Capitulo 1
El viento de la playa chocaba en contra de sus mejillas, la arena se sentía como talco en sus pies, y su sonrisa en forma de corazón estaba más grande y brillante que nunca. KyungSoo estaba feliz. Hacía ya tres días que no se escapaba a la playa, y se sentía más pleno que nunca.
Sus ojos veían al horizonte en búsqueda de alguien, sabía que en algún lugar tendría que estar, habían quedado en verse en ese lugar algo apartado de la playa turística. De repente algo tapó su mirada, cuando trató de averiguar qué era, sintió una mano grande y un tanto áspera tapando sus ojos, instantáneamente sonrió.
—Hola,
my little sunshine
—susurró una voz un tanto grave en su oído. KyungSoo retiró la mano suavemente de sus ojos solamente para voltearse, tomar del cuello a su amado y plantarle un suave beso en sus carnosos labios.
KyungSoo observó detenidamente a su novio, su uniforme militar estaba pulcramente planchado y se dejaba caer suavemente por el cuerpo grande y alto. Unas botas negras hacían juego con el uniforme, y una camisa sencilla se ajustaba al torso de su enamorado. Su cabello negro y levemente ondulado se balanceaba con el viento, y dejaba ver perfectamente su cara.
—Te extrañé, ChanYeol — KyungSoo le pegó una palmadita en el pecho al más alto, con una pequeña sonrisita asomándose en suslabios.
El más alto solo sonrió y se abalanzó sobre los abultados labios de su novio, dándole un suave y lento beso, en donde de vez en cuando se colaban pequeñas y efímeras sonrisas.
—¡MinHo! ¿Cuando llegaste de Londres?
MinHo sonrió ampliamente mientras entraba a la sala de estar. Estaba nervioso, ansioso y sentía aquello a lo que los adolescentes le llaman mariposas en el estómago. Hace un largo tiempo que no entraba en aquella gran casa de acabados españoles, que dejaban ver lo pudiente que era la familia que la habitaba.
—Hoy, hoy muy temprano — rió mientras tomaba la mano de aquel viejo hombre que se aproximaba hacia él— Buenos días Almirante SooMan, ¿como estamos?
El mayor se veía un tanto sorprendido de su visita, sin embargo le ofreció una cálida sonrisa y lo invitó a sentarse.
—Bien muchacho, aunque un poco sorprendido de verte — expresó el más viejo— No te esperábamos hasta dentro de dos semanas, ¿no?
MinHo rió, mientras sacaba de un pequeño sobre, un cartón. —Lo que pasa es que terminé mi maestría antes de tiempo, y me regresé lo antes posible— sonrió mientras le enseñaba al mayor un diploma.
"Posgrado de Ingeniería Agrónoma con especialización en tratamiento de fertilizantes"
—¡Tus padres deben estar muy orgullosos! Y por supuesto, mi hijo y yo también —sonrió el mayor.
MinHo suspiró mientras una pequeña sonrisa levantó sus mejillas.
—¿Y donde está KyungSoo? Porque me muero por verlo —expresó el más joven mientras apretaba las manos de su suegro.
SooMan negó con la cabeza, aún sonriendo. —¡Me imagino que si! Han pasado casi tres años desde que te fuiste. Mi hijo acaba de salir, creo que se fue a caminar a la playa.
MinHo sonrió y se dirigió hacia la puerta. Ya se imaginaba en donde estaba su amado prometido, en aquel rincón de la playa en donde casi no hay gente.
—Por cierto señor, mis papás harán una fiesta hoy en la noche, en nuestro yate, para celebrar mi llegada, y queríamos aprovechar para que KyungSoo y yo anunciaramos la fecha de nuestra boda. Espero contar con la presencia de usted y de su esposa.
SooMan solamente sonrió, desconcertado. MinHo estaba tan emocionado que ni siquiera notó la mueca que hizo el mayor. Antes de salir de la casa, le dió una reverencia al señor Do SooMan, y se dirigió hacia la playa, con una sonrisa bien puesta en la cara.
