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Chanyeol
Hay veinte mil personas en esta arena, pero yo solo tengo mis ojos en una. Nunca lo he visto antes, pero sé que lo volveré a ver todos los días durante el resto de mi vida.
Estoy muy seguro de eso.
Él es hermoso. Muy impresionante. Su cabello rojo fluye en ondas alrededor de él... Me está dando escalofríos. Me duele el corazón mientras me imagino deslizando mi mano sobre él, sintiendo sus hebras de seda apretándose alrededor de mi puño mientras lo tomó por detrás, reclamándolo como mío.
Hace calor en medio de la multitud llena del espectáculo y él tiene una pequeña gota de sudor corriendo por su sien. Mi verga se endurece hasta el punto de dolor cuando me imagino lamiendolo. Apuesto a que tiene un sabor dulce. Dios, quiero descubrirlo desesperadamente.
Sus labios son pura perfección. Exuberantes. Regordetes. Curvados en una sonrisa mientras mira la banda tocar a mi lado.
Mis ojos ardientes están fijos en él, observando cada uno de sus movimientos. Cada movimiento de sus ojos marrones, cada hermoso movimiento de su adorable nariz, cada zambullida de cabeza que expone la suave curva de su cuello, todos ellos tienen mi pulso peligrosamente acelerado.
Cada vez que alguien se para delante de él y bloquea mi visión, un gruñido bajo brota de mi garganta como si fuera algún tipo de animal feroz.
¡A la mierda!
Estoy empezando a perder el control.
Nunca deseé algo tan malamente. Nunca vi nada como él. No sabía que había chicos como él, y ahora que lo sé me muero por estar a su lado. Para tocarlo. Para olerlo. Para que me vea.
Se ve tan pequeño y frágil en el océano de cuerpos sudorosos a su alrededor, y me temo que se ahogara. No tenía miedo de nada hasta que lo vi, ahora tengo miedo de tantas cosas. De vivir sin él. De que algo le suceda a él. De que alguien me lo robe.
Aún no lo sabe, pero él es mío.
No sé muchas cosas, pero de eso estoy muy seguro.
Él sonríe mientras ve a la banda tocando a mi lado. Siento que mi mundo está siendo puesto de cabeza. Me pagan por estar en el escenario y proteger a la banda, pero todo lo que quiero hacer es saltar y protegerlo a él. Su cuerpo es demasiado perfecto para ensuciarse en esa multitud. No quiero que nadie más que yo lo toque. Incluso un empujón o un choque, un toque accidental incluso en su mano, es demasiado para que yo lo acepte. Nadie puede tocarlo de nuevo.
El calor se desliza a través de mi cuerpo y mis dedos comienzan a arder antes de darme cuenta de que estoy apretando las manos en puños tan apretados que duele. También hay muchos hombres a su alrededor. Eso me está volviendo loco.
Él es demasiado joven para estar aquí. Demasiado inocente para ser corrompido por esos idiotas de esa banda de mierda.
Terminan su música con un fuerte ruido de la multitud, pero apenas puedo oír algo sobre el fuerte sonido de mi corazón que resuena incluso en mis oídos.
Ni siquiera sé su nombre, pero sé que su imagen se conservará por meses, quizás años. Me arrepentiré el resto de mi vida si lo dejo ir. No puedo dejarlo escapar.
La banda empieza otra canción, y yo trato de controlar mi respiración feroz mientras lo veo. Podría haber un ejército de asesinos delante de mí preparándose para asesinar a la banda que me pagan para proteger, y ni siquiera me daría cuenta. Yo no me preocupo. Su seguridad es todo lo que me importa. De ahora en adelante es mi única preocupación.
Levanta los brazos y salta, yo trago fuerte y casi me desmayo cuando veo sus pequeños pechitos saltando arriba y abajo.
Él parece tan dulce e inocente, como el chico de al lado. Si es que vives al lado de el chico más impresionante del mundo.
A mi lado el cantante de la banda Jongin, levanta su guitarra sobre su cabeza y la aplasta contra el escenario, haciendo que la multitud enloquezca mientras esta explota astillándose. Mi chico está sonriendo.
Me arden las fosas nasales y el vello en mi nuca se pone de punta.
De repente tengo ganas de sacar las cuerdas de su guitarra y estrangularlo con ellas delante de veinte mil personas horrorizadas.
No lo quiero mirando a nadie así, excepto a mí. De ahora en adelante.
