Entry I - Mystic Falls, 1864

Summary

Mystic Falls, Virginia en el año de nuestro señor de 1864. En un pueblo regido por la costumbre y la moderación temerosa de Dios, llegó un joven de semblante foráneo y gracia peculiar. Se hacía llamar Louis-su voz era suave, su trato cortés, y poseía una mirada que se demoraba demasiado en los labios de otros hombres. Para la mayoría, era un huérfano de buena cuna. Para los hermanos Salvatore, era algo completamente distinto. Zayn, el menor-estoico, piadoso, siempre obediente-halló en Louis una devoción que agitaba su alma. Harry, el mayor-salvaje en temperamento y deseo-vio en él una llama imposible de apagar. Así, en el Baile de los Fundadores, bajo los candelabros dorados y el juicio murmurado de la sociedad, ambos cedieron ante un amor que no se atrevían a nombrar.

Genre
Lgbtq
Author
lu
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

01

Las hojas habían mudado su verde estival—ardiendo ahora en escarlata herrumbroso, doradas como doblones de antaño, yaciendo esparcidas como monedas caídas sobre la tierra adormecida.


Y fue entonces cuando una campana de iglesia repicó una vez, grave y solemne que se oyó el crujido distante de ruedas sobre la grava, aproximándose a la antigua finca Salvatore; la cual reposaba, inmóvil, bajo la luz dorada de una última tarde de otoño, mientras el murmullo del crepúsculo se cernía, amortiguado apenas por el lento susurro de hojas secas de sicómoro, agitadas por la brisa.


En el patio frontal, dos hermanos se batían—las mangas arremangadas hasta los codos, las botas hundidas en el césped húmedo, y las espadas de práctica, hechas de madera sólida, chocando con cadencia casi ceremonial.


El primero, de complexión atlética, tez aceitunada y cabello negro azabache que relucía como obsidiana bajo el sol declinante, se movía con agudeza de gesto—cada estocada precisa, cada defensa medida, como si la disciplina misma le dictase los movimientos. Su mirada, oscura e intensa, no se apartaba jamás del contrincante. En cambio, su hermano mayor–de cabellos castaños y rizados que caían en bucles desordenados sobre su frente y nuca, tenía un rostro abierto, casi luminoso. Sus ojos, verdes como campos tras la lluvia, destilaban una chispa de burla constante, entregándose al duelo con alegría teatral—reía entre ataques, giraba con florituras innecesarias, y lanzaba estocadas abiertas con una energía juguetona.


Pero cuando la espada de Harry rozó el hombro de Zayn, éste se detuvo en seco, dio un paso atrás, y frunció el ceño, claramente contrariado.


—Eres imprudente —dijo Zayn, sacudiendo con gesto brusco la tierra de su manga—. De nuevo.


Harry esbozó una sonrisa ladeada.


—Y tú, un aburrido.


Volvieron a adoptar posición, girando en torno el uno al otro.


Y entonces, el carruaje apareció; con adornos lacados y elegantes, tirado por dos caballos de pecho robusto. Se detuvo frente a la casa.


Ambos Salvatore se volvieron.


En ese momento, la puerta se abrió con un leve chirrido, y descendió un joven—vestido con una levita de terciopelo oscuro y un pañuelo de cravat gris paloma que estaba anudado a la perfección en su garganta. Evidentemente era un adolescente que se erigía como una manifestación viviente de la belleza clásica, con sus pómulos, trazados con la delicadeza de un pincel, con su cabello, del color de la corteza de un castaño, caía ordenado sobre la frente. y su tez, pálida y radiante, formando un lienzo perfecto para el retrato de su belleza. Y sus ojos de un azul claro, suave y profundo, un vasto océano de sentimientos que reflejaban nada más que intriga como si las olas turbulentas hubieran encontrado un refugio en su intensidad. Tenía el rostro de una musa de poeta—demasiado joven y hermoso para la guerra, casi etéreo.


A su lado bajó otra figura—de piel más oscura, vestido con modestia, y mirada tranquila. No habló, pero se mantuvo tras él como una sombra.


Sus botas tocaron la tierra con una gracia silenciosa. Una mano enguantada descansaba con ligereza sobre el borde del carruaje mientras él observaba la casa — y luego a los hermanos — con una mirada aguda, inquisitiva, indescifrable.


Sonrió deliberadamente.


Zayn bajó la espada lentamente. Harry se inclinó hacia él, murmurando:

—Vaya. No es lo que esperaba.


