CAPÍTULO ÚNICO.
La pequeña chica de ojitos color esmeralda se encontraba sentada sobre la plataforma alta echa de roble, la cuál era parte de su casita situada sobre un gran árbol.
Observaba el bosque y sus alrededores a través de los demás árboles continuos a su hogar. Su hermano había salido de casa en busca de algunas cosas, y como ella no podía acompañarle, sólo se dedicaba a observar su entorno tranquilamente.
Hasta que de repente...
¡PUM!
Algo se estrelló contra el gran árbol de su casita.
Miró hacía abajo, pero no lograba observar del todo que había sido lo que se estrelló contra su querido árbol.
—¿Alguien está ahí abajo?
Una cabeza de cabellos castaño oscuro con grandes orejas levemente puntiagudas sobresaliendo se asomó por debajo.
—¡Oh, santo cielo! ¿Te encuentras bien?
El joven de ojos color ámbar le miró incrédulo mientras sobaba su espalda.
—¿Eres una ardilla?
—Bueno, supongo que sí. Mis padres ardillas estuvieron convencidos de eso cuando nací... —comentó divertida moviendo sus pequeñas orejas. — ¿Eres un lobito? ¿Qué haces por aquí? ¿Te has extraviado? ¿Te hiciste daño? —cuestionó preocupada y curiosa.
El híbrido de lobo le miró maravillado. Era la cosita más bonita y tierna que había visto en toda su vida, y eso que aún no había vivido lo suficiente.
—Si, bueno, e-estoy bien... —tartamudea. —Sólo me cayeron unas cuantas hojas en la cabeza, pero no pasó nada grave... —rie. -Dime, ¿Cómo te llamas?
—Soy Sakura, ¿Y tú?
—S-Syaoran...
—Es un gusto, Syaoran —le dedicó una sonrisa. —Pero, me preguntaba... ¿Cómo terminaste por estrellarte con el tronco base de mi casita? —rió.
—O-Oh... Estaba siguiendo un peculiar aroma para encontrar de dónde provenía, pero rodé por aquella colina y no pude detenerme, así que no pude evitar impactar contra el árbol de tu casita, lo siento... —se disculpó.
—Oh, está bien. Lamento que tú rastreo haya sido frustrado, y que no hayas encontrado lo que buscabas...
—Bueno, creo haberlo encontrado ya, pero no estoy muy seguro...
—¿En serio?
Sus ojitos verdes brillaron y sus orejitas junto con su esponjosa colita se removieron. Esa chiquilla le causaría un infarto al chico si no dejaba de ser tan adorable.
—¿Podrías bajar un momento?
—Me temo que eso no será posible... —respondió. —No tengo permitido pisar el suelo del exterior de mi casita...
—¿Por qué no? —cuestiona confundido.
—E-Es algo complicado... —soba su cuello. —¿Crees poder subir hasta acá arriba?
—¿De acuerdo? —sonó más confundido que en un principio. —Dudo poder subir este árbol, es sumamente alto, y no hay mucho lugar de donde poder agarrarse.
—Oh... —desanimada. —Si, el árbol es algo difícil de subir...
—Espera, ¿Nunca has bajado del árbol? —ella niega. —¿No te es algo aburrido?
—A veces —ríe tímidamente.
—¿Y exactamente por qué no puedes bajar?
—No puedo decírtelo. Aunque, podría, sólo si...
—¿Sólo si, qué?
—Sólo si te vuelves mi amigo... —sonrie.
El ambarino sonríe como un tonto, y asiente.
Han pasado unos cuantos años desde aquel extraño día en el que se conocieron. Y desde ese entonces, el castaño le visita diariamente cuando el hermano mayor de la ardillita sale de casa, para así poder conversar un poco con ella.
—¡Rayos, no!
El castaño observó el pequeño objeto que cayó desde arriba, mientras Sakura se asomaba con desesperación de tener su pertenencia más preciada nuevamente entre sus manos.
—¡Lo tengo! —anunció Syaoran tomando una cadenita de oro con un pequeño medallón en forma de bellota. —Trae la canasta, te lo pasaré...
La chica corrió a los adentros de la casita y trajo una canasta atada a una cuerda. Bajó el canasto con cuidado y el ambarino colocó el objeto junto a otras cosas para que ella pudiera subirlo.
