El Viejo del Frijol
En una ciudad enorme, en una colonia no tan enorme, se hallaba un anciano mendigo.
Aquel vejestorio era similar a una momia, a veces parecía un zombi, todo dependía de que tan seguido lloviera. Sentado en una banqueta desgastada, el viejo miserable ofrecía un frijol seco a todo aquel que estuviera cerca; los vecinos se preguntaban el “¿Por qué?” de dicho comportamiento. Todos empezaron a llamarlo “El Viejo del Frijol” o “El Loco de la Alubia”, siempre que preguntaban por su actitud, el decrepito vagabundo deformaba sus razones. Varias veces la policía municipal se lo llevaba por las quejas de los residentes, y varias veces volvía a la misma banqueta.
Una vez, curioso, un niño se acercó al viejo; con un tono inocente, el infante preguntó.
- ¿Por qué vende ese pequeño frijol?
- Porque no fui a la escuela – Respondió el anciano.
- ¿Por qué no fue a la escuela? – Indagó el mocoso.
- Porque llevaba el pelo largo - Habló el anciano nuevamente mientras acariciaba su cabeza calva.
- ¿Por qué llevaba el pelo largo? – Nuevamente, cuestiono el niño.
- Porque los vagos tienen el pelo largo- Exclamó el hombre centenario. Una rata apareció en ese instante, el hombre se abalanzó sobre ella, acto seguido le arrancó la cabeza de un mordisco, el niño, asqueado y horrorizado salió corriendo directo a casa.
En otra ocasión una mujer regordeta, vestida con varias prendas al punto de parecer un perchero, teniendo rosario en mano, se atrevió a preguntarle al viejo hombre sobre su conducta.
- Buen hombre, ¿Cuál es la razón de su actitud tan extraña? – Dijo la mujer mientras soportaba las ganas de vomitar por el hedor que desprendía el viejo loco.
- Porque insulté a Dios y esta es mi condena- Replicó el hombre.
- ¿¡Cómo se le ocurrió hacer semejante blasfemia?! – Alzó la voz la mujer indignada por el comentario del viejo.
- Por qué le pedí que me mandara a una mujer sensual, y me envió a una bruja preguntando por mi situación – Respondió el hombre tratando de hacer enojar a la mujer.
- ¡VIEJO TONTO, ESO ES LO QUÉ ES! - Gritó ofendida la mujer, mientras se coloreaba su rostro por la ira.
-Yo solo respondí su pregunta – Dijo el hombre de manera cínica. La mujer se fue refunfuñando y maldiciendo al vagabundo a lo lejos.
Otro día, un señor de buen vestir se aproximó al mendigo, manteniendo su distancia, sacó palabra.
- ¿Cuál fue el motivo de que se obligué a vender ese frijol? – Dijo el señor, marcando siempre su superioridad económica y social.
- Por qué no me gusta trabajar – Replico el viejo.
- Ya me lo esperaba, los de su clase solo sirven para ocupar espació en el mundo- Exclamo el señor mientras se burlaba - ¿Cómo es que puede seguir vivo?
-Por el camino fácil- Dijo el anciano, mientras sacaba un puñal hecho de vidrio roto – Tiene un bonito reloj, mi señor, ¿le gustaría regalármelo? – Agregó el viejo, al mismo tiempo que apuntaba con su arma al señor; El hombre salió corriendo y tiro su reloj en el camino, el viejo loco lo recogió para después tirarlo en la basura.
Finalmente, otro vagabundo, mucho más joven que él anciano, se atrevió a preguntar al viejo lo mismo que los demás.
- ¿Cuál es el motivo de que pases ofreciendo ese frijol y tu extraño comportamiento? – Dijo el otro vago
- Porque en este país no hay chamba – Dijo el anciano, ya agotado de todo. – Lo intenté en la escuela, en la iglesia, y por la ley, pero todos me negaron, ahora solo me queda este frijol seco – fue su última oración.
Poco tiempo después, en la colonia estalló la noticia de que una mujer había sido abusada sexualmente, Esa misma tarde los municipales se llevaron al anciano, no había ninguna prueba que el fuera el agresor, pero a nadie le importaba tampoco; ahora aquel vejestorio tendría ropa limpia, comida tres veces al día, y una cama donde dormir tras las rejas. Los vecinos continuaron con sus vidas, olvidando al “Viejo del Frijol” con el pasar de los años.