JongIn veía que mucha gente entraba y salía de la habitación de su patrón. Abogados, criados, encargados del ganado, e incluso trabajadores de su empresa. La casa del señor Kim HyunSuk era un caos, y a él le tocaba recibirlos a todos, encaminarlos a la habitación del patrón y atender sus exigencias.
Ya habían pasado más de cuatro meses desde que el patrón había caído en cama, y desde ese momento, el señor Kim había decidido que JongIn iba a atenderlo completamente.
—¿Dónde está... el padre SiWon? Me urge verlo —habló con dificultad el hombre en cama.
JongIn se limitó a ver al señor HyunSuk quien ya se encontraba agonizando y respirando con mucho esfuerzo. Ya su piel era de un color pálido, un tanto amarillezco. No había duda que lo que él veía solamente eran pedazos de lo que en algún momento fue el señor Kim HyunSuk, dueño de muchas tierras y dueño de una de las mayores empresas ganaderas de la región de Busan. Solamente quedaban las ruinas de aquel imponente hombre que había conocido desde que tenía memoria.
—Ya no debe tardar patrón, hace rato mandamos a alguien para que fuera por él —JongIn informó algo impaciente, ya que tenía que seguir trabajando en el campo, sin embargo, su jefe lo retenía— ¿Por qué no llama a alguna de las muchachas de servicio? Usted necesita a alguien que esté a su lado todo el día.
—No —se limitó a decir el mayor— Solo confío en ti, JongIn.
El menor solamente le dedicó una sonrisa incómoda, mientras cruzaba los brazos. Aquella extraña cercanía que el patrón le tenía desde que enfermó, le incomodaba, sobretodo porque el patrón lo había tratado mal hasta ese momento. Nunca habían sido cercanos.
—El padre SiWon me contó que ya te graduaste de la universidad —tosió el señor HyunSuk— ¿Administración de empresas?
JongIn asintió. —Así es señor HyunSuk, me llevó un par de años, y mucho trabajo, pero logré conseguir mi título.
El mayor asintió mientras en su cara aparecía una mueca, que trataba de ser una sutil sonrisa.
—Si tus padres vivieran, estarían muy orgullosos de ti.
Justo en aquel momento entró el padre SiWon. Un hombre alto, que seguramente en su juventud había sido muy guapo, vestido de una sotana negra. Llevaba en su mano un rosario un una biblia. Se dirigía a darle la extremaunción al señor HyunSuk, así que JongIn decidió retirarse del lugar para que el padre y el patrón pudiesen conversar cómodamente.
—Voy a cambiar mi testamento, padre. Y yo necesito que usted me prometa que va a velar porque se cumpla mi última voluntad.
La cara triste del sacerdote cambió a una de sorpresa. Tantos años había esperado a que HyunSuk se arrepintiera de sus pecados, y por fin veía indicios de que, aunque sea al final, iba a cambiar.
—¡Claro que te lo prometo hijo!
...
Había decidido ir a peinar a un par de pura sangre que tenía el patrón en sus establos. Mientras sentía aquel pelaje suave y sedoso, JongIn pensaba en qué pasará con aquellos preciosos caballos a la hora en la que el patrón muriera.
—¡Yo creo que ahí viene la mujer del patroncito!— exclamó uno de los peones que se encontraba en la salida de el establo en el que se encontraba JongIn. Él, como un reflejo, volteó.
A lo lejos se escuchaba el sonido de un auto tronando en contra del camino de terracería, que se acercaba cada vez más. Un Mercedes Benz del año se asomó en la entrada, de la famosa hacienda de su patrón. Rápidamente el automóvil se estacionó y un chófer se bajó para abrir la puerta trasera.
Una mujer de largos rizos negros salió del auto. Su vestimenta era muy diferente a lo que se acostumbraba en el campo. Su vestido negro le llegaba al raz de las rodillas, y un gran sombrero a juego con el vestido adornaba su cabeza. Su maquillaje era oscuro, al igual que su ropa, y sus joyas. De pronto le dirigió una breve mirada al joven JongIn, mientras él se aproximaba al auto de la mujer.
—¿HyunSuk ya murió?
La cara de la mujer reflejaba indiferencia, para ser la amante del señor HyunSuk, no se veía del todo afectada.
