1
El reloj digital en su muñeca marcaba las 6:57 de la mañana cuando entró por la puerta principal de la estación de policía.
Perdido en los diversos mensajes de texto que revisaba en su teléfono y el exquisito sabor de su ya acostumbrado café de las mañanas, ignoró varios saludos de sus compañeros oficiales sin intención alguna mientras seguía caminando hasta su puesto de trabajo; al menos fue así hasta que por consecuencia de su distracción chocó con una persona causando que un poco de la bebida en su mano se derramara en su perfecto uniforme y su teléfono cayera contra el piso teniendo como consecuencia que una de las esquinas de la pantalla quedará rota.
El silencio se esparció por todo el lugar, mientras la sorpresa del impacto seguía reinando en la mente del alfa.
–Oficial Jeon. –Levantó su rostro conectando su mirada con la del alfa frente a él.
–C-comandante Kim...
–Mi oficina. 10 minutos. –Ordenó marchándose tras eso.
Todos volvieron a sus tareas como si absolutamente nada hubiese pasado.
¿Acaso su día podría ser peor?
Recogió su teléfono guardándolo de inmediato en uno de los tantos bolsillos que tenía en su pantalón, miró hacia el blanco techo y luego de un largo suspiro se dirigió a las incómodas sillas de espera para terminar su café, repitiéndose una y otra vez lo tonto que era.
Jeon era un alfa conocido por su generosidad y empatía. Siempre ayudaba en todo aquello que podía, incluso si esto le disgustaba o no era parte de sus funciones. Muchos lo describían como ese tipo de persona que te animaba sin dudarlo por un segundo si es que tenías un mal día, haciéndote cambiar de humor con sus consejos, un capuchino caliente y su blanca e inigualable sonrisa de conejo; sin embargo también podría llegar a ser bastante frío y calculador, pues gracias a que sabía cómo utilizar sus recursos bajo la ley a la perfección, nunca ningún criminal había escapado bajo su cargo y de una u otra forma, siempre lograba que estos confesaran su culpa de manera correcta y limpia, lo que lo llevó a ganar un ascenso investigando casos mucho más complejos.
Tiró el pequeño vaso de cartón vacío al cesto de basura a su lado y se levantó con tres minutos exactos de anticipación. Dudoso caminó hasta la oficina del comandante y dio dos pequeños golpes antes de escuchar un “adelante” de su parte, permitiendo su ingreso.
–Cierra la puerta y toma asiento por favor.
–¿Puedo apoyarlo en algo comandante Kim?
–Jungkook seré directo contigo porque confío en que harás bien esta tarea.
–Claro, lo escucho.
–¿Recuerdas a Jackson Wang?
–El oficial Wang, por supuesto. –Le agradaba bastante el alfa.
–Acaba de solicitar un permiso de suspensión debido a su celo.
–Oh vaya... –Sabía lo que venía.
–Necesito que te encargues tan solo de una de sus tareas semanales, la cual se realiza justamente hoy.
–Claro, cuente con eso.
–No es fácil para mí asignar esta tarea a cualquiera, pues requiero conocer no solo las destrezas del oficial en el cargo, sino también sus valores y principios; por eso tú eres el indicado.
Jeon sonrió orgulloso al escucharlo, pues le tenía una profunda admiración al comandante.
–¿De qué trata?, ¿Qué es lo que debo hacer?
–Pues... –Suspiró. –Visitas a detenidos en arresto domiciliario.
La cara del alfa cambió totalmente. –¿Es broma? –El contrario negó. –Pero esa no es una tarea complicada...
–Claro que lo es, ¿sabes la cantidad de abusos que se han reportado por parte de diferentes omegas y betas hacía los alfas que realizan este tipo de visitas de control? es por eso que no puede ser cualquiera.
–Yo nunca haría algo como eso comandante, se lo aseguro.
–Es por eso precisamente que te confío esta tarea a ti.
–Está bien, está bien, lo haré.
