Capítulo Único
– Jimin, ya es suficiente.
El pelirrojo gruñó una vez más mientras retiraba la botella de tequila de la boca de su mejor amigo.
La música era suave y tranquila. Nada comparado con los lugares ruidosos y abarrotados de gente a los que solían frecuentar, pero es que está ocasión era distinta.
Era una de esas noches en las que Jimin ahogaba sus penas en alcohol. En las que su querido mejor amigo necesitaba desahogarse de sentimientos y ahogarse en líquidos transparentes que quemaban la garganta.
– ¡Más! – pidió eufórico llamando la atención de las personas en el bar – ¡Todavía sigo pensando en él!
A regañadientes, Taehyung le entregó la botella de nuevo y no porque quisiera que siguiera tomando, si no porque Jimin estaba a punto de caerse de la silla por tratar de recuperarla.
De todos modos, solo le quedaban algunas gotas.
Cuando Jimin por fin dejó la botella vacía, pidió una nueva al barman, este solo miró al pelirrojo, quien negó sutilmente.
El rubio hizo un puchero al darse cuenta. Intentó robarse la margarita de su mejor amigo, pero Taehyung fue más rápido y se la bebió de un solo trago.
– No es justo – puchereó con ojos húmedos – ¡Nunca obtengo lo que quiero! – sollozó.
En ese momento, una balada nostálgica comenzó a escucharse por todo el lugar, dando más dramatismo a la escena de su mejor amigo. Taehyung suspiró, sería una larga noche.
– Sabes que eso no es cierto, Jimin – intentó convencerlo, sin resultado alguno.
– Está en celo… – respondió ahogado – ¡Su estúpido novio está en celo! – gritó con rabia una vez más.
Taehyung se encogió en su sitio, avergonzado por todas las miradas puestas en ellos gracias a su muy borracho mejor amigo. Su nariz comenzó a picar, lo que faltaba, Jimin borracho y liberando feromonas de tristeza.
Era cuestión de tiempo a que un tonto alfa descerebrado se acercara para intentar consolar al omega de su amigo.
– Pensé que Jungkook era… – rascó su cuello, incómodo – Ya sabes… que quería esperar a su omega destinado..
– ¡Lo es! – gritó una vez más – Lo es… o lo era… – dijo con pena antes de esconder su rostro entre sus brazos.
Unos segundos pasaron y Taehyung realmente pensó que el rubio se había quedado dormido, apoyado en la barra, con su cara oculta, era imposible saberlo.
– ¿Jim…
– ¡Jungkook es mío! – gritó levantándose como si de un resorte se tratara, asustando al pelirrojo – Jungkook… Kookie es mío… – su tono fue bajando con cada palabra, al igual que su rostro se entristecía – ¡MÍO! – volvió a gritar.
Taehyung se apresuró a tapar la boca de su mejor amigo para que dejara de gritar. Gruñó bajo.
– Está bien, ya es suficiente. – gruñó mientras se ponía de pie.
El pelirrojo sacó su billetera y dejó un par de billetes sobre la barra del bar. Suficiente para pagar las bebidas y un extra que serviría de propina por las molestias.
Con toda la delicadeza que su mal humor le permitía, tomó al rubio por la cintura y lo bajó de la alta silla, sosteniéndolo bien contra su cuerpo para que no se cayera.
Tenían que salir de ahí, dos omegas dentro de un bar a esas horas de la noche, oliendo a tristeza y borrachos, no era una buena combinación. Aunque uno de ellos ya estuviera marcado.
– No quiero irme – gimoteó entre hipidos, pero dejándose hacer por su mejor amigo. – ¡Tae, aún hay muchas botellas de tequila que beber! – aseguró entre risas divertidas.
– No más tequila para ti, jovencito – gruñó mientras sacaba a un lánguido rubio del lugar – Te llevaré a casa.
Esas simples palabras fueron suficientes para despejar la mente del rubio por un par de segundos.
– ¡NO! – forcejeó, mientras nuevas lágrimas escapaban de su rostro – A cualquier lugar, menos a casa – suplicó sosteniendo al contrario por el cuello de su camisa.
– Jimin…
– ¡A tu casa, llévame a tu casa! – suplicó mientras colocaba sus mejores ojos de cachorro abandonado, o al menos lo intentó.
– No te voy a llevar a casa, Jimin – bufó – A Yoongi no le gusta cuando llegas oliendo a alcohol y mucho menos borracho.
Jimin intentó pronunciar aún más su puchero, sus gruesos labios sobresaliente tontamente.
– Tu alfa es un amargado – afirmó.
Taehyung levantó una ceja – ¿Ya olvidaste lo que sucedió la última vez?
– ¿Última vez? – ladeó la cabeza confundido. El alcohol en su sistema le imposibilitaba recordar siquiera lo que almorzó ese día.
– Rompiste uno de sus parlantes favoritos cuando intentabas demostrar que no estabas borracho parándote de manos…
Jimin no dijo nada por unos segundos, su mente haciendo un esfuerzo sobrehumano por recordar la situación de la que su mejor amigo hablaba. Cuando al fin lo logró, las carcajadas no se hicieron esperar.
El pelirrojo bufó mientras seguía arrastrando a su mejor amigo, quien no paraba de reír histérico, hasta su auto.
– No tengo idea de por qué hice eso – dijo cuando al fin las carcajadas se detuvieron – ¿Por qué hice eso? – volvió a reír.
Cuando llegaron al vehículo, Taehyung rápidamente sacó las llaves y quitó el seguro. Más rápido aún, metió a su mejor amigo dentro de este, asegurando el cinturón de seguridad alrededor de su delgado, pero fuerte cuerpo.
Cerró la puerta y rodeó el pequeño spark color negro. Un auto sencillo, pequeño y económico, pero que cumplía con su función.
Una vez adentro, se dio cuenta que las risas borrachas de su mejor amigo se habían detenido y habían dejado atrás nada más que un semblante triste y decaído.
– Jimin…
– No quiero ir a casa… – dijo melancólico.
Es que realmente no quería ir. Una de las razones por las que había llamado a Taehyung y habían terminado en ese bar hasta tan altas horas de la noche es que no quería estar en esa casa que compartía con cierto Alfa tonto de cabellos tan oscuros como la noche.
No quería estar ahí cuando el alfa llegara impregnado del aroma dulce y de celo de otro omega que no fuera él. No quería estar ahí después de saber que su alfa ya nunca más le pertenecería.
No quería estar ahí cuando Jungkook llegará después de haber marcado a su estúpido novio.
Si tan solo le hubiera confesado al estúpido alfa que llevaba años enamorado de él.
– Jimin…
– Llévame a un hotel – exigió con lágrimas en los ojos, por unos segundos, Taehyung pensó que se le había pasado la borrachera – O mejor compremos un departamento, no ¡Mejor una casa! Y nos mudamos tú y yo, dos omegas rebeldes sin alfas estúpidos.
Quizás no.
– Jimin, no tenemos ni dónde caernos muertos ¿Cómo vamos a comprar una casa?
El rubio se le quedó mirando unos segundos antes de soltar un pequeño hipo y comenzar a reír a carcajadas nuevamente.
Taehyung bufó y sin esperar un segundo más, arrancó el pequeño auto, dejando atrás otra de esas noches en las que Jimin se emborrachaba por Jungkook.
No solía pasar a menudo, pero definitivamente habían aumentado cuando ambos chicos decidieron rentar un apartamento entre ambos. Le había advertido a Jimin que era pésima idea, vivir con tu Crush de toda la vida era como lanzarse una soga al cuello.
Pero cómo a Taehyung nadie le hace caso…
Ahora las visitas al bar se habían convertido en salidas de hasta tres veces por semana y todo porque el Alfa había comenzado a salir con otro omega.
A Taehyung no le molestaba, era lo único que podía hacer por su mejor amigo, además de aconsejarlo, pero es que Jimin era tan terco como una piedra.