—Aún no señora, pero según el médico, es cuestión de horas. —contestó JongIn, un tanto fastidiado por la presencia de la mujer— Sin embargo mi patrón no puede atenderla.
—¡Tu patrón nunca se ha negado a atenderme!— exclamó la mujer mientras doblaba los ojos.
—Lo que pasa, es que el señor HyunSuk está ahora mismo con el padre SiWon. Le está dando la extremaunción.
La mujer ignoró lo que le dijo JongIn, y se dirigió dentro de la gran residencia de su amante. Mientras entraba veía a todos como seres inferiores. Entró a la sala y se sentó en el sofá mientras esperaba a que alguna criada la dejase pasar. Le urgía hablar con HyunSuk, necesitaba ver si sus planes por fin se harían realidad.
—Aquí está su té, señora.
Una de las mujeres de servicio se aproximó hacia ella mientras llevaba consigo una tasa de té y unas galletas. Se notaba a leguas que a la mujer de servicio no le caía nada bien la pedante mujer que tenía delante. SooJung desde que tenía memoria, siempre había visto a la amante del patrón llegar sin falta, una vez al mes, a ver al patrón. Y desde ese entonces, esa mujer nunca se portó bien con la gente de servicio. Los despreciaba, los humillaba y los creía inferiores. Era justo igual que el patrón, ambos creían que por tener dinero, eran los dueños del mundo, pero estaban muy equivocados.
—Nada más, retírate— cortó la mayor.
SooJung simplemente se volteó de mala manera dirigiéndose nuevamente a la cocina, sin embargo el timbre sonó, así que se dirigió a abrir. Era el licenciado Goo, el fiel abogado del patrón, entró diciendo que tenía un asunto urgente que ver con el señor HyunSuk, así que SooJung estaba a punto de dirigirlo a la habitación del patrón, justamente cuando la amante se escabulló para entrar a ver al patrón.
...
—No sabes cuanto me afecta verte así HyunSuk...— lloró la pelinegra— Es que no voy a soportar perderte.
—No seas... hipócrita BoA— susurró el señor HyunSuk, con mucho esfuerzo— Una mujer como tú no tiene sentimientos.
La mujer dejó correr una pequeña lágrima a lo largo de su mejilla. —Escuché que el licenciado Goo vino a verte, supongo que cambiarás tu testamento, ¿no es cierto?
El enfermo hombre solamente se limitó a asentir, sin ningún tipo de expresión en su cara.
—¡Gracias mi amor! ¡Gracias HyunSuk! — BoA comenzó a llenar de besos la cara del moribundo hombre, sin embargo, él se volteó con una mueca de asco.
—Yo fui muy claro BoA, y te dije que no esperaras ni un solo centavo de mi. Prefiero darle el dinero a los perros de la calle, que dártelo a ti...
BoA abrió los ojos, la frase de HyunSuk había sido como una bofetada a su ego, y a su cuenta bancaria. Él no podía hacerle eso, no después de tantos años que desperdició en estar con él. Finalmente, no conseguía nada a cambio.
—Escúchame bien, perro infeliz...— respondió, tomándole el cuello de la pijama al hombre— Morirás como te mereces. Sin hijos, sin familia, sin nadie que realmente te haya querido. Morirás solo, con dinero y sin amor.
La cara de BoA estaba empapada en lágrimas de coraje. HyunSuk solamente se limitó a toser levemente, mientras veía fija e inexpresivamente la figura de su ex amante.
—¡Que NO descanses en paz!
Esa última frase dejó a HyunSuk hiperventilandose, ¿cuanta maldad podría haber en esa mujer?
—¡Oppa!
SooJung había estado todo ese tiempo escuchando detrás de la puerta, mientras la amante del señor Kim y el patrón discutían en su habitación, justamente cuando JongIn pasaba cerca. Le irritaba cuando SooJung le llamaba así, dado que tenían la misma edad y se conocían desde niños, sin embargo, siempre se lo dejaba pasar.
—Dios mío, como odio a esa mujer— rodó los ojos— Imagínate, vino solamente para sacarle la herencia al patrón... es una vieja desgrac-
JongIn tapó la boca de la chica. Unas fuertes taconazos se escuchaban desde el interior de la habitación. De repente salió la bella mujer, con la cara llena de lágrimas, siempre con un semblante que intimidaba a todo el personal de la hacienda. Imponente, esa era una palabra que perfectamente podría describir a la misteriosa amante del patrón.