–No te lo estaba solicitando, es una orden. En fin, estos son los expedientes, 7 en total. –El alfa explicó cada caso, haciendo énfasis en los riesgos con cada detenido. Algunos quedaron bajo arresto domiciliario por alguna incapacidad que les hacía imposible cumplir su condena en la cárcel, mientras algunos otros padecían una enfermedad terminal, por lo que se les permitía estar sus últimos momentos en casa, todos eran casos muy comunes que no representaban reto alguno para el alfa. –... y por último: Park Jimin, omega, 21 años, delitos menores, cuatro de seis meses cumplidos de condena. –Le pasó los expedientes. –Hay anotaciones del oficial Wang en cada expediente, revísalos antes de realizar la visita.
–Gracias.
–Una cosa más. Debes pasar al departamento de control, te entregarán tobilleras electrónicas de repuesto y te capacitarán para programarlas adecuadamente.
–De acuerdo comandante. –Se levantó para retirarse pero nuevamente la voz del contrario lo detuvo.
–Y Jeon...
–¿Sí? –Volteó nuevamente.
–Gracias y mucha suerte.
Asintió confundido y se retiró de su oficina.
●𐩑◌⭘◌𐩑🚔𐩑◌⭘◌𐩑●
Definitivamente no habría peor día en su vida que el que estaba viviendo en ese momento.
Eran apenas las cuatro de la tarde, y por fuera parecía ser un día perfecto. Una fina brisa acompañaba a la perfección al sol que se escondía entre las nubes que lo adornaban, empezando así a difuminar el cielo con sus preciosos y característicos tonos de naranja y rosa dando inicio al atardecer mientras por las calles se escuchaban las risas de los niños que jugaban con sus bicicletas y corrían sobre la acera.
Sin embargo dentro de aquella patrulla parecía que una tormenta hubiese pasado, dejando solamente un gris cielo nublado. Le quedaba pendiente solamente una de las siete visitas del día, pero se sentía emocionalmente exhausto. Lamentablemente en la última visita en la que estuvo, el beta detenido acababa de fallecer y su familia apenas estaba llamando a los servicios funerarios cuando él llegó. Se sintió tan imprudente al ingresar a retirar la tobillera electrónica por protocolo, tanto que, aún si su familia agradeció su amabilidad, él no pudo hacer más que retirarse con un nudo en la garganta.
Ahora mismo se encontraba leyendo el expediente de su última visita: Park Jimin. Le impresionó que no hubiesen fotografías o suficiente información acerca de su caso en específico, solamente había cometido dos delitos: vandalismo e insultar a un oficial de policía; por lo que decidieron darle seis meses de condena en arresto domiciliario.
Al pasar la página se percató de todas las notas que el oficial Wang había dejado en pequeños post-it para él.
“Amable, curioso, extrovertido.”
“Puedes recibir su comida, es deliciosa y no está envenenada.”
“Lleva una tobillera de repuesto, ha dañado 7 en total por bailar o hacer ejercicios.”
“No te dejes engañar por otro omega idiota, el aroma de Park es coco dulce y arándanos .”
“Asegúrate de no tratarlo mal, es muy sensible.”
Le parecía información valiosa a pesar de necesitar más contexto, pues hasta ahora sus visitas habían sido solamente con alfas y betas.
Salió de su patrulla dejando los expedientes y tomando la tobillera de repuesto junto a su placa y arma por cualquier inconveniente que se presentara . Cerró el auto y se dirigió a la pequeña pero preciosa casa del detenido, pasando por un muy bien cuidado jardín hasta llegar a la puerta sintiendo el leve aroma a galletas horneadas. Solo entraría, haría la revisión respectiva y se iría a la estación de policía.
Era algo simple, no debería tardar tanto; por lo que sin dudarlo tocó el timbre.
Escuchó el ruido de algunas cosas cayendo y luego de unos cuantos pasos hacia la puerta, esta se abrió dejando ver a un omega pelinaranja.
–Oficial Wa... –Su sonrisa automáticamente se desvaneció. – ¿Puedo ayudarle oficial? –Preguntó temeroso.
–Buenas tardes, soy el oficial Jeon y por esta semana estoy cubriendo al oficial Wang, vengo a realizar la visita de control con Park Jimin.
El omega acomodó sus anteojos. –Ohhh. –Formó un círculo perfecto con sus labios. A Jungkook le pareció lindo. –Claro, pase por favor. –Nuevamente conectó su mirada con la suya abriendo más la puerta para que ingresara.
