Capítulo 1
-Ven cachorrito, ¡anda!- Camila estaba ensimismada corriendo detrás de un cachorro de perro callejero cuya pata estaba lastimada. -¿por qué corres mas que yo aun con la pata así?-
El perro paró su huida y la miró con los ojos color negros brillantes y la larga lengua colgando de un lado, pero cada vez que Camila se acercaba este corría más lejos hacia el bosque.
El bosque no era peligroso siempre y cuando no se adentrara nadie, la gente hablaba de seres místicos que mataban gente cuando se sentían amenazados. Ella jamás escuchó nada mas que aullidos y ululares, ardillas corriendo y ahora un cachorro con la pata lastimada cuya cara juguetona la conquistó de un flechazo nada más de salir de clases.
-No. No se te ocurra entrar ahí. Feo ahí, no se entra.- se acercó despacio, por la calle iluminada fuertemente. El cachorro se quedó quieto mientras la veía acercarse agachada como la bruja de Hansel y Gretel. Cuando estuvo a tres pasos del cachorro este echó a correr al bosque. -¡No!- se quejó casi con un lloriqueo.
Pensó en dar la vuelta, quizás así la siguiera, ella sería la perseguida ahora. Caminó pocos pasos y miró atrás, el cachorro no la seguía, ni siquiera se veía. Su corazón se hundió por la tristeza y el miedo. Se quejó y pisoteó el suelo al borde del bosque mirando entre el pueblo al bosque.
-Las cosas que hago por amor, más te vale seguir vivo y correr a mis brazos.- quejándose aún, entró al bosque casi oscuro por el crepúsculo persiguiendo al perro. Fueron tres metros de arbustos y árboles dispersos entre sí, el aroma a pino, manzanos y robles se sentía cada vez mas fuerte al adentrarse.
Escuchó hojas pisadas y jadeos a un lado y se giró, su cachorro la esperaba moviendo la cola. Corrió hacia él, persiguiéndolo de nuevo, lo corrió hasta tropezarse con ramas caídas y piedras. Después de unos cuantos metros el cachorro se metió en una cueva de conejo, Camila cayó de rodillas en la entrada agachándose para poder ver si estaba lo suficientemente cerca y poder llevarlo al veterinario. Es su vida la hicieron correr tanto.
-Vamos cariño, ¿vamos a casita nueva?- estiro el brazo y siento un cuerpo peludo y calentito -¡Ajá, te tengo!- agarró al pequeño pero enseguida escuchó un gruñido gutural y ronco.
Saltó hacia atrás, soltando al cachorro y mirando fijo a la cueva de conejo, pero de allí venían quejidos suaves. Los gruñidos empezaron a escucharse más, dejando su piel erizada por el miedo y su corazón acelerado. Sus oídos se sensibilizaron, al punto de sentir que no era un gruñido, sino varios. Se sintió rodeada, un escalofrío como una mano helada acariciaba su espalda hasta ahorcarla. Se paró.
Mirando por todos lados no pudo divisar ninguna figura, no se percató de que el crepúsculo se fue dando paso al comienzo de la noche. Estaba tan concentrada en el cachorro que se había olvidado. De pronto a sus ojos, miles de sombra la amenazaban, haciendo que sintiera una gran amenaza sobre ella, miro a la cueva, el cachorro no saldría de allí si era inteligente. Otros gruñidos.
Con el corazón desbocado, y la sensación de estar al borde de una muerte brutal se apoderó de su cuerpo y echó a correr como si viera los monstruos que la seguían, animados por el calor de la caza de una presa fresca. Corrió sorteando las ramas, tropezando de vez en cuando sin caer hasta donde percibía que era el pueblo. Pero aunque corría no llegaba, los pasos atrás sí lo hacia. Llegaban a ella a una velocidad grande y eran muchos.
Jadeando y con la visión de la luz de la luna tropezó por el cansancio y una piedra rodando por el suelo. Tendida en el suelo adolorida se tocó la pierna que le dolía demasiado sintiendo algo pegajoso, su pantalón estaba roto y lo que sentía seguramente era sangre. Antes de terminar el suspiro que estaba en su boca un pie la aplastó contra el piso.
-Parece que hoy comeremos una humana muchachos- una voz ronca y profunda se rió de su comentario seguido de una seguidilla de voces de diferentes matices, todas masculinas. Camila tembló de miedo por ella.
El muchacho olfateó el aire y luego cerca de ella, una mano grande y con uñas largas la tomó por el hombro y la dio vuelta tan rápido y violento que la levantó levemente por el aire. Jadeó y miró a unos ojos color amarillos tan brillantes como el sol mirarla fijo. Un hombre cerca de los 30 años la miraba con odio y burla.
La respiración de Camila se atascó y su pulso se aceleró, el hombre la sostenía ahora con una mano en su plexo solar empujando lo suficiente para dejarla casi sin aire. Volvió a olfatear cerca y su expresión se encolerizó aun más que antes.
-¡Qué haces tu con un collar de mi Clan!- le gruñó en la cara, Camila podía ver sus ojos más brillantes, sus colmillos y sus... orejas y cola. Se preguntó qué rayos era este hombre. Un coro del infierno de gruñidos se escucho alrededor, había 6 hombres rodeándolos a ambos. Perdió todo color de su cara, moriría.
-¡Dime humana, dónde lo robaste!, ¡dónde haz conseguido ese collar!- gritó y gruñó en su cara. Estaba encolerizado y casi dejándola sorda por un collar.
-No tengo por qué decírtelo- por más miedo que tuviera... ¿de verdad estaba así por un collar? Y lo peor es que la tomaba por ladrona, Camila se ofendió tanto que su corazón bombeó de ira, sabiendo bien el origen de su amado collar. -¡Suéltame!-
Pateó y se movió para zafarse de sus garras pero, eran garras reales. El hombre apretó sus brazos y la levantó en el aire como si fuera una muñeca de juguete.
-¡Dime!- Gritó y la empezó a sacudir. Las garras se clavaron en su carne haciéndola lanzar quejidos que sonaron extraños pues también la estaban zamarreando. -¡Dime humana!-








