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Summary

(LGTBQ+) Los merodeadores se han enamorado, ¿ahora qué sigue? Cuatro parejas de amigos que se conocen de toda la vida deciden distanciarse un poco incapaces de confesar su amor prohibido con las serpientes más venenosas de Slytherin. Four-shot. σ я α η α η α Sirius x Snape Lupin x Malfoy Barty x Peter James x Regulus (mención empreg) Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling Epoca de los merodeadores Enemies love/bromas/amor/romance/juego/animago/Harry Potter/merodeadores/Slytherin/Gryffindor/Sirius Black/Severus Snape/Remus Lupin/Lucius Malfoy/James Potter/Regulus Black/Peter pettigrew/Barty Crouch jr/transformaciones/hombre lobo/Malfoy menor/tragedia/hot/soft/hermanos

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Nos veremos a medianoche

AU.

Aquel que siempre fue rechazado. Quiere amor con urgencia. El que fue prisionero. Quiere libertad. Su instituto está estropeado, o ese mismo que le dice que se acerque al peligro.


Caminaba a toda prisa sin importarle a quién se llevara por delante. Desplazándose con absoluta gracia por los pasillos del castillo. Caía la tarde para darle paso a la noche. Aquella prisa se transformó en pánico, y aquel pánico, en miedo. Ya entrada la noche ningún estudiante estaba fuera de su dormitorio, excepto uno que se escabullía por los rincones.


Al día siguiente el cansancio de Snape era más que evidente. Y digo que fue más que una odisea zafarse del interminable interrogatorio de Lucius.


Las ojeras en su rostro resaltaban más que otros días, contrastando con su cara pálida. Su cabello grasiento y su túnica raída eran cosas de todos los días. Su cansancio lo disimulaba muy bien, siempre erguido, incapaz de perder la compostura en público.


Llegaba tarde a sus clases de pociones y no tenía una escusa valida para empeorar la cosa. Al llegar al salón, las miradas curiosas no se hicieron esperar, pero los cuatro pares de ojos inquisidores del grupo de Gryffindors le hacían un hueco en la cara.


—Profesor, ¿se me permite pasar?

—Señor Snape, creí no tener hoy el honor de verlo aquí en mi clase.

—Me disculpo profesor, tuve un inconveniente y no logré llegar a tiempo.


Y era la verdad y no podía ocúltalo.


—Señor Snape tome asiento, y que esto no vuelva a pasar.


En su quinto año era difícil encontrar un tiempo libre para descansar, era clase tras clase preparando a los alumnos para su examen de TIMOS. Esta en particular la compartían Serpientes y Leones; encierra a dos perros hambrientos en un espacio reducido y verás lo que pasa.


—¿No se dan cuenta de lo raro que está Snivellus después de las vacaciones?

—A nosotros que nos importa lo que le pase a Quejicus —respondió James con desdén.

—Pero, ¿y si está tramando algo? ¡Tenemos la obligación de averiguarlo!

—¡Sirius!, ¿puedes solo callarte? —. La paciencia de James se estaba acabando. Bajo tanta presión, muchos estudiantes estaban más que sobrecargados de deberes y él no era la excepción.

Prongs

, ¿pero qué te pasa? Yo no tengo la culpa de tu sufrimiento por Lily~

—Sirius ya basta, fue suficiente. Ayúdame con la prisión —intervino Remus después de mantenerse al margen de la discusión.


Pero aquel despertar de interés hacía Snape no lo dejaría pasar. Así fue como empezó su plan maestro. Pasó una semana completa observando a su enemigo jurado. Días aprendiendo su horario y noches en vela preguntándose que le pasaba.


En quince días ya sabía de memoria la rutina completa de Quejicus —que comía, para dónde iba, CON QUIÉN ANDABA—, lo último lo tenía sin cuidado, pero Lucius era una sanguijuela al lado de Severus, o si no Regulus era su sombra. Era algo molesto.


Pero, ninguno sabía qué hacía Snape por la noche, y el cómo buen merodeador le haría honor a su nombre.


La tarde pasaba tan lenta cuando esperabas la noche con ansias. Después de media noche, Sirius salió de su dormitorio robando la capa de invisibilidad de James y el mapa de los merodeadores, pero no contaba con un lobito amigo y una serpiente le seguían el paso.