Por dentro se podía percibir mejor el aroma de galletas con chispas de chocolate, así como el propio aroma del omega: coco dulce, arándanos... pero también kiwi; se desconcertó un poco, ¿Acaso al oficial Wang se le habría pasado por alto ese detalle?
–¿El oficial Wang se encuentra bien? –El omega se encontraba bastante cerca con una expresión preocupada para cuando nadó de vuelta a la superficie desde el fondo de sus pensamientos.
–Así es, solamente pidió una suspensión de tres días. –El omega pareció entender. –¿Vive solo?
–Sí, mi abuelo me heredó su casa. Falleció cuando apenas era un cachorro, así que cuando cumplí la mayoría de edad pude al fin reclamarla y realmente me encanta, ¿a usted no?, ¿no le parece bonita? –Sonrió en grande mientras abría sus brazos como si de una presentación se tratase.
¿Acaso había omega mas tierno?
No entendía cómo había quedado privado de su libertad.
–¿Puedo saber cómo terminó aquí encerrado?
–Eso es fácil oficial Jeon, pero antes de contarle todas mis tragedias tome asiento, hice galletas. –Jimin desapareció por una puerta que el oficial imaginó llevaba a la cocina por lo que se sentó y luego de un rato apareció nuevamente con una bandeja llena de galletas y dos pequeños vasos de leche. –Espero que le gusten, son mis favoritas.
No tardó en probarlas amando su sabor de inmediato. –Me encantan. –El omega se sentó a su lado sonriente por el cumplido.
–Todo pasó muy rápido según lo recuerdo, así que me costó procesar todo lo que me estaba pasando. Yo era un omega marcado... –Bajó su mirada de repente, luciendo avergonzado. –y mi lobo pudo sentir la infidelidad de mi alfa, no solo en su aroma; si no también a través de la marca. Pensé que podríamos arreglarlo ¿sabe?, porque si yo lo amaba y él me amaba también, yo pensaba que debía rescatar algo que ya no lo valía. Insistiendo una, diez, cien, o las veces que fueran necesarias; con los ojos cerrados, abiertos, llorosos o felices; rogando y suplicando por la atención que nunca tendría de su parte... Y, cuando al final nada de eso funcionó y él siguió haciéndolo una y otra vez envolviéndonos en un ciclo interminable de dolor, mi lobo se descontroló antes de dejarlo ir por completo.
–¿Qué hizo? –Habló con la boca llena de las deliciosas galletas del omega.
–Bueno yo también me sentía afectado y humillado, por lo que esa tarde fui al supermercado más cercano a comprar huevos y pintura. Él amaba su auto y sabía que eso le afectaría muchísimo, así que sin dudarlo o pensarlo más de dos veces hice lo inimaginable. No contando con que habrían cámaras fuera de su casa.
–No hay mucha información en tu expediente por lo que realmente me sorprende. –Lo miró confundido.
El omega suspiró. –Desaté toda mi ira lanzando los huevos a su auto. –Movió sus brazos simulando como los lanzaba con fuerza. –Y luego agité la lata de pintura para terminar escribiendo “Alfa idiota” muchas veces en diferentes lugares. –Lo miró nuevamente. –Porque lo es, definitivamente lo es.
–Lo es, es decir. ¿Quién en su sano juicio dejaría ir a un omega como tú? –Bebió de su vaso de leche dejando un pequeño bigote por la espuma. –Nadie, jamás.
El omega tomó una servilleta y se acercó para limpiar con suavidad justo arriba del labio superior del alfa, percibiendo aún mejor el exquisito aroma a almendra, menta y caramelo que este tenía. Sus pupilas titilaron en un verde profundo.
El alfa se tensó tomando distancia.
El omega lo hizo a la vez dejando la servilleta nuevamente en la mesa. –Lo peor fue cuando el oficial Kim vino con una orden de arresto. –Siguió. –Me molesté tanto y estaba tan sensible que no pude evitar insultarlo; lo que claramente sumó cargos a mi caso. –Llevó ambas manos a su rostro abultando sus mejillas.
–¿El oficial Kim?