A veces la razón no importaba cuando del corazón se trataba. Podías estar seguro de lo que necesitabas hacer para alejarte, pero cuando el corazón decidía quedarse, no había razón que le hiciera cambiar de opinión.
Por eso estaban en esta situación. Con un Jimin sumamente borracho, riendo mientras lloraba, y un Taehyung gruñendo cada que Jimin lo golpeaba en sus ataques de risa.
En menos de media hora, ya el auto estaba estacionado fuera del edificio del rubio. Taehyung estuvo a punto de quitarse su cinturón de seguridad y así ayudar a salir a su mejor amigo, cuando este lo detuvo.
– Estoy bien – aseguró desabrochando el mismo el cinturón – Puedo solo.
Abrió la puerta del vehículo y salió. Taehyung lo miró preocupado cuando este tambaleó por unos segundos.
– Déjame llevarte a casa – pidió desde su asiento.
– Ya lo hiciste – sonrió – Ahora vete, Yoongi me va a matar si llegas después de que salga el sol.
El pelirrojo dudó por unos segundos, la verdad es que ya era bastante tarde.
– ¿Seguro estarás bien? – preguntó y el rubio asintió rápidamente, tan rápido que se mareo por unos segundos – ¿Prometes no quedarte dormido en el ascensor?
Jimin rio divertido, no era la primera vez que ocurría.
– ¡Lo prometo! – respondió eufórico llevando su mano hasta su frente en forma de saludo militar – No vomitar… es otra historia – carcajeó.
El pelirrojo le siguió. Jimin era tan divertido cuando estaba borracho.
– Apresúrate y entra, no me iré hasta que cruces esa puerta – señaló la entrada del edificio
Jimin rechistó, había pensado en huir lejos, pero su mejor amigo era muy inteligente. De todas maneras, no pensaba que pudiera llegar lejos en su estado. Se encogió de hombros y se despidió de su mejor amigo como un militar lo haría.
– ¡Sí, señor! – dijo antes de lanzar un beso hacia su TaeTae.
Rápidamente, se dio la vuelta y comenzó a caminar tan erguido y recto como su borrachera le permitía. Le tomó más tiempo abrir la puerta de lo que esperaba, pero una vez adentro se permitió respirar profundo y observar, a través de los ventanales, el auto de su mejor amigo alejándose.
Meditó algunos minutos sobre si subir a su departamento o quedarse a dormir en los sillones del recibidor. Se veían tan tentadores ahora mismo… todo era mejor que subir a un departamento impregnado del olor del alfa que no podía tener.
Respiró profundo y dejó escapar todo el aire de sus pulmones. Era mejor idea subir, tomar mucha agua, quizás darse una larga y caliente ducha, comer algo y no tratar de morir en el intento.
Quizás un gancho en la nariz ayudaría, quizás.
De todas maneras, el alfa no volvería hasta dentro de una semana aproximadamente…
Una semana… un celo… una semana… una marca… un vínculo…
Un nudo se formó en su estómago. Ahora sí que lo había perdido para siempre.
Es que el alfa era virgen. Jungkook siempre se había regocijado de ello, alardeando de que estaba esperando al omega indicado, a su alma gemela, a su destinado. Por eso había sido tan duro para Jimin que el alfa hubiera tomado la decisión de pasar el celo con su novio…
Respiró profundo una vez más para evitar que más lágrimas siguieran cayendo y como si sus pies fueran dos bloques de cemento, caminó hasta el ascensor y presionó el octavo piso.
Jimin tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no vomitar con el movimiento ascendente del ascensor.
Una vez el pitido se escuchó dentro del pequeño aparato, asegurándole que había llegado a su destino, caminó casi que con los ojos cerrados. Estaba cansado, cansado de la vida que llevaba, de sufrir por un alfa que no podía ser suyo, cansado de sufrir por su cobardía, por no haber sido lo suficientemente valiente como para confesar sus sentimientos.
Pero es que todo era culpa del Alfa, culpa de que nunca le haya dado un indicio de que lo quisiera como algo más que un compañero de piso, más que como un amigo.
– Estúpido alfa de pacotilla – murmuró para sí mientras intentaba introducir la llave de su departamento.
El exquisito olor a pino y madera que tanto le gustaba combinado con el suyo propio lo golpeó de lleno, haciéndole gimotear melancólico.
Tendría que mudarse lo antes posible. Odiaba la idea de que ese olor estuviera combinado de por vida con uno que no fuera el coco y la vainilla que desprendía su glándula.
Una vez adentro, cerró la puerta un poco más fuerte de lo que esperó. No sabía si había sido el viento o la rabia que comenzaba a crecer en su interior.
De lo único que sí estaba seguro, o al menos su mente dormida por el alcohol le hacía creer, eran los pasos apresurados que se dirigían a él a toda velocidad.
En pocos segundos, las luces se encendieron y un atribulado azabache con su rostro desfigurado con lo que parecía ser preocupación, se dejó ver entre la claridad.
– ¿K-Kookie? – preguntó confundido intentando adaptarse a la luz.
– ¡Jimin, por todos los cielos! – el alfa corrió hasta él para verificar que estuviera en una sola pieza – ¿Sabes lo tarde que es, dónde estabas? ¿Estás borracho? – preguntó con el ceño fruncido.
Jimin parpadeó anonadado. ¿De verdad Jungkook estaba ahí? Su traicionera nariz olisqueó el aire en busca de un aroma extraño, pero no había nada. Nada más que el exquisito olor a pino y madera, combinado con feromonas de preocupación.
¿Estaba preocupado por él?
– Y-Yo… – tartamudeó sin saber qué decir. Aunque el choque de haber encontrado a Jungkook en el departamento oliendo nada más que a él mismo, había enviado toda borrachera muy lejos, aún no podía creer que estuviera allí. – Pensé… yo pensé que estarías con... con…
Si de algo estaba seguro Jimin, era que de su boca jamás saldría las palabras “tu omega” si no era para referirse a él mismo.
Porque Jungkook era su alfa y él era su omega.
Si tan solo pudiera decir esas palabras en voz alta…
Jungkook retrocedió unos pasos y desvío la mirada al suelo. Jimin tragó grueso y un nudo se formó en su estómago.
– No pude… – respondió bajito, casi inaudible.
– ¿Eh? – exclamó el rubio confundido, lo había escuchado, pero no quería ilusionarse tan rápido.
– No pude hacerlo… – volvió a repetir – Él estaba en celo… pero, pero sus feromonas no causaban ningún efecto en mí – concluyó avergonzado.
Quizás era un alfa defectuoso, quizás él estaba confundido, quizás… quizás su lobo ya había encontrado a su pareja destinada en otra persona…
Jimin intentó, realmente intentó no sonreír, pero sus traicioneros labios se levantaron en una radiante sonrisa. También intentó no liberar feromonas de felicidad, pero su lobo aullaba y movía su cola alegremente.
Y finalmente intentó, de verdad que lo hizo, el no liberar feromonas de apareamiento, pero le fue imposible. Su parte humana estaba un poco adormilada por el alcohol restante en su sistema y su omega quería descubrir si el alfa reaccionaba a su aroma.
Y vaya que no estaba equivocado.
Los ojos del Alfa habían pasado de ser profundos y oscuros, a ser rojos y brillantes. Logrando que el Omega reaccionara y mostrara sus preciosos ojos azules cielo.
– Ji-Jimin… – dijo con dificultad antes de respirar profundamente, mareándose con el embriagante olor a coco y vainilla.
Jimin se acercó lentamente hasta estar a solo centímetros del más alto. Sintiéndose mejor que nunca antes, sintiendo como el alcohol le ayudaba a desinhibirse.
Quizás esta sea su oportunidad y no la iba a desaprovechar.
