Pecas del destino
Todo tiene un final, nunca decidimos como terminará pero todo algún día se acabará
.
[Zona árida de Oxe]
- Muy bien Cronnel, ¿El niño está preparado?
- Así es Lliavor, el niño está preparado.
Salieron de la habitación donde se encontraban.
Esta habitación estaba llena de mapas del mundo entero, ciudades como Ezafrus, capitales como Onits, los países; Hsedalgnab, Alogna, Kanata, Airgn, Airys y Learsi del primer continente y Ainotse, Oxe, Vesque, Aibres e Ilam del segundo continente.
Al salir cerraron la puerta con llave y caminaron por un largo y angosto pasillo, tras unos minutos, llegaron a una puerta y antes de abrirla, Cronnel le hizo una pregunta a Lliavor.
- ¿Ese niño será de ayuda?
- Tranquilo, cuando experimenté con él, dio positivo y descargó mucha energía, él lo posee, él tiene instinto… y uno muy poderoso.
Cronnel abrió la puerta y fue Lliavor quien pasó primero.
Cuando entró pudo divisar a muchos soldados equipados y blindados con arma en sus manos.
- Hola muchachos. – Saludó Cronnel con dureza en su vos tras cerrar la puerta, todos los soldados prestaron atención al saludo y correspondieron con un saludo militar en conjunto.
amente
- ¡¡¡Hola capitán!!!
- Vamos, ¿Dónde está? – Lliavor decidió preguntar a los soldados, ya no aguantaba la emoción del momento.
- En una habitación especial, está vigilado las veinticuatro horas del día, tiene cinco años, pero es muy peligroso, ustedes mismo lo saben con los experimentos que han realizado. – Comentó unos de los guardias del lugar.
- En fin, Leyz, Cronnel, vayamos.
Los mencionados sin decir nada siguieron a Lliavor al lugar donde se encontraba el niño.
<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>
Leyz es un soldado, no uno cualquiera, era el más capacitado de todos, aquel con más potencial de todos los cuerpos de batalla, su seriedad, su frialdad, su inexistente empatía, sus deseos de llegar a lo más alto sin temor a pisar a los demás en el camino, eran sin dudas, las cualidades necesarias de un líder nato.
En lo físico era un soldado en muy buen estado, ojos verdes, cabello rojo oscuro con un degradado en las puntas de color negro, esta persona era morena.
Cronnel junto a Lliavor, son las dos cabeceras de esta organización, “Las rosas carmesí”.
Cronnel de apariencia tenía el cabello y ojos color negro como la misma noche, era corpulento, vestido con un traje normal de comandante militar, salvo que el traje era de color negro.
Lliavor por su parte… un tipo muy “divertido y buena persona” a primera vista, alguien que busca un mundo ideal para todos, que está lleno de bondad, de buena fe, pero eso es solo la mascarita.
Él es un tipo flaco, típico farmacéutico loco. Cabello naranja tirado hacia atrás y ojos celestes, sin lentes y con una sonrisa normal en todos los estándares.
<><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><><>
- Hemos llegado al destino. – Comentó Leyz tras pararse al lado de una puerta de madera cerrada que daba paso a una habitación.
- Muy bien, ¿Nos quieres acompañar Leyz? – Con tranquilidad, fue la manera de hablar y la pregunta de Lliavor.
- Como usted diga capitán.
- Mira muchacho, eres el más capaz de todos los demás que están en el cuerpo de batalla, sin duda, en algunos años serás un cabecera incluso más fuerte que nosotros. – Esta vez, el que ingresó a la conversación con un tono de voz serio, fue Cronnel, aquel que estuvo a la expectativa todo el tiempo.
- Así que muchacho, ¿Vienes con nosotros? Me caes bien, sería un desperdicio de potencial… ¿Cierto Cronnel? – Esa última pregunta que hizo Lliavor, le hizo estremecer ligeramente a Leyz, con un asentimiento de cabeza, decidió tomar la iniciativa y abrir él mismo la puerta.
La abrió, entró, dejó atrás a sus superiores y lo vio.
- Vamos niño, mátalo, lo único que debes hacer es agarrar ese instrumento e introducírselo en el cuello hasta que deje de gritar. – Eso fue lo que escucharon las tres personas que acababan de entrar a la habitación.
Dentro de la habitación había otra habitación, y dentro de esa otra habitación con vidrios templados se encontraba un hombre atado a una silla y amordazado.
A unos metros de distancia se encontraba el niño, al lado del niño había varias cuchillas de diferentes tamaños. Atrás del niño estaba un hombre con una sonrisa que solo demostraba malicia.
