abrazarlo... no tuvo éxito.
- No, Toru es malvado - Un flechazo imaginario atravesó el cuerpo del albino. Le estaban doliendo esas palabras, se las merecía, pero nunca imagino que el pequeño Yuuji pudiera enojarse tanto con él.
- Te conseguiré otro - Aunque no sabía como haría eso.
- ¿De verdad Toru? - El pequeño lo miro con los ojitos vidriosos.
- Emmm, si, te daré uno mejor - Le tendió la mano para que se levantará del suelo.
- Siii - Emocionado acepto el gesto - Pero debemos sepultar al señor oso, no lo podemos dejar así -
- ¿Se... sepultarlo? - Un tic nervioso apareció en su rostro.
- Chi - Ahí estaba, ahí estaba esa manera tan adorable de hablar de Yuuji a la cual Satoru no podía resistirse.
- Está bien - Termino por resignarse, sabía que no tenía de otra
Fue así como un ritual de luto tuvo lugar en la mansión Gojo. Un agujero en el patio fue abierto, una víctima descabezada fue colocada en el, la tierra cubrió a ese pobre oso de felpa inocente y una flor recién cortada del jardín adorno el lugar.
El oso solo tuvo un pecado.... haber sido amado por el pequeño Yuuji.... descanse en paz.
La familia Gojo era cercana a la familia Itadori, eran vecinos, una cordialidad entre ambas era bien conocida. Por eso, era común ver a los pequeños de ambas familias jugar casi todo el tiempo.
Al principio se tuvieron dudas al respecto ya que cinco años de diferencia entre ambos infantes podría ser un inconveniente. Sin embargo a todos les sorprendió el genuino interés que Satoru demostró por el recién nacido Yuuji y Satoru no se interesaba por nada... ni por nadie.
Poco a poco el pequeño Yuuji comenzó a familiarizarse con la presencia de Satoru, el cual no hacia ni decía nada, solo estaba ahí, junto a la cuna haciendo cualquier actividad en un cuaderno, en un aparato electrónico o simplemente viendo películas.
Los padres del niño albino intentaron hacer que su hijo realizará alguna otra actividad para no molestar a los Itadori, no querían que su hijo resultará ser una molestia. Sin embargo al hacer eso se desató una ola de llanto por parte del bebé que no podía ser calmado ni por sus propios padres y Satoru se aisló aun más del mundo que lo rodeaba.
No quedo otra alternativa y tras una charla de parte de las dos familias se permitió que los dos niños convivieran todo lo que quisieran. La madre de Yuuji aseguro que Satoru jamás sería una molestia y agradecía que el pequeño ayudara para calmar al pequeño cerezito.
Los años pasaron en un abrir y cerrar de ojos y ahora ambos niños estaban más unidos que nunca ¿Y como no estarlo? Satoru tuvo prácticamente todo lo primero de Yuuji, sus primeros balbuceos que resultaron ser un To~runnnn, obtuvo sus primeros pasos dirigidos a él y por supuesto... sus primeros besos babeantes. Yuuji prácticamente se quería comer la cara del niño albino, esos típicos besos que los bebés dan cuando sienten afecto por alguien.
Ahora tenían 10 y 5 años respectivamente y solo eran ellos dos contra el mundo, no dejaban que nadie más entrara en su pequeño círculo de dos. No no no, no estaba permitido... ni siquiera un oso de felpa podía meterse entre ambos.

- ¡¡No!! No sé lo puede llevar - Gritaba desesperado Satoru - Papá, mamá ¡¡Hagan algo!! - Los miro implorando ayuda.
Los padres de Satoru solo negaron con la cabeza, ellos también estaban destrozados, no era para menos... habían perdido a sus queridos amigos.
Un accidente de auto se los había arrebatado, por fortuna el pequeño Yuuji se encontraba con Satoru jugando, eso lo salvó de sufrir el mismo destino de sus padres
- Lo siento mucho mi amor - La madre de Satoru cargo al pequeño cerezo y lo estrecho fuertemente contra su cuerpo - Si yo pudiera hacer algo para que te quedarás con nosotros, creeme que lo haría sin pensarlo - El pequeño Yuuji aún no entendía del todo lo que estaba sucediendo.