– ¿Sí, Jungkookie? – respondió dejando escapar un poco de su tibio aliento muy cerca de los labios del Alfa.
Jimin sonrió al notar como se comenzaban a mostrar los colmillos del Alfa. El potente rojo en los ojos del contrario causaba estragos en su interior, haciéndolo liberar aún más sus feromonas para atrapar al alfa en una burbuja de la que no podría escapar. Su excitación creciendo con cada segundo.
Jungkook por otro lado se sentía mareado. Jimin olía como el mismísimo cielo. Su alfa gruñía y rascaba su pecho, exigiéndole que tomara al Omega y lo hiciera completamente suyo.
Su Omega.
– Ji-Jimin… – fue más un gruñido que una palabra.
Las manos de Jungkook picaban por tocar el delicado y esbelto cuerpo del Omega, pero es que Jimin era su compañero de piso, uno de sus mejores amigos y aunque siempre hubiera tenido sentimientos por el mayor, aunque su lobo se sentía tranquilo rodeado por el aroma del Omega, no sabía si Jimin realmente quería eso.
Jimin nunca le había dado señales de que se sentirá atraído por él…
Haciendo uso del poco autocontrol que le quedaba, se separó del caliente cuerpo del contrario y dio más de dos pasos hacia atrás, tambaleándose en el intento.
Tenía una enorme erección entre las piernas, su piel ardía y sus colmillos picaban por perforar esa suave y tersa piel blanquecina.
– ¿Qué sucede? – preguntó el rubio con un pronunciado puchero – ¿No me deseas, Jungkookie? – preguntó acercándose nuevamente al más alto.
Jimin llevó pequeñas manos hasta el pecho del contrario, lenta y sutilmente, midiendo la reacción del Alfa. Pero al no obtener más que un jadeo entrecortado y un potente brillo esmeralda en sus ojos, sonrió satisfecho.
– Jimin… ¿Qué…? – su pregunta fue cortada con un gruñido cuando el rubio rozó uno de sus pezones con sus tiernos deditos – De-Detente… – jadeó cuando otra mano se posó en su pecho.
– ¿De verdad quieres que lo haga? – preguntó en su lugar.
Las mejillas del rubio estaban teñidas de un precioso rosado, combinándose perfectamente con el celeste de sus ojos. Sus ojos estaban vidriosos y sus pupilas dilatadas a casi un cien por ciento. Dándole al alfa una de las vistas más hermosas que alguna vez haya tenido.
La erección de Jungkook se sacudió entre sus pantalones, gruesa, llorosa y adolorida. No podía creerlo, no podía creer como su lobo reaccionaba tan fácilmente a Jimin, que ni siquiera estaba en celo.
– Sí… – respondió bajo, con un gruñido de necesidad que contrarrestaba con su respuesta.
El cuerpo de Jimin se estremeció bajo la gruesa voz del alfa y su excitación creció a tal punto que su lubricación comenzó a salir, llenando el lugar de su almizclado olor.
Jungkook gruñó cuando su nariz captó tan exquisito aroma y sus feromonas no tardaron en dispersarse, excitación y advertencia. Advertencia para los demás alfas, porque él estaba reclamando a ese Omega como suyo.
– Mentiroso… – el rubio gimoteó al sentirse rodeado de esas fuertes feromonas – Bésame Jungkook… por favor… – jadeó a tan solo unos centímetros de la boca del contrario.
– Si lo hago… – gruñó sin apartar la mirada de los gruesos y apetitosos labios del más bajo – No podré detenerme después – aseguró llevando sus manos hasta la estrecha cintura del rubio en un agarre posesivo.
Jimin se estremeció por completo, sintiendo el calor abrazar su cuerpo sin piedad alguna. Sus manos fueron hasta los hombros del más alto cuando sus piernas temblaron de excitación. Se sentía mareado, el caliente aliento del alfa convirtiéndose en su droga favorita.
Ambas respiraciones entrecortadas, ambos alientos mezclándose deliciosamente, ambos liberando feromonas de apareamiento tan fuertes que sus cuerpos vibraban.
Jadeando de pura excitación y sin poder resistirlo más, Jimin unió sus esponjosos labios con los delgados del más alto, en un beso desesperado y necesitado.
Ambos gimieron ante el contacto, húmedo y caliente, dulce y deseado.
El agarre de Jungkook sobre la cintura de Jimin se intensificó, pegándolo a su cuerpo necesitado, sintiendo la erección del contrario contra la suya propia.
Por otro lado, Jimin envolvió sus brazos alrededor del cuello del azabache, enredando sus dedos en esas hebras suaves y oscuras mientras inclinaba su cabeza para profundizar aún más el caliente beso.
Era una lucha por el poder, una lucha de necesidad palpable. El choque de labios que ambos habían anhelado en secreto. Cuando sus lenguas se unieron el alfa gruñó y el cuerpo del Omega tembló en necesidad.
No pasó demasiado antes de que el Alfa sometiera al omega a su voluntad. Empujando su lengua profundo en la boca de Jimin, tomando todo lo que había deseado desde hace mucho, proclamándose único dueño de los suaves gemidos del Omega y del estremecimiento de su cuerpo.
Las feromonas de Jungkook aumentaron en intensidad, causando un efecto dominó en la lubricación de Jimin, este gimió, aferrándose al fornido cuerpo del Alfa antes de que sus piernas fallasen.
El rubio se sentía en las nubes, nada de lo que hubiera imaginado alguna vez se comparaba con tener al Alfa que tanto deseaba besándolo de esta manera, tocando su cuerpo y restregándose necesitado contra su polla dura.
Jimin gimió cuando Jungkook mordió su labio inferior, sus colmillos punzando antes de lamer y calmar el dolor.
– Mío – gruñó, sus labios deslizándose por el cuello del Omega, succionando y marcando la lechosa piel.
– A-Alfa~ – gimió descarado permitiéndole acceso completo a su cuello sin marcar – Uhgg...
La sensación de la húmeda y caliente boca del Alfa tenía a Jimin gimoteando de necesidad. Sus ojos fuertemente cerrados cuando Jungkook llegó hasta su glándula y olfateó por unos segundos. Un gemido roto escapó de su garganta cuando los finos labios del alfa se cerraron en ese lugar para después comenzar a succionar la fuente de su dulce olor.
Cuando no quedó espacio sin marcar en el cuello de Jimin, Jungkook abandonó su nuevo lugar favorito en el mundo solo para ver el hermoso desastre que el rubio era.
Mejillas sonrojadas, labios hinchados y húmedos, pupilas dilatadas y vidriosas reflejando nada más que cruda necesidad.
Jungkook se tragó un gruñido posesivo. Su alfa demandando tomar al Omega como suyo.
– Ji-Jimin… – procuró decir, su parte racional intentando por última vez asegurarse de que Jimin también quería esto.
– No te detengas – jadeó él rubio tomándolo de la nuca y pegando aún más sus cuerpos – Alfa~ te deseo tanto…
No podía no decirlo, había esperado tanto tiempo la más mínima oportunidad para acercarse de esta manera a Jungkook, al Alfa que lo traía loco desde hace años. Al único alfa que su Omega quería como compañero.
¿Pero quizás estaba yendo demasiado lejos? ¿Quizás estaba presionando a Jungkook para hacer algo que de verdad no quería? Quizás sus feromonas eran demasiado fuertes… atrayendo al Alfa del azabache a una trampa de la que no podía escapar.
Aunque todo pensamiento fue enviado lejos cuando el rojo en los ojos del contrario se intensificó a tal punto que parecían dos preciosos rubíes, dándole la respuesta que necesitaba.
– ¡Mío! – volvió a gruñir el azabache tan roncamente que Jimin se sintió desvanecer allí mismo.
Las piernas de Jimin temblaron. La sumisión característica de su Omega se quiso hacer presente, pero el alcohol en sus venas era mucho más fuerte.