Sirius entró al bosque prohibido sin titubear, pero al cabo de unos minutos comenzaba a rezarle a todo Santo que conociera. Esa noche la luna amenazaba con llegar a su punto máximo y recordó que no faltaba nada para la transformación de su amigo, debía llegar sano y salvo para pasar la noche con él.


Con ayuda del mapa siguió el rastro de Severus hasta llegar a un claro en lo más profundo del bosque, aunque no había nada.


—Tú, mapa inútil, ¿ahora te vas a estropear? ¡Aquí no hay nada!.. ¡CARAJOS! ¿Qué fue eso?


Unos leves chillidos lo habían sacado de su frustración y cada vez se hacían más fuertes, por puro instinto se transformó en Canuto; un perro negro gigante se acercaba a los arbustos siguiendo aquellos quejidos que lo llamaban. Pero su sorpresa fue mucho más grande de lo que podía soportar.


—¿Quejicus… pero qué?


Un Snape hecho ovillo en el moho húmedo entre los matorrales, vulnerable y sollozando. Esto era todo menos lo que se esperaba y su sorpresa fue aún mayor cuando vio una larga y fina cola negra salir de entre sus pantalones, y unas pequeñas orejas aplastadas a su cabello.


Snape al instante se dio cuenta de su presencia y como pudo corrió a los brazos del Gryffindors ocultando su rostro en su pecho. Sirius por su parte, estaba en shock, pero una parte de él tampoco soltaba al Slytherin. Su mano subió y acarició aquel cabello que le parecía lo más suave a pesar de su apariencia grasienta; durante su ardua investigación se había enterado de que Snape era la persona más limpia y organizada a diferencia de sus amigos. Cada vez que practicaba alguna posición en las aulas vacías se amarraba el cabello en una coleta para no dañarlo por el humo, pero esto no funcionaba del todo. Un suave ronroneo lo sacó de sus pensamientos y de repente una parte de él dejó de pensar con la razón.


—OH POR DIOS, SIRIUS ALÉJATE DE SEVERUS EN ESTE INSTANTE.


Pero él ya no era más Sirius y ese tampoco era Severus. Un fuerte gruñido salió de lo más profundo del pecho del animago, aferrándose a Severus como si su vida dependiera de ello. Remus enseguida salió al rescate de Lucius jalando su túnica para hacerlo retroceder.


—Esos de ahí no son nuestros amigos —, el susurro era lo más bajo para no alterar a ninguno —. No podemos. No podemos ayudarlos sin la ayuda de un profesor.

—Bien, bien— quédate, yo iré en busca de Mcgonagall y tú te quedarás a vigilar a ese par.

—No, espera, no puedes dejarme aquí solo, yo no-

—Remus, sé que puedes controlar una situación como esta —cortó distancia acercándose peligrosamente a su oído —, y sé que has tenido la

suficiente

experiencia estando en la misma

situación

—. Su voz fue grabé y melosa con un pequeño ronroneo.


Remus se tiñó de carmesí de pies a cabeza y no tuvo el valor de darle la cara. Lucius fue de prisa a buscar a la profesora restándole importancia a sus insinuaciones.


Ver a su mejor amigo tan embobado con el que era su mayor enemigo, lo dejaba atónito. Sirius no paraba de lamer las ojeras y el cuello de Snape, y él no dejaba de restregarse contra su pecho. Podía permitir todo eso, pero no una cosa. Tenía que evitar a toda costa que Sirius marcara el cuello del chico, era un asunto delicado, que si llegaba a pasar tenía, que ser cuando estuvieran consientes.


—Lucius ven rápido —chilló Remus por la desesperación.


Trató de acercarse con cuidando y con total sumisión, para que no creyera que era un reto, pero Severus lo veía como una amenaza tangente, hacía falta una queja de esto y Sirius gruñía mostrando los dientes. Lo único que importaba era su pareja.


Con Severus en su regazo se sentía completo, podía quedarse durante horas en esa posición que nada le importaría, pero había un problema, necesitaba hacer el nido y buscar comida como buen proveedor que tendría que ser, y un pequeño intruso no dejaba el lugar sin importar cuánto le gruñera, eso comenzó a molestarle.


