Prólogo
Les ha pasado que, al último minuto de hacer una estupidez, ¿se arrepienten?
Bueno, a mí me pasa bastante seguido. Suelo decir que es porque soy una persona muy impulsiva, o tal vez solo lo justifico con eso.
Otro pequeño problemita que tengo es que siempre me desespero en los momentos de suma paciencia, me da ansiedad quedarme sentada sin hacer nada. Tengo que estar haciendo algún movimiento, mover la pierna, morderme las uñas, cualquier cosa que me mantenga ocupada.
Mi psicóloga me recomendó un par de ejercicios para controlarlo, pero no soy muy fan de ellos. Prefiero estar pasando tiempo con Dalia -mi mejor amiga- cocinando o haciendo cualquier otra cosa.
Y para rematar, esta última semana he estado con demasiado estrés. Creo que la única explicación lógica para eso es la universidad, ya que no han parado de poner más y más pruebas.
Ahora mismo me encuentro en la playa, con Dalia y nuestros amigos. Y estoy demasiado contenta -noten mi sarcasmo- ya que no hay nada más entretenido que salir a beber un día que quisieras enterrarte en tu cama.
No me malinterpreten, adoro a mis amigos y pasar tiempo con ellos. Pero estoy demasiado agotada.
Otro hecho que me perturba es la música. Por el parlante suena una maldita canción -no tengo ni la menor idea de cuál es, pero por el ritmo deduzco que es música electrónica-, que en algún momento me reventara los tímpanos.
¿En qué momento pasamos de Harry Styles a esto?
Finjo una sonrisa cuando siento la mirada de Dalia, ella me devuelve la sonrisa y gira la cabeza para hablar seguir hablando con Harriet y otra mujer que nunca he visto.
Dalia es la que más llama la atención en el grupo, con sus piernas largas, esencia femenina y su hermoso cabello negro - que está demasiado peinado, como si le hubiese estado pasando el cepillo durante hora- Siempre luce impecable para todo. Incluso, en esos días que apenas te bañas y te pones lo primero que encuentras en el closet.
Sigo observando el lugar con cara de aburrimiento. Pero me topo con unos ojos que ya me estaban observando: Kai.
Luego de un par de segundos viéndonos, le hago una seña para que se acerque. El asintió y le dijo algo a sus amigos mientras me apuntaba; cuando terminó de decirles lo que fuera que quería, vino hacia mi trotando y segundos después, estaba sentado a mi lado.
-¡Quieres que te lleve a casa? -me preguntó, con una sonrisa en la cara-. Te ves con ganas de querer enterrarte en tu cama y no salir nunca.
-No es necesario - contesté con una mueca-. Dalia se sentiría mal si ve que me voy.
Desearía poder irme, pero Dalia preparo esto con su mayor voluntad; me vio muy cansada y me dijo que haría algo que me subiría el ánimo.
Kai, en cambio, me miro con cara de cansancio.
-La pesada de mi hermana no va a morirse si ve que te vas.
Si, son mellizos.
-No lo sé Kai...
-Si quieres voy yo a decirle que estas demasiado cansada.
Pensé un poco más la idea de irme. Estoy realmente agotada, además, le diría a Dalia que le debo un favor más e iríamos de compras como nos gusta.
-Iré a hablar yo misma con Dal -Dije, finalmente-. Tú mientras ve a preparar el auto con calefacción, tengo mucho frio.
Me miro con una sonrisa mientras asentía con la cabeza.
-Le avisare a los chicos- mencionó-. Apúrate, no te quedes hablando mucho rato.
Moví la cabeza en un gesto de afirmación y me acerqué hacia donde estaban las chicas.
-Con que te dignas a aparecer- Dice Harriet, apenas me siento a su lado-. Estaba esperando que te acercaras a nosotras, hay algo que quiero contarte.
-Hubieras ido a buscarme, no sabía que tenías algo para decirme -replico con tono acusador-. Ahora no me puedo quedar. Kai me está esperando.
- ¿No te quedaras? -me pregunto Dalia, con el ceño ligeramente fruncido-. Prepare esto especialmente para ti.
-Lo siento mucho Dal, estoy demasiado cansada y Kai se ofreció a llevarme. Te prometo que te lo compensare.
me miró con los ojos entrecerrados y abrió la boca dispuesta a responder, pero Harriet ya comenzó a hablar.
-Déjala, Dal, Tenemos todos los días para estar con ella - Luego dirigió la mirada hacia la mía-. Ve con Kai y escríbenos cuando hayas llegado.
Dalia puso los ojos en blanco y se queda en silencio. Mientras que la mujer que no conocia miraba a Harriet con una sonrisa.
Harriet es una de las personas más buenas que conozco. Siempre piensa en el otro y en lo que estará pasando; pasa desapercibida en los grupos grandes, pero cuando quiere, puede hacerse notar de una manera deslumbrante.
Lastimosamente ella ya tiene la mirada fija en una persona.
- ¿Tu y Kai están saliendo? -me pregunta Harriet- últimamente han estado más cercanos que de costumbre.
Antes de que pueda contestarle, una bocina suena detrás de nosotras. me doy la vuelta y veo el Jeep negro de Kai. Me despido rápidamente de las chicas y voy corriendo a sentarme de copiloto, dejando la pregunta de Harriet sin responder.
- ¿A tu casa o a la mía?
- A la mía -le digo-. Mis papás quieren verte, me lo dijeron esta mañana.
Se le forma una sonrisa en la cara apenas termino de pronunciar eso ultimo y comienza a hablar de lo genial que le caen mis papás.