Una sonrisa ladina apareció en su rostro y sus ojos brillaron en celeste cielo.
– Alfa ~ – gimió con su voz aguda, provocándole.
El azabache intensificó su agarre en la estrecha cintura del más bajo, todo su cuerpo vibrando por la necesidad de tomar al rubio, someterlo y hacerlo suyo de por vida.
Pero el menor sabía que sólo era su alfa quien hablaba por él, quien quería salir y actuar por él, pero la verdad es que él era virgen y su parte humana tenía miedo de decepcionar a quien ahora consideraba su Omega.
~ J-Jimin – su voz salió entrecortada, luchando contra los deseos de su alfa, sintiendo el pánico recorrer sus venas.
– Shh~ – susurró el rubio entendiendo a la perfección los sutiles tonos agrios en el delicioso aroma del alfa. Sus brazos aferrándose al cuello contrario, su pecho juntándose con el fuerte de su alfa – Quiero esto, Jungkook… – susurró tan suave y tan cerca que su cálido aliento chocó con los finos labios del azabache.
– P-Pero… – su voz salió temblorosa, pero contrastaba con la firmeza con la que sostenía la cintura del más bajo.
Jimin solo ladeó su rostro, acercándose tanto al Alfa que sus labios rozaban, que sus alientos se mezclaban, que sus aromas se fundían en un solo aroma afrodisíaco.
– Déjame guiarte, déjame hacerte sentir bien, déjame darte placer – gimió descaro sosteniendo firmemente los cabellos del contrario, manteniéndolo en su lugar. Sus pies en punta y su cuerpo fundiéndose con el del más alto – Por favor~ – suplicó abriendo sus labios y entrecerrados sus ojos – Alfa~ – gimió con voz dulce y suave.
Entonces ninguno de los dos pudo resistir más el deseo que carcomía todo su interior, las ganas que nublaba sus sentidos, ni mucho menos el instinto de sus lobos.
Sus labios se unieron con una fuerza avasalladora. Los pomposos de Jimin con los delgados y suaves de Jungkook. El rubio gimió de deseo contenido y el alfa lo acompañó con un gruñido de posesión que haría temblar a cualquiera que quisiera acercarse a su Omega.
Los cortos dedos de Jimin se cerraron sobre los finos cabellos de la nuca de su alfa mientras su cuerpo se pegaba aún más al caliente del contrario. Su boca se abrió y cuando su lengua se unió a la húmeda del Alfa este gimió gustoso, derritiéndose en el dulce sabor del menor.
Por otro lado, los brazos de Jungkook se cerraron alrededor del delgado cuerpo del Omega. Su brazo izquierdo rodeaba su perfecta cintura, mientras que el otro subía por su espalda hasta que su mano se cerró sobre la suave nuca, ejerciendo presión hacia él en un vago intento de fundirse con el contrario.
Jimin gimió cuando los colmillos de Jungkook apresaron su labio inferior causando un dolor placentero que se alojó en su bajo vientre. Se sintió desfallecer cuando el Alfa calmó ese suave dolor con su propia lengua para después succionar y fundirse en otro beso desesperado.
Parecía que ninguno de los dos podía tener suficiente del contrario. Jimin se aferraba a los labios de Jungkook como un sediento de aferraba al agua fresca.
Jungkook por otro lado no sabía lo que estaba haciendo, solo se dejaba llevar por lo que su alfa deseaba. Siendo incentivado por los dulces gemidos que liberaba el Omega.
Se sentía en el paraíso. El aroma de Jimin era tan embriagante que comenzaba a sentirse mareado de deseo. Necesitaba más de él y lo necesitaba ahora.
Llevó sus grandes manos hasta el suave rostro del Omega y acunó sus mejillas dulcemente. Profundizó el beso unos segundos más, tragándose los deliciosos gemidos del Omega.
Cuando decidió romper el ardiente beso, lo hizo con una sensual mordida de labios que dejó a Jimin jadeando por más.
– Enséñame – pidió sin aliento. Escarlata y azul cielo conectándose tan profundamente. – Enséñame a complacerte, enséñame a darte placer, enséñame… enséñame a amarte…
Jimin gimió y tuvo que sostenerse de los brazos del Alfa para no perderse entre tanta ternura.
¿Cómo es que Jungkook podía ser tan sexy y tierno al mismo tiempo?
– Alfa~ – dijo dulcemente con una enorme sonrisa en sus labios. Sus celestes ojos brillando más que el firmamento.
Entonces lo tomó de la mano y lo llevó consigo hasta su habitación. Quería a Jungkook rodeado de su aroma y nada más que su aroma. Quería que no solo se sintiera cómodo, también quería que grabara como fuego en su mente y corazón lo que iba a pasar esta noche.
Jungkook sintió por unos segundos a su alfa ronronear al sentir como el aroma de Jimin le daba la bienvenida. Se sentía bien, se sentía feliz, a gusto, deseoso… como si Jimin hubiera sido hecho para él y él para Jimin.
Sus feromonas se dispersaron sin que pudiera evitarlo, intentando llenar el espacio y mezclarse con las del Omega, intentando convertir el lugar en algo de ambos, intentando convertirlo… en su pequeño nido de amor.
– Siéntate – pidió Jimin señalando la amplia cama. Sus piernas temblaban por las fuertes feromonas del alfa, pero eso no lo detendría.
El alfa asintió y tomó asiento al borde del suave colchón. Sus ojos conectándose con los del Omega, sus manos apretando las sábanas con fuerza en un intento de detener a su lobo que solo quería saltar y tomar al Omega de una buena vez por todas.
Jimin por otro lado se quedó de pie, tragando grueso mientras observaba el deseo ardiente en los ojos de su Alfa.
Entonces sus manos fueron lentamente hasta los botones de su oscura camisa. En un ágil movimiento el primer botón fue deshecho y el gruñido que escapó de los labios del Alfa solo hizo que su entrada se contrajera y su polla saltara adolorida.
Aún así continuó, sin apartar un solo segundo sus ojos celestes de esos rojos que se iban oscureciendo aún más con cada botón que desabotonaba.
Observar como la respiración del alfa se hacía cada vez más pesada, como sus manos se volvían puños sobre la sábana con cada porción de piel nueva que dejaba al descubierto, era simplemente hilarante.
El cuerpo de Jimin vibraba de deseo contenido. Su entrada lubricaba sin control, llenando la habitación de su almizclado olor.
Jungkook volvió a gruñir cuando Jimin deslizó su camisa por sus hombros y la dejó caer al suelo. La piel lechosa y nívea sin una sola marca en ella, era como un lienzo que el Alfa quería pintar con su boca.
Los botones rosados y erectos, la piel erizada y dispuesta… Jungkook sentía que podía morir en ese instante y moriría feliz. Su polla ansiosa se sacudía dentro de su pantalón y dolía, dolía como el infierno.
Sin querer evitarlo, en lugar de un gruñido, de su boca salió algo parecido a un quejido lastimero cuando Jimin llevó sus manos hasta el pantalón con la intención de quitárselo.
– J-Jimin… – su voz salió temblorosa.
Era demasiado, era demasiado el deseo que tenía por el Omega y no creía poder seguir conteniéndolo… no cuando su alfa le pedía someter al Omega contra la superficie más cercana y penetrarlo hasta que su voz se quebrara de tanto gritar su nombre.
Es que ¿Cómo podría no hacerlo?
Jimin está ahí frente a él, luciendo nada más que hermoso con su piel tan blanca como un lienzo. Un lienzo donde él quería dejar su marca.
Esos rosados y erectos botones le gritaban porque los acunara entre sus labios y los acariciara con su húmeda lengua… para finalmente terminar apresándolo entre sus colmillos.
Si subía solo un poco más se topaba con esas clavículas de infarto, con ese suave cuello que llevaría con orgullo su marca, con esa mandíbula marcada, con esos labios hinchados y provocativos… con esos ojos oscurecidos de lujuria.