—Muchas gracias... —le agradeció sacando su pertenencia del pequeño cesto y se la colocó. —Siento mucho ser muy torpe, en verdad te agradezco que me ayudaras a recuperar mi collar... —Su colita esponjosa se menea con regocijo.
—No es nada —contestó algo avergonzado. —, tal parece ese collar es bastante importante para ti...
—Claro que lo es. Mamá me lo dió cuando nací, y bueno, es lo único que me queda de ella, así que lo cuido y atesoro mucho.
—Ya veo...
—Oh, ¿Qué es esto?
Sacó algunas avellanas de la canasta y le miró.
—Si, bueno... Peleé con mi manada, y me echaron. Mientras buscaba un nuevo lugar donde establecerme, encontré algunas avellanas, y creí que te gustarían, así que traje algunas para ti.
—¿Cómo? ¿Ya no estás con tu manada?
—No, pero está bien y estoy bien con ello. Estaban presionándome con que encontrara pareja con quién hacer un nido y casarme pronto...
—¿Un nido?
—Oh si, ya sabes... Cuando los lobos nos emparejamos, en casa hacemos un nido, dónde nuestras parejas se sientan protegidas y todo eso...
—¿E-En serio? —algo desanimada.
—Sí, se supone que debo hacer uno junto a mi futura pareja, pero la verdad ninguna loba en la manada llamaba mi atención. —mencionó, causándole curiosidad a la chica.
—¿No? —cuestionó confundida.
—No —rió divertido. —Me echaron porque no comparto el gusto por las personas de mi misma especie. Supongamos que eso no les agradó y al final simplemente me echaron de la manada.
—¿Es malo no ser atraído por la misma especie?
—No, pero los demás así lo ven. Lo ven como algo raro y desagradable. Considero que ese pensar es algo estúpido y anticuado.
—¿Cómo estas seguro que no te gustan las lobas? ¿Te gusta algún otro híbrido de otra especie, o simplemente no te sientes atraído por nadie?
—Digamos que... Me gusta una linda ardillita que no puede bajar de su casita...
La esmeralda enmudeció mientras sus ojitos brillaban.
—¿E-Estás hablando en serio?
—Sí. Sé que suena tonto, y mi intención no es asustarte con algo como una declaración de amor de un amigo, pero... En verdad creo que me gustas.
—Y-Yo...
—Yo no te gusto, ¿Cierto?
—...
—Entiendo... —dijo cabizbajo.
—¡Por supuesto que me gustas! —contestó finalmente. —Pero...
—¿Pero...?
—No puedo bajar...
Él entendió de inmediato a lo que se refería.
—¿Y eso que importa? Si mi destino es aprender a moverme entre los árboles para estar contigo lo aceptaré. Yo seré tus pies sobre la tierra. También, si te caes, yo te atraparé.
La esmeralda rió.
—Eres adorable, muy bonita, y me gustas mucho. —menciona encantado.
—Basta, me siento avergonzada... —ella siguió riendo, hasta que un ruido cercano llamó su atención.
—Oh, parece que tú hermano está por llegar... —dice triste. —Volveré mañana a la hora de siempre, ¿De acuerdo?
—De hecho... —choca sus dedos índices entre sí. —Mi hermano saldrá de casa durante los días próximos... Ya sabes, por lo de la época de celo.
—Oh, cierto.
—Y me preguntaba si... —mira sus manos con timidez. —¿Podrías quedarte un poco más de tiempo para charlar? No me gusta estar sola en casa...
—Claro, no hay problema con ello.
Y al escuchar demasiado cerca los pasos del hermano mayor, Syaoran salió corriendo perdiéndose en el bosque. Sakura soltó una risita y observó con calidez las avellanas que le había traído.
Le gustaba mucho aquel lobito rebelde.
A su hermano mayor no le agradaba nada aquel lobo vago que llegaba a visitarla. Y cada que lo encontraba rondando cerca, lo ahuyentaba lanzándole unas cuantas bellotas a la cabeza. Era por eso que el ambarino se iba en cuanto escuchaba que estaba por llegar.
