CAPÍTULO 1
"LOSER"
Estoy aquí, ¿alguien puede verme?
¿Alguien puede ayudar?
Estoy aquí, prisionero de la historia
¿Alguien puede ayudar?
¿Puedes oír mi llamada?
¿Vienes a buscarme ahora?
He estado esperando
Vendrás a rescatarme
Necesito que sostengas
Toda la tristeza
No puedo vivir con el dolor
Caminaba con pies descalzos sobre el asfalto. Se movía con dificultad y el delgado pijama que traía puesto no hacía nada por cubrirle del frío. Noviembre resultaba helado y la fina llovizna golpeaba como pequeñas cuchillas sobre su piel.
Se abrazaba a sí mismo, siguiendo por la calle empedrada hacía su único refugio.
Húmedo, sucio, cubierto de lodo y sangre, se encontró frente de la enorme mansión; con manos temblorosas llamó a la puerta y después de un minuto que pareció como una eternidad, está se abrió.
Janneth, la ama de llaves, lo miró con sorpresa y rápidamente le dejó pasar.
-- Jóven Jin... ¿Pero qué...?--
-- Taehyung...-- murmuró con voz rota.
-- Permítame un momento, ya le aviso al señorito que está usted aquí.--
La mujer se apartó a paso rápido y subió por la larga fila de escaleras. Jin deseaba sentarse en alguno de los sillones para descansar sus doloridos pies, pero estaba tan sucio que temía arruinar el costoso forro blanco, así que solo espero, con el alma en un hilo, a la única persona que podría traerle paz en aquel momento.
-- ¿Jin? ¿Pero qué rayos te...?--
Jin corrió hacía Taehyung y se lanzó a sus brazos, comenzando a llorar como un niño pequeño. Su rostro hundido en la curva de su cuello, ni siquiera notaba que el pelinegro no devolvió el gesto, estaba demasiado agotado para hacerlo.
-- Yo... fui a la farmacia por una prueba de embarazo...y está dió positivo...-- sollozo casi cayendo en la histeria.
-- ¿De qué diablos estás hablando Jin? --
-- Mi madre se dió cuenta... y le dijo a mi padre...-- el castaño levantó la mirada, sus ojos hinchados y enrojecidos eran la prueba de su desdicha.-- Me han sacado de casa... ni siquiera me permitieron sacar ropa o mis ahorros... me dejaron a mi suerte... Tae, no tengo a donde ir...--
Los ojos grises se oscurecieron, en ellos no encontró ninguna emoción, parecían ajenos a su tragedia, casi aburridos.
-- ¿Y qué piensas hacer?--
Jin se apartó en aquel momento como si lo hubieran golpeado.
-- ¿Cómo que voy hacer? Tú... nosotros... ¡Es tu bebé!-- gritó con la irá y el dolor a flor de piel.-- Vine a tí porque te necesito...--
-- Si, bueno... No pensarás que dejaré mis estudios para cuidar de un niño bastardo ¿Verdad? -- dijo con un encogimiento de hombros.-- Mi padre se pondrá muy molesto, yo tengo un promedio de excelencia como para turbar mi futuro por... bueno, no necesito decirlo, el punto se entiende.--
-- ¡Eres un...! Tú me dijiste que no pasaría nada... tú... -- Jin se sintió mareado en aquel momento, no podía ser esto real, esto era una maldita pesadilla.
-- Debiste cuidarte mejor, cariño, conocías las consecuencias y ahora tendrás que afrontarlas, pero solo, porque yo no pienso quedar embarrado en tus estupideces.--
-- Es tu hijo...-- dijo completamente roto.-- y necesita a su papá...--
Se escuchó un ruido sordo y de un momento a otro, Jin estaba en el suelo, cubriendo su mejilla con la mano. El calor ardiente que dejó aquel golpe y la piel punzante por el dolor, fue la señal para saber que estaba solo, que esto se había terminado y que no tenía a dónde más ir.
-- Es hora de que te marches Jin, fue divertido mientras duró.--
Mucho peor de lo que hubiera imaginado alguna vez que estaría, Jin volvió a las calles. Ya era tarde y los negocios estaban cerrando, ya comenzaba a oscurecer y la lluvia a volverse más densa. No había amigos, familia, ni ningún otro sintió dónde pudiera pasar la noche. Comenzó a desesperarse hasta que recordó a alguien, alguien que vió un par de veces pero que lo había tratado con respeto, una persona que quizá le diera refugio por una noche.