Me detengo a observarlo mientras maneja. Llevaba unos shorts cargo verde militar y una polera sin mangas que dejaba a al descubierto sus músculos.
Seguí subiendo la mirada, hasta que mis ojos se toparon con su cara.
Unos pequeños rulos rebeldes caían por su frente - cosa que se ve realmente sexi- mientras que sus ojos azules estaban concentrados en la calle, su boca, en cambio, estaba ligeramente curvada hacia arriba.
Formando una sonrisa burlona.
Se dio cuenta de que lo observaba.
Sentí como mi cara se ponía roja y desvié rápidamente la mirada hacia la radio, la encendí y comenzó a sonar ni más ni menos que I Know Places- Taylor Swift.
Fruncí el ceño apenas comenzó a sonar la primera estrofa; Kai jamás en su vida ha escuchado Taylor Swift si es que yo no lo obligo.
-Agregue todas sus canciones a mi playlist -me comienza a explicar-. Últimamente te ha gustado mucho y me gusta escucharte cuando las cantas, pareces una loca desquiciada.
-No parezco loca, solamente las vivo.
Se gira para verme, mientras que su sonrisa burlona cambia por una dulce. Me quedé mirándolo fijamente sintiendo mis comisuras subir.
Y lamentablemente este momento bonito desapareció.
Ya que Kai tuvo que volver a dirigir su mirada a la calle para poder estacionarse.
-Bueno, señorita. Lamento informarle que tendrá que dejar su terapia para otro momento.
Ya con el auto estacionado, comienzo a juntar mis cosas para que no se me quede nada, al mismo tiempo siento como mi puerta se abre y se asoma una mano.
-Ya hemos llegado a su destino, dama -me dice aun con la mano extendida-. Agárrala rápido, que me va a dar un calambre.
Agarro su mano mientras que escondo mi sonrisa. Me ayuda a bajarme del auto y vamos directo a la entrada de la casa.
-!Kai, querido! -nos sorprende mi mamá en la entrada-. desde hace tres días no te asomas por aquí.
Mi mamá envuelve en sus brazos a Kai mientras que lo mueve de un lado al otro.
Los padres de Dalia y Kai son muy amigos de mis padres, los conozco desde que tengo memoria. Esa es la razón por a cuál Dalia, Kai y yo somos tan amigos, básicamente nos criamos juntos.
-Hola, Madi -saludó Kai, con una sonrisa gigante-. quería venir a visitarlos, pero Lyra no me ha invitado.
Lo último lo dijo apuntándome con un dedo acusador. Mi mamá me miro con cara de reproche -fingido- he iba a replicar, pero comencé a hablar antes.
- ¿Desde cuando te importa venir con o sin mi permiso?-enarqué una ceja, mirandolo-. además, le he dicho a Dalia que vengan los dos, pero me dice que estas ocupado.
Se quedó en silencio y puso la mirada en cualquier parte menos en mí. Comenzó a formarse un tenso e incómodo silencio luego de esto último, Kai abrió la boca para responderme, pero la volvió a cerrar. Hasta que mi mamá se dignó a cortar este silencio.
-Pero eso es lo de menos -comenzó, con una sonrisa-. escríbeles a tus papás para que vengan a cenar esta noche, hace mucho que no cenamos todos en familia.
-Mamá, literalmente el martes hicimos una cena familiar -me hizo una seña para que me callara y lo entendí-. peeeerrroooo es una excelente idea. Escríbeles rápido a tus papás, para que se organicen.
Kai asintió mientras agarraba su celular -supongo que para informarles a sus papás- Luego me miro he hizo una seña apuntando hacia arriba.
-Kai y yo iremos a mi pieza, quiero dormir un poco -dije finalmente.
Mi mamá asintió mientras se iba hacia la cocina. Nosotros en cambio, fuimos directo a mi pieza.
-Y que quieres hacer en mi pieza que estabas tan desesperado -Bromeo.
-Descúbrelo por ti misma.
Y el muy descarado se digna a guiñarme un ojo y salir corriendo.
Apenas llego a mi pieza, me lanzo a la cama y comienzo a sacarme los zapatos. Por el rabillo del ojo, veo como Ragnar -mi perro- se le tira encima, para después comenzar a lengüetearlo.
-Definitivamente a esto no venía - dice mientras no para de reírse-.
-Deberías sentirte afortunado por tener la saliva de un rey en tu cara -digo riéndome-. aparte, tienes el doble de fuerza, sácalo de encima si te molesta.
Me tiro de espaldas a la cama y me quedo mirando el techo... hasta que siento como Kai cae arriba mío.
- ¡Mierda, Kai! -le grito- ¿se te olvidó que tengo mi brazo enyesado?
Ups, se me olvidó mencionar eso, Jeje.
Lo último lo dije en tono bajo, pero creo que Kai lo escucho igualmente, ya que en el instante que dejo de hablar se mueve hacia el otro lado de la cama.
- ¿Te dolió mucho? -me preguntó alarmado.
-No te preocupes, no creo morirme.
Noto como sus hombros se relajan mientras se acuesta a mi lado. Cierro los ojos dispuesta a dormir, hasta que siento que me da un besito en la frente. Me quedo tiesa un segundo, pero no llevo más allá mis pensamientos; Kai suele darme besos todo el tiempo.
¡Con besos me refiero frente o mejillas, no se alarmen!
Pero dentro de todo, es mi mejor amigo y así es nuestra relación. Pasamos la mayoría del día en la playa, -Dalia, Kai y yo- hablamos de temas triviales, cocinamos, y lo más importante: nos contamos absolutamente todo.