Al día siguiente, su hermano mayor cargo algunos cuantos suministros en su bolso de tela, mientras la esmeralda le miraba atenta. Tendría que salir por unos días por la época de celo en busca de alguien que le hiciera compañía.
—Deje unas cuantas nueces en la alacena, y hay agua fresca en las vasijas de afuera, ¿Estas segura que estarás bien en estos días?
—Hermano, estaré bien. Por favor, no te detengas por mi y vete sin preocupaciones...
—De acuerdo... —dice con un poco de desconfianza. —Pero recuerda que no debes estar asomándote afuera mientras no esté, y que si ves a alguien sospechoso o a algún intruso debes ahuyentarlo lanzándole algunas cuantas bellotas.
—Lo sé, lo sé. Anda sin cuidado, hermano.
Su hermano mayor se fue dejándole sola en su casita del árbol. Sakura suspiró después de algunas cuantas horas un tanto aburrida. Era raro, pero esta vez Syaoran no había ido a visitarle en todo el día y ya estaba por anochecer.
Después de haber estado abriendo nueces todo lo que quedaba de la tarde, una palabra rondó en su cabeza.
Un nido.
El concepto de aquello le causaba tanta...
curiosidad
...
Una vez llegó a leer algo sobre los nidos, en los libros de doble pasta que habían en el anaquel de hasta arriba en el librero, aunque siempre creyó que los únicos que hacían nidos eran los pajaritos, como solían decir los cuentos para niños que su padre solía leerle cuando era pequeña, por eso le daba muchísima más curiosidad.
Se subió en una silla y se puso de puntitas para poder alcanzar el libro que había leído hace tiempo, e investigó un poco más la situación.
Después, tomó unas cuantas mantas y formó un pequeño nido en el suelo de madera, poniéndose dentro.
¿Esto era lo que los lobos hacían cuando se emparejaban? ¿Un nido?
Sakura se hizo bolita dentro, sintiendo la calidez de las mantas abrazándole.
—¿Donde estás, amor mío?
Era normal que se sintiera un poco vulnerable en una situación como esta. Estaba sola en casa, en aquellos días de primavera dónde los animalitos del bosque buscaban compañía, mientras no había alguien que le cuidara a ella.
También mientras ella no podía bajar de su casita.
Sollozó un poco. Estaba sola gracias a aquel hechizo que le lanzó aquella bruja maliciosa cuando apenas era una ardillita recién nacida. Se preguntaba todos los años en esta temporada, ¿por qué no podía bajar? ¿Cuál era el propósito de seguir con vida si no podía vivir como una ardillita normal?
Entonces, un pequeño ruido afuera le alertó.
Ya no había ningún rastro de luz solar y todo estaba oscuro, lo único que le quedaba, era la tenue luz de la luna que se filtraba por el pequeño balcón.
La silueta de una persona se formó a través de la cortina de su puerta que daba directo al balcón, y Sakura se estremeció con miedo.
—¿Q-Quién está ahí? —preguntó bajito sin salir de su nido improvisado, pero no obtuvo respuesta. —No se acerque. Se lo advierto, t-tengo muchas bellotas conmigo, y no dudaré en usarlas...
Entonces escuchó como tocaban ligeramente a su puerta.
—¿Sakura? Soy yo...
Esa voz tan familiar.
Sakura irguió sus orejitas al escuchar aquella voz y se puso de pie de inmediato. Corrió hacia la puerta y abrió. Se lanzó contra aquella figura y le abrazó con fuerza.
—Syaoran, estas aquí, en verdad lo estás... —lloró contra su pecho. —Finalmente estás entre mis brazos...
—Lo estoy. Aunque, debo admitir que subir a un árbol tan enorme como este y sin tanto lugar de donde poder agarrarse fue demasiado complicado. No creía que esta vez si lograría subir, después de tantos intentos fallidos a lo largo de todos estos años... —dice suspirando, completamente agotado. —Pero era lograrlo, o quedar como tonto intentando subir y no poder hacerlo, por milésima vez...
Y Sakura rió.
Le hizo pasar y ambos se sentaron en el suelo.
—¿Qué es esto? —cuestiona confundido al ver tanta manta regada en el piso.
Sakura se sonroja de inmediato al ver su intento de nido estropeado.
