Entre girasoles y despedidas

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Summary

Me quedé viendo la ventana que daba al jardín, estaba lloviendo afuera y yo estaba en el sofá abrigado cuando ella apareció para cubrirse con mi manta y echarse en mi pecho. En ese momento en el que estábamos juntos me abrazo por la cintura mientras respiraba despacio en mis hombros, yo acariciaba su espalda despacio, como si tratara de retener una fuerza imparable. Sin embargo esa fuerza no se iría sin importar lo que hiciera, pues desde un principio quiso quedarse y yo quería que se quedara. -Dijiste que eres un escritor, que en algún momento ibas a continuar escribiendo sobre ti - su voz rompió el silencio que se había formado entre nosotros. -Si eso dije - sonreí mientras miraba sus mechones de pelo sobre mi pecho. -¿Tienes alguna historia o has escrito alguna sobre nosotros? -La verdad tengo una, aún no tengo el título, pero si la tengo. Dejé salir una sonrisa traviesa mientras le acariciaba la mejilla, le dejé un beso en los labios y me movía un poco para podernos acomodar mejor entre las mantas. -Cuéntame. -No debería hacer eso, al menos no por ahora. -¿Por qué? -Porque el día que escriba una historia sobre ti, será porque me rompiste el corazón.

Genre
Romance/Humor
Author
KevinR
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Estaba sentado en una mecedora acariciando a Buttercup, el gato negro que había rescatado hace un par de meses en el bosque, mientras sentía como el aire poco a poco cubría mi cara y la relajaba. Me sentía como si estuviera tan viejo que no tenía ganas de nada y apenas tenía 46, casi por cumplir 47, me decían que era demasiado viejo para estar joven, pero mi corazón había sido el de un viejo desde que tengo uso de memoria. Había decidido mudarme aquí desde hace unos 18 años, me había presentado la oportunidad de tomar esta casa como mía y la tomé ya que había sido mi sueño desde que tenía 15. Algo curioso de contar ya que tuve distintos sueños a lo largo de mi vida, la única diferencia es que éste si se había logrado cumplir casi en su totalidad, salvo por una cosa. Este lugar era una forma de hallar la paz en un lugar lejos de todo lo que alguna vez había conocido viendo la vida pasar y estando tranquilo con cada una de las cosas que elegí, una forma de huir de lo que había sido mi vida. A resumidas cuentas, era una cabaña en el lago, pero su interior era lo que la hacía cogedora, con todo lo que había aprendido pude hacerlo de esa manera. Tenía un gato llamado Buttercup y un golden retriever llamado Logan, el nombre que le iba a poner inicialmente era algo tonto, por lo que voy a omitir ese detalle. Tenía dos pisos, en el primero era el comedor y la sala principal, en el segundo era mi cuarto y la biblioteca, misma donde me dedicaba a escribir novelas. La cabaña era de madera y piedra, tenía un muelle que daba al lago, tenía una cerca a lo largo de la casa y un pequeño bosque a un lado de la cabaña que tenía un camino que llevaba a la ciudad. Había conseguido una caña de pescar y un bote que estaba amarrado en el muelle con el que suelo ir a pescar o nadar. Había soñado bastantes veces con esa misma cabaña que ahora que la tenía entendía porque estando ahí me transmitía una paz que antes no había podido sentir, sin embargo, algo había cambiado en ese sentimiento cuando cumplí 23. Ahora cuando paseaba en este lugar se sentía como si estuviera caminando en una mansión aterradoramente vacía, a pesar de que aquella cabaña no era tan grande como una, se sentía enorme estando yo solo con Logan y Buttercup. Tenía esa sensación de que estando en ese lugar estaba tranquilo, pero que aún faltaba algo con lo que podía complementar, algo que, a pesar de todo el tiempo que había pasado, no había podido dejar atrás. No había logrado quitarme esa sensación de la cabeza desde que había logrado decir que terminé la casa, por un tiempo no lo entendía hasta que volví a tener un sueño que hace mucho no tenía. La cabaña estaba vacía, eso era obvio, pero era porque siempre quise que hubieran más personas ahí. Buttercup bajó de mi regazo y fue hacia la casa mientras Logan empezaba a ladrar hacia donde estaba y luego corriendo a la casa, eso era un aviso de que la tarde ya estaba terminando y comenzaba la noche.

-No te recomiendo que empieces a sacarme de quicio ahora. Apenas te di de comer y la entrevista es en un edificio, así que ni sueñes que te voy a llevar de paseo antes de irme.

De pronto Logan salió nuevamente al escuchar la palabra “paseo”.

-No, ni un paseo, ni una salida al mismo edificio - dije suspirando -. La ultima vez causaste un desastre del cual me tuve que disculpar para no causar más problemas.

Sin embargo los ladridos de Logan no cesaron, pero sí se había metido en la casa supongo que de saber que no lo llevaría.

-Bien, pensaré en llevarte, pero si te comportas y dejas de ladrar.