- ¿Con ustedes? Pero yo duermo con mamá y con papá - La inocencia de no comprender del todo el significado de la muerte hizo sollozar aún más a la mujer que lo mantenía en brazos. Ella también amaba a Yuuji, amaba al hijo de su mejor amiga como si fuera suyo y le partía el corazón no poder adoptarlo.
- Tienes que ir con tu abuelito, él te quiere mucho mucho mucho -
- ¿Con abuelito Wasuke? - Pregunto curioso.
- Si - Acarició sus cabellos - Llegará por ti en la mañana. Esta noche dormiras con Satoru ¿Te parece? - Lo volvió a colocar en el suelo.
- Siiii - El pequeño niño corrió hasta el albino quien lo estrecho rápidamente contra su cuerpo.
- Se quedará conmigo, yo no lo voy a entregar... no lo dejaré ir - Ambos niños se dirigieron a la habitación del mayor, el cual tenía una noción más amplia de lo que sucedió, así que hizo todo a su alcance para distraer a Yuuji y que no sintiera la ausencia de sus padres... por lo menos esa noche.
¿Cuántos años habían pasado desde entonces? Trece para ser exactos.
Trece largos años en los que no volvieron a verse. La despedida fue una de las escenas más tristes jamás vistas, Satoru entro en una especie de estado catatónico y Yuuji no paraba de llorar.
- Nos volveremos a ver ¿Verdad Satoru? - Yuuji grito desde la ventana del coche.
- Claro que si ¡TE LO PROMETO! - Corrió detrás del auto para que pudiera escuchar esa promesa - ¡¡¡Nos volveremos a ver Yuuji!!! -
Yuuji despertó, nuevamente había soñado con ese último encuentro con su mejor amigo de la infancia, aquel que lo marco de por vida. No sabía cuánto de lo que recordaba era real y cuánto era fantasía de Infante. Solo tenía 5 años, así que no podía confiar del todo en sus recuerdos.
Yuuji había intentado convencer a su abuelo para regresar o para hacer alguna llamada con Satoru y nunca entiendio la negativa de este.
No hasta después de muchos años y eso fue porque logro suponer o como dicen, ponerse en los zapatos ajenos, en este caso los de su abuelo. Yuuji pensaba que su querido abuelo deseaba que él iniciará de nuevo, que los recuerdos de sus padres no lo persiguieran cada vez que regresará o se comunicará con sus viejos amigos. Amigos que seguramente le darían el pésame y abrirían nuevamente las heridas.
Pero no podía culpar a su abuelo por esos pensamientos, el no había sido testigo del fuerte lazo de unión entre Satoru y él.
Yuuji suspiro mientras se alistaba para su día, llevaba varias noches soñando con Satoru y en cada una de ellas despertaba con lagrimas en los ojos cuando llegaba el momento de la despedida. Claro que intento buscar las redes sociales del albino... nada.
Bajo por las escaleras y llegó al comedor en donde su abuelo en silla de ruedas lo esperaba.
- Buenos días abuelo - Yuuji le regaló un beso en la frente - Quiero que desayunes muy bien - La ama de casa coloco todo lo preparado en la mesa.
- No tienes que decírmelo mocoso - Intentaba ser un cascarrabias, lo quería aparentar, pero Yuuji sabía que era la persona más amable y considerada del mundo.
- No está de más recordartelo - Yuuji tomo asiento junto a su querido abuelo.
- Yuuji - Comenzó el anciano - Tenemos que hablar de algo serio -
- Primero come -
- No, esto no puede esperar - Eso si llamo la atención del pelirrosa - No sabemos cuánto tiempo me queda -
- Abuelo, no digas eso -
- Solo escucha, no tiene caso negar la realidad, ya estoy grande y es el ciclo de la vida... cruel, pero no hay escapatoria. A nadie le gusta escucharlo pero debemos de - Wasuke se aclaró la garganta para continuar - Cuando yo no esté, todo pasará a ti, descuida, deje todo arreglado para que la empresa prácticamente se administre sola, mucha gente de confianza se encargará de mantenerla a flote, pero tú deberás responder de la misma manera... cómo lo hice yo, como lo hacían tus padres -
Yuuji sentía un nudo en la garganta, pero no sé atrevió a interrumpir a su abuelo.