—O-Oh... Eso... —baja la mirada mientras su colita comienza a moverse de un lado a otro con inquietud. —Intenté hacer un nido... Aunque creo que lo estropeé al salir corriendo...
—Mmm... —analiza la situación con debida atención. —Luce como un nido con mucho potencial.
—¿E-En serio? —su colita se detuvo de repente y sus orejitas se alzaron.
Syaoran rió en su interior.
Era tan adorable.
—Si. Seguramente debiste sentirte demasiado cómoda y segura en él. —Sakura asintió con vergüenza. —Dejame arreglarlo para ti...
Volvió a hacer el nido para ella y le puso dentro.
¿Así era como se sentían los lobos al emparejarse?
Era un sentimiento tan cálido.
—Por favor, entra conmigo...
Syaoran obedeció sonrojado. Ambos estaban echos bolita dentro del nido de sábanas.
—Siempre quise comprobar si tu colita era tan suave y esponjosa como parece, hoy lo confirmé -menciona el ambarino acariciándole.
Sakura enrojece y oculta su rostro contra su pecho.
—¿Qué sucede?
—Y-Ya sabes... ¿Haremos...
Las cositas de grandes
que se hacen... E-En esta época del año? —pregunta con timidez.
El castaño se pone tan rojo como un tomate al comprender a qué se refiere.
—¡N-No creo que eso sea posible! —exclamó torpemente. —N-No creas que deseaba subir hasta aquí sólo para... aparearme contigo... —dice avergonzado. —Sé que estamos en la época más alocada del año, pero es la primera vez que estamos tan cerca... Me conformo con sólo poder tenerte está noche entre mis brazos y estar así, abrazados...
Sakura asiente.
—Eso está bien, ¿no?
—S-Si... aunque todos esperan mucho de esta época en realidad...
Syaoran enrojece ante sus palabras, sin embargo, se siente enternecido por el pensamiento de la pequeña ardilla.
—Prometo que lo haremos el próximo año... —besa su frente.
—¿Y cómo se que seguirás a mi lado para ese entonces? Por favor, nunca te vayas... —se aferra a él. —Quedate a mi lado, por favor...
—¿Crees que podría dejarte? Cuando un lobo escoge a su pareja es para toda la vida, y yo ya te escogí a ti. —los ojos esmeralda de Sakura se iluminan por sus palabras, se sentía especial. —Así que no pienses en librarte de mi, porque ya no puedes hacerlo —suelta una risita. —Además, como aún es demasiado pronto para considerar aparearnos está noche, quisiera hacer algo un poco más... dulce.
—¿De qué se trata? —le mira atenta.
—Quiero besarte.
Sakura, avergonzada, cubre con torpeza su rostro con sus manos.
Tan linda.
—¿C-Cómo en los cuentos? —pregunta inocentemente.
—Si, como en los cuentos. —rie. —Entonces... ¿Crees que podría...?
La esmeralda sin dudar asintió rápidamente, retirando sus manos. Syaoran soltó otra risita.
—Cierra tus ojitos.
Sakura lo hizo y Syaoran acarició su mejilla, se acercó a ella lentamente y plantó un dulce y casto beso en sus labios.
Luego, el castaño le estrujó entre sus brazos.
—Eres tan cálida.
Sakura sonrió delicadamente.
—Syaoran, ¿Alguna vez haz pensado en formar una familia propia?
Las orejas puntiagudas de Syaoran se irguieron al escucharle, y un escalofrío recorrió su espalda.
—Lo pensé, hace mucho. Pero ahora que te tengo a tí, me es más que suficiente, no necesito de nada más.
Sakura asintió con tristeza.
El pequeño problema de quedarse juntos, es que si en el futuro deseaban tener descendencia, iba a ser completamente imposible. Es decir, una ardilla no podía preñarse de un lobo, eran biológicamente incompatibles. Hasta pensar en algo como tener hijos resultaba bastante tonto.
—He esperado tanto tiempo por ti, que tampoco quiero nada más. —menciona acurrucándose más junto a él. —Desearia poder bajar... —susurra. —Me asusta no poder vivir a tu lado. Mi sueño es poder ir y conocer lugares junto a tí...