–Kim Taehyung, es un omega muy amable que no merecía mi odio en ese momento, estoy seguro de que no fue él quien levantó los cargos; si no su acompañante, el oficial Min.
–Oh claro, el matrimonio Min, me confundí por un momento. –Rió.
–Eso lo explica todo.
–Bien omega bonito, es hora de revisar tu tobillera. –Se levantó sin percatarse del apelativo que había utilizado al hablarle. Tomó la tobillera de repuesto por si la necesitaba y cuando volteo se encontró con un sonrojado omega balbuceando cosas inaudibles mientras movía sus manitas por encima de sus rodillas nervioso. –En tu expediente dice que bailas, ¿es cierto? –Cambió de tema ignorando su debilidad ante la ternura del omega frente a él.
El pelinaranja lo miró con sus ojos brillosos. –Tengo que tener algo con lo que pueda entretenerme aquí adentro, realmente es muy aburrido la mayoría del tiempo.
–¿No vienen tus amigos? –Se agachó frente a él tomando con delicadeza su tobillo notando su preciosa calceta con orejitas de gatito.
–No, los amigos que tenía se alejaron de mí cuando supieron de mi travesura. Todos se pusieron del lado de Jung.
–¿Jung?
–Jung Hoseok, mi ex. –Aclaró mirando hacia abajo abultando aún más sus mejillas, luciendo extremadamente adorable.
El alfa iba a colapsar.
–¿Te duele? –Preguntó refiriéndose a la tobillera, pues se veía muy ajustada y temía que lo estuviera lastimando, pero el omega no lo tomó así.
–No, ya no. La marca desapareció un mes después, y me siento realmente en paz ahora. –Sonrió haciendo sus ojos desaparecer tras sus párpados.
–Me alegra mucho bonito, pero me refería a la tobillera de aquí. –La señalo tocando levemente la zona.
¿Acaso el alfa no notaba como lo estaba llamando? ¿No sentía la misma electricidad al tocarlo?, aquello solo lo convencía cada vez más de que este alfa, era su alfa, el alfa que la luna elegía para cada omega, así que ahora el juego había cambiado.
–De hecho sí, un poco. Me acostumbre a su peso, pero la última vez puede que el oficial Wang la ajustará de más. –Hizo una falsa mueca de dolor que logró su cometido asustando al alfa.
–Déjame revisarlo. –Comenzó a trabajar en ello sumamente concentrado en no lastimarlo, colocando su pequeño pie sobre su rodilla.
–¿Le gustan mis calcetas, oficial?
–Son muy bonitas.
–¿Cuál es su animal favorito?
–¿Los dinosaurios cuentan? –Rio de sí mismo, concentrado en su tarea.
–Claro, los amo. ¿No es incómodo el uniforme?
–Depende del clima.
–¿Siempre tiene que portar el arma?
–Es parte de las reglas.
–¿Le gusta su trabajo?
–Realmente amo mi profesión.
–¿Qué edad tiene?
–24.
–¿Está casado? –preguntó sospechando la respuesta, pues el alfa no llevaba ningún anillo y no tenía otro aroma impregnado que no fuera el propio.
–Yo... soy soltero.
–Es perfecto entonces. –El alfa levantó su cabeza al terminar de ajustarla asegurándose de que no lo lastimara, desconcertándose un poco por la mirada llena de ilusión y deseo contenido que el omega tenía mientras lo miraba directamente dejando salir sus feromonas, casi al punto de ahogarlo, envolviéndolo totalmente y atrayéndolo cada vez más cerca.
Debía irse.
Tragó en seco. –¿Mejor? –El omega asintió. –Bien. Entonces solo hace falta que firmes la hoja de la visita y podré retirarme.
–Pero no quiero que se vaya, ¿Por qué tendría que firmarla? –Hizo un lindo puchero que derritió el corazón del alfa.
–En realidad tengo que hacer más visitas. Así que pido tu cooperación. –Mintió.
–El oficial Wang ha venido las suficientes veces, por lo que sé que soy el último en la lista.
La tensión en el ambiente se sentía cada vez más pesada, el aroma del omega lo estaba asfixiando y sus manos picaban por tocar más allá de lo moralmente permitido.