- Perdóname Yuuji -
- Abuelo -
- No debí separarte de tu segunda familia, no tengo excusa, pero debes comprender que para mí era devastador permanecer en esa casa y saber que no volvería a ver a mi hijo, a mi nuera... a ti feliz con ellos - Una lágrima traicionera se le escapó al anciano - No quería nada que me recordara lo que perdí... fui egoísta -
- Abuelo, yo no tengo que reprocharte nada -
- Si lo tienes - El anciano le entrego un enorme fajo de cartas - No deje que llegarán a ti, quería que olvidarás y dejaras atrás la tristeza - Yuuji tomo aquel montón de papel y pudo leer con claridad el nombre del remitente... Satoru Gojo.
- ¡¿Que mierda te sucede?! - Cuestionó un encolerado albino.
- ¿Eso es lo que tienes que decir cuando escuchas a alguien confesarse? -
- Suguru, ya te lo había dicho antes, yo solo amo a una sola persona en el mundo -
- Ahhh si, tu gran amor imaginario, espera ¿Cómo se llamaba? Ahhh si... Yuuji - El chico de cabellos negros estaba también furioso, por fin había conseguido el valor para confesarse a Satoru ¿Y le salía con eso? - Yo estoy aquí, yo si existo ¿Eso no basta para ti? - Suguru había escuchado del dolor al ser rechazado por la persona que te gusta, pero nunca imagino experimentarlo en carne propia.
- Lo lamento Suguru... yo no puedo - No lo vio venir, parecía estar pasando todo de una manera tan rápida que no pudo reaccionar a tiempo. Suguru logro unir sus labios en un fugaz beso, dejando estático al albino.
- Toru - Una voz hizo entrar en razón a Gojo, que como pudo separó el cuerpo de su amigo pelinegro de él. Busco rápidamente con su mirada al dueño de esa voz tan familiar.
Cabellos rosas, piel ligeramente bronceada y ojos color miel ¿Era Yuuji? ¿De verdad lo era? ¿Por que tenía ese semblante tan triste? Fue entonces cuando lo entendió. Yuuji acababa de ver cómo era besado por Suguru.
- ¡¡Yuuji!! - Comenzó a correr en su dirección mientras el menor regresaba por dónde había llegado.
- No quise interrumpir... lo lamento - Yuuji trataba de aguantar las lágrimas que amenazaban con salir sin una válvula de cierre. Su corazón latía rápidamente y su pecho dolía ¿Su corazón estaba roto?
- ¡¡No mames!! ¡¡Si existe!! - Suguru se llevó ambas manos a la cabeza. No lo podía creer, en los años que llevaba conociendo a Satoru, siempre lo escucho hablar de aquel chico que logro meterse en lo más profundo de sus pensamientos y corazón. Sin embargo, él pensaba que todo era un invento de su amigo para librarse de todos aquellos que querían acercarse con intenciones románticas... él incluído.
Suguru no necesitaba ser un genio para saber que tenía cero oportunidades con Satoru. Sonrrio con tristeza para si mismo... Estaba acabado, ahora debía encontrar una manera para lidiar con su amor no correspondido.
Yuuji quería ver de nuevo a su amigo de la infancia, quería recuperar la amistad si es que Satoru aún lo recordaba y cuando por fin llegó a la dirección que su abuelo le entrego, todos los recuerdos llegaron a su mente. Toco el timbre y tras una larga espera fue envuelto por unos brazos femeninos.... Era la madre de Satoru.
- Yuuji - La mujer comenzó a llorar de felicidad - Ha pasado tanto tiempo - Devolvió el abrazo con el mismo cariño que sentía y que recordaba - Te mandamos tantas cartas e intentamos llamarte tantas veces -
- Lo se, ahora lo sé - El encuentro fue tan cálido, tan ameno que les costó separarse.
- Mírate nada más, cuánto has crecido, ya eres todo un hombre hecho y derecho - La mujer se limpio las lágrimas que lograron escapar - ¿Cómo has estado? -
- Bien ¿Y ustedes? - Yuuji no sabía que decir.
- Hay tantas cosas que platicar, mucho que contar, pero ya encontraremos el momento adecuado para eso ¿Quieres ver a Satoru verdad? - La mujer le sonrió cálidamente.
- Si - Admito algo apenado.
- Está en su habitación, adelante ¿Si recuerdas en dónde está? -
- La verdad no - Admito con pena. La mujer le dió las indicaciones y Yuuji se encamino. Estaba nervioso, no sabía explicar el remolino de emociones que recorrian su cuerpo.