Buscando asustarlo no dudó ni un segundo en saltar arriba de él para mostrar sus dientes. Aquello traspasó el límite de Lupin y no supo que más hacer que echarse a llorar del terror. Y así como llegó, así se fue con un estruendoso golpe. Lucius había llegado con Mcgonagall y él había sido quien lanzó el hechizo

Stupefy

. Mcgonagall aprovechó que Sirius estaba inconsciente y fue rápido en busca de Snape que se encontraba erizado cual gato tratando de proteger el cuerpo de su pareja.


Tardaron más de media hora en controlar todo y llevar a los estudiantes al castillo. Para Severus todo había sido un sueño, pero para Sirius las cosas pasaban tan rápido, todo lo recordaba y ahora se sentía con la necesidad de ir a buscar ese algo que le faltaba.


Los días de recuperación para Sirius no fueron muchos, para Severus fueron un mes entero, y cuando salió de la enfermería lo trasladaron a su casa. Severus se arrodilló e imploró no volver a ese lugar, pero eso no fue suficiente para Dumbledore, necesitaban saber el porqué de sus súplicas, pero Severus no quería decirlo, y sin poder ayudarlo lo devolvieron.


Los exámenes de TIMOS habían terminado, el mes de junio amenazaba con acabar y no hubo rastro de Severus por casi 10 meses, era como si se lo hubiera llevado el viento. Todas las noches soñaba con el mismo encuentro. Era como estar atrapado en un espacio vacío, ya no salía con sus amigos y no había vuelto a mirar a nadie más.


Aquella noche la desesperación aumentó cortando el último grado de cordura que quedaba en él. Tenía que salir y hacer algo, pero ni el mismo sabía qué. Todas las noches salía y buscaba en el mismo sitio, pero no encontraba nada. Noche, tras noche hasta que lo escuchó. Un llanto lastimero, era un grito desgarrador y no dudo en ir a averiguar que pasaba.


—Severus~


Un susurro vago, pequeño pero audible —. Severus.


No tardó ni un segundo en tirarse sobre él. El chico se encontraba llorando, pero su sorpresa no la podía ocultar. Severus se encontraba con él en su lugar, juntos.


—Oh por Dios Severus que te ha pasado.


Sirius no soltaba su agarrar de la cintura del Slytherin y Snape no pretendía tampoco alejarlo.


—¿Dónde has estado todo este tiempo?, ¿quién te hizo esto?


Las evidentes marcas de maltrato en sus brazos y rostro no pretendían ser discretas, y Sirius sabía que había más bajo la túnica.


—Black apártate… solo vine~


Se había quedado corto, ni el mismo sabía que hacía ahí entre los brazos del Black. De pronto sus ojos comenzaron a picar y las lágrimas no tardaron en caer. Aquello había hecho entrar en pánico al León,


—Tranquilo, todo estará bien. Yo estoy aquí y nada te dañará en mi presencia.

—Promételo…

—Lo prometo Severus.

—No me dejes, por favor. No olvidaré lo que ha pasado en todo estos años, pero quiero confiar en ti. Lo necesito.

—Voy a remediar hasta la última lágrima, crearé recuerdos felices para ti… Con o sin mí, pero siempre felices.




Y de un momento a otro había despertado, había sido un sueño. La luz sutil traspasaba el ventanal del dormitorio. Lo había perdido de nuevo. Aquella mañana fue forzado a salir a desayunar. El gran comedor estaba repleto y la mesa de los Slytherin ese día como nunca estaba hecha un bochorno. De entre todos los estudiantes, había uno que estaba siendo hostigado por miles de preguntas.




A Sirius le dio un vuelco el corazón, las lágrimas salían sin permiso. Verlo sonreír y ser feliz era lo que más quería. Severus se encontraba sentado junto con Lucius y Cissy. Justo en ese momento sus ojos se encontraron, ahí fue cuando todo paró, ahora todo pasaba lento, Severus le regalaba una sonrisa y un pequeño saludo. Ya todo había acabado, el miedo se había ido.