No quiero escucharte
Otra vez...
Otra ves lo escuchó.
Es débil, suave... Melodioso, es impresionante la manera en cómo dejó que me manipule, me envuelvo en la calidez.
Pero todo cambia; ya no es un sonido delicado, ya no es armonioso. Ahora duele, duele tanto que quiero gritar...
¡Detente!
¡Por favor!
Tus lamentos y chillidos, me hieren, siento que... Apuñalan mis oídos.
Tengo miedo, mucho miedo.
¿Qué te lastima? ¿Por qué no huyes?
¡Vas a volverme loco! ¡Enfermó!
¿Por qué?
Ya no quiero...
Ya no quiero escucharte...
Deseo verte.