Espero unos segundos después de tocar la puerta... no hubo respuesta, fue entonces cuando decidió abrir y al escuchar algunos alegatos pudo apreciar en primera fila como Satoru besaba a alguien más... alguien que no era él.
Yuuji se sorprendió a si mismo ¿Estaba celoso? ¿Su corazón estaba roto? ¿A él le gustaba Satoru? Susurro el sobrenombre que le puso cuando era niño y fue entonces cuando el mencionado volteo sorprendió. Él se dió media vuelta y emprendió la huida.
- ¡¡Espera!! ¿Si eres Yuuji verdad? - Satoru logro alcanzarlo y lo tomo del brazo para evitar su avance.
- Si lo soy, lamento haber llegado sin avisar... no quise interrumpir - Yuuji sentía que en cualquier momento las lágrimas recorrerían su rostro... necesitaba irse de nuevo.
- No es lo que parece -
- No me debes explicaci... -
- Es solo un amigo que acababa de confesarse, me tomo por sorpresa y no pude reaccionar a tiempo para apartarlo - Yuuji no sabía cómo proceder, todo estaba pasando demasiado rápido.
- De verdad no es necesario que me expliques nada -
- ¡¡Si lo es!! - Desesperado, Gojo se colocó frente a él y lo tomo de ambos hombros - Lo es, no quiero que pienses que no te espere todo este tiempo - El rostro de Satoru adquirío un tono carmín por la vergüenza - Porque si lo hice, te espere todo este tiempo Yuuji, yo sabía que regresarías -
- Yo -
- ¿Tu también me esperaste verdad? - Los ojos azules de Satoru lo miraron con anhelo y súplica ¡¡Por favor!! ¡¡Ni el mismo sabía que sentía por ese chico albino!!
- Creo que deberíamos empezar por un hola ¿No crees? - Justo en ese instante un pelinegro paso apresuradamente junto a ellos.
- Lo siento, lo siento, solo ignorenme y todo estará bien - Suguru prácticamente huyó en tan solo un segundo, dejando sorprendidos a los dos chicos.
- Ven, tenemos tanto de que hablar -
- Yo.... waaa - Yuuji no tuvo alternativa, prácticamente fue arrastrado a la habitación del albino sin posibilidad de escape.
Las cosas fueron puestas sobre la mesa, todo quedó claro, Yuuji le contó que fue recientemente cuando pudo leer todas las cartas que Satoru le escribió.
Gojo no sabía eso, pero muy dentro de él lo suponía, su madre le había explicado tiempo atrás, cómo era la personalidad del viejo Wasuke así que no era de extrañar.
La noche llegó y después de una amena cena de reencuentro con los Gojo, Yuuji no sabía como despedirse... de nuevo.
- Ya es algo tarde, debo regresar -
- ¡No! - Satoru se levantó por inercia, era evidente que estaba alterado.
- Satoru - Su madre le dedico una mirada severa - Ya no son unos niños, comportarte como el adulto que YA eres -
- Pero... -
- Nada de peros -
- Lo lamento, pero se lo prometí a mi abuelo - Satoru bajo la mirada - Pero la próxima semana regresaré... si no les molesta -
- Claro que no - Contesto rápidamente Satoru.
- Eso jamás pequeño cerezito - La mamá de Satoru le dedico una mirada cálida - Lamentablemente no estaremos nosotros, pero Satoru si, así que tendrán tiempo para ponerse al día -
La semana transcurrió rápidamente y durante esos días Satoru y Yuuji no perdieron el contacto... bendito WhatsApp.
Se contaron todo lo que habían vivido esos años, sus gustos, sus desagrados, las aventuras escolares y Satoru se encargo de aclararle a Yuuji que era verdad y que no de sus recuerdos infantiles.
Yuuji llegó a primera hora del sábado acordado y después de haberle rogado incesantemente a su abuelo, consiguio el permiso para regresar hasta el domingo por la tarde.
- Entonces te quedarás conmigo está noche ¿Verdad? - Satoru solo pudo escuchar como Yuuji se atragantaba con la galleta que estaba comiendo ya que él estaba buscando un objeto en su cajón.
- Puedo usar el sillón si no cuentan con habitación de invitados -
- De ninguna manera, dije que te quedarás conmigo -
- Pero... -
- Pero nada ¿O acaso no quieres que te dé esto? - Satoru giro su cuerpo y entre sus manos se encontraba aquel oso de felpa que había descabezado trece años atrás.
