El joven desarecido
¿ Así era como iba a morir? Que muerte tan miserable… aunque bueno, nadie podía juzgarlo por desear dejar de sentir toda esa mierda, por abrazar esa pesada penumbra qué poco a poco se apoderaba de el.
Todo su cuerpo dolía, respirar era más que una tortura y apenas entraba aire a sus pulmones, sus ojos veían borroso y apenas podía distinguir sombras.
-Jamás me cansaría de ti, pero lo siento, hasta aquí llegas perra, pero no te preocupes, no te voy a dejar tan triste y solo. – Tomo su maltratado brazo con una brusquedad innecesaria e inyectó un líquido lechoso solo para soltarlo sin cuidado.
Ahí va de nuevo el desesperante sopor qué le embriagaba cada vez que ese líquido entraba a su sistema, bueno, por lo menos el dolor cedería, poco a poco sus sentidos se fueron apagando. Al fin la muerte vendría por el.
Llevaban más de 5 meses en la investigación y sabía que el tiempo se agotaba, jamás habían estado tan cerca y lejos en cerrar un caso, al maldito chiquillo se lo había tragado la tierra y ahora solo faltaba descubrir donde lo había escupido, tomo de nuevo la fotografía del joven de cabellera rosada con una sonrisa deslumbrante, realmente tenía que encontrarlo vivo o no sabría que decirle a su vecino.
Tomo de nuevo el expediente entre el montón de documentos que tenia en su escritorio y lo volvió a leer por enésima vez.
Itadori Yuuji
Edad: 16 años
Marcas particulares : ojos color miel, pelo castaño claro con tintes rosados.
Origen : prefectura de Miyagi, Sendai.
Escolaridad: segundo año de bachillerato en la Escuela Metropolitana de Tokio.
Familiares: Itadori Sukuna, 20 años de edad, egresado de la Facultad de Economía con honores, actualmente fuera del país, no se ha podido establecer contacto con él.
Hobbies: El club de atletismo de la Escuela Metropolitana de Tokio, ir al árcade después del club de atletismo.
Última vez visto: 21 de Marzo a la 1 am, después de la fiesta de cumpleaños celebrada en el departamento de su compañero de clases Fushiguro Megumi, se retiro a su domicilio a pesar de la insistencia de todos.
Sospechosos: Ninguno.
Cerró la carpeta y se recargo en el respaldo de su silla soltando un suspiro, vio de reojo como su compañero estaba igual o más estresado qué él, su cabello siempre recogido en un rodete ahora estaba suelto y desordenado.
“ Atención a todas las unidades, hay un incendio fuera de control en una bodega al límite Norte, bomberos y ambulancias en camino, repito incendio fuera de control en una bodega al límite Norte, se solicita a todas las unidades.”
Bien, algo con de acción, necesitan a despejarse un poco.
- Vamos Satoru, solicitan el apoyo de todas las unidades.- Suguru tomó las llaves de la patrulla y yo termino de recoger mis cosas.
- Yo conduzco, te vez del asco. – me rio y le estiró un mechón de cabello.
- Mira quien habla, tienes unas ojeras más grandes que tu cara de idiota.
El incendio si qué era grande, se había iniciado en una bodega de papel y cartón pero se propagó a unas cuantas alrededor.
Se había evacuado el área y por fortuna no se veían casas afectadas, el fuego ya estaba controlado y de todas las ambulancias solo habían quedado 2 para dar apoyo a las unidades de bomberos.
Satoru y Suguru dieron un último recorrido en búsqueda de alguna situación de riesgo, en la oscuridad no se detectaba algún foco de incendio, solo el ligero sonido de las sirenas a lo lejos, hasta que se escucho un quejido, ambos se miraron a los ojos y asintieron en silencio, si había alguien o algo en definitiva debería de no estar en sus 5 sentidos puesto que el reciente revuelo sería suficiente para ahuyentar a todo ser vivo.
Saco su pistola y apuntó al callejón de donde provenía el sonido, mientras que Suguru encendía su linterna, lo primero que vieron fue un bulto sospechoso moverse con dificultad sobre el suelo, con la luz se dieron cuenta que era un cuerpo humano, desnudo y maltratado, abandonado como si de un trapo sucio y viejo se tratara.
No supieron como reaccionar hasta que un mechón rosado se dejó ver entre la oscuridad.
- Acaso es… - Satoru corrió al pequeño cuerpo y corroboró qué tuviera signos vitales, la respiración era débil, su piel estaba helada, húmeda y un extraño líquido rodeaba su cuerpo. – Suguru una ambulancia.