Mientras su corazón latía con fuerza en la celda de su pecho, fue incapaz de percatarse de cómo la distancia entre ambos se acortaba con cada respuesta que daban, hasta el punto de que esta se volviera casi nula.
–¿Eres muy amigo del oficial Wang?
–Sí, es mi amigo. –Sus narices se tocaron moviéndose de un lado a otro mientras hablaban.
–En ese caso... ¿Quién soy yo?, ¿También soy tu amigo?
–¿Quieres que te diga quién eres? –El movimiento de su pequeña nariz se detuvo.
–¿Sí?
–Mi alfa. –Susurró como si de un secreto se tratara mirando directo a sus finos labios.
El castaño apartó la mirada de sus tentadores labios solo para buscar alguna broma en sus ojos, terminando por encontrar solamente el permiso para proceder a lo que tanto estuvo anhelando. Soltó su tobillo y llevó su mano a la nuca del omega antes de romper toda distancia en un beso demandante. El pelinaranja se aferró con ambas manos a la camisa del alfa bajando su pierna de manera lenta de la suya mientras el beso se volvía cada vez más apasionado encerrándolos en una burbuja de deseo inigualable.
Se besaron hasta que sus pulmones suplicaron por aire. Agitados se vieron a los ojos, ambos tenían sus pupilas dilatadas, labios hinchados, y su cabellos se encontraban algo desordenados. El alfa se levantó con cuidado teniendo la intensa mirada del omega fija en sus movimientos, con suma lentitud retiró los lentes del omega, rozando débilmente con sus dedos el fino rostro del contrario dejándolos sobre la mesa de la sala en la que se encontraban.
Cada partícula del cuerpo del omega suplicaba por contacto.
Despacio se retiró el cinturón donde portaba su arma y esposas, así como su gorra y placa dejándolas también sobre la misma mesa. Quedando solamente como estorbo su molesto uniforme se sentó en el amplio sofá aun con la mirada del pelinaranja puesta sobre él.
Expectante.
Sus movimientos fueron tan lentos, tortuosos y desesperantes que al momento de palmear su regazo en una clara invitación, el omega no esperó para sentarse en él colocando una pierna a cada lado de sus caderas pasando sus brazos por su cuello antes de volver a atacar sus labios, esta vez sin juegos previos ingreso su lengua perdiéndose en un lento juego por explorarse la una a la otra. El alfa llevó sus manos a su cintura buscando un soporte mientras el sabor, textura y experiencia de cada uno hacían estragos en el cuerpo del contrario.
El omega se levantó levemente para comenzar a mover sus caderas en un baile privado solamente para el alfa, creando una fricción entre sus miembros que los hizo despertar ante el estímulo creciendo cada vez más a través de la molesta tela de sus pantalones.
El alfa abandonó los exquisitos labios del omega dejando un pequeño rastro de saliva para comenzar a dejar leves mordidas y besos en su mandíbula aprovechando la distracción para meter ambas manos debajo del blanco suéter del omega que lo hacía parecer un precioso bombón comestible.
El hermoso jadeo que emitió el omega ante la intromisión de sus manos que acariciaban la suave piel a su antojo mientras se dedicaba a lamer y chupar su cuello fue el punto de quiebre para el alfa.
Sin resistir más despojó al omega entre besos y caricias de cada una de sus prendas dejándolo completamente a su disposición; sus pupilas se dilataron ante la vista y su boca se le hizo agua ansiosa por probar cada parte del cuerpo del omega; pero antes de que lo lograra, las palabras entre suspiros lo detuvieron.
–Es... es injusto. –No pudo evitar ronronear de gusto cuando el alfa empezó a acariciar sus piernas con ambas manos. –Yo también quiero... quiero tocarte.
El alfa no protestó, no cuando las manos del omega fueron directo a su pecho empezando a quitar botón por botón de su muy cuidada camisa negra del uniforme, logrando poco después abrirla por completo quitándola de inmediato de su cuerpo.
No pudo evitar jadear sorprendido por la tentadora vista llevando sus pequeñas manos al trabajado abdomen del alfa, acariciando cada parte de este, queriendo marcarlo por completo; le encanto sentir su piel erizarse ante su tacto, y soltando un suspiró satisfecho el alfa volvió a atacar sus labios de manera demandante, chupando y mordiendo a su antojo mientras subía sus manos a su trasero donde tocó sin pudor alguno, amasando a su gusto, disfrutando cada parte.