- Señor oso - Murmuró Yuuji - ¿Pero como? -
- Después de que te fuiste desenterre al desgraciado este - Lo puso frente a él mirándolo con el mismo odio que cuando era niño - Me di cuenta que era demasiado valioso para ti y era lo único que yo podía tener de ti -
- No puedo creerlo, lo reparaste - Yuuji recibió al osito, estaba en perfectas condiciones.
- Corrio con algo de suerte -
- Gracias Toru - El mencionado se sonrojo violentamente al escuchar esa linda voz.
- No fue la gran cosa - Miro avergonzado a otra dirección.
- Si lo fue, no sabes lo que esto significa para mí... no te lo dije, pero quería mucho a este oso porque me lo regaló mi mamá -
- Yo no... lo sabía - El albino odio a su yo del pasado por romper algo tan valioso para el cerezito.
- Descuida, lo has cuidado tan bien que no puedo estar molesto contigo - La sonrisa tan radiante que tenía en el rostro estaba haciendo estragos en el cuerpo del albino.
- Yuuji - Satoru se sentó a su lado, lo tomo del mentón y unio sus labios en un beso corto pero lleno de sentimientos reprimidos - Yo te espere - Comenzó a explicar - Todo este tiempo estuve esperando tu regreso, a estás alturas ya lo debes de saber, pero aún así lo diré - Robo rápidamente otro beso de un shokeado Yuuji - Me gustas, te amo... siempre fue así - Volvió a unir sus bocas, está vez con más deseo, enroscando sus lengua en un beso mucho más íntimo - ¿Tu también sientes lo mismo? - Cuestionó en cuanto se separaron.
- Si - Yuuji ahora lo sabía, se sintió pleno con esos besos, necesitaba más contacto, quería más... mucho más - Satoru, no sabes cuántas veces desee volver a verte, volver a estar junto a ti - Yuuji se colgó de su cuello y está vez fue su turno de unir sus bocas - Quiero ser tuyo para siempre, no quiero volver a estar lejos de ti -
Esa declaración fue todo lo que el albino nesesitaba para continuar ¿Cuántas veces fantaseo con ese instante? No podía contarlas ni con todos sus dedos juntos. En medio del demandante beso logro recostar a Yuuji sobre su cama, si SU cama, por fin, al fin estaba pasando.
- Yuuji ¿Puedo continuar? -
- Si Toru - Yuuji se puso a su merced, haría todo lo que pidiera el albino.
- Bi... bien - Satoru no supo porque, pero comenzó a balbucea ¿Enserio? ¿Por qué justo en ese momento tan importante? ¿Que le estaba pasando? Negó rápidamente con su cabeza sorprendiendo a Yuuji.
- ¿Que sucede? -
- Na... nada, es solo que - No quería decirle a Yuuji que estaba nervioso.
- También va a ser mi primera vez - En menor de los dos llevo su dedo índice a la boca ¡¡Diablos!! ¡¡Se veía adorable!! - ¡¡Satoru!! ¿Que sucede? - Una enorme emorragia nasal atacó al albino, era demasiado para el... demasiada belleza, la sangre necesitaba fluir de alguna manera - ¿Estás bien? -
- Si, si, es solo que - Se incorporo un poco y tomo un poco de papel higiénico para limpiar su nariz - No pasa nada -
- ¿Estás seguro? Podemos parar si eso... Ahhh - De un momento a otro su ropa fue retirada, parecía un acto de magia... fue solo un instante y ya no estaba ninguna prenda ¿Cómo había pasado?
- ¡¡Ay madre mía!! Es mejor de lo que imaginaba - Yuuji se sintió más expuesto que nunca, un fuerte sonrojo adorno todo su cuerpo y la pena que no sintió momentos antes, ahora llegaba con fuerza.
- Toru, se amable por favor - Pidió temiendo por su integridad, pues los ojos de Satoru estaban ensombrecidos por la lujuria.
- Haré lo que pueda - Sin perder más tiempo, atacó el cuello canela, llenándolo de suaves besos y mordidas.
- Auch... Satoru, ten más cuidado - Yuuji se puso nervioso, no quería llegar lleno de marcas al siguiente día y tener que explicarle a su abuelo que había iniciado su vida sexual.