La polla de Jungkook se contrajo adolorida una vez más, arrancando de su garganta un suave jadeo acompañado de un gruñido cuando Jimin no detuvo sus movimientos y comenzó a bajar su apretado pantalón.
Jimin gimió cuando su polla al fin estuvo libre, pero un gemido más profundo escapó de su garganta cuando una ola de las más fuertes feromonas lo golpeó sin siquiera darle una oportunidad.
Sus piernas temblaron y su miembro libre chocó contra su abdomen en respuesta a la estimulación. Su entrada se contrajo enviando un espasmo placentero a través de todo su cuerpo.
Cuando su vista nublada se aclaró, no pudo más que observar el deseo primitivo en los ojos enrojecidos del alfa. Podía ver los puños que ahora eran sus manos contra la sábana de su cama, podía ver los colmillos sobresaliente entre los labios semiabiertos del contrario, podía ver, podía oler e incluso podía jurar que podía palpar el deseo de Jungkook, el deseo que sentía por él y nada más que él.
Su Omega se regocijó en ello, haciendo brillar sus celestes ojos, enrojecer sus mejillas y lubricar su entrada.
– Alfa~ – gimió descarado liberando más de su dulce esencia – Ven aquí – llamó estirando la mano hacia el contrario.
Jungkook respondió rápidamente, tomó sus suaves dedos entre los grandes suyos y se levantó de la cama, acercándose lo más que pudo al menudo cuerpo desnudo del Omega frente a él.
Sus manos picaban, su lobo rasgaba su pecho, sus colmillos punzaban y su polla dolía. Aún así, no podía hacer nada porque no quería que en su inexperiencia pudiera llegar a lastimar a su Omega.
Así que solo se dejó hacer cuando las pequeñas manos de Jimin levantaron sutilmente su sudadera. Sus brazos levantándose para ayudar con la tarea.
Los orificios de su nariz extendiéndose cuando las feromonas de Jimin se intensificaron al ver su torso desnudo. Una sonrisa ladina apareció en su rostro y su ego de alfa se extendió hasta el cielo.
Jungkook no podía hacer nada más que observar como las temblorosas y pequeñas manos del rubio se acercaban tímidas a su encuentro. Cuando la suavidad de las yemas de los dedos de Jimin tocaron su trabajado abdomen todos sus músculos se contrajeron ante el tacto, las cosquillas en su vientre bajo se intensificaron.
Jimin por otro lado se sentía desfallecer, la calidez de la piel de Jungkook haciendo estragos en todas sus terminaciones nerviosas. Su dedo medio se deslizaba de forma ascendente por entre los abdominales marcados del Alfa. Una sutil caricia, un simple rose que tenía a ambos temblando de anticipación.
El rubio comenzaba a deslizar, la ligeramente bronceada piel de Jungkook se veía tan apetitosa, se sentía tan suave al tacto y olía tan bien que se sentía hipnotizado. Pero una vez llegó al fuerte pecho del alfa, pudo notar la rigidez de sus botones achocolatados, así que no pudo evitar que sus manos se acercaran a ellos.
Lentamente y con la delicadeza de una flor, sus dedos acariciaron la contraída protuberancia.
– ¡Ugh! – gimió el Alfa sin poder evitarlo.
La polla de Jimin saltó ante tan magnífico sonido. Sus celestes ojos se levantaron para observar los cerrados del contrarios adornados con una expresión tan majestuosa que Jimin se sintió correrse allí mismo.
Quería jugar, quería seguir haciéndolo, pero su polla dolía, su agujero lubricaba a borbotones y su omega suplicaba por ponerse en cuatro y presentarse ante su Alfa.
Así que decidido a hacer suyo al Alfa frente a él, llevó sus manos hasta el comienzo de los pantalones del contrario y con una agilidad envidiable los desabrochó, dejándolos caer hasta cubrir los pies descalzos del contrario.
Si antes sus ojos brillaban de deseo, ahora sus ojos eran dos perfectas lunas resplandecientes iluminando la más oscura noche. Allí, frente a sus ojos, la enorme polla de Jungkook se erguía majestuosa, llorosa e hinchada.
El alfa no llevaba ropa interior.
– Alfa~ – fue más una súplica que un gemido.
Ante el llamado necesitado de su Omega, Jungkook no pudo evitar que su Alfa al fin tomara el control. Su instinto siendo más fuerte que cualquier inexperiencia que pudiera tener.
– Sobre tus rodillas – gruñó demandante con la voz más ronca que alguna vez pudo tener.
El cuerpo de Jimin sufrió un espasmo y sus piernas temblaron ante la orden, las fuerzas con las que se mantenía de pie desaparecieron y sus rodillas se doblaron automáticamente hasta tocar el suelo. Un fuerte jadeo escapó de sus labios cuando sintió como una pesada mano se cerró sobre sus cabellos tirando de ellos hasta levantar su rostro.
Celeste y rojo conectándose de nuevo.
– ¿Quieres ser un buen omega para tu alfa? – preguntó al mismo tiempo que su otra mano sujetaba la base de su hinchada polla.
Los ojos de Jimin se desviaron, siendo su atención captada por la mano tatuada que bombeaba lentamente todo el miembro de su Alfa. Estaba tan cerca de la palpitante erección de Jungkook que podía ver las gotas perladas que escapaban de su pequeño agujero y que este utilizaba para lubricarse a sí mismo.
Su propia polla contrayéndose y liberando tanto líquido pre-seminal que lo podía sentir bajando por toda su extensión. Sus labios hormigueando por lo que vendría.
– Quiero ser un buen omega para ti – respondió con un tono de voz tan seductor que el agarre en sus cabellos se intensificó, arrancando un jadeo involuntario de su boca.
– Joder – respondió bombeando su miembro un par de veces más.
Los ojos de Jungkook no se apartaron en ningún momento de esa dulce boca, de esos labios gruesos y perfectos. Y cuando Jimin separó esos pomposos labios para darle paso a su húmeda lengua, Jungkook se sintió desfallecer.
Su tatuada mano detuvo sus movimientos y se cerró en la base de su polla, manteniéndola erguida y firme. No necesitó moverse, no cuando el rostro de Jimin estaba tan cerca y su húmeda lengua a tan solo centímetros de su polla necesitada.
Sin más, presionó la cabeza de su miembro sobre el suave músculo, sintiendo el calor y la humedad dándole la mejor de las bienvenidas. Gruñó, gruñó porque nunca imaginó que pudiera sentirse así de bien. Y por supuesto, nunca imaginó que los gloriosos gemidos de Jimin armonizaran tan perfectamente con el placer de su cuerpo.
Entonces Jungkook se permitió disfrutar un poco más, se permitió mantener la cabeza de Jimin firmemente en su lugar, se permitió acariciar con la punta de su polla la roja lengua, los suaves labios y la piel enrojecida de las mejillas de su Omega.
Y claro que se permitió la calidez de esa dulce boca alrededor de todo su miembro cuando sus caderas y su mano se movieron al mismo tiempo para llevar su dolorida polla hasta la garganta del más bajo.
– ¡Agh, joder! – gruñó sosteniéndose de los dorados cabellos del contrario.
– Ugghmm – gimió Jimin al sentir su cavidad bucal llena del sabor almizclado de su Alfa.
Una ligera succión y Jimin sintió como el cuerpo de Jungkook se sacudió entero. Su omega regocijándose por ser él quien esté causando ese efecto en el Alfa, por ser él primero en dar placer a su destinado.
Porque sí, para Jimin, Jungkook era su destinado, el Alfa perfecto para él.
Así que Jimin solo tuvo que relajar su mandíbula, ahuecar sus mejillas y succionar… para tener al alfa temblando y gimiendo para él. No esperó que Jungkook tomara el control, una vista rápida a su ceño fruncido fue suficiente para darse cuenta que estaba perdido en el placer.
