A Distancia

Summary

En la etérea danza del destino, el universo conspiró de manera misteriosa para entrelazar los hilos de dos almas, Choi Yeonjun y un ser que destilaba una belleza trascendental. En un mundo donde el tiempo y el espacio se confunden, las estaciones del alma se cruzaron en una tarde de verano saturada de promesas incumplidas y secretos ocultos

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Inicio

En la etérea danza del destino, el universo conspiró de manera misteriosa para entrelazar los hilos de dos almas, Choi Yeonjun y un ser que destilaba una belleza trascendental. En un mundo donde el tiempo y el espacio se confunden, las estaciones del alma se cruzaron en una tarde de verano saturada de promesas incumplidas y secretos ocultos.


Los ojos de Taylor, radiantes faros en el océano del tiempo, se encontraron con los de aquel ser extraordinario. La realidad se volvió un suspiro y, en un instante, se encontró atrapada en el abrazo fugaz de la pasión y la desesperación. Rieron y lloraron juntos en un parpadeo, mientras todo lo que alguna vez consideraron extraordinario palidecía ante su presencia. La vida cotidiana, insignificante a su lado, se desvaneció en la oscuridad, dejando solo la luminosidad de este enigma en su corazón. Choi Yeonjun tuvo la primera gran obsesión que dejó huellas indelebles en su alma.


El 6 de abril, un día congelado en el recuerdo, las piernas de Yeonjun ardían de fatiga mientras corría hacia el horizonte desconocido. Un fervor interior lo empujaba más allá de sus límites conocidos. Absorto en sus pensamientos, no notó cuán lejos había llegado hasta que, finalmente, se detuvo en busca de respiro. La misteria llamó a su puerta en forma de suaves murmullos, un eco distante que captó su atención y la atrajo hacia lo desconocido, lo que empezaría con su miseria.


El destino parecía haber tejido un intrincado laberinto, revelando ante sus ojos una majestuosa mansión, imponente y misteriosa. Caminó hacia la entrada, guiado por una fuerza que no podía comprender del todo. La sombra de una mujer envuelta en negro le recibió con un grito de advertencia, pero su curiosidad no se desvaneció. Se asomó por la puerta, tratando de penetrar en la penumbra que envolvía la casa.


"¿Qué intenta hacer?", gritó la mujer enmascarada, tratando de repelerlo. A pesar de la extraña advertencia, Yoenju se retiró con cautela de la morada enigmática. Mientras caminaba hacia donde sus amigos la esperaban, su mente se enredó en el suave eco de un grito que resonaba en su memoria, una voz que parecía implorar auxilio en la distancia.


"¿Por qué huiste tan lejos?", inquirió John con impaciencia, mientras el aire vibraba con sus palabras.


"Estaba tratando de escapar... de todo", respondió Taylor con una sonrisa fugaz, ocultando su turbación. Un dolor sordo se apoderó de su pecho, pero ella no lo mencionó. Sabía lo que estaba por venir.


En la cama de Camile, la misteriosa tristeza que cargaba desde su infancia la envolvió una vez más. Ocultó su dolor detrás de una sonrisa, evitando preocupar a sus amigos.


La historia de su enfermedad, una sombra que había acechado su vida desde que tenía cinco años, se manifestó en sus pensamientos. Aquel día de invierno, mientras jugaba en la nieve, un evento traumático había sacudido su mundo y había dejado cicatrices invisibles en su ser. La enfermedad que había causado esa tragedia la había convertido en un fardo para su madre y había llevado a su separación. Ahora, a los diecisiete años, Taylor era capaz de cuidarse a sí misma, pero las huellas de su pasado aún la perseguían en sus momentos más oscuros


Después de un breve respiro en el santuario de Camile, Taylor Rose, la intrépida protagonista de esta historia, se despertó con la curiosidad devorándola desde dentro, como un fuego insaciable. Tomando un sorbo del agua que reposaba en la mesita de noche, se alzó con determinación y descendió con rapidez hacia donde aguardaban sus amigos, quienes, sin saberlo, estaban a punto de sumergirse en los abismos de lo desconocido.


"¿Descansaste bien?", inquirió Camile con una mirada escrutadora, sus ojos penetrando el alma de Taylor.


"Por supuesto", respondió Taylor, un velo de misterio ocultando sus pensamientos.


La curiosidad acerca de la mansión enigmática y su inhabitante se había apoderado de su mente, y no pudo resistir la tentación de hacerle una pregunta a Camile, como si deseara dar forma a la niebla que envolvía el lugar.


"Camile, ¿tienes conocimiento de quién reside en esa majestuosa mansión?", preguntó Taylor, una chispa de curiosidad brillando en sus ojos.


La mirada de Camile se encontró con la de Taylor, y en ese instante, el velo del misterio comenzó a levantarse lentamente. Camile se acercó a Taylor, susurros de secretos oscuros flotando en el aire como hojas doradas llevadas por el viento.


"Permíteme compartir contigo la escalofriante leyenda del ser que habita allí", susurró Camile, tomando las manos de Taylor con un tono apenas audible.