Dije riendo mientras daba un vistazo al atardecer en el lago, los colores violetas y anaranjados se dibujaban en el cielo de una forma casi mágica. Dejé salir un suspiro largo cerrando los ojos, estaba todo demasiado tranquilo que casi parecía estar aburrido, sin embargo no lo estaba yo en absoluto. Me había acostumbrado a la tranquilidad de ese lugar, algo que era inusual teniendo en cuenta mi antiguo ritmo de vida. Acaricié la portada de mi libro que había sido publicado hacía apenas unos días, era uno que siempre había tenido miedo de publicar, pero que gracias a las recomendaciones lo había decidido hacer. Miré el reloj en mi brazo, tenía una entrevista para una televisora en unas 5 horas, por lo que decidí ir a descansar un poco en mi cama. Entré por la puerta trasera y cerré la puerta tras de mí, verificando que no se quedara nada afuera y viendo una vez más como los tonos de colores en el cielo se desdibujaban en tonos claros y hermosos. Cuando voy a subir las escaleras me doy cuenta que Logan estaba en la puerta sentado mirando como si esperara algo, eso fue algo que me dio algo de risa ya que se lo atribuí a que sabía que estaba por salir así que se había puesto en ese lugar para llevarlo a la entrevista, cosa que obviamente no haría. Subí las escaleras y comencé a acomodar la ropa con la que iría a la entrevista. Intentaría no ir tan formal aunque siempre me había gustado los trajes y el saco, pero me hacía ver demasiado mayor ahora a mi edad. Me acosté en la cama un rato intentando dormir, pero solo me había quedado en el celular viendo videos o viendo si si había salido alguna noticia sobre mi nuevo libro, siempre me quedaba dormido cuando estaba al tope mi cuerpo, cuando no daba más. Luego de descansar aproveché un rato para darme un baño y cambiarme, cuando terminé me acerque a la mesa que estaba frente a la ventana para ver la hora en el reloj que tenía ahí. Me doy cuenta que solo habían pasado un par de horas, y solo me tomaba una para poder llegar hasta donde iba ya que iba en carro. Decido bajar a hacerme un café, cuando lo estoy por terminar de hacer me doy cuenta que había un carro estacionado al lado del mío. Por un momento pensé que se trataba del jefe de la editorial, sin embargo no lo reconocí de nada, además que no había dicho que me recogería tampoco. Por lo que aquel coche no era de él o alguna persona que conocía. Justo en ese momento cuando me debatía en bajar o no Logan soltó un ladrido y, cuando hubo un par de toques de pronto, se escuchó los golpes de las patas de Logan en la puerta. Confundido por la actitud tan amistosa que tenía el perro decidí asomarme por la ventana. El auto parecía ser demasiado pequeño como para que fueran ladrones por lo que debía ser una persona perdida o algo así, aunque seguía confundido por el ladrido de Logan. Me puse a pensar que quizás uno de los que había venido antes a pedir indicaciones había regresado. Bajé las escaleras sin muchas esperanzas y con pocas ganas de ayudar, no pasaban muchas personas por aquí por lo que era muy poco común para mí recibir visitantes. Me acerqué la puerta y me di cuenta que la silueta que se reflejaba de la luz de afuera sobre la puerta parecía de una mujer casi de mi tamaño. Logan parecía felizmente inquieto y movía la cola de un lado a otro como si conociera a la persona. Sin embargo, aquello era poco probable ya que mi mejor amiga estaba en Alemania y era la única que aparecería en esta puerta y que él conociera. Abrí la puerta dejando ver mi cara de pocos amigos.

-Si viene por indicaciones la salida más cercana a la principal es...

Me quedé helado en el sitio mientras la mujer que tenía delante de mi me devolvía la misma mirada, de incredulidad, de miedo, de esperanza, de una pequeña chispa de cariño. No podía creer lo que estaba viendo, estaba seguro que no habría forma de que ella estuviera ahí, no ahora, no después de tantos años. Aquella mujer a la que había amado durante tantos años, aquella misma a la que le había jurado construir un mundo para nosotros antes que nos alejáramos por completo, a la misma que le dije que quería que fuera feliz como sea que viva su vida. Estaba de pie frente a mí con ojos llorosos y con un ligero temblor en las manos. No podía creerlo, esto podía ser un sueño en el cual me había sumido cuando decidí descansar hace un rato, debía estar soñando. Claramente debía, pero no parecía uno. Ninguno de los dos dijo nada durante un par de minutos que parecían horas entre nosotros, yo aún con la mano en el picaporte y ella se tomaba las suyas de la manera en la que ya conocía. Definitivamente se trataba de ella.

-Hola...

Su voz rompió el silencio de repente. No había ninguna duda, su voz sonaba igual que antes, la conocía a la perfección. La habría reconocido incluso entre miles de personas, su rostro, su mirada sonriente, sus ojos, su cabello, sus manos, su postura, cada una de las cosas las reconocería sin duda en medio de una multitud de gente. A pesar de todo ello no estaba seguro de que podría contestar, había pasado tanto tiempo sin contacto con personas conocidas que a duras penas podía dar indicaciones. Logré que mi alma regresara a mi cuerpo luego de un par de segundos para poder contestar con algo que no había podido decir desde hace mucho, algo que tenía atorado en mi garganta desde hacía años, algo que no había podido olvidar.

-Angie...