El Omega gimió en su boca al sentir la erección del alfa justo bajo su entrada, necesitando más que un simple roce, queriendo sentirlo dentro de él, demasiado necesitado; por lo que sin dudarlo bajo sus manos hasta el pequeño botón del pantalón del alfa, quitándoselo de inmediato para bajar el cierre.
Sintiéndose jodidamente desesperado intentó bajar la prenda sin éxito alguno lo que hizo reír al alfa en medio del beso antes de romperlo y con la ayuda del omega al fin bajar la molesta prenda liberando su erección de la cárcel en la que se encontraba, quedando cubierto solamente por su ropa interior, ansiando escapar de ella para adentrarse a el exquisito calor del omega.
El alfa se levantó con el omega en sus brazos para dejarlo acostado en el mismo largo sofá en el que se encontraban dejándolo en una posición cómoda para no lastimarlo.
Se tomó el tiempo de admirar, desde sus delicados hombros, su pecho suave como la seda, la fina y resaltada curva de su cintura y caderas, hasta sus gruesas, firmes y tentadoras piernas que no dudaron en abrirse dándole la bienvenida.
Relamió sus labios antes de acercarse como si acechara a su presa, de manera lenta hasta posicionarse encima de él, apoyándose con cada una de sus manos al lado de su cabeza.
El omega gimió en alto cuando el alfa sin previo aviso apresó uno de sus tiernos pezones lamiendo, chupando y mordiendo levemente hasta dejarlo de un color rosa pastel pálido, para después repartir besos en su abdomen sintiendo la respiración pesada y entrecortada que le provocaba con cada movimiento que hacía.
–P-podría demandarte ahora mismo. –Arqueó su espalda al sentir como el alfa pasaba a su otro pezón, para que al escucharlo soltarlo causando que se quejara desesperado por más contacto.
–No hay ley que me impida tocarte.
De manera tortuosamente placentera el alfa se apoyó con una sola mano mientras la otra recorría con tanta paciencia cada una de las facciones del rostro del omega como comienzo, acarició sus mejillas color manzana, su nariz de botón, sus no muy marcados pómulos llenos de diminutas pecas que calentaron su corazón, y su fina barbilla; aprovechó que el omega cerró los ojos ante el tacto de sus íntimas caricias y beso ambos párpados para luego pasar su dedo por las espesas y preciosas pestañas que poseía, no perdiendo detalle de absolutamente nada.
Bajó su mano hasta sus labios relamiendo los propios que ansiaban probarlos nuevamente, más aún cuando el omega abrió su boca suspirando entrecortado, dejando tocarle totalmente entregado, anticipando lo que vendría después, provocando al alfa, seduciéndolo con su aroma; tomó la iniciativa jalando de su nuca para iniciar un beso desesperado, necesitado y desordenado sabiendo que a partir de ese momento no habría marcha atrás.
Jimin ahogó un gemido sosteniéndose fuerte del borde del sofá cuando el alfa tomó su miembro en sus manos que clamaba por atención. Muy a su pesar rompió el beso cuando necesitaba aire solo para gemir bajito complaciendo los oídos del alfa que se encontraba lamiendo y chupando su cuello mientras movía su mano de arriba hacia abajo, masturbando despacio y pausado al omega.
–No hay ley que me impida tocarte. –Repitió sin detener sus movimientos con voz más grave de lo que esperaba. –Solo tú puedes hacerlo. –Dejó su trabajo en el miembro del omega, guiando su mano a su necesitaba entrada que ya se encontraba lo suficientemente lubricada y preparada para recibir a su alfa en todo su esplendor. –Dime, bonito, ¿Quieres que pare?
–No~ –Gimió al sentir uno de los dedos adentrarse en su sensible entrada.
–¿No qué? –Detuvo sus movimientos besando repetidas veces su pecho.
–No te detengas por fav…–No pudo continuar cuando un segundo dedo fue introducido haciéndolo arquear su espalda y gemir desesperado por más.
