First sunrise & Last sunset - unique
Lucius estaba destruido, sinceramente, con cuarenta y tres años ya no sabía qué hacer con su vida, (si es que en algún momento supo). Tenía un matrimonio que estaba en la ruina y por más que quisiera arreglarlo (no quería y tampoco le interesaba), era obvio que no iba a funcionar, si alguna vez lo había hecho, claro. Se supone que debería ser feliz, pero no lo era, Lucius lamentaba que su vida no fuera como la pintaran.
Extrañaba su juventud. Extrañaba a su mejor amigo. Pero por sobre todo, extrañaba no conocer a Narcissa. La vida antes de conocerla era linda y todo estaba en perfecta armonía.
Sí de algo estaba seguro era de qué, si en ese mismo instante, jueves 22 de noviembre, doce con treinta y cuatro minutos, James entrara por la puerta principal, y le dijera que se fuera con él (a Lucius no le interesaba donde), él lo seguiría sin dudarlo un segundo.
—Necesito un trago —masculló terminando el vaso de whisky frente a él, su hijo enarcó una ceja.
—Estás tomando en este instante —replicó Draco antes de servirse más licor.
Lucius chasqueó la lengua y movió la mano vagamente.
—Mhm... Dile a tu madre que no me espere despierta.
—Como si alguna vez lo hiciera —murmuró el menor encendiendo un cigarrillo. Escuchó el sonido de la silla arrastrándose por el suelo, luego, silencio. Minutos después, vio por la ventana como su padre salía en su jeep, bebido, a toda velocidad a quién sabe cuál bar de todo Londres.
No recordaba lo bien que se sentía ir a toda velocidad por la carretera a mitad de la noche. Lo único malo era que no tenía a su habitual compañía, James Potter. Ah, bueno, y que también estaba un poco (muy) ebrio. Sin embargo, no era suficiente para olvidar el bar de su despedida con su primer amor.
First Sunrise & Last Sunset.
James y Lucius habían sido amigos desde antes de nacer. Euphemia y su madre eran íntimas amigas. Se embarazaron casi al mismo tiempo, crecieron juntos prácticamente. Aunque luego de la muerte de su madre, cuando él tenía catorce años, las visitas de James a su casa, disminuyeron en demasía. Abraxas no le daba permiso para invitarlo y las pocas veces que lo hacía, odiaba que se encerraran en su cuarto, la única regla era: No encerrarse en la habitación. Una vez lo desobedecieron, puesto que estaban gritando y Lucius no quería molestar a su padre, así que cerró la puerta de la habitación. Cuando su padre se dio cuenta, Fleamont llegó cinco minutos después a su casa. Abraxas lo castigó fuertemente y le prohibió invitar a James a la casa. Al día siguiente, Lucius supo que también habían castigado a James, y que no podría volver a la casa de los Potter. Al principio no lo entendían, con el tiempo lo hicieron.
A esa edad, Lucius empezó a tener sentimientos que iban más allá de una simple amistad. Lucius, en el fondo sabía que era lo que estaba pasando, pero era más fácil pretender que no pasaba nada. Y siendo sincero, sabía que si alguien se llegaba a enterar, lo iban a tachar de enfermo mental y eso no beneficiaría nada el apellido de los Malfoy y Lucius no quería enfrentarse a la ira de su padre, no otra vez.
En el cumpleaños número quince de Lucius, James se dio cuenta y contrario a Lucius, él sí aceptó los sentimientos que tenía por su mejor amigo, también se dio cuenta del comportamiento del Malfoy, quién cada vez se alejaba más y más de él, llegando al punto de que, en las clases que compartían, Lucius se hacía lo más alejado de James posible y pasaba el menor tiempo que podía con él.
Así que, a los quince años del Potter, empezaron las salidas clandestinas. James iba a buscar a Lucius, a medianoche. Cuándo no había una sola luz en la casa Malfoy, James dejaba su moto cuadras atrás y al momento de llegar al jardín, Lucius ya estaba sentado en la ventana, con una mochila, esperándolo. A veces irían a la montaña, otras veces darían un paseo en la moto de James por el bosque, y casi siempre, verían el amanecer en el mismo lugar. La playa. Porqué James amaba ver el amanecer, y Lucius amaba a James.
Por Lucius, James era capaz de mentirle a su padre y niñera con tal de ver la sonrisa que se formaba en el rostro del blondo cada vez que se recostaba en su hombro. James era capaz de todo, hasta de pasar toda la tarde en una colina, con frío y conteniendo las ganas de besar a su amigo. Ninguno lo dijo, pero amaban esas salidas.
Empezaron a ir a bares a la edad de dieciséis años, a los diecisiete descubrieron la maravilla del sexo. A esa edad conocieron a sus actuales esposas, en una fiesta, para ser más específicos, la fiesta de cumpleaños de Sirius.Lily y Narcissa, deslumbrantemente bellas, lamentablemente no eran del tipo de ninguno, aunque Lucius folló con Narcissa esa noche, imaginó a James.Este, al ver como su amigo se llevaba a una habitación apartada a Narcissa, hizo lo mismo con Lily. A partir de ese día, ya no eran solo James y Lucius, eran James, Lucius, Lily y Narcissa.Las salidas a mitad de la noche y las hermosas vistas del amanecer y atardecer, fueron completamente olvidadas al momento que sus padres descubrieron a sus novias. Y porque los cuatro se la pasaban como conejos.