El desconocido descendió los escalones de piedra, moviéndose con una confianza elegante.


—Buenas tardes —dijo. Su voz era terciopelo. Tocada por un acento extranjero—. Espero que mi llegada no sea inoportuna.


Zayn dio un paso al frente, su pecho se alzó apenas, como si se preparara.


—En absoluto, monsieur. Lo esperábamos.—dijo, recuperando la compostura.


—Por favor —dijo con suavidad—. Llámame Louis.


Harry alzó una ceja.


Zayn se irguió, y por un breve instante, lo miró — por demasiado tiempo, con demasiada curiosidad.


Louis lo notó.


Y su sonrisa se profundizó... apenas un matiz.


—Zayn Salvatore —se presentó, extendiendo la mano—. Y este es mi hermano, Harry.


Louis tomó su mano con dedos fríos —sosteniéndola un segundo más de lo necesario.

—Un placer —dijo. Sus ojos no se apartaban de los de Zayn—. Espero no haber llegado demasiado temprano.


Harry asintió con una sonrisa corta, divertida.

—Llega justo a tiempo.


Louis finalmente se volvió hacia él.

—Encantador —dijo. Pero la palabra llevaba múltiples capas.


Dirigió su mirada hacia Zayn, dejándola reposar un instante más de lo que dictaba la cortesía.


—Me dijeron que su familia era... hospitalaria.


Zayn sostuvo la mirada, cortés pero cauteloso.

—Hacemos lo que podemos.


Louis extendió una mano hacia el hombre detrás de él.

—Este es Emily. Viaja conmigo. Discreto. Leal. Hábil en muchas cosas.


Emily inclinó ligeramente la cabeza, sin decir palabra.


—Verán que es... útil —añadió Louis, con una sonrisa delgada—. Trabaja desde mí.


Harry alzó una ceja.

—¿Desde usted?


—Una expresión —respondió Louis con ligereza—. Mi acento aún juega con su idioma.


Zayn los miró a ambos.

—Debe de estar cansado del viaje.


—Jamás me cansa una bienvenida tan... cálida —murmuró Louis. Sus ojos se posaron de nuevo en Zayn—fríos, curiosos, sin rastro de vergüenza.


Harry soltó una risa breve.

—Vaya. Es francés, después de todo.


Louis se volvió hacia él con indiferencia juguetona.

—Y usted, hermano Salvatore—¿duela por deporte... o por amor?


Harry parpadeó.

—¿Perdón?


Louis parecía divertido.

—Una espada es como una palabra. Mejor usada con precisión... y solo cuando uno ya ha ganado.


Zayn carraspeó.

—¿Le gustaría pasar?


Louis asintió, avanzando hacia la casa con paso ligero.


En el umbral, Zayn extendió la mano para abrir la puerta—pero Louis le rozó la muñeca. Un toque suave, enguantado. Apenas perceptible.


Zayn se quedó quieto.


—Estoy agradecido —dijo Louis en voz baja—. Por la bienvenida. Y por... la calidez.


Zayn abrió la puerta.


Dentro, las lámparas brillaban tras cortinas de encaje. El aroma a cedro y clavo flotaba en el aire del salón. Louis cruzó el umbral y miró a su alrededor lentamente, como un gato inspeccionando territorio ajeno.


—Es hermosa —dijo—. Y sin embargo me pregunto... ¿siempre es tan silenciosa?


Zayn cerró la puerta detrás de él.

—No siempre.


Louis sonrió.

—Bien. Detesto el silencio.


Emily permaneció apenas dentro, en silencio, observando.


Harry se apoyó contra la pared, mirando a Louis como si observara un acertijo que aún no puede resolver.

—¿Y qué lo trae a Mystic Falls?


Louis se detuvo.

—Un cambio de paisaje.


Hubo silencio.


Louis sonrió como si ya hubiera ganado algo.


—Me gustaría ver la finca —dijo al fin—. Si no es mucha molestia.


—Por supuesto —dijo Zayn.—Nuestro padre tampoco demora en llegar.


Y al girar para guiarlo, Louis pasó junto a Harry con una breve inclinación.


Harry frunció el ceño apenas.

—Qué tipo tan raro.


Zayn solo miró por sobre el hombro a Louis, que ahora acariciaba el pasamanos pulido con la punta de un dedo, admirando la artesanía con una reverencia casi devota.