Nuevo comienzo
Llevo no sé cuánto tiempo metida en mi auto en una especie de trance, me siento incapaz de bajarme, tengo todo mi cuerpo entumecido de los golpes y de la rabia, aun después de casi 10 horas siento el pitido en mi oído y como si en cualquier momento se me fuera a explotar la cabeza, aunque ya estaba acostumbrada a la sensación y al dolor en todo el cuerpo, aún se hace un remolino de enojo e impotencia.
El típico ruido que tengo para llamadas me saca de mi transe y me hace mirar de quién se trata. Una muy leve sonrisa sale de mi boca al ver la foto de Andrew, mi mejor amigo y contesto.
—¿Como te trata la vida mi querida Jessica Rabbit? —me pregunta con un tono burlón, sabe que detesto que me llame así, se excusa en que como soy pelirroja y no como animales ni sus derivados convirtiéndome automáticamente según él en un conejo, lo cual es absurdo.
—Bien enano, —le respondo en el mismo tono burlón que puede salir de mí, aunque, de hecho, es muy alto, pero cuando éramos chiquitos yo era mucho más alta que él y se demoró un buen de tiempo en estirarse, por lo que se quedó así— aunque tu llamada ya me daño la mañana. Acortemos esta agonía —le digo en tono dramático— y dime ¿para qué soy buena?
—Yo estoy muy bien y Nala —su novia—también, gracias por preguntar y por el interés —me dice sarcástico y con un ligero matiz de molestia por la forma en la que lo llame.
—¡Ay! Deja el drama, y sí, supongo que están espectacular, como follan 24/7 —se escucha una carcajada de Nala y mi amigo.
—Tan franca y cruda como siempre, ¿no? —me dice con una falsa molestia en su voz, existen muy pocas cosas que nos da pena hablar o comentar—Además no todo es sexo en esta vida querida.
— ¡Ja! Déjame dudar, los conozco, con ustedes todo gira entorno al sexo. Pero bueno no me llamaste para discutir qué tan lo que sea soy o su desempeño y apetito sexual. Dispara Andresín — me lo puedo imaginar poner los ojos en blanco y lo escucho bufar, sonrió, aunque después puedo percibir cuando suspira y se remueve, lo que me da un indicio que lo que me dirá no me va a gustar.
—¿Quería saber cómo estás? —cuando escucho salir eso de su boca la que bufa ahora soy yo, ya sé por dónde va esto y no pienso dejar que avance.
—Bien, —le digo exasperada y un poco más brusca de lo que quería— dile a mi madre que sí, voy a asistir, ahora si me disculpan tengo otras cosas que hacer. Me avisan cuando se vayan a venir. Que tengan un lindo día—doy por finalizada la llamada con peor humor que el de antes.
Cuando mi reloj marca las 8:00h me obligó a bajarme a conocer el apartamento donde viviré los próximos años. Me vine de la capital a otra ciudad para estudiar medicina en una de las universidades más prestigiosas de mi país y del mundo, y no les mentiré, también para alejarme de muchas personas. Estoy en el parqueadero subterráneo de un edificio un tanto lujoso que en este momento sirve de residencia, aunque no se encuentra dentro del campus, si queda muy cerca a este.
Por fin salgo de mi auto, saco mi equipaje y me dispongo a subir a mi piso, cuando llego a este no tiene mucha ciencia encontrar mi apartamento ya que solo hay dos, uno que es de solo hombres y el otro de mujeres, mi mejor amigo se va a quedar en uno con 4 chicos más y pues yo con su novia y otras dos nenas más nos quedaremos en el otro.
Entro al que dice 2302 esperando no encontrarme a nadie, no estoy de humor para poner mi cara de que todo está perfecto y ser amable con las que serán mis “roommates”. Para mi suerte se encuentra desierto. Es un lindo apartamento, para nada pequeño. Cuando uno entra, la cocina se encuentra a mano derecha, al frente se ve la sala, el balcón y el comedor, a mi lado izquierdo se encuentran dos puertas que deduzco que son el cuarto de ropa y el baño. Tiene cuatro habitaciones con su propio closet, baño y balcón, estas se encuentran dos a cada lado de la vivienda.
Camino por el pasillo de la izquierda y me dirijo a la habitación que queda a mi mano derecha pegada a la sala y al frente de mi puerta está la de Nala, la ocupación de cada cuarto ya lo habíamos acordado con la inmobiliaria hace unas semanas. Al entrar no lo detallo mucho, no tengo ganas de hacer nada, pero sé que tampoco podré conciliar el sueño así que opto por ocupar mi mente organizando mi closet.
…
Estoy en mi mundo no se hace cuanto, poniendo todas las cosas en su lugar mientras voy escuchando las canciones de “The Rocky Horror Picture Show”, el cual es uno de mis musicales favoritos esperando que me suba un poco el ánimo, en este momento está sonando mi favorita “Sweet Transvestite”.
Levanto mi mirada y me doy cuenta que hay una chica en la puerta de mi armario y automáticamente la empiezo a detallar, es blanca, alta aunque siento que es un poquito más bajita que yo, tiene un muy buen cuerpo, es delgada pero con curvas, como diría mi tía “tienen de donde agarrar”, cuando llego a su cara me doy cuenta que tiene heterocromía, uno de sus ojos es verde y el otro azul, tiene unas facciones finas, una linda nariz perfilada y una gran cabellera negra, en conclusión es muy hermosa.
Cuando nos terminamos de escanear me sonríe y me dice algo, pero por la mala costumbre de escuchar la música muy alto no le entiendo así que me quito los audífonos, ella ensancha su sonrisa y habla.
—¡Hola! Discúlpame por entrar así, pero toque y como no contestaste me tomé el atrevimiento de entrar—me dice con una sonrisa apenada y yo trato de poner mi mejor cara, aunque no me gusto que entrara así, pero hoy decido restarle importancia—. Mucho gusto, me llamo Charlotte Bennet.
—Hola. Mucho gusto Charlotte, —le digo poniéndome de pie con la sonrisa más cálida que soy capaz y le doy la mano—yo soy Victoria Stone, un placer conocerte.
—El gusto es mío, te venía a preguntar que, si querías ir a almorzar con la otra chica y conmigo, ya van a ser las 14:00 horas y pues ya tenemos hambre, así que ¿vienes?
Medito la cosa, no me vendría mal salir a conocer un poco los alrededores y tratar de despejarme a ver si logro controlar el camino que puedan tomar mis pensamientos antes que sea demasiado tarde, solo que el plan de comer no me pone de los mejores ánimos, además me duele hasta mover el cabello. Suspiro esperando no arrepentirme más adelante, aunque las posibilidades de que eso suceda, conociéndome, son muy altas.
—¡Dale! —le digo con una media sonrisa, no muy convencida de mis decisiones, pero con una mejor actitud—Dame cinco minutos y ya estoy lista.
Me da una gran sonrisa, asiente y sale de mi habitación. Me cambio la camiseta por un body cuello tortuga con manga larga negro, me dejo mis jeans y me pongo un gabán verde militar, me cambio los tenis por unos mocasines negros, me aplico tinta en los labios y ya estoy lista.