En un rápido movimiento, Jimin sostuvo las caderas del contrario comenzando a guiar el movimiento, mostrándole sutilmente como darse placer con su boca y demostrándole que estaba bien.
Porque para Jimin no había nada mejor en este mundo que escuchar el placer del Alfa a través de sus gemidos y gruñidos bajos. Y si él era la razón de ello, mucho mejor.
Y gracias a ese simple gesto, Jungkook se dejó llevar. Sus caderas comenzaron a moverse suavemente, disfrutando cada segundo en el que su polla entraba y salía de esa pecaminosa boca.
Ver su polla húmeda por la saliva de Jimin, sentir la calidez que lo abrazaba como una segunda piel, sentir la suave succión, la lengua de Jimin por toda su extensión, los gruesos labios cerrándose en la punta para luego volver a abrirse y tragarse toda su polla erecta hasta que llegaban a rozar la base… si solo los labios de Jimin lo tenían temblando con espasmos del más puro placer, estar dentro de él seguro iba a ser la gloria.
Ese simple pensamiento logró que su vientre bajo se contrajera y su respiración se cortara. Su polla vibró ante el estímulo y supo que no iba a poder retener más el puto orgasmo que amenazada por freírle el cerebro.
– Ji-Jimin… – no supo si gimió su nombre, si suplicó o lo gruñó, pero sus manos intentaron apartar al rubio de su inminente explosión.
Pero los labios del omega se cerraron aún más sobre la palpitante carne, sus manos sostuvieron las caderas del contrario en su lugar y su garganta vibró en un gemido agudo que Jungkook pudo sentir en la sensible cabeza de su polla.
Y eso fue suficiente para que el nudo que había estado conteniendo se desatara, para que cada músculo en su cuerpo se tensara y para que su polla se contrajera en su cálida prisión. El orgasmo lo azotó sin piedad, llevándose cada neurona de su cerebro con él, entregando al omega dueño de su placer cada temblor de su cuerpo.
Sus manos se aferraron aún más fuerte a esos cabellos de sol y su cuerpo se arqueó ante el placer, pero en ningún momento permitió que omega se alejara, vaciándose por completo en su garganta, sintiendo cada movimiento de este al tragar todo lo que le daba y alargando su orgasmo con sutiles movimientos de su traviesa lengua.
Su cabeza era un lío, sus ojos entrecerrados no podían enfocar bien, sus músculos se sentían entumecidos y relajados al mismo tiempo, pero aún así su boca no pudo evitar emitir un gruñido.
Jimin seguía chupando su polla y comenzaba a sentirse sobre-estimulado.
Con un rápido movimiento, tiró de los cabellos del omega, haciendo que olvidara su polla ahora flácida y levantara su rostro.
Mala idea.
Jimin en ese momento era el desastre más hermoso y caliente que había visto alguna vez. Ojos celestes nublados con delicadas lágrimas, mejillas sonrojadas y labios hinchados, rojos y brillantes. La saliva combinada con sus fluidos se escurría desde la comisura de sus labios.
– Alfa~ – gimió con voz sumisa, era su omega hablando por él.
La voz de sumisión característica del omega causó un efecto dominó en Jungkook. Su piel se erizó, su mandíbula se apretó, sus ojos centellearon, sus músculos parecieron aumentar de tamaño y su polla se llenó tan rápido que se sintió mareado.
Fue cuando sus ojos se desviaron del rostro de Jimin hasta su cuerpo. Su vientre plano estaba cubierto de su esencia, de su semen. Jimin se había corrido mientras le chupaba la polla y su erección aún estaba erguida… Pero eso no fue todo, los orificios de su nariz se expandieron y sus pulmones se llenaron de la más exquisita fragancia.
El aroma de Jimin se había triplicado y estaba tan concentrado que se sintió mareado por unos segundos. ¿Cómo no lo había notado?
Bueno, ¿Quién podía culparlo cuando estaba teniendo el mejor orgasmo de su vida?
Y si el aroma no se lo había confirmado, la humedad bajo Jimin lo hizo. Jungkook gruñó, un gruñido que hubiera hecho arrodillarse hasta al Alfa más fuerte. Allí, arrodillado frente a él y mientras le chupaba la polla. Jimin había entrado en celo.
– Alfa~ – volvió a gemir desesperado queriendo llamar la atención de su Alfa.
Jungkook pestañeó, saliendo de su asombro. Dio dos pasos hacia atrás y cuando sus piernas tocaron la orilla de la cama se dejó caer, sentándose. Su polla erguida de nuevo, sus pulmones llenándose del delicioso aroma que lo rodeaba.
Ahora no solo se trataba de su primera vez, ahora también se trataba de complacer y cuidar a su omega en su celo. Pero él lo haría, él cuidaría de Jimin y atendería todas sus necesidades… sólo debía dejarse llevar, ceder el control a su Alfa, a sus instintos…
Y así lo hizo.
– Ven aquí – gruñó el Alfa con su voz de mando.
Un sonido lastimero escapó de la garganta del más bajo, su cuerpo se estremeció y su entrada se cerró a la nada. La voz de mando causando estragos en su interior, excitándolo a niveles inimaginables.
Sus piernas temblaron, pero logró colocarse de pie. Su lubricación escurriendo por sus muslos de una manera tan lasciva que un escalofrío recorrió su desnudo cuerpo. Estuvo a punto de abrir sus piernas y sentarse en el regazo de su alfa, cuando este lo detuvo.
– No – gruñó y Jimin se quejó – Sobre tu estómago, quiero tu precioso culo a mi disposición.
Los ojos de Jimin brillaron más que el cielo en una preciosa tarde de verano. En un rápido movimiento se recostó sobre el regazo de su Alfa, sintiendo la dura polla de Jungkook restregarse contra la suya propia. Gimió agudo.
Sin esperar siquiera otra orden de Jungkook, empinó su culo para su Alfa, presentándose ante él y permitiéndole hacer lo que quisiera. Porque él era de Jungkook y Jungkook era de él.
– Complace a tu Omega, Alfa.. – jadeó moviendo su culo de un lado a otro – Hazme sentir bien, por favor~ – suplicó desesperado.
Jungkook gruñó y lo único que le siguió a eso fue una fuerte nalgada que arrancó un fuerte gemido de su boca. Otra más y esta vez fue un gemido, una tercera y Jimin ya estaba mordiendo las suaves sábanas debajo de él.
Lo siguiente que sintió fue un agarre ya conocido sobre sus cabellos, tirando de ellos hasta que su espalda se arqueó. Un cálido aliento rebotando sobre la sensible piel de sus hombros, una cálida lengua humedeciendo el recorrido hasta arriba y unos labios cerrándose en el lóbulo de su oreja.
– Jun-Jungkook… – gimió con los ojos fuertemente cerrados, disfrutando de las sensuales caricias.
– ¿Quieres esto? –susurró con su voz ronca, su aliento chocando con el punto débil del omega mientras que su dedo medio se empujaba entre las suaves nalgas.
– P-Por fa- ¡uhg! – jadeó cuando Jungkook añadió otro dedo y estos se comenzaron a frotar contra su lubricada entrada.
– Quiero que gimas mi nombre, Jimin – gruñó antes de comenzar a mordisquear el hombro del contrario – Quiero que todos se enteren que soy yo quien te da placer…
Entonces sin esperar más, empujó sus dos dedos en la lubricada entrada del omega, recibiendo como premio un glorioso grito de placer. Jimin estaba tan mojado y dilatado que no hubo resistencia alguna. Su omega preparando su cuerpo para recibir a su Alfa, a Jungkook.
– Más~ – suplicó empujando su culo contra los dedos del más alto.
– Mira como estás de abierto para mí – susurró separando sus dedos dentro de la húmeda cavidad del omega, Jimin tembló – Tan malditamente abierto, húmedo, caliente y listo para recibir mi polla.