—P-Prometo que así será. —afirma decidido. —Me encargaré de cuidar siempre de ti. No te preocupes, juro encontrar la manera de que podamos estar juntos y de que nada malo te suceda. Si es mi destino, prometo velar por tu bienestar toda mi vida, y atraparte cada vez que lo necesites, y si no es así, que me parta un rayo...
La castaña sonrió feliz y a la vez con melancolía.
—La próxima primavera, prometo ser yo quien vaya a tus brazos, prometo encontrar una forma de hacerlo. —acaricia su rostro, admirandole. —De hecho, hay algo que te quiero mostrar...
—¿De qué se trata?
La chica se sentó a un lado y frente a los ojos curiosos del castaño tomó su forma animal.
—¡Oh dios, eres pequeñita!
Syaoran acercó su dedo índice hacía ella, quien lo tomó con sus patitas delanteras mientras sacudía su colita esponjosa de un lado a otro.
Sakura se subió en él y se posó en su pecho, dónde se acurrucó haciéndose bolita, hasta que pudo sentir como la forma de quién estaba debajo cambiaba, tomando también su forma animal.
Observó al enorme lobo que estaba debajo, y este le lamió cariñosamente. Ella rió en su interior.
Y así estuvieron toda la noche, repartiéndose lamidas y besitos.
Esa fue la única noche en la que estuvieron juntos desde entonces, ya que Syaoran no pudo subir de nuevo.
Los meses siguieron pasando, hasta que el otoño arribó.
Y en una tarde, un suceso terrible ocurrió.
Estaba anocheciendo, pero el castaño pudo notar a lo lejos, desde su vieja y descuidada cabaña, como el bosque se iluminaba de la nada.
Salió de la casa confundido, y pudo captar aquel peculiar aroma a roble quemado en el aire.
Dios santo, el bosque se estaba incendiando.
El hermano de Sakura se encontraba fuera, buscando algunas cuantas nueces para la cena de esa noche, pero después de notar como las llamas comenzaron a consumir rápidamente el bosque, corrió horrorizado hacía su casita.
Pudo ver en la lejanía como hombres armados se alejaban del bosque, se trataba nada más ni nada menos que de cazadores. Sin duda alguna esos bastardos habían iniciado el fuego.
La mitad del bosque ya estaba en llamas. Mientras el mayor intentaba hacerse camino entre todos los árboles que estaban ardiendo, miró del otro lado del fuego al lobo que solía hacerle compañía a su hermana menor.
—¡¿Qué haces aquí?!
—¡Mocoso! ¡Mi hermana sigue en la casa del árbol! —grita del otro lado. —¡No puedo cruzar!
De repente, un tronco crujió y se partió, terminando por caer sobre el mayor.
—Dios mío...
Syaoran palideció al presenciar tal escena. Intentó acercarse, pero más árboles cayeron en su camino.
Sin duda con un accidente de esa magnitud el hermano mayor de la ardillita había muerto.
Apretó los puños y continuó corriendo hacia su destino, sin mirar atrás. Al llegar, pudo ver qué la esmeralda estaba colgando de una de las ramas del árbol de su casita mientras lloraba, su casita ya había comenzado a incendiarse.
—¡S-Sakura!
—¡Syaoran! ¡No sé dónde está mi hermano!
—¡Él no podrá venir! ¡Tienes que soltarte!
—¡N-No puedo! —la chica sollozó. —No puedo bajar, si lo hago, moriré, ¡lo sabes!
—¡Si no lo haces de todas maneras morirás! —dice exaltado. —¡Sólo hazlo! Prometí atraparte siempre que fuera necesario, ¿Recuerdas?
El tronco base de su casita del árbol en ese instante crujió, anunciando su pronta caida. La esmeralda miró horrorizada, y finalmente se soltó.
Se lanzó hacía él, entregando todo de si misma.
Syaoran le miró caer como un pequeño ángel que venía hacia él.
Su pequeño ángel caído.
Le atrapó en un abrazo, mientras caía arrodillado en el césped por el peso. Ambos cerraron los ojos con fuerza al momento de abrazarse, mientras que un estruendoso sonido los dejó casi sordos, y a un lado de ellos el árbol y la casita cayeron en pedazos.
—S-Sakura...
Él abrió lentamente los ojos, la ardilla le miró tristemente, comenzando a desvanecerse en el aire.
—B-Bueno, fue lindo mientras duró...