Camino por casi una hora, ansioso, tratando de recordar dónde quedaba aquel lugar, miraba de un lado a otro por las avenidas hasta que reconoció el viejo edificio.
Fue complicado trepar la reja para evitar que el portero del lugar le pusiera trabas. Terminó con una pierna lastimada y un raspón que escocia su mano, no ayudaba en nada las ampulas que se habían reventado de la planta de sus pies. Cada paso parecía una penitencia, hasta que llegó a la puerta carcomida por el paso del tiempo, está tenía el número "2824" en una plaquita de metal plateado, ya bastante oxidado. Toco la puerta un par de veces, temeroso de que está permaneciera cerrada, pero un momento después está se abrió y un hombre alto de piel pálida se asomó, esté tenía un pantalón de chándal negro y una sudadera azul marino, el cabello rubio ya bastante largo, caía sobre su rostro de manera desordenada, y los ojos grises, tan parecidos a los de Taehyung, le contemplaron con curiosidad.
-- Por favor...-- soltó con súplica.
Hubo un muy largo silencio antes de que Jungkook abriera la puerta por completo, dejando a Jin entrar al departamento.
El lugar era pequeño pero limpio y muy bien amueblado, no había una sola cosa fuera de su sitio, salvó una taza vacía que reposaba en una mesita de vidrio junto a un plato con una rebanada de pizza a medio comer.
-- ¿Quién te hizo eso?-- preguntó Jungkook con la mirada oscurecida al contemplar el moretón en su mejilla.
-- Estoy en cinta...-- dijo de forma apagada, con las mejillas ardiendo de vergüenza y sin ser capaz de levantar la mirada.-- Mis padres me han sacado de casa.--
Hubo silencio, los ojos grises se habían vuelto duros y llenos de irá, Jin por un momento temió que le golpeará tal y como lo hizo Taehyung, pero eso no pasó. Jungkook extendió su mano y acarició suavemente la mejilla lastimada, provocando una mueca en el rostro del menor.
-- Ven, tienes que ducharte, te enfermaras y eso no es bueno para el bebé.--
Agotado, Jin agradeció la gentileza de Jungkook, y se permitió ser encaminado al cuarto de baño.
-- Hay toallas limpias en el cajón del lavamanos, en un momento te daré algo de ropa, cualquier cosa llámame ¿De acuerdo?--
El castaño asintió con un gesto de la cabeza, y un momento después la puerta se cerró.
Jin entonces abrió la mano, dónde un billete de diez mil wones descansaba arrugado, mismo billete que Tae le había aventado cuando lo saco a rastras de su casa.
Con un suspiro, Jin tiró el dinero al suelo, se desvistió lo más rápido que pudo y entró directamente a la regadera.
No podía creer que todo su mundo, todo lo que tenía y amaba, se esfumará con esa facilidad.
Jin nunca fue muy popular en el colegio, no era que fuera feo, porque Jin siempre destacó por su increíble belleza, tampoco su inteligencia fue impedimento, era un joven alegré y llenó de vida, amable y dulce. Pero cometió el pecado de nacer como un doncel.
Era un chico, pero un chico que podía dar a luz, un chico de apariencia delicada, un chico que se vió obligado por el gobierno, a marcar su cuello con un tatuaje con el dibujo de un sol dorado, signo de que era un monstruo marginado por la sociedad.
No importó la posición social de su familia, no obtuvo benevolencia, Jin era lo que era y no podía cambiarlo. Fue así que conoció a Kim Taehyung, un chico amable y caballeroso que se acercó a él de manera dulce, cortejandolo y llenando su vida con un pequeño rayito de luz. Jin se había enamorado como un tonto, adoraba la manera en la que Tae le trataba, se dejó envolver por las palabras dulces y los besos pasionales.
Cuando Taehyung le pidió entregarse a él, Jin ni siquiera lo dudo, él lo amaba con todo su corazón. Y si algún miedo tenía, él se encargó de apagarlo con palabras cariñosas y promesas de un futuro de ensueño.
La primera vez había dolido mucho, Tae no fue el más cuidadoso, sus besos fueron bruscos pero Jin estaba feliz de estar con alguien que le amaba.
Que estúpido había sido, nada es así de bello, ni perfecto.
Ahora se encontraba en el fondo del pozo, completamente solo y con un bebé que no deseaba. Una cosa que solo había servido para destrozarle la vida.
Tampoco podía creer que hubiera acudido a Jeon Jungkook, el medio hermano de Taehyung, cabe decir que ellos dos no se llevaban muy bien, prácticamente eran como el agua y el aceite.