–Hazme saber si te lastimo. –Habló el alfa muy cerca de su oído con voz grave y ronca producto de su excitación mientras movía sus dedos dentro del omega, dilatando su entrada, haciendo círculos y simulando tijeras que hacían al omega jadear y gemir complacido.
Todo pareció cambiar cuando un tercer dedo fue introducido al calor del omega simulando embestidas en busca del tan conocido punto dulce.
El omega se convirtió en un mar de gemidos cuando lo encontró, pidiendo por más, mientras el alfa sentía desfallecer por querer complacerlo, sintiendo a su propio miembro presionar bajo su ropa interior, reclamando su turno en el calor de la entrada del omega que lo llamaba una y otra vez.
El alfa retiró su mano y se levantó del sofá bajando la única prenda que le impedía la desnudez completa, notando como la mirada del omega recaía en su palpitante y ya muy roja erección, dilatando sus pupilas con una mirada cargada del más puro deseo.
Solo por él.
Gruñó complacido y se sentó abriendo sus brazos para el omega, quien no dudó en volver a la posición inicial.
El omega se sostuvo de sus hombros antes de atacar los exquisitos labios del alfa que no perdió la oportunidad de pasear sus manos por todo el largo de su espalda hasta llegar a su trasero donde empujó haciéndole sentir su erección justo bajo su entrada, rozando la punta de su glande en una placentera tortura; haciéndole saber cómo lo tenía con tan solo roces y delicados toques compartidos.
–Por favor, te necesito a ti... –Suplicó con ojos nublados de lujuria.
El omega se levantó levemente sin permiso alguno y tomó el miembro del alfa totalmente dispuesto a introducirse y reclamarlo de una vez por todas. Lo guió a su entrada, desesperado por sentirlo, por acoplarse y ser uno solo, en la primera vez de muchas veces que esperaba estar de esta manera con él.
Experimentó la sensación más exquisita mientras bajaba centímetro a centímetro por toda la extensión del alfa, gimiendo complacido hasta que estuvo toda dentro.
Sintiéndose lleno y completo, más aún cuando el alfa tomó posesivamente sus caderas para evitar que se moviera y se lastimara solo por querer que todo fuese rápido, con tal pensamiento lo besó una vez más queriendo disfrutarlo todo el tiempo que se lo permitiera.
–Eres tan precioso, tan caliente y perfecto, tan mío. –Habló el alfa con sus ojos brillando en un precioso azul marino que hicieron estremecer al omega mientras se acostumbraba a la intromisión en su apretado interior.
–Es tan grande alfa~...
–Muévete bonito, hazlo para tu alfa. –Redujo el agarre en las caderas del omega bajándolas a sus exquisitas piernas, permitiéndole todo movimiento.
El omega no dudó en acatar la orden en cuanto se sintió seguro con el tamaño del alfa, levantándose dejando solo la punta dentro para después dejarse caer metiendo todo de nuevo haciendo gemir a ambos complacidos.
Comenzó dando pequeños y lentos saltos mientras las caricias y besos en el cuerpo de cada uno persistían; sin embargo con el paso del tiempo estos se volvieron más rápidos y necesitados , queriendo más, mucho más del alfa, sintiéndose insaciable, conociendo una necesidad que no creía existente hasta que el alfa apareció en su puerta.
Tomó sus hombros como apoyo para hacer sus saltos más profundos tocando su punto dulce a propósito, embistiéndose a sí mismo, el constante movimiento llevándolo al mismo cielo, construyendo su orgasmo lentamente mientras miles de besos eran repartidos por todas partes de su cuerpo.
Sin embargo poco a poco el ardor en sus piernas se volvió tanto, que los saltos se hacían cada vez más cansados, lentos y pausados haciendo que el omega se quejara desesperado no queriendo perder el calor trabajado en su zona baja.
–A-alfa~... mghm~... no puedo, no puedo más. –El alfa gruñó en protesta, se recriminó el no prestarle atención antes por estar demasiado perdido en la belleza de un omega despeinado, sudado, balanceándose encima de él con sus cabellos moviéndose al ritmo de sus pequeños saltos que no se percató de su cansancio hasta que este fue muy notorio, dándole fuerzas para seguir posó nuevamente sus manos en sus tentadoras caderas para ayudarlo y que este no parará en ningún momento.
