Alfa de compañía (KatsuDeku)

Summary

Izuku Midoriya es un omega considerado para el proyecto de Alfas de compañía; después de perder a su esposo en un accidente, para poder sobrellevar el estrés y el dolor no solo emocional sino que también físico del corte de la unión con su alfa, estando embarazado, un alfa de compañía llamado Katsuki Bakugo llega en su ayuda. El enamorarse no era parte del plan.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

El olor a hospital nunca le había gustado, siempre le recordaba a enfermedad y muerte, una inquietud que le calaba hasta los huesos. Esa noche en ese hospital con las manos temblando sobre su regazo una con la otra, se dio cuenta que la muerte estaba a la esquina, la podía sentir subiendo por su espalda.

Estaba acariciando a su esposo.

Hiro llegó a su vida en una mañana de otoño, Izuku nunca había sido un omega demasiado seguro de sí mismo cuando venía a nada. Mucho menos el llamar la atención de un alfa, pero Hiro llegó, cabellos oscuros y sonrisa brillante susurrando que tenía una sonrisa muy hermosa cuando pensaba que nadie lo estaba viendo.

Izuku casi escribe la misma receta dos veces y recibió un regaño de su profesor de repostería. Fue uno de esos amores dulces, sin ningún tipo de pelea, besos, largas sesiones de amor hasta que Hiro al fin le pidió matrimonio. Izuku aceptó, la única familia que tenía era a su madre, una mujer fuerte de hermosos cabellos verdes que lo había criado sola después de que su padre alfa los dejará, y sus amigos los cuales ya en su totalidad estaban en una relación o vivían vidas totalmente plenas.

Izuku quería una familia también, sobre todo con el alfa al que amaba. Todo eso se fue en solo una pequeña discusión graciosa sobre cuál sería el sexo del bebé mientras iban de camino a casa en una noche bastante ventosa, el auto perdió el control al explotar una llanta en una trampa de osos que un cazador desconsiderado había dejado en medio de la carretera. Lo último que vio fue el rostro de Hiro, sus ojos celestes mirarlo con pánico antes de protegerlo con su cuerpo.

Luego nada.

Cuando despertó estaba en una sala de hospital, totalmente vacía aparte de él y a oscuras. No le tuvieron que decir que su esposo había muerto, lo pudo sentir en su roto lazo, lo pudo sentir en la manera en que su pecho se contraía en dolor totalmente vacío. Su madre llegó corriendo rápido a donde él, fue la única que lo pudo medio consolar en todo ese tiempo.

—N-o puedo mamá —sollozó, las manos aferradas a la camiseta de su madre que acariciaba sus cabellos con dulzura—, no p-uedo seguir sin él… —Le dolía, físicamente era un dolor intenso que le quitaba el aire y le provocaba nauseas, las enfermeras llegaban a revisarlo de vez en cuando, a medir su temperatura.

—I-zu —jadeó su mamá, las manos temblando alrededor de su cuerpo—, tienes que seguir mi amor, tienes a tu bebé.

Eso solo lo hizo llorar más, sí. Su bebé, el cual nunca conocería a su padre, el cual solo lo tendría a él que era un total desastre sin Hiro. Lloró con más fuerza, llevando la mano a su vientre con fuerza para al menos tratar de acariciar su vientre. pero no podía, todo le daba igual y no tenía ni siquiera fuerza para levantarse de esa cama de hospital aun cuando sus heridas habían sido superficiales.

Fue hasta el día siguiente que un hombre de cabellos oscuros largos, bata blanca de doctor que parecía alfa pero olía a omega llegó ante su madre y él. Izuku alzó la mirada lo que pudo, sintiéndose muy cansado aun cuando la noche lo había hecho recobrar algunas fuerzas.

—Midoriya Izuku, te hemos incluido en el programa gubernamental de alfas de compañía —dijo en voz baja.

Su madre pestañeo más de la cuenta, confundida, pero con algo de esperanza—. ¿Esto cómo ayudará a mí hijo?

—Tu perdida es horrible y lo lamento mucho —susurró el hombre, Izuku bajo la mirada a las palmas de las manos, casi como si eso fuese lo más importante del mundo—, el dolor que sientes es real pero también sé que no quieres morir junto a tu alfa con un hijo en el vientre, ¿Me equivoco?

La pregunta era simple, por un momento le dio miedo sentir como no le importaba en cierto sentido, fue hasta que su mano acaricio su abultado vientre de apenas 3 meses que negó con firmeza. El hombre sonrió leve.

—Entonces te ayudaremos a superar las consecuencias de perder un alfa que te marco y al que marcaste, tanto las psicológicas como las físicas y para las últimas tenemos a alfas que se encargan de cuidar aquellos omegas en cinta que pasaron por sucesos traumáticos.

Izuku asintió, entendía, sí había escuchado las consecuencias que tenía en tu cuerpo el perder a un alfa u omega marcado, pero sentirlo junto al dolor en sí de perder al amor de su vida, era diferente.

—Haré que uno vaya a tu casa desde mañana, tu madre se tendrá que quedar contigo esta noche.

Ella asintió e Izuku aguantó la respiración antes de preguntar lo siguiente.

—A-izawa-san… —dijo, leyendo el nombre del omega en la tarjeta guindando en su pecho—, muchas gracias.

Él negó.

—Es lo correcto, Midoriya Izuku, recuerda que no estás solo.

