INTRODUCCION
¿Se preguntan los deportistas profesionales por qué les tocó tener esta capacidad física fuera de lo común? Es decir, ¿se preguntan por qué ellos sí y otros no? ¿Lo hacen los músicos, los dibujantes o los pintores muy talentosos? Tal vez no, simplemente nacen con un talento especial y llevan una vida de esfuerzos para desarrollarlo. Entonces, ¿debería preguntarme por qué nací con la capacidad de escuchar voces del “más allá”? Lo cierto es que, a diferencia de millones de personas, yo escucho voces que deduzco son llegadas desde el mundo espiritual, éstas me guían, me advierten y a veces, hasta me aconsejan.
No son voces que lleguen hasta mis oídos con la misma claridad con que lo hacen las voces normales de las personas que me rodean, es más, ni siquiera son voces, son más bien ideas que llegan hasta mi mente con mayor o menor claridad dependiendo de alguna circunstancia que desconozco.
Durante mi niñez, tener esta capacidad especial me hizo pasar varios malos momentos. Hasta podría decir que toda mi niñez estuvo negativamente afectada por ser así. Burlas, malentendidos, acusaciones y sospechas de tener un problema mental, abundan en los primeros recuerdos de mi vida.
Cuando hasta yo mismo dudaba si estaba medio loco o no, la vida puso en mi camino a un maestro, un hombre oriental que hablaba con un marcado acento, pero que supo explicarme qué era lo que me pasaba y me enseñó a transformar ese aparente defecto en una virtud.
Posteriormente leí muchísimos libros sobre religiones, esoterismo, curaciones, vida después de la muerte, personas que tuvieron una experiencia cercana a la muerte y luego contaban lo que habían visto, etcétera. Nada me llegó a convencer lo suficiente, tal vez en algunos casos hubiese necesitado una explicación adicional. De todo ese material que leí con voracidad, elegí la palabra chamán para intentar identificarme. No era la palabra totalmente adecuada, pero se acercaba mucho más que otras palabras que no me convencieron en absoluto.
Un chamán es el puente de contacto entre este mundo y el “más allá”. Puede curar tanto física como espiritualmente a otras personas, puede aconsejar, guiar, interpretar los sueños y pesadillas, una infinidad de cosas que ocurren desde tiempos inmemoriales. No es exactamente lo que yo hago, porque por ejemplo nunca intenté curar a alguien enfermo, pero en algunos casos se parece bastante. Al principio yo solamente podía escuchar “voces”, después el maestro Hao me ayudó a desarrollarme para, por ejemplo, viajar al mundo espiritual, ser fuerte ante espíritus malignos y usar ese talento que me hacía diferente para ayudar a los demás.
Mi conciencia, repetía muchas veces el maestro, es la embajada de Dios en mi interior. Siempre hay que consultar y obedecer la voz de la conciencia y siempre, además, debemos estar motivados por el propósito más elevado posible. La arrogancia y el egocentrismo llegan después de haber ignorado completamente la voz de nuestra conciencia y de haber perdido el rumbo hacia dónde debemos dirigir nuestras energías.
Nunca me vi a mí mismo como una persona que pudiese cobrar dinero para hacer lo que supuestamente hace un chamán. Sentí que esto podía llegar a crear un desbalance injusto con respecto a otra persona que no cuente con dinero para contratarme o que simplemente no llegue a conocerme. Leer las manos, curar enfermedades, traer de vuelta a un enamorado que se fue, proveer buena fortuna antes de empezar un negocio y otras cosas similares no me convencían como profesión para alimentar a mi familia.
Durante mi adolescencia se cruzó por mi camino una familia a la que quise impresionar. Me enteré de que una persona le estaba trayendo problemas al padre de la familia y yo intenté ayudarlo usando ciertas técnicas que había aprendido con el maestro Hao. Gracias a esta experiencia aprendí dos cosas importantes. Una de ellas fue que no debía usar mi don espiritual para impresionar a alguien, eso era algo simplemente irresponsable. Y la segunda enseñanza fue haber encontrado un camino donde aplicar mi particular talento y al mismo tiempo generar recursos económicos para en el futuro alimentar a mi familia. Sería un investigador o, mejor dicho, sería un chamán e investigador. Brandon Nagha, chamán e investigador.
El primero que lo supo fue mi maestro, no podía decidir algo tan importante sin consultarlo. Yo estaba decidido, ya sea con su aprobación o con su indiferencia hubiese emprendido aquel camino en mi vida de todos modos. Pero si él claramente me hubiese dicho que no creía conveniente que yo sea investigador, entonces me lo hubiese replanteado. Inmediatamente que le expuse mi proyecto, el maestro lo aprobó con alegría, solamente me aclaró que no olvide de ser fiel a mi conciencia y que no tome casos de rencillas personales, más allá de lo que haga, que siempre esté la meta de ayudar a la totalidad por sobre todas las cosas.
Yo era apenas un adolescente por aquellos días. Hice un curso sobre ciertas leyes y regulaciones que deben reunir los investigadores privados y obtuve una licencia. Hasta podía empezar a portar armas si lo hubiese deseado. Apenas lo podía creer. Comencé a planear de dónde podría obtener dinero para alquilar una oficina donde establecer mi cuartel general, pero tanto el maestro como mi padre me dieron el mismo consejo para resolver ese problema. Los dos me dijeron que vaya a una imprenta, ordene mi primer juego de tarjetas personales y las reparta a toda persona que conozca. Si en el futuro la profesión me daba dinero, entonces podía alquilar una oficina o comprar un edificio, pero hasta tanto que mi oficina sea cualquier mesa de cualquier bar de cualquier ciudad.
Nunca porté armas ni tuve el deseo de hacerlo. ¿Qué podía hacer con un arma, dispararle a alguien? Nunca lo hubiese hecho. Todos, hasta el peor criminar, llevamos en nuestro interior un pequeño pedazo del amor universal y de la energía universal que mantiene el mundo funcionando. Detrás de las gruesas capas de errores de un criminal, hay una esencia original divina, hermosa, amorosa que fue creada para el bien, para armonizar con todos los seres de la creación. Si yo asesinaba al criminal, también lo estaría haciendo con esa valiosa parte y lo que es peor, le estaría quitando la posibilidad de un arrepentimiento antes de abandonar esta vida. No, yo no podría haberle disparado a nadie.
Para mi sorpresa y como muestra de inmadurez, el dinero no comenzó a llover del cielo como el maná. No mucha gente necesitaba un investigador privado y quienes tal vez pudieran llegar a necesitarlo, relacionaban la imagen de un investigador con otra persona, muy diferente a mí, un chico recién salido de la escuela secundaria. Por un tiempo la licencia de investigador me sirvió solamente como respuesta cuando me preguntaban a qué me dedicaba, al menos no tuve que mantener una oficina abierta ni pagar un alquiler.