- Estoy en ello.. Si… un civil, a 10 bodegas al este. – termino el llamado y se acercó a su amigo, conforme se acerca con la linterna podía ver más detalladamente el delicado cuerpo, había muchas heridas en la piel, unas viejas y otras muy recientes y aún sangrantes, su rostro deformado por los muchos golpes qué tenía junto a esos hematomas, lo alarmante llego cuando su mirada dorada bajo un poco más, bajo la cintura y se percató de la sangre sobre sus genitales, una cantidad alarmante salía de ese cuerpo. La vista se hacía difícil de mantener y se retiro el saco para cubrir el cuerpo del jovencito.
- No hay que moverlo, la ambulancia no debe tardar.
- Esto es… - El albino no pudo terminar la frase de la impotencia y coraje que lo invadieron, había visto al menor en muchas ocasiones ya qué visitaba con frecuencia a su vecino Megumi, en todas esas veces que se lo encontró siempre vio esa linda sonrisa en su rostro, pura y sin rastro de maldad, y una sensación de calidez lo invadía al ver la pureza del pelirrosa, ¿Por qué lo peor siempre le pasaban a las personas más buenas?
- A.. Ya… Ya no… - la voz débil y rasposa los sorprendió, no pensaban que estuviera consiente.
- Shh tranquilo, ya todo pasó, todo va a estar bien, la ayuda ya viene. – apenas Satoru dijo eso y los ojos miel se cerraron con pesadez. Los paramédicos se llevaron el cuerpo débil y mallugado de Yuuji al hospital qué les indicaron y Suguru acompaño la ambulancia mientras Satoru se quedaba a levantar cuanta evidencia se pudiera con ayuda del equipo forense.
- No hay mucho la verdad, parece que solo lo vinieron a tirar como si fuese basura. – La voz de Nanami Kento hablaba mientras tomaba fotos de diferentes ángulos y después tomaba unos cuantos objetos que con mucha suerte serían una pista.
- Debe haber algo aquí, no se una huella, un cabello, lo que sea. – Haibara Yu, un joven de castaños cabellos quien no se daría tan fácil por vencido, había mucha suciedad en el callejón y se veía que poco podría ser clasificado como evidencia.
- Y ¿que tal esto? – Satoru tenía una jeringa en su mano y con mucho cuidado lo puso en una bolsa para evidencia.
- Eres genial Sempai, por eso eres el mejor agente del mundo. – el jovencito casi sale a abrazar al peliblanco si no es porque Kento lo tomo del cuello de su bata.
- No te le acerques, se te puede pegar lo repugnante de este tipo.
- Siempre tan rudo Nanami, por suerte para ti yo siempre te daré mi apoyo. – Dijo juguetón el ojiazul al entregar la bolsa transparente.
El teléfono de Satoru sonó y este contesto de inmediato al ver de quien era.
- Shoko, dime que ocurre, no… voy para allá. – colgó y miro al par de hombres que lo miraban con duda en sus caras. – Nanami te encargo el resto, me necesitan en otro lugar.
- Adelante, ya casi terminamos.
- Conduzca con cuidado. – el joven despedía al albino con una reverencia.
El peliblanco saco las llaves de la patrulla y se dirigió al Hospital en el que trabajaba su amiga y donde habían llevado Yuuji, de camino pensaba en todo lo que tuvo que vivir el niño en esos meses, mientras que sus compañeros de clase tomaban una ducha con agua tibia a él le torturaban, mientras que ellos disfrutaban de una comida deliciosa él pobre chico apenas y pudo tomar algo de alimentos.
Se paro en un semáforo rojo y golpeó el volante de la frustración, prendió la sirenas, no tenía tiempo de esperar a que cambiará de color, quizá estaba en exceso de velocidad o quizá fue imprudente al pasarse el rojo, pero ese vehículo blanco casi se estrella contra el.
Mierda... Eso estuvo demasiado cerca, no era agente de vialidad pero esto no se quedaría así.
Se bajó de la patrulla y se dirigió a la vagoneta blanca, se identifico como agente de la agencia de desaparecidos, quizá ese fue su error, por eso al exigir los documentos del automovil y el piloto este estuvo en su derecho de negarse, así que tuvo que llamar a los agentes de vialidad y esperar para dar sus declaraciones, al fin todo terminó con una multa al conductor de la vagoneta por no respetar la prioridad de los vehículos de emergencias… oh diablos había olvidado lo que lo tenía tan apurado.
Llego al nosocomio y apenas pasar el umbral ya lo esperaba un equipo médico que lo chequeo rápidamente y tomo una muestra de sangre sin siquiera preguntarle, algo descolocado se dirigió a Suguru quien se veía un poco más pálido qué de costumbre.
- ¿ Tan malo es? – Se animo a preguntar, algo le decía que esto realmente era malo.
- ¿ Tu por que tardaste tanto? – llego una ojerosa castaña de cabello largo vestida con una bata blanca.