– ¡Uhgmm! – gimió empujando sus caderas al ritmo en el que Jungkook lo penetraba con sus dedos. – ¡Más, por favor! – suplicó perdido en el placer.
Entonces Jungkook no se hizo de rogar, un tercer dedo fue introducido en la estrecha cavidad y sus movimientos aumentaron en velocidad, entrando y saliendo de la fruncida entrada, arqueando sus dedos y estirando su interior.
– Mirate – gruñó en el hombro del contrario, su polla dura friccionando con la de Jimin con cada sacudida de su cuerpo – Tan necesitado de mi toque, tan sumiso, tan buen omega para tu Alfa… – gruñó dando una estocada certera a la pequeña protuberancia en el interior del rubio.
– ¡Alfa! – gritó Jimin contrayendo sus paredes anales y apresando los dedos de Jungkook.
El cuerpo del omega temblaba en espasmos de placer insostenible. Sus ojos fuertemente cerrados derramaban finas lágrimas, sus manos estaban hechas puños y los dedos de sus pies se encorvaron ante la magnitud de su orgasmo.
Pero Jungkook ni siquiera permitió que se recuperara de las descargas que recorrían su espina cuando sintió su cuerpo ser levantado y acostado sobre el suave colchón que conocía bastante bien. El espacio entre sus piernas hundiéndose por el peso de otro cuerpo.
Sus ojos abriéndose, la bruma que los cubría desapareciendo de a poco para ser testigo del fornido cuerpo que se arrodillaba majestuoso frente a él.
– Tan necesitado… – gruñó Jungkook y Jimin se tragó un gemido – Tan duro para tu alfa después de dos orgasmos… – añadió llevando su tatuada mano hasta la polla dura de Jimin.
El rubio gimió sobre estimulado y arqueó su espalda ante el firme agarre. Sus dorados cabellos desparramados por la almohada y sus manos aferrándose a la cabecera de su cama. Sus piernas abriéndose por sí solas para su compañero.
– Ugh… Alf… ¡Ahg!
Por más que quisiera pronunciar palabra, estas salían hechas gemidos de su boca conforme esa grande mano acariciaba su sensible polla. Cuando estuvo a punto de rogar por más velocidad, por más presión, el movimiento se detuvo abruptamente, obligándolo a lloriquear frustrado.
– Aquí estoy, bebé – aseguró Jungkook tomándolo por detrás de las rodillas y empujando estas hasta que tocaron el pecho del contrario, levantando su culo al aire, dejando su fruncida entrada expuesta para él – Es mi turno ahora… – dijo con una preciosa sonrisa ladina que dejó a Jimin sin aliento.
Y antes de que el rubio pudiera descifrar lo que estaba sucediendo, Jungkook bajó su rostro y sopló sobre la fruncida entrada.
– ¡Jungkook! – gritó Jimin contrayendo su entrada ante la estimulación.
Lo siguiente que sintió fue la primera lamida del rojo músculo del Alfa y todo su cuerpo se estremeció ante la sensación. El gruñido de Jungkook ante su sabor erizó cada vello de su cuerpo y frió cada neurona de su cerebro.
Sus pesados ojos se abrieron y no pudo evitar dirigir la mirada a lo que estaba sucediendo, encontrándose con la imagen más caliente que existe. Jungkook no había apartado en ningún momento sus ojos escarlata de él mientras le comía el culo.
Sus manos fueron instintivamente a los cabellos del azabache y los sostuvieron con firmeza, esperando poder transmitirle a través de ese gesto lo bien que se estaba sintiendo. Casi pudo escuchar el ronroneo del Alfa ante el toque.
– ¡Joder! – volvió a gemir cuando sintió esa cálida lengua atravesar el primer anillo de músculo.
Jungkook lo estaba follando con su lengua y se sentía tan malditamente bien que estaba por perder la cordura. Los gemidos y jadeos no paraban de salir de su boca como si de un cántico se tratara y fue aún peor cuando Jungkook dejó ir sus piernas para tomarlo de las caderas y levantar su culo al aire, todo sin dejar de lamerlo.
La posición era un tanto incómoda, su espalda estaba doblada y sus hombros prácticamente sostenían el peso que Jungkook no cargaba, pero no le importaba. ¿Y cómo le iba a importar? si una cálida lengua lamía el interior y exterior de su apretada entrada con devoción.
– Pa-Para…, uhgmm – jadeó sin aliento retorciéndose contra el fuerte agarre, tirando de los cabellos de Jungkook – Voy… ahhg.. a… ¡ugh! – cerró fuertemente los ojos cuando el Alfa gruñó con su rostro pegado a su culo.
Jungkook bebía de él sin importarle la cantidad de lubricación por su excitación… el alfa lamía cada gota como si fuera agua en el desierto. Jimin podía sentir su lengua subir, bajar, empujar y hacer pequeños círculos dentro de él… estaba al límite, se sentía demasiado bien, pero un bien diferente…
Podía sentir el nudo formándose en su bajo vientre, podía sentir sus dedos cosquillear de placer, podía sentir su cuerpo comenzar a temblar en espasmos que le era imposible detener, podía sentir su entrada cerrándose contra la lengua de Jungkook… pero algo era diferente.
Y no supo que era hasta que Jungkook, ante la contracción de su entrada, empujó dos de sus dedos dentro de él para acompañar a su lengua. Entonces el nudo se deshizo y una explosión ocurrió en su interior arrasando con todo a su paso.
Su cuerpo tembló incontrolablemente, de su garganta salió un grito de placer y sus ojos derramaron gruesas lágrimas, pero de su polla erguida no salió absolutamente nada.
El orgasmo duró más que cualquiera que haya tenido en su vida y se sintió tan malditamente bien que lo dejó atontado por lo que parecieron horas. Lo único que lo trajo de vuelta fue la voz gruesa y rasposa de su Alfa.
– ¿Acabas de tener un maldito orgasmo anal? – preguntó dejando caer su cuerpo hasta que su culo descansó entre sus piernas arrodilladas, su cuerpo curvándose hasta que su rostro quedó frente al del Omega.
Jimin apenas podía mantener sus ojos abiertos, una densa bruma dificultaba su vista y con su garganta seca era difícil emitir palabra alguna. Aun así asintió con una sonrisa boba en sus labios.
Jungkook le siguió, una sonrisa de satisfacción y orgullo hacía sí mismo se dibujaba en rostro, dándole la vista más hermosa a un Jimin atontado. Estuvo a punto de decir algo, pero los delgados labios de su Alfa cerrándose sobre los suyos hinchados se lo prohibieron.
El beso fue avasallador, robándole el poco aliento que le quedaba a un muy atontado Jimin. Jungkook empujó su lengua húmeda, abriéndose paso a su encuentro con la contraria, dándole a degustar de su propio sabor. El Omega gimió y el Alfa lo acompañó con un gruñido.
El beso fue roto, pero solo para darle paso a muchos más que se deslizaron desde la mandíbula de Jimin hacia abajo. Pasando por su níveo cuello sin marcar, haciendo su recorrido por las clavículas hasta llegar a sus erectos botones donde sus labios se cerraron y succionaron.
– ¡Aggh, Jungkook! – gimió Jimin antes de morderse el labio inferior y antes de suplicar – Por favor, te.. ughmm… ¡te necesito! – suplicó, el tener la polla de Jungkook entre sus nalgas lo estaba volviendo loco.
Jungkook lo miró por unos segundos sin soltar su nuevo y rosado juguete. El tampoco quería esperar más, pero estaba tan duro y necesitado que posiblemente se correría con la primera estocada.
– Por favor~ – suplicó esta vez con su voz de omega.
Jungkook gruñó y soltó ese erecto botón para enderezarse en su sitio y tomar a Jimin firmemente de las caderas.
A la mierda todo.