Todo iba miel sobre hojuelas, dejando de lado el daño mental que James y Lucius se estaban haciendo al imaginar que sus parejas eran sus mejores amigos.Todo se derrumbó empezando la noche de despedida. Ya era momento de empezar la universidad. Ese día, Lucius llamó a James y le dijo que lo iría a buscar. A las diez en punto, el blondo apareció en la puerta de su mejor amigo en un jeep negro. James les dijo a sus padres que iría con Lucius a una fiesta y Lucius le mintió a Abraxas diciendo que saldría con Narcissa a un bar.Luego de media hora de viaje que se basaron en anécdotas de ellos cuando eran pequeños, de cuanto extrañaban sus salidas a medianoche y demás cosas, llegaron a First Sunrise & Last Sunset, el único bar en la ciudad exclusivamente para hombres.Contrario a lo que pensaron, el bar lucía organizado y tranquilo. La música suave sonaba de fondo y las luces eran tenues. Luego de un par de cervezas, el alcohol les empezaba a afectar. A medianoche exactamente, James sacó a Lucius a bailar y en algún momento, sin decir palabra alguna, compartieron un tierno beso.
Eso es lo último que Lucius recordaba, porque al día siguiente, una llamada de Narcissa lo despertó en su cama. Con un intenso dolor de cabeza, atendió la llamada, lo que Narcissa le dijo, lo mandó a dormir nuevamente.
—Lucius, estoy embarazada. Y ya me he hecho diez pruebas diferentes.
Días después, James lo llamó, solo una frase bastó para que la amistad que alguna vez hubo, se fuera por la ventana.
—Me voy a ir de Inglaterra, Lily está embarazada.
Pero no fue el hecho de Lily estuviera embarazada lo que rompió la amistad, era el hecho de que esa fue la última vez que supo de él.
Volviendo al bar con Lucius cuarentón.
—¿James?
—¿Lucius?
Y en medio de todos, se largaron a llorar, sentimientos enterrados en lo profundo de cada uno, salieron a la luz, aunque ninguno habló de ello. Hablaron de todo lo que pasó con sus vidas luego de que James se fuera de Inglaterra, también platicaron acerca de lo felices que eran con la familia que tenían, aunque en el fondo mentían. Los dos eran conscientes. Sin embargo, para suerte de ninguno, James tenía que regresar a su país con su esposa e hijo. Y Lucius quería ir con él. Lo deseaba. Por lo que más temprano que tarde, Lucius se encontraba volviendo a casa con más alcohol en la sangre de lo normal, con lágrimas cayendo como cascadas de sus ojos, nublando su visión por momentos.
En la madrugada, pateó la puerta de la casa, haciendo que su hijo —quién parecía haber estado llorando desde hace horas— y que su esposa se asomaran al barandal, a ver que mierda pasaba.
—Me-me arruina hip arruinaron la vida. Tú —señaló a Narcissa, quién lo miraba desde el piso de arriba— tú te cagaste en... en ella. Tú Drac... Draco. Perdí… hip… perdí al amor... perdí a James por tu culpa... —Narcissa lo observo estoicamente, enarcando una ceja, y luego de procesar lo que su marido había dicho -técnicamente no era todo su culpa, también era de James, Lily y él- volteó los ojos cansinamente y se refregó el rostro con las manos.
«Hace años no pasaba esto» pensó.
—Lucius, vuelve a la cama.
El padre negó.
—Nnnoo... t-te odio. Los odio, a los dos. —A tropezones, se acercó al estante donde se guardaba todo el alcohol y licor de la casa, sacó dos botellas de whisky y se marchó sin mirar atrás. Quizás, si se bebía un poco más, compraría un pasaje e iría a Venecia, con James. O quizá simplemente fuera a la playa, esperando a que el sol empiece a salir, con la esperanza de que su amor viniera a buscarlo. Mientras tanto, se encargaría de ahogar sus penas en alcohol, la noche era larga y a él no le interesaba en lo más mínimo el daño que pudiera sufrir.
—Pero mira el lado positivo… —Señaló Harry a su lado—, tuvieron una hermosa amistad, incluso algo más que solo amistad.
—Solo nos dimos un beso.
—Quizá si no hubieras conocido a mamá, estarías ahora mismo con él, viendo el amanecer en la playa.
James asintió bebiendo de la botella de agua, tragando con aspereza el liquído. Ansiaba una buena lata de cerveza o un vaso de whisky, pero no quería darle ese ejemplo a su hijo.
—O quizá si no hubiera conocido a tu madre, tú no estarías aquí y yo estaría con él, contemplando el amanecer en la playa. Sin embargo, las cosas no son así, y tengo una familia en Venecia. Ahora ve a dormir, Harry.
—Buenas noches, papá.
Y con ello, el adolescente se marchó a su habitación, dejando que su padre se ahogara en sus propias lágrimas y miserias.
Oh, cuanto extrañaba a su querido Lucius. Pensó, observando aquella imagen, que en la esquina inferior citaba: «First Sunrise & Last Sunset. Verano del 87, James y Lucius.»