Mi respiración se atora en mi garganta…
Mientras él mueve su pequeño cuerpo al ritmo de la música, cantando la canción que la banda está tocando. No me gusta la forma en que está cantando junto con Jongin, pequeño idiota egocéntrico. Mis dientes están apretados mientras lo veo. Mi corazón late tan fuerte que estoy seguro de que la multitud puede oírlo sobre la musica.
Es la última canción antes del descanso. Este no es mi tipo de música, he estado en este escenario lo suficiente para saber eso. Soy uno de los guardaespaldas de la banda, viajo con ellos en su gira mundial. Pero todo eso puede cambiar hoy. No voy a dejar esta ciudad sin él.
La canción termina abruptamente y todas las luces en la arena se apagan.
— ¡No! — Grito, pero mi grito desesperado es ahogado por los aplausos de la multitud.
Mi vientre se retuerce mientras miro alrededor en pánico. No puedo verlo más. La multitud está sumida en la oscuridad, y el ángel que juré proteger está fuera de mi vista con una horda de personas a su alrededor.
Mi garganta se cierra mientras el horror se hunde en mis huesos. ¿Y si alguien lo tomá y lo aleja de mí? ¿Y si las luces se encienden y él se ha ido?
Yo moriría.
La banda está saliendo del escenario detrás de mí para tomar unos sorbos de alcohol y oler unas líneas de Coca antes de volver al escenario.
Me doy vuelta como un gorila enojado y tomo el primer cuerpo que puedo golpear, levantándolo de sus pies. — ¡Enciende las luces Carajo!— Le grito en la cara.
No puedo ver la expresión de su rostro en la oscuridad, pero creo que parece estar a punto de orinar sus pantalones. — ¿Qué, Chanyeol?— Grita tratando de salir de mi agarre. — ¡Soy yo! ¡Jeongwa!
Sus frenéticos pies se balancean lejos del suelo mientras acerco su oreja hacia mi boca. — Diles que enciendan las malditas luces, o vas a tocar la batería con las manos rotas. — Gruño antes de tirarlo en el escenario oscuro.
Vuelvo al último lugar desde donde lo vi, rezando a todos los dioses y seres humanos que él todavía este allí cuando se enciendan las luces.
Cada segundo es una tortura.
Está tomando demasiado tiempo. Jeongwa probablemente se está cagando en los pantalones. No debería haberle pedido a un adicto para mantener a mi chico a salvo.
— Mierda. — Silbo con los dientes apretados antes de saltar abajo del escenario. Salto por encima de la valla hacia la multitud, derribando a algunos tipos mientras caigo de pie.
Escucho a la gente maldecir mientras paso a través de ellos, cortando a través de la multitud como un machete corta a través de la selva. Las cervezas vuelan y las chicos gritan mientras yo aparto a la gente de mi camino, tratando desesperadamente de llegar al lugar donde estaba mi ángel escurridizo.
Tomo mi linterna y la enciendo apuntándola a la gente, mientras el miedo y el pánico me golpean como agua helada.
— ¿Hey hombre? — Grita un tipo cuando parpadeo la luz en sus ojos. Simplemente le agarro del brazo y lo tiro detrás de mí mientras camino hacia adelante, continuando mi búsqueda frenética. No tengo tiempo para nadie mas que para él.
La adrenalina recorre mis venas... Cuando llego al lugar y él no está allí. — ¡A la mierda! — Susurro a través de mi mandíbula cerrada mientras miro alrededor, balanceando la linterna sobre los rostros sorprendidos.
— ¿Dónde está el chico?
Siento que voy a vomitar. Finalmente encontré un trozo de cielo, y el diablo me lo quitó.
O quizás soy más como el diablo y no me merezco un ángel como él.
A la mierda con eso.
Aunque eso sea verdad. No me importa. Me quedare con él.
Lo poseeré. Lo haré mío.
Porque eso es lo que hacen los demonios.
Algunos reflectores que están sobre el escenario finalmente se encienden y miro alrededor con pánico, tratando de vislumbrar sus suaves cabellos que me dejaron fascinado durante una hora.
Soy unos 30 centímetros más alto que la multitud y mirar alrededor es fácil, pero encontrarlo no lo es.
Él se ha ido.
Hay un latido en mis sienes mientras mi cuerpo comienza a temblar.
— ¿Estás bien viejo? — Pregunta alguien a mi lado, pareciendo asustado mientras me observa.
La banda vuelve al escenario y la multitud grita.
El sonido es ensordecedor, pero aún así estoy seguro de que todo el mundo en la arena puede oírme cuando echo mi cabeza hacia atrás y grito a todo pulmón.
— ¿Dónde te has metido?