–Te necesitaba tanto joder... –Llevo su cabeza a su cuello y el Omega no dudó en exponerlo sumisamente permitiendo a el alfa olfatearlo y reconocerlo como suyo, besando repetidas veces la zona. Sabía de más que aún no era tiempo de marcarlo, pero la tentadora idea daba vueltas en su cabeza y su lobo lo animaba a que no lo pensara tanto mientras el clímax era construido por las exquisitos movimientos de su omega que no dejaba de moverse en su regazo. –No tienes idea de cuánto...
–Alfa~... voy a... voy a... c-correrme alfa mghm~...–Avisó sumamente perdido en las caricias y besos del alfa, y así fue.
Bastaron débiles mordidas en su cuello, diversas caricias en su cuerpo y pezones y un par de saltos más para que el omega se corriera manchándolos a ambos mientras gemía en alto mordiendo sus labios.
El placer del omega repercutió en el alfa pues solo bastó mover las caderas del omega en un rápido sube y baja unas cuantas veces más para que su nudo se expandiera en sus paredes llenándolo con su semilla, tanto que no pudo evitar soltar un gruñido completamente satisfecho.
Sin dudarlo pasó sus brazos por la espalda del omega, quien no dudó en esconderse en su cuello, inhalando el exquisito aroma a almendras, menta y caramelo que desprendía naturalmente. El alfa lo apegó más a su cuerpo, arrullandolo mientras el nudo bajaba y sus respiraciones se regulaban repartiendo besos en su hombro y caricias en su cabello.
Cuando el nudo bajó y el omega al fin podía apartarse, lo único que hizo fue levantar su cabeza para ver a los ojos del alfa, buscando arrepentimiento en sus ojos encontró una mirada llena de ilusión y admiración que lo dejaron completamente impresionado. Se acercó nuevamente y se besaron sin desespero, a su tiempo y ritmo, un beso diferente, un beso lleno de cariño y respeto que los dejó sin aliento; sin embargo aquello no los hizo separarse, pues el alfa comenzó a dar pequeños piquitos por todo el rostro del omega, dejando marcas de olor con su nariz en sus mejillas y cuello. El omega rió tiernamente quedando encantado con esta acción y simplemente se dejó hacer por el alfa, dejando vía libre para que hiciese con él lo que quisiera, sin embargo jamás esperó sus palabras después de eso.
–Jimin, permíteme cortejarte como es debido, permíteme ser tu alfa. –Rogó con sus ojos llenos de ilusión.
El omega aún con sus manos en su pecho se sintió pleno por primera vez en su vida, había encontrado a su alfa después de tanto tiempo, a diferencia de sus relaciones pasadas donde todo comenzaba con celos, enemistades y envidia; esta se sentía bien, correcta, pacífica y sin prisas ni insultos, y eso lo hacía simplemente perfecto.
–Permíteme tú a mi ser tu omega, prometo no hacer travesuras. –Hizo un pequeño puchero que el alfa beso de inmediato, descubriendo una nueva debilidad.
–Nunca te daré motivos para hacer travesuras. –Rió. –¿Me presento nuevamente bonito? –El omega ladeo su cabeza curioso. –Soy Jeon Jungkook, tu futuro esposo. –Sonrió satisfecho cuando escuchó la tierna risa del omega.
–Y yo soy Park Jimin. –Tomó la mano del alfa que se mantenía en su cintura y la llevó a su vientre bajo. –Tu omega y futuro padre de tus cachorros. –Sonrió y sin más espera volvió a besarlo sellando un futuro prometedor.
Claro que empezaría el cortejo.
Cuando el omega al fin cumpliera su molesta condena.
Solo dos meses más, Park Jimin; dos meses y serás por fin mi omega, en esta y en mil vidas.
Para siempre...
Fin.
🚔-------------------|°
Es la primera vez que escribo algo así.
5,373 palabras.
La idea surgió cuando veía una serie, un tipo queda en arresto domiciliario y es muy cómico, pensé en el KookMin y no dude en adaptarlo a omegaverse; aunque salió una cosa totalmente diferente, a mi me gusto mucho.
No importa el día, hora, año que me leas; Stream Permission to dance -.-