Si lloro por eso mismo una vez el hombre cerró la puerta tras él, solo su madre lo pudo notar con una pequeña sonrisa en su rostro que Izuku apenas y pudo notar en medio de tantas lágrimas abundantes saliendo de sus esmeraldas.

Lo más difícil no fue llegar a su departamento, sino el ver que su madre se había encargado de quitar todas aquellas cosas que fuesen de su esposo según recomendaciones de los doctores y limpiado el departamento de arriba abajo para eliminar cualquier olor.

Ese departamento que tanto había compartido con la persona que amaba ya no olía a ellos, no olía a nadie. Se dejo caer en el sofá, quitándose el chaleco y dejando que su madre posara su mochila con ropa en su habitación y durmió toda la tarde y noche otra vez, hasta la mañana en donde el sonido de su madre cocinando el desayuno lo despertó.

Era físicamente cansado el levantarse, los ojos los sentía pesados, solo quería volver a dormirse, pero aun así su estómago rugiendo le recordó que debía de comer, a Hiro no le gustaría verlo aguantar hambre, mucho menos con su hijo. El solo pensamiento lo hizo cerrar las manos con fuerza en la tela de su pantalón de dormir y su aroma tornarse tan agrio que estuvo seguro su madre tapó su nariz.

Era normal en los omegas que habían pasado por situaciones traumáticas, pero ver a Izuku así, le rompía el corazón. Lo miro irse directo al baño y fue en ese momento que la puerta del departamento; muy grande para su hijo solo, se dejó escuchar. Sonrió alegre, era el alfa de compañía, casi corrió a la puerta y la abrió con una gran sonrisa y lo que vio ahí no supo cómo tomarlo.

Izuku limpió la humedad de sus manos contra la tela de su camiseta de dormir, caminó a la sala del departamento que estaba totalmente a oscuras con las cortinas cerradas y ahí el olor de un alfa llegó a él. Alzó la mirada con rapidez y quedó cara a cara con un alfa que pareció tan afectado por su olor como viceversa.

Era alto, más alto que él por varios centímetros, cabellos desordenados y rubios. Ojos rojos pero cálidos, un entrecejo fruncido, chaqueta negra, jeans y unas converse. Podía notar que tenía una tarjeta en la mano que le estaba enseñando a su muy preocupada madre.

Y se dio cuenta que ese sería su alfa de compañía.

Ni siquiera tuvo oportunidad de reaccionar más allá de tensarse por completo cuando el alfa entró en su casa, haciendo a un lado a su madre y se acercó a él directamente.

—¿Midoriya Izuku? —su voz era grave y algo áspera, Izuku tragó grueso antes de asentir.

El alfa tomó su muñeca y la llevó a su nariz, Izuku jadeo, ¿Lo estaba marcando? Sus mejillas se encendieron y desde la muerte de su esposo su corazón dio un vuelco, cuando el alfa llevó su muñeca a las glándulas de olor en su cuello marcándolo con un fuerte olor a caramelo, lo hizo jadear y aferrarse a su camiseta.

—Apestas a estrés, si sigues así ese mocoso no nacerá bien —apenas lo escuchó, las feromonas eran dulces, lo tentaban a cerrar los ojos y quitaban ese fuerte sentimiento de cansancio que no se iba de su cuerpo—, acabas de perder a tu alfa con el cual creaste un vínculo físico también, quitarle a tu cuerpo esas feromonas mientras estas embarazado es entrar en una depresión y estrés inmediato.

—¿Disculpe? —preguntó su madre, Inko tenía las mejillas rosadas también. El marcar a otros era, en sí, un acto bastante íntimo, sabía que era necesario pero verlo era diferente. Además de que ese alfa de cabellos rubios era sumamente… intimidante.

—Bakugo Katsuki, soy el alfa de compañía que estará a cargo de Izuku Midoriya por los meses de su embarazo. Puede irse si desea, usted también huele estresada.

—Y-o…

Sorpresivamente fue la voz de Izuku la que llamó la atención de su madre, el omega alzó su mirada verdosa a ella con una pequeña sonrisa. Su humor mucho más estable y las feromonas de ese alfa alejando un poco esa tristeza y desesperación por haber perdido a su otra mitad.

—Mamá, estaré bien —susurró, dando dos pasos atrás sin ver aún al alfa frente a él—, Bakugo-san es un profesional. Descansa y ven mañana a desayunar.

Ella tardó varios segundos en tomar una decisión, analizando la tarjeta entre sus manos en donde daba la identificación de Bakugo, hasta que asintió rendida. Tenía que confiar, su bebé necesitaba un profesional que le ayudará.

—Muy bien, por favor Bakugo-san, si necesita ayuda…

El de ojos carmesíes asintió, dejando su mochila a un lado—. Lo haré, pero no se preocupe, Izuku no es mi primer omega. Puede consultar con el viejo si desea.

¿Viejo? Inko asumió que era Aizawa.

—Bien… —dudo Inko, tomando su bolso de la mesa junto a sus llaves al caminar con inseguridad a la puerta del departamento, Izuku la mirada con seguridad, parecía sorprendido, las feromonas del chico le hacían bien—. Izu, bebé, buena suerte.

Y con eso dejo el departamento, mandándole un beso a su hijo antes de cerrar la puerta tras ella.

Izuku quedó frente a frente con el primer alfa que tenía tan cerca después de la muerte de su esposo, Bakugo Katsuki sin duda era intimidante pero su olor y él en sí le hizo sonreír. Estaría bien, tenía el presentimiento que le cambiaría la vida para bien a él y a su bebé.