- Lo siento - Con movimientos torpes, ambos lograron retirar las prendas del albino... ahora si, los dos se encontraban en las mismas condiciones. Exploraron la piel ajena con hambre, no dejaron ni un centímetro sin probar.
Los suspiros de Yuuji y los sonidos acuosos de los besos sobre la piel, era lo único que rompía el silencio de la habitación.
- Bien, ahora ¿Debería prepararte? - Satoru se colocó sobre un excitado Yuuji.
- ¿Y yo que voy a saber? - Ambos se miraron durante segundos que parecieron horas.
- ¡¡¿Cómo que no sabes?!! -
- No estaba en mis planes tener sexo el día de hoy - Se defendió el pelirrosa - Además, se supone que tú eres el mayor, tu deberías tener más conocimiento de estos actos -
- Pues claramente no los tengo - Avergonzado se sentó en la orilla de la cama, su entrepierna le dolía a horrores por la enorme erección que lo estaba afectando... no estaba pensando con lucidez.
Yuuji tomo su teléfono y rápidamente realizó la búsqueda necesaria para salir del aprieto... él también quería consumar el encuentro.
- Bien, aquí dice que si y debes usar algun tipo de lubricante ¿Si tienes verdad? -
- No -
- ¿No? - Bien, estaban jodidos, eso les pasaba por ser un par de vírgenes inexpertos.
- Supongo que... - Tumbó de nueva cuenta al pelirrosa, elevó sus piernas y bajo su rostro a la altura de su entrada - Tendré que improvisar - Comenzó a lamer todo el contorno, asegurándose de dejar salir la mayor cantidad de saliva para facilitar el trabajo de ablandar esa zona que sería ultrajada. Mientras tanto el pequeño Yuuji comenzó a gemir descontroladamente por las placenteras sensaciones que Satoru le estaba regalando.
- ¿Te gusta Yuuji? - El mencionado no podía ni contestar - Yo creo que sí - Aprovecho el limbo en el que se encontraba el menor para insertar sus dígitos en él. No hubo resistencia en su amado, así que siguió lamiendo y metiendo sus dedos una y otra vez.
- Ahhh.... Sato~ru, ya... Por favor... te necesito - Imploro Yuuji. Necesitaba sentirse uno con su persona amada, necesitaba unirse en cuerpo y alma.
- Está bien - Se posicionó entre las piernas color canela, estaba nervioso, pero estaba a punto de follar con el amor de su vida, debía superarlo.
Empezó a entrar poco a poco, gruñendo ante las maravillosas sensaciones que estaba experimentando. Por su parte Yuuji solo mordía ligeramente sus labios y sin notarlo enterraba sus uñas en la nivea piel de Satoru.
Por fin, estaba hecho, estaban unidos, como siempre debió ser, se quedaron sin aliento, solo disfrutando de esa deliciosa unión.
Un espasmo en el interior de Yuuji hizo que Gojo comenzará con los movimientos de cadera que pronto tuvieron a Yuuji gimiendo una y otra vez el nombre contrario. Sus cuerpos se amoldaron a la perfección, parecía que habían sido hechos a la medida.
El tiempo perdió sentido, no sabían cuánto tiempo llevaban entregándose a las pasión, no supieron cuántas veces cambiaron de posición, lo único que sabían era que se estaban entregando a la persona correcta y a partir de ahora, no habría poder humano que logrará separarlos.
- Más... dame más - Rogaba Yuuji estando sobre sus cuatro extremidades - Ahhh... - Los sonidos acuosos se hicieron más intensos gracias al semen que Satoru ya había dejado en él desde la primera ronda.
- Te amo Yuuji -
- Te amo Toru - Unas cuantas embestidas más y el albino lo lleno una vez más - Nunca me dejes -
- Nunca mi amor, nunca me voy a separar de ti... no de nuevo -
La vida puso varios obstáculos, pero su amor logro anteponerse al paso del tiempo, nunca fue solo un amor de infancia, Satoru lo supo desde la primera vez que vio a ese bebé de cabellos rosas, Yuuji era suyo y siempre lo sería.
Rochi espero que te gustará, gracias por participar. A los demás, no olviden votar, comentar y compartir si mi trabajo les gusta, esa es la mejor manera de apoyarme.
Nos leemos en las otras historias. Los quiero mucho