Cuando ya había salido completamente de la casa, JongIn liberó el agarre de la boca de su amiga, a quien él -cariñosamente- llamaba Krystal.
—Krys, deberías ser un poco más prudente con tu boca. Aparte, nosotros solamente estamos aquí para trabajar, no para chismosear a través de las puertas— la regañó. JongIn siempre era muy responsable y serio con su trabajo.
SooJung simplemente se limitó a hacer un pequeño puchero. Trató de acercarse a JongIn, pero lo que recibió, fue una mirada dura. ¿Por qué JongIn nunca le correspondía sus muestras de afecto?
Suspiró. Algún día recibiría el mismo afecto de parte de JongIn, solamente debía empeñarse más en conseguirlo. Mientras tanto, seguiría con su trabajo.
...
Después del -casi- accidente con la amante del patrón, JongIn decidió mantenerse cerca de Krystal. Quería vigilar que ya no espiara a través de las puertas, ya que si la encontraban haciendo eso, la correrían de la hacienda. Él no quería eso para su amiga.
—¡JongIn! Te están llamando desde la habitación del señor Kim.
JongIn suspiró, cansado. Ya estaba agotado de ir de allí para allá. Desde que el patrón comenzó a enfermar, no lo dejaba en paz, siempre manteniendolo en un vaivén, pidiéndole las cosas más estúpidas que parecieran que fuesen simples excusas para verlo.
Qué estupideces. ¿Para qué quisiera el patrón ver a un simple peón de su imperio?
—Buenas tardes, señor Kim— JongIn hizo una reverencia— ¿Se le ofrece algo?
—Siéntate, muchacho.
JongIn siguió sus órdenes y se sentó en una silla cerca de la cama donde HyunSuk estaba acostado.
—He cambiado mi testamento.
JongIn levantó las cejas, fingiendo interés. —Bueno, eso creo que es más asunto de un abogado, señor.
HyunSuk soltó un poco de aire, se suponía que debía ser una risa, pero sus pulmones estaban realmente débiles. Sentía que su visión cada vez se volvía más y más distorsionada. Un sentimiento de paz comenzaba a inundar su ser. Ya estaba llegando su momento, sin embargo, para redimir sus pecados, debía hacer algo más.
—No me entiendes... —el mayor tomó un poco de aire— He cambiado mi testamento a tu nombre... JongIn. Tu eres... el heredero universal... de mi fortuna...
—¿Qué?
La respiración de JongIn se volvía acelerada, mientras la del otro hombre desaparecía con cada segundo que pasaba.
—Tu... Jong In. Kim Jong In... tú eres mi hijo.
HyunSuk soltó el último suspiro. Su mente y cuerpo por fin sintieron aquel descanso eterno del que todos hablan. Mientras tanto, el menor trataba de despertarlo de aquel eterno sueño. Le dio algunos golpecitos en la cara para tratar de despertarlo, pero fue en vano. Kim HyunSuk había muerto, no sin antes dejar el mundo de JongIn de cabeza.
¿Cómo era eso posible? Toda su vida creyó que él era un Lee. Lee JongIn era su nombre. Según su abuelo -quien lo crió desde nacido-, sus padres murieron cuando él estaba muy pequeño. Su madre falleció en el parto, y su padre, sufrió de un trágico accidente. Esto tenía que ser una broma muy pesada. No podía ser posible. ¿Su padre? ¿Aquel infame hombre, al cual había maldecido en secreto incontables veces?
Sin darse cuenta, sus pies comenzaron a obrar sin pensar. Corrió hacia la capilla de la hacienda, en donde el padre SiWon se encontraba rezando un rosario. Las lágrimas corrían sobre todo su rostro, desesperado se aproximó hacia el sacerdote.
—¡Padre! Por favor, dígame que no es cierto.
Por la expresión en el rostro del menor, SiWon dedujo lo que JongIn estaba preguntando.
—Sí hijo, tu padre es Kim HyunSuk.