- Un loco casi me choca, pero eso no importa ahora ¿ Como se encuentra él?
- Muy grave, la hipotermia no lo mató, pero la neumonía, la infección de las heridas, la desnutrición y deshidratación así como las hemorragias y fracturas si lo harán, ahora mismo estoy haciendo todo lo posible para que el anestesiólogo y el equipo quirúrgico acepten meterlo a sala y reparar la vena porta y el fémur, si no lo hacen puede morir por la hemorragia interna. – La mujer tenían la carpeta en sus manos y no dejaba de ojearla, para Satoru y Suguru era demasiada información que sus cerebros no terminaban de entender. – Su tipo de sangre es muy escaso y ahora se terminaron los paquetes de sangre.
- ¿Es ahí donde entramos nosotros verdad? – Pregunto el pelinegro mirando a la mujer.
- Así es, ustedes son los únicos bastados locos que conozco que tienen sangre O- y sus estudios de hace 2 semanas dicen que están en perfecto estado de salud. ¿Han hecho algo que deba saber? – lo dijo para ambos hombres pero miro detenidamente al albino quien de acomodaba los lentes oscuros.
- No desde que termine con Yuki hace 4 meses. – Dijo Suguru.
- Yo menos, no he tenido tiempo desde que tome el caso.
- Mas bien desde que exigiste qué se nos asignará el caso. – dijo bromista su compañero.
- Eso no importa ahora, Shoko ¿qué tanta sangre necesitará?
- Mas de la que me podrían dar, pero algo es algo. – los dirigió a la sala de transfusiones, qué no se supone que este funcionando a altas horas de la noche.
- ¿ Estas segura de esto? – pregunto nervioso Satoru.
- Puedo perder mi cédula, pero por eso lo trajeron aquí ¿No es así? – Ellos sabían que podrían confiar en su amiga de la preparatoria para salvar al niño.
Ambos asintieron y se sentaron en lo sillones mientras que las enfermeras los preparaban para el procedimiento.
Una enfermera entro en la sala y le entrego unos documentos a Shoko quien al verlos solo abrió los ojos y una extraña sonrisa se instalo en sus labios.
Salió de la sala y se dirigió a una oficina grande con un ventanal qué daba a la sala de operaciones, era su turno de hacer qué la rueda girará para salvar al chiquillo qué era casi un cadáver.
Las horas pasaban y ya casi salía el sol, Shoko no había vuelto a aparecer frente a ellos en el transcurso de la noche y ellos estaban ocupados redactando el informe del caso tan detalladamente qué llego un punto en el que ninguno pudo seguir describiendo los hallazgos médicos, simplemente era un milagro que siguiera vivo después de todas esas lesiones.
Ambos hombres tomaban un café, negro para Suguru y para su compañero uno con leche y una cantidad insana de azúcar, necesitaban energías para continuar con ese reporte y estar al pendiente de los hallazgos de Nanami.
- Al fin los encontré, tengo algo delicado qué contarles. – Shoko cargaba una carpeta nueva y algo más grande que la anterior, ambos suspiraron y tomaron asiento en la cafetería del hospital esto sería nada agradable.
- Ya suéltalo… - Dijo Satoru.
- La cirugía fue un éxito pero… lo tenemos en coma inducido, su sistema está muy débil y las próximas 24 horas son cruciales. – Una gruesa gota de sudor rebaño por la frente de ambos, eso no era todo habia algo más y la mujer no lo quería soltar tan rápido. – Además encontramos restos de muchas drogas, eso lo complica más porque esta resistiendo los medicamentos, y… encontramos rastros de “A-O”.
Se escucho como una silla se estampaba contra una pared y los vasos con café caían al piso derramando el contenido.
- Mierda, no otra vez. – Suguru tomo sus negros cabellos tirándolo con furia mientras que el albino estaba haciendo un escándalo en la cafetería tirando todo lo que estuviera a su paso.
- Es lo mismo que con Riko, esto no puede estar pasando de nuevo. – Gruñó el oji azul.
- Ya se dio aviso a la agencia de drogas y al departamento de Salud. – La castaña se mordió el labio esperando la tormenta.
- ¡¡NO ME JODAS!! – Grito el albino acercándose peligrosamente a la mujer y antes de tomarla del cuello de la bata fue detenido por su compañero.
Esto estaba sobrepasando a sus amigos, ella también se vio involucrada con el caso de Riko Amanai hace 1 año, en donde una joven había sido sustraída de su casa y fue víctima de innumerables torturas y experimentos, el más horrible fue el uso de A-O, una droga de la qué aun no se sabía mucho pero era capaz de alterar el ADN de las víctimas, terminando siendo encontrada en un contenedor de basura, sin vida.