Capitulo 1
“Tareas, trabajos, proyectos… “Era lo único que se me pasaba por la cabeza, hace unos minutos había salido de la universidad, estaba completamente aburrido, lo único que quería hacerse es ir a casa y caer rendido al sofá. Al solo pensar en eso, sonreí, pensé en que también podría tomar un baño de burbujas al llegar a casa, y antes de que el viejo no me deje en paz y tener que cuidar de mi hermana para qué mi padre no la golpe y la culpe de la muerte de madre…
Mi vida es un tanto conflictiva al ponerme a pensar en eso, mejor re organizó mis pensamientos. Soy Mateo de 23 años y… qué importa quien soy y de donde soy, tengo una familia, si eso se puede llamar familia, que solo conforma mi hermana menor Margarita, de tan solo 10 años de edad y mi padre Jake… por lo menos yo no lo consideró mi padre, desde que falleció mi madre la casa no se volvió a sentir como en casa, madre murió al dar a luz a mi hermana menor, desde aquel momento mi padre culpa a mi hermana, por la muerte de madre.
Hace ya 10 años, padre se volvió un drogadicto, mujeriego y maltratador, yo con tan solo 13 años tuve que encargarme de mi hermana, y ayudar a que se desarrollarse como una persona normal, o bueno lo que aparentamos delante de la demás gente es que somos la familia perfecta, aunque sea un maldito infierno entrar a casa y ver que padre esta enfrente del salón con un palo o cinturón de cuero a mano; El día de inicio del segundo año de universidad de ingeniería, entre con el hombro dislocado y el ojo derecho morado al aula, sigo teniendo la cicatriz del puñetazo qué mi padre me metió en el ojo, ahora es solo como una mancha de diferente color de mi piel moreno claro, eso es solo lo que me sucedió a mi, si una semana después de eso no hubiera llegado a tiempo de la universidad, y me hubiese quedado charlando con unos compañeros, mi hermana tal vez no seguiría viva y hubiese muerto, gracias a mi padre, qué la golpeó por todo el cuerpo hasta quebrarle la nariz y una costilla, por los malditos efectos del alcohol.
Al llegar a casa y abrir la puerta, mi cuerpo sintió la misma sensación que sentía siempre al entrar al hogar, decepción y tortura. Al nomas entrar me quite mi sudadera roja con cuadros y bolsillos de color blanco, mí camiseta de un azul agua, qué era mi favorita por lo cómoda y a la vez suave que era, mientras me quitaba mis sandalias y pantalones color café, al ya quedar completamente desnudo fui al cuarto de baño y prendí el chorro para que se llenará la tina, salí al salón, en donde se encontraba un gran reloj, abajo del televisor y note que había llegado tarde de la universidad a casa, no daría tiempo para un baño relajante de burbujas, entre nuevamente al cuarto de baño y apague el chorro, tome una ducha normal y después me dirigí a mi dormitorio qué estaba subiendo las escaleras y girando a la izquierda, enfrente del de mi hermana, aun lado del baño y un poco lejos del cuarto de padre.
Me vestí lo más rápido que pude para salir en mi bicicleta, qué era del mismo color que mi sudadera, si la misma que la de la mañana, roja. pedalee y pedalee para llegar y parquear mi bicicleta enfrente de la primaria en donde estudia mi hermana menor, me quedé enfrente de las gradas y la gran puerta de vidrio, esperando a que apareciese con su sonrisa y sus ánimos de siempre.
–¡Mateo!––Escuche un grito qué me dibujo una sonrisa en el rostro, era mi hermana menor corriendo en dirección a donde yo estaba, con un vestido color blanco y sus trencitas qué siempre le pegaban en la cara, tenía una diadema color café claro, con florecitas y conchitas, traía en mano un papel enrollado de color blanco con un listón rosa suave, como una cartulina y en la otra su lonchera morada.
–Margarita–dije con cariño y recibiéndola entre mis brazos, estaba muy calientita, de sus mejillas se podía ver que estaban rojas, cuando levanto la vista y cruzamos miradas, le brillaba sus ojos de diferentes colores, azul marino y su otro ojo verde zafiro. Su pelo castaño con una mezcla de rubio, qué me provocaba cosquillas en el pecho, se notaba muy enredado.
–Como te fue? –Pregunte con una sonrisa, mientras nos subíamos en la bicicleta e vivamos charlando.
Era muy bonito guardar bellos momentos en una caja de plata para cualquier momento malo recordar las sonrisas y risas, y separarlos de los malos momentos que solo dejábamos en un rincón oscuro lleno de dolor y desilusión, lo malo es que abecés los malos momentos se salen de el rincón y causan dolor.