"La historia, oculta a los ojos de los adultos, es un secreto bien guardado entre nosotros, los jóvenes", explicó Camile, señalando hacia la enigmática mansión. "Todo comenzó con mi exnovio, Dylan, quien aceptó un desafío: adentrarse en la parte trasera de la casa y espiar. Nosotros lo acompañamos, ansiosos por presenciar su valentía. Dylan cumplió su desafío con éxito, pero, intrigado, proclamó que no veía nada en particular, considerando la experiencia como una farsa".


"John, entonces, sugirió la idea de entrar en la casa para confirmar la verdad detrás de esta leyenda. Dylan, encontrando una abertura, no dudó en aventurarse en la mansión. Pero después de unos minutos, salió aterrado, gritando que había un muñeco que se movía dentro. Desde ese día, nadie se ha acercado a la casa", concluyó Camile, su voz temblorosa como una hoja en el viento otoñal.


Taylor, atónita por la historia que acababa de escuchar, guardó silencio. Sin embargo, cuando la noche cayó y la curiosidad la acosó en su lecho, no pudo resistir la atracción hacia lo desconocido. Salió en silencio, siguiendo el llamado de la incógnita que la había obsesionado.


Llegó a la mansión en la oscuridad, las sombras de los árboles se alzaban como guardianes silenciosos. Desafiando la reja que rodeaba la propiedad, saltó con determinación. En su búsqueda de respuestas, el dolor era un precio que estaba dispuesta a pagar.


Su exploración la llevó al muro trasero de la casa, donde, en medio de la oscuridad, buscó desesperadamente la abertura mencionada en la leyenda. Cada minuto que pasaba, cada silencio sepulcral, aumentaba su intriga. Pero, agotada y desesperada, finalmente se sentó en el suelo, impotente, sin encontrar ninguna respuesta.


Fue entonces cuando un sonido angustiado llegó a sus oídos. El llanto, un eco desgarrador de sufrimiento, parecía emanar desde el otro lado del muro. Taylor se debatió internamente, indecisa sobre qué hacer a continuación.


Taylor, con el dolor palpitante de su tobillo recién recolocado, luchó contra la oscuridad que la rodeaba. Una puerta de cristal se erigía como un misterioso portal hacia lo desconocido, pero el negro vacío que se extendía más allá era tan impenetrable como el manto de la noche. Sin embargo, sus ojos agudos y su valentía inquebrantable la llevaron a descubrir la figura perdida en la sombra, un niño que lloraba en silencio, abrazando sus rodillas como si quisiera desvanecerse en sí mismo.


A pesar de su temor, Taylor intentó retroceder, buscando algo que pudiera servir como defensa. Su tobillo dolía con intensidad y su visión se nublaba en la oscuridad. Se sentía vulnerable, como si estuviera en un sueño desesperado y sin escapatoria. La idea de que su curiosidad la había llevado a este punto la atormentaba mientras se tambaleaba.


Sin embargo, sus pensamientos de autocrítica se vieron interrumpidos por un grito desgarrador, un lamento de desesperación que parecía emerger desde el abismo del alma del niño.


"¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?" gritó el niño con una voz llena de angustia y lágrimas cayendo como diamantes líquidos."Si vas a matarme, hazlo ahora. ¿Por qué tienes que hacerme sufrir?" —sus palabras resonaron en la penumbra, llenas de una mezcla de miedo y resignación.


Y entonces, una voz, suave como una caricia en la brisa, cortó el silencio con una pregunta inesperada: "¿Eres real?"




"¿Por qué, por qué me tratas así? ¿Por qué todos me tratan así?" la voz del niño rompió en sollozos, un eco de dolor que perforó el corazón de Taylor.


Con valentía, Taylor intentó acercarse al niño, pero él retrocedió, temeroso y desconfiado. La situación se volvía cada vez más extraña, y las emociones turbulentas se entrelazaban en el aire.


"¡No te acerques!" gritó el niño, lanzando objetos en la oscuridad, pero Taylor no se dejó amedrentar.


"¡Solo quiero verte!" exclamó Taylor, su voz llena de empatía, luchando por avanzar a pesar del dolor que le recorría el cuerpo.


Entonces, como un milagro en medio de la incertidumbre, la luz se encendió. Un niño, con piel pálida y ojos azules como el cielo en un día despejado, se reveló ante los ojos de Taylor. Sin camisa y con pantalones cortos, el niño lloraba, vulnerable y asustado.


"Ya me viste, ¡no te acerques!, ¡aléjate!" gritó el niño, como un animal acorralado.


"No voy a hacerte daño", dijo Taylor con suavidad, arrastrándose hacia la puerta. "Mi nombre es Taylor, soy Taylor Rose", se presentó, tratando de calmar al niño.


"Soy Allen Gray", respondió el niño con voz apagada.


La escena estaba envuelta en un aura de misterio y fragilidad, donde el temor y la compasión se entrelazaban en una danza frágil. Allen Gray, el enigmático niño, había emergido de las sombras de la mansión, y Taylor, impulsada por su curiosidad y empatía, había decidido enfrentar el misterio que la había arrastrado a este lugar oscuro y mágico. Pero una cosa estaba clara: jamás quería volver a ver llorar a Allen