Jin solo había visto a Jungkook un par de veces. Una en una cena familiar que salió terriblemente mal, y la vez que acompañó a Taehyung a llevarle una caja con las cosas que había dejado su madre para Jungkook antes de morir, de ahí que Jin sabía dónde quedaba la casa.
Agradeció que pese a que no le conocía más que por vista, le tuviera la compasión suficiente como para abrir su puerta y permitirle descansar su magullado cuerpo.
Jin dejó el agua lavar su piel, pero pese a que se limpiaba con brusquedad, él seguía sintiéndose sucio. Lloró un poco más su desgracia antes de permitirse salir del cuarto de baño, envuelto en una esponjosa toalla blanca.
Cuando asomó su cabeza a la sala, Jungkook le señaló una muda de ropa apilada en el sofá, y Jin fue directo a ella para cambiarse. Se llevó las prendas de nuevo al cuarto de baño y comenzó a vestirse, pero el bóxer le quedaba flojo y el pantalón demasiado grande, prácticamente nadaba en él, así que se deshizo de ellos y tuvo que conformarse con el suéter de manga larga que como era de esperarse, le quedaba como un jodido vestido. Bueno, aquello era mejor que nada.
Volvió a pasos torpes a la sala y Jungkook le recibió sirviendo una taza de chocolate caliente.
Jin se permitió recibir agradecido, la dulce bebida, y así estuvieron un largo rato, hasta que Jungkook rompió el cómodo silencio con una voz más arisca.
-- Así que un bebé. Mi querido estúpido hermano por fin lo consigo, solo faltaba agregar a la lista de sus estupideces, un embarazo. Pero bien, ¿Porque has venido aquí y no directamente a él?--
Las manos de Jin temblaron por el solo recuerdo y la amargura con la que Jungkook le hablaba, un tono que aunque formal y amable, no dejaba de darle a entender que él sobraba ahí.
-- Taehyung lo sabe...-- dijo Jin con una sonrisa rota. -- Me golpeó, me dió un billete de diez mil wones e hizo que sus empleados me sacaran a jalones de su casa.--
Las lágrimas habían vuelto a caer, estaba tan avergonzado de que esté hombre viera tan abiertamente su debilidad.
-- El cabrón de Taehyung se superó a sí mismo esta vez. Pero bueno, ¿A dónde piensas quedarte ahora?--
Jin levantó la mirada llena de angustia, y estaba por entrar en una crisis de pánico.
-- Por favor... déjame pasar la noche aquí...--
Jungkook soltó una carcajada falta de gracia y negó con un gesto de cabeza.
-- ¿Qué te hace pensar que cargaré con el desperdicio de otro? Taehyung es mi hermano, sí, pero no le debo nada, y a ti tampoco. --
-- No tengo a donde ir... Sé que no debería pedirlo... pero tengo miedo, me quedé solo... No soy bueno estando solo...--
-- ¿Y sé supone que eso tiene que convencerme?--
-- ¡Por favor! -- dijo Jin con un sollozo, arrodillándose y colocando su cabeza contra el suelo, mientras que sus manos permanecían juntas en un gesto de súplica.-- No me eches a la calle... por favor, por favor... no puedes... tú me dejaste entrar, no me dejes ahora...--
Jungkook siempre fue un hombre arrogante, de carácter firme y hosco, demasiado serio y carente de generosidad, pero ver así al joven fue una imagen dura, una que le recordó a su madre suplicar a su padre que por favor no la echara de casa con su hijo. Aquellos fueron días duros, pero una vez que su madre se casó con el Kim Kyu-jong, el padre de Taehyung, las cosas mejoraron para ella, aunque eso tuvo un precio, y fue Jungkook, desde ese momento, él dejo de ser su hijo para que ella fuera la esposa perfecta para Kyu-jong y madre de Taehyung.
Jin en ese momento le trajo recuerdos, pero no de la mujer superficial, sino de la madre que suplicaba.
Jungkook se arrodilló entonces junto a Jin y lo hizo detener las súplicas.
-- Solo por hoy ¿De acuerdo? --
Los ojitos de Jin estaban horriblemente enrojecidos y el moretón de la mejilla un poco más oscuro, pero aún con eso, sorprendentemente, seguía siendo lo más hermoso que hubiera visto.
-- Gracias...--
-- No agradezcas, lo hago por lastima.--
Jin no dijo más nada. En ese momento, ni siquiera le servía el orgullo, eso también se lo habían quitado.