Con una mano, tomó su miembro erecto y con la otra levantó el culo de Jimin. Observó por unos segundos esa fruncida entrada que se contraía de anticipación y frunció el ceño antes de alinear su goteante erección contra la rosada entrada.
Sus ojos se desviaron para encontrarse con los celestes del contrario. Su omega sonrió y una suave afirmación de cabeza fue todo lo que necesitó. Con un movimiento rápido y certero, se empujó dentro del omega hasta que las nalgas de este chocaron contra su bajo vientre.
Ambos gimieron al unísono.
– ¡Maldición! – gimió o gruñó, no estaba seguro.
Las manos de Jungkook se aferraron tan fuertemente a las caderas del contrario que posiblemente dejarían marcas que tardarían días en desaparecer. Sus dientes apretados, su ceño fruncido, su respiración atorada en su pecho. Se sentía tan malditamente bien el interior de Jimin que estaba por perder la cabeza.
– Alfa… – gimió roto el omega al sentirse tan lleno y extasiado.
Pero Jungkook no podía escucharlo, no podía porque si Jimin volvía a gemir su nombre o volvía a llamarlo Alfa con esa suave voz se iba a correr ahí mismo. En este punto odiaba con todas sus fuerzas ser un inexperimentado. Así que la única solución para él fue llevar su mano tatuada hasta el cuello contrario y apretar suavemente, evitándole pronunciar palabra alguna.
Entonces mordió sus labios y se concentró en su labor, en complacer a su Omega. Sus caderas se alejaron y no pudo evitar llevar sus ojos hasta su unión, ver su polla saliendo de ese apretado agujero toda empapado de lubricante era la imagen más lasciva de la puta vida.
Cuando solo quedó la cabeza de su erección dentro, volvió empujar con fuerza hasta que sus pieles chocaron de nuevo. Jimin volvió a gemir, pero su gemido fue roto debido a la presión en su cuello. Jugnkook gruñó extasiado.
– ¿Te gusta esto? – preguntó empujando más profundo en el interior del omega, Jimin comenzó a derramar lágrimas – ¿Te gusta cómo te follo? – aceleró el ritmo – ¿Te gusta tener mi polla en tu apretado culo? – una estocada certera a la próstata y Jimin arqueó su espalda.
Cuando Jungkook dejó ir su cuello para sostenerlo de las caderas, Jimin se permitió gritar de placer. La polla del Alfa lo llenaba tan bien que presionaba todos los lugares correctos, llegando hasta su próstata sin siquiera intentarlo. Las estocadas de Jungkook eran certeras, precisas, rápidas y malditamente calientes.
Era como si Jungkook hubiera nacido para ser un puto amo en la cama. Si así era sin experiencia, Jimin definitivamente quería conocer al Jungkook experimentado.
Sus pensamientos se dispersaron cuando sintió como el azabache levantaba su cuerpo como si de una pluma se tratara y cuando se dio cuenta ya estaba sentado sobre el regazo de su Alfa, con la polla de este enterrada en lo más profundo de su ser.
Ni siquiera pudo comenzar a moverse cuando Jungkook lo sostuvo firmemente de las nalgas y guío fácilmente el vaivén.
– ¡Aggghh, Jungkook! – gimió agudo aferrándose al cuello de su Alfa. Jungkook estaba tan profundo dentro de él que sentía que se iba a desmayar de placer.
– Vamos cariño – gruñó en su oído mientras Jimin se escondía en su cuello – Muévete para mí – pidió soltando sus nalgas y acomodándose mejor sobre el colchón.
El azabache ahora estiraba sus piernas y se apoyaba sobre sus brazos para no acostarse por completo sobre la cama, quería estar cerca de Jimin, quería sentir su aliento caliente chocando sobre su rostro mientras lo montaba y se daba placer con su polla.
Jimin lo miró por unos segundos y asintió. Jungkook sonrió porque su omega se veía tan hermoso siendo un completo desastre, pero su sonrisa no duró demasiado antes de ser sustituida por una mueca del más puro placer cuando Jimin movió sus caderas sobre su polla, comenzando a montarlo sin vergüenza alguna.
De adelante hacia atrás con movimientos sumamente sensuales, de arriba hacia abajo con sus nalgas rebotando sobre las caderas contrarias, con movimientos circulares y precisos. Jimin se movía sobre la polla de Jungkook como si hubiera nacido para ello. Buscando su propio placer, pero sobre-estimulando a un Alfa que no podía más que gruñir y gemir.
– ¡Agh, Jimin! – jadeó echando su cabeza hacia atrás, perdido en el maldito placer que su omega le estaba dando – ¡Más rápido! – gruñó la orden con su voz de mando.
Jimin gimió agudo y se retorció encima de Jungkook, pero acató la orden, obligando a sus caderas a moverse más rápido. Podía sentir la polla del Alfa sacudirse en su interior, podía observar como los músculos contrario se tensaban visiblemente, como esa mandíbula marcada que tanto le gustaba se apretaba con fuerza.
Y lo más importante, podía sentir el nudo de Jungkook hinchándose en su interior…
Era demasiado.
Podía sentir el orgasmo tocando la puerta, pero sus fuerzas ya no daban para más, estaba agotado. Sus movimientos comenzaron a ser más lentos y Jungkook se dio cuenta de ello así que enderezó su cuerpo y pegó su torso al sudado de su omega.
Lo obligó a envolver su cuello con sus brazos y se aferró a su cuerpo, manteniéndolo en su lugar. Sus caderas entonces continuando con el trabajo, empujando hacia arriba y penetrando sin parar el húmedo agujero de su pareja.
Estaba cerca, lo sabía, ambos lo estaban.
– Córrete para mí, cariño – pidió sin detener el movimiento de sus caderas, escondiendo su rostro en el cuello del omega, lamiendo su glándula de olor – Córrete para tu Alfa…
Entonces Jimin se tensó y aferrándose al cuerpo de su compañero se dejó ir, permitiendo que los temblores azotaran una vez más su cansado cuerpo, manchando todo el fuerte abdomen de su Alfa con sus fluidos.
– ¡Jungkook! – gritó de placer al sentir como el nudo de su Alfa se hinchaba dentro de él durante su orgasmo.
– ¡Ughhh, Jimin! – gruñó extasiado sin dejar de penetrar al omega, extendiendo lo más posible el orgasmo de ambos, penetrandolo hasta que el nudo le impidió seguir haciéndolo.
Jungkook sostenía el tembloroso cuerpo de su omega mientras que otro orgasmo anal lo azotaba sin piedad, mientras que se derramaba dentro suyo, mientras que este lloraba de placer.
También, y sin poder evitarlo, comenzó a repartir dulces besos por todo su pecho, cuello y rostro. Llevó sus manos hasta sus mejillas y dulcemente limpió todas y cada una de las lágrimas, reemplazándolas con delicados besos. Se detuvo cuando un pronunciado puchero adornó el precioso rostro del contrario.
Jungkook se preocupó.
– ¿Sucede algo? – preguntó con el corazón latiendo a mil por hora – ¿Estás bien? ¿Te lastimé?
Jimin negó con la cabeza – No me marcaste… – susurró bajito, pronunciando aún más el puchero en sus grueso labios.
Jungkook lo miró por unos segundos para después sonreír en grande, sus hermosos dientes de conejo mostrándose en todo su esplendor, tiernas arrugas adornando sus ojos.
Sonrisa que fue contagiada instantáneamente al contrario al escuchar las palabras correctas de su Alfa. Su entrada se contrajo contra la polla en su interior y su propia polla saltó emocionada y lista. Quizás haber entrado en celo fue lo mejor que le pudo haber pasado.
¿Y quién dijo que ya hemos terminado?









Dios necesito la siguiente parte
dios mío, es lo mejor que he leído aquí, necesito un extra.
Necesito bbs pero yaa!!!🥰🫠🐥🐰💜