- Pero, ¿le dolerá? – Preguntó el inocente niño de cinco años.
- Serán solo unos segundos, después se sentirá muchísimo mejor… créeme, yo sé bien de estas cosas. – Comento el hombre detrás del niño, él solo veía al otro hombre que estaba llorando, moviendo su cabeza de un lado a otro como si intentara negar algo. El niño con delicadeza y tranquilidad agarró un cuchillo, se acercó lentamente e introdujo el cuchillo en el cuello del hombre atado, al sentir el dolor de su piel romperse y ser cortada, no pudo hacer otra cosa que no sea gritar ante completo dolor.
Poco a poco la sangre comenzaba a manchar las manos del niño que veía todo con algo de asco y miedo.
- Tranquilo, lo bueno viene después del dolor, eso es ley de la vida. – Comentó con tranquilidad el señor que incentivó al niño.
- ¡Excelente!, ¡Bravo!, ¡Espectacular! - Entró Lliavor aplaudiendo por ver la carencia de dudas que tuvo el niño cuando le ordenaron. – Dime muchacho, ¿Cómo te llamas? – Su pregunta fue alegre y cálida verbalmente.
- ¿Yo? - Se quedó en duda mientras miraba su propio dedo índice señalarse. Con su mirada posada en su dedo, y con una voz que reflejaba irrelevancia a la pregunta, respondió. - Yo no tengo nombre.
Sin querer y solo por instinto, Leyz comentó algo que le agradó a Lliavor y Cronnel.
- Nicola Nola. No tiene significado alguno, es el nombre perfecto para ti.
Él lo miró, sonrió y de manera alegre exclamó. - ¡Me llamo Nicola Nola entonces!
Lliavor y Cronnel se miraron mutuamente y sonrieron, ya sabían qué hacer.
- Muy bien, Nicola, Leyz, los necesitamos a ambos para hacer una serie de experimentos, ¿Serían tan amables de acompañarme? – Preguntó Cronnel de manera “feliz”.
- No tenemos opción, tenemos que ir. – Sentenció Leyz a Nicola.
Él asintió y los dos comenzaron a seguir a Cronnel que empezó a caminar ni bien acabó de preguntar.
Pasaron los minutos en silencio, los tres caminando, cada quién en lo suyo, Cronnel estaba ocupado pensando si Lliavor ya estaría en la sala de vigilancia o si se había perdido por ahí regañando a unos cuantos soldados de pacotilla.
Leyz tenía la mente en blanco, era buen momento para no pensar nada.
Mientras que Nicola estaba ocupado observando cada detalle del camino, desde las cerámicas hasta los azulejos y sus degradaciones por el tiempo o roturas por el mismo.
- Hemos llegado. – Avisó Cronnel, seguido a eso se dispuso a abrir una puerta frente de sí y entraron los tres.
Leyz y Nicola se quedaron viendo el interior del lugar, una habitación amplia con cerámicas negras y azulejos blancos, el lugar contaba con una cama casi en una esquina.
- Muy bien, a partir de ahoraLeyz, te encargarás de hacer sufrir a Nicola todo lo posible sin que fallezca, ¿De acuerdo? – Con voz seria, la pregunta fue más que suficiente para hacerle entender la gravedad del asunto.
- Muy bien, pero a cambio quiero un ascenso de un grado por lo menos. - Respondió con el mismo tono de su superior.
- Ajá, de acuerdo muchacho, haz tu trabajo y tendrás tu recompensa, él no debe salir de aquí, compartirás tu ración de comida durante una semana, empiezas ya mismo. – Dijo sin dar tiempo para que Nicola asimile, éste recibió una patada en el estómago chocándose contra la cama.
Gimió de dolor tocándose el ombligo por la patada, se levantó con lágrimas y claro enojo reflejado en su mirada.
- Será fácil.
Nicola con confusión y enojo, le preguntó la razón del por qué le estaba pegando, si él fue quien le dio un nombre.
Leyz, dándole irrelevancia a la pregunta, respondió. – Por mi futuro lo hago, ahora sufre. – Segundos después, la vista de Nicola se nubló y quedó en blanco.
[Lugar en blanco; mente de Nicola]
- Niño.
- Eu.
- Chicos, no lo llamen así, miren, es solo un niño de cinco años, sean empáticos.
- Ya ha despertado.
- ¿Eh?
- Sé que no entiendes nada, ni sabes quiénes somos nosotros, mucho menos sabrás dónde estás. – Fue la respuesta que dio a la pregunta que tenía en mente Nicola.
