Un pueblo mágico
Era un cuarto en penumbra, una bombilla vieja y opaca colgaba del techo sobre un cable roído y sucio, era lo único que aluzaba aquel lugar, 3 hombres de pie miraban fijamente y golpeaban de vez en cuando a un pobre sujeto que se encontraba sentado y amarrado a una silla sin poder moverse.
—¿Crees que puedes venir a Zaulet a burlarte de nosotros?. —Con un golpe en la cara a puño cerrado sacudió la cabeza del pobre hombre sobre la silla.
—Mi intención no era esa, les pagaré, lo juro. —Tuvo que escupir la sangre que se acumulaba en su boca.
—Los juramentos no son suficientes, ¡nos debes cincuenta mil!, si quieres irte vivo hoy de aquí necesitamos una garantía.
—Solo tengo mi auto, ¡es todo lo que tengo!
—Tenías. —Y le encestó otro golpe en la cara.
La gente de Zaulet era desconfiada, aunque alguna vez había sido un pueblo tranquilo, ahora la delincuencia, los malos modales y el narcotráfico se habían apoderado de el, eso sin contar lo que ocurría bajo las sombras, aquellas cosas que la gente callaba, aquello que el gobierno hacía callar, aquello donde se guardaba silencio por que nadie te creería…
—¡Por favor!, ¡quédense mi auto!, yo juntaré el dinero y les pagaré, por favor…
—¿Tu que dices Frank? ¿Tomamos su auto en garantía y lo dejamos ir?. —Dijo quien parecía ser el líder.
—Yo creo que no, ya han pasado seis meses, y su auto es viejo, no nos van a dar por el ni la mitad de lo que nos debe. —Respondió Frank.
—¡Mátalo! y de todos modos nos quedamos con su auto. —Dijo el tercero tipo.
Jonh, quien ahora se encontraba en la silla, había llegado a Zaulet unos siete meses atrás, con la intención de comenzar una nueva vida, él era escritor pero desde hace bastante tiempo no había podido publicar algo, los editores que recibieron su trabajo en los últimos años, lo rechazaban sin darle alguna razón en especifico, se limitaban a decir que a su novela le faltaba «algo más» para que le pudiera gustar a la gente.
Así que sin dinero y en un lugar donde no conocía a nadie, a John se le hizo fácil pedir dinero prestado a las personas equivocadas, tenía la esperanza de que algún editor se fijará en él y pudiera publicar su novela en un corto plazo, algo que nunca pasó.
—¡Ya mátalo Dani y vayamos por una cerveza!. —Dijo Frank.
Dani desenfundó su arma, quitó el seguro y apuntó directo a la frente de John, la expresión de John era como la de un perro aterrorizado, sus ojos tristes, su boca hacía una mueca de resignación, como la que hacen los niños cuando son castigados, ya ni si quiera intentó suplicar por su vida.
La luz del cuarto daba directo en la cara del ahora casi occiso, era amarillenta y tenue, Dani se quedó viendo el rostro de John y como la luz lo deformaba, el reflejo amarillo le trajo recuerdos, ensimismado y sin moverse comenzó a ver las imágenes en su cabeza.
Una luz amarilla bañaba el pequeño cuerpo de Dani, estaba en un cuarto reducido donde solo se podía ver una cama, sentado al borde de esta Dani miraba fijamente el suelo, miraba su ropa completamente blanca, estaba descalzo y sus manos y brazos estaban llenos de heridas, sin contar los moretones y marcas de agujas en manos y brazos, igual que cuando alguien lleva en un hospital demasiado tiempo, solo que aquello estaba muy lejos de ser un hospital, en su brazo izquierdo, 3 cortes hechos con algo sin filo dejaban ver la carne, como si grandes garras hubieran desgarrado varias capas de piel, y entonces lo recordó…, un grito aterrador llegó desde el pasillo, un gruñido monstruoso hizo que la piel se le erizara… algo comía en la oscuridad… el sonido de una bestia triturando carne reverberaba en la noche, el pequeño Dani tomó la posición fetal y se tapó ambos oídos, comenzó a llorar desesperadamente, temía que el fuera el siguiente.
—¡Dani!, ¿Estás bien?. —Frank lo trajo de vuelta al presente.
—Si, si… solo recordaba algo…
Dani siempre había odiado aquel pueblo, el pueblo que le arrebató su niñez, el pueblo que lo había obligado a estar donde estaba ahora, un pueblo corrupto y lleno de cosas oscuras y repugnantes.
Tres disparos sonaron en la oscuridad de la noche, el eco recorrió varias calles, sentado en una silla, John dejó de respirar, su cuerpo ahora flácido y sin fuerzas dejó caer la cabeza sobre su pecho.
Dani y sus dos acompañantes salieron a la calle, se disponían a ir al bar La estaca para beber unas cervezas y pasar un buen rato, mientras caminaban rumbo a su auto pudieron ver las luces azules y rojas de una patrulla que ya esperaba afuera de aquel domicilio.
—¡Buenas noches caballeros!. —Dijo el oficial quitándose su gorro (ese gorro que llevan los policías)—. Nos reportaron disparos en este domicilio, ¿Esta todo bien?. —Al caminar un poco más la luz iluminó el rostro de Dani—. ¡Oh! ¡Dani eres tu!, ¿Todo bien?.
—Todo bien oficial, aquí no ha pasado nada. —Dijo y continuo caminando de forma indiferente, sin intentar disimular, sin importarle si alguien lo veía, sacó un billete y se lo ofreció al oficial quien lo tomó con una sonrisa.
—Entonces, solo fueron niños jugando con petardos, ¡Vayámonos de aquí!. —Habló el oficial dirigiéndose a su compañero, ambos subieron a la patrulla y se fueron rápidamente.
Sin duda la mafia y el narcotráfico eran quienes ahora mandaban en Zaulet…
Dani y sus compinches subieron al auto, cerraron las puertas y en el momento justo en que Dani giró la llave para encenderlo, una explosión sacudió la calle, al auto voló en pedazos, a la luz de las llamas se pudo ver una cabeza salir volando y caer de nuevo en aquel infierno de fuego… Era solo una noche más en aquel pueblo, una noche más en Zaulet.