Parte única
La tenue luz del claro de luna se vuelve una intrusa, está tan cautivada por la danza en la que ambos chicos son participe que decide bañar sus curvas y valles.
Suspiros de éxtasis puro se empeñaban en huir entre sus labios, labios que de vez en cuando quedan apresados en los dientes contrarios. Se suponía que aquella sería una noche tranquila, solo un par de tragos, un pequeño picadillo, una charla agradable, sin embrago, el alcohol hizo de las suyas, trayendo una nube de algodón de azúcar sobre sus mentes, anulando cualquier atisbo de razón. Cosas sin importancia a las tres de la madrugada, con el cuerpo hirviendo, y no de fiebre. Saliva y otros fluidos coloreando su piel, tornándola roja, brillante y apetitosa.
Labios hinchados, de un color rojo a juego con sus mejillas, la dopamina fluyendo a todo dar, un subidón de energía y el extasis motivándolos a continuar. Para Ian, entre sus dedos, los finos cabellos color oro eran su cable a tierra, no obstante aún podía ver las estrellas y más allá de la exosfera.
Elegantes movimientos ejecutados al son de los chasquidos lujuriosos, en un desorden de sábanas y el resonar de resortes. Retirando sus manos del cabello ajeno, las mueve hasta sus mejillas, con una inesperada delicadeza acerca sus narices. Un pequeño beso de mariposa, en el cual decía más palabras de las que era capaz de pronunciar, lástima que apenas la luna fuera reemplazada, arrastraría con sigo aquellos recuerdos, dejando solo el arrepentimiento y una muy mala resaca.