- Verás, nosotros somos como tú, y tú, eres como nosotros. Los cuatro somos uno, y cada uno es la parte complementaria del otro. – Fue otra explicación que dio el otro muchacho del lugar.
- Estoy perdido, ¿Quiénes son ustedes? – Preguntó Nicola.
- Para resumirte las cosas, yo soy Nala, él es Sora, y ella Eliz, nosotros somos como tú en esencia por así decirlo.
Él se quedó en silencio buscando respuestas en los dos chicos y en la chica, y lo único que recibió fue otra cosa confusa.
- No olvides esto Nicola, eres la esperanza de este nuevo mundo, depende de ti la libertad definitiva de todo el mundo y nuestro descanso eterno. – Habló Eliz.
Nicola, sin saber qué hacer ante la repentina avalancha de información, solo se quedó quieto y atento.
- Lastimosamente no recordarás esto, pero te quedará nuestro sentimiento amargo de darlo todo y estar a punto pero no poder lograrlo, eso te ayudará a salir de esta y otras situaciones que pasarás en la vida. – Explicó Sora con la voz débil para posteriormente tocar la frente de Nicola con su palma derecha en forma de caricia.
Pronto se empezó a sentir cansado, sintió otra mano y esta estaba en su cabeza acariciándolo. Era Nala y lo hacía sentir más agotado.
En una suave caricia en su otro cachete por parte de Eliz, Nicola cayó desmayado y se empezó a desvanecer en el lugar.
- Con esto despertará un poco su Rz Instinto, ya dependerá de él desbloquear lo otro. – Dijo Sora casi sin aire para sentarse y comenzar a desaparecer poco a poco. – Confío en ti, Nicola.
- De igual forma lo hago yo. – Comentó Nala con una sonrisa mientras comenzaba a desaparecer entre partículas negras.
- Suerte hermanito… - Murmuró ella para desvanecerse con el viento.
[De vuelta en la realidad]
Leyz se estaba acercando a Nicola para agarrarlo de los pies y llevarlo a la cama, no lo torturaría mientras duerme, eso es demasiado, incluso para él.
Antes de dejarlo en la cama, una luz ferozmente se empezó a difuminar en el cuerpo de Nicola, su cabello se empezó a erizar muy poco teniéndolo en el aire sin ley de gravedad que lo controle, se soltó del agarre de Leyz y cayó de pie.
Él estaba mirando hacia abajo, cuando levantó su mirada, se pudo observar en sus ojos hambre de libertad que tanto deseaba.
Leyz sorpresivamente sonrió con empatía, dijo lo primero que pensó y como si le estuviera leyendo la mente a Nicola, éste cesó todo posible ataque y su cuerpo se relajó.
- Yo también quiero libertad. – Esas fueron las palabras de Leyz.
Con una sonrisa empática, él lo miró y con esa mirada le dijo que pasó muchas cosas, y por esas cosas es que él estaba ahí haciendo lo que hacía.
Nicola solo se quedó callado, se sentó en el lugar, cerró los ojos y se durmió dejando caer unas cuantas lágrimas.
Leyz lo vio dormirse, se acercó y le acarició la frente.
- Ahora que te veo bien de cerca, te pareces a él… la fisionomía de sus caras son casi iguales, salvo la forma de su cabello y su color, en cara son idénticos.
Lo levantó de los brazos y lo llevó hacia la única cama de la habitación.
- Mira niño, sé que no me puedes escuchar, pero te lo diré igual. – Respiró hondo y continuó. – Lo que vivirás, será muy duro, tendrás que tener muchísima fuerza mental para poder seguir adelante, yo te haré la vida imposible solo porque es mi trabajo, será tu deber aprender… y en el momento perfecto… tendrás lo que más quieres.
Mirándolo como duerme, le comentó lo que sería su futuro próximo, y sin querer dejar que el silencio prevalezca, siguió hablando.
- Eres un niño muy especial, en ti hay un poder que no se registra hace doscientos mil quinientos años, eso conlleva a la situación que estás pasando. Ellos quieren tu poder para restaurar la dictadura mundial que prevalecía antes de que se den los últimos registros de Instinto… es algo complicado, pero por estas razones es que tú eres tan importante para ellos… sinceramente… vas a tener un vida agitada, solo espero que alcances la tranquilidad y paz.
Leyz lo vio, había decidido volver para hablar con Cronnel o Lliavor para que le den más información acerca de los métodos de “tortura” que sería victima Nicola.
[Próximo capítulo: Hilo transparente del destino.]