Y el color abandonó el rostro de Syaoran.
—¡SAKURA!
El lobo le estrujó en sus brazos. Sakura le rodeo con sus brazos escuchando como este comenzaba a llorar desconsoladamente.
—Todo este tiempo, creí que el césped era suave como suelen decir en los cuentos, pero en realidad pica un poco... —le dedica una triste sonrisa, sin embargo, el castaño no dejaba de llorar. —Oh, Syaoran... Lamento ser yo quien no esté a tu lado la próxima primavera...
En ese instante, el cielo trono, anunciando una tormenta que se aproximaba.
—¡N-No puedes! ¡NO! —llora más fuerte. —¡Mi deber era protegerte, y ni eso pude hacer bien!
—Cariño, no llores por mi partida... —acaricia su rostro con sus pulgares. —Le pediré a los dioses y a la madre naturaleza que esta vez, me haga renacer como una lobita, y podamos estar juntos sin preocupaciones en una próxima vida...
—¡A mí me gustas así, como una ardilla! —solloza. —¡N-No quiero pensar en una próxima vida! ¡Te quiero conmigo en esta!
Sakura niega y le toma las manos entregándole algo,
su posesión más preciada.
—Agradezco todos estos años que haz estado a mi lado haciéndome feliz, pero ahora debo decirte adiós...
Syaoran negó desesperado e impotente, ¿Por qué debía ser así?
—Sal de este lugar, y ponte a salvo... —el castaño se negó rotundamente, haciendo sollozar a la esmeralda. —Vive. Vive una vida larga por mi, Syaoran... —le sonríe. —Te amo, lobito bonito...
Y finalmente, besó sus labios por última vez antes de fusionarse por completo con la nada, desvaneciéndose en sus brazos, mezclándose con el frío viento del otoño y con las cenizas del bosque,
dejándole completamente solo.
El castaño observó aturdido su deceso y aulló desconsolado su pérdida, mientras que empezaba a llover con fuerza.
Observó el pequeño objeto en sus manos, y sus ojos se inundaron aún más.
Se colocó el pequeño medallón de oro en la camisa, y observó con melancolía los escombros de la casa del árbol que con anterioridad había caído por el fuego.
Portaría aquella bellota de oro con orgullo por el resto de su vida.
—Te amo y te amaré... Sólo a ti. —solloza. —Por favor, deseo que vuelvas,
pequeña
...
Quizás los dioses le escucharían y algún día le concederían su deseo, o quizás no.
El dolor le consumía tal y como las llamas al bosque esa fría noche de otoño.
—¿Cómo podría yo vivir sin ti?
Un aprendiz de magia miró afligido todo el desastre desde la salida del bosque, dónde estaba de pie junto con su paraguas gracias a la fuerte lluvia. No había sido lo suficientemente rápido lanzando el hechizo de una nube que cubriera al bosque para detener el incendio.
La mayoría del bosque murió al igual de los que habitaban en él, estuvo a punto de considerarlo perdida total, si no fuera por una pequeña parte en la zona sur, que fue la parte que llegó a salvarse gracias a la lluvia.
De la nada, el joven mago observó con sorpresa como un muchacho castaño empapado y lleno de cenizas se acercaba. Se quitó las gafas y las limpio creyendo que quizás estaba imaginando cosas, o que sólo se trataba de sus anteojos empañados que no lo dejaban observar adecuadamente, pero no, si se trataba de una persona.
—¡Oye! —le llamó. —¡¿Estás bien?!
El muchacho corrió hacia Syaoran para auxiliarlo. El lobo alzó la mirada, desolado, y más lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, mezclándose con la lluvia torrencial.
—Soy Eriol... —se presentó brevemente. —¿Te encuentras bien? ¿Qué ocurrió?
Syaoran no lo sabía con exactitud. Ni siquiera sabía cómo diablos había salido del bosque con vida, pero lo que si sabía era que su Sakura jamás volvería, ya que ella no existía más.
—Ella no vendrá la próxima primavera, ni nunca. —mencionó débil y destrozado ante su realidad, confundiendo al contrario. —Ella ya no volverá...
Y se desplomó sobre el fango, asustando al joven de anteojos.
¿Por qué un rayo todavía no lo había partido?
[...]