Capítulo 1 - Orla
Estaba en el restaurante tal y como me había pedido mi madre, otra cena arreglada con un chico que parecía bastante nervioso y no paraba de hablar. Me gustaba el poder que tenía gracias a mi familia pero nada es gratis en esta vida. Era hija única y mis padres estaban locos por casarme y tener un yerno al que enseñar el negocio familiar. Como si todos mis esfuerzos y títulos fuesen papel mojado.
- Bueno, ¿qué deporte te gusta hacer? En tu ficha decía que te gusta bailar y el tenis.
Una verdad a medias que había escrito la asistenta de mi madre por un intento de destacar mi feminidad.
- Si, práctico varios deportes, entre ellos tenis, paracaidismo y crossfit. Y en cuanto al baile, no soy muy buena, pero últimamente me he aficionado al pole dance - le sonrío poniendo cara de niña buena.
-¡Oh! que interesante, pero supongo que cuando nos casemos dejaras todos estos hobbies de lado por el bien de la familia… - y siguió con su discurso pero yo ya no lo estaba escuchando. Los guisantes de mi plato eran mucho más interesantes.
La cena siguió su curso y después del postre Enrique, creo que se llamaba, me ofreció continuar la velada en su casa. Lo cual rechacé cortésmente con la excusa de que una señorita no va a casa de un hombre en la primera cita. De algo me tendría que servir esa etiqueta social.
Una vez en mi casa, me puse mis mayas y salí a correr por el bosque que tenía cerca, necesitaba descargar la frustraciones del día y que mejor que las endorfinas del deporte. Era bastante entrada la noche pero no tenía miedo a la oscuridad, y había una preciosa luna llena en un cielo despejado.
De repente, en mitad de la carrera, noté una sacudida el mundo dió un par de vueltas y me golpe en la cabeza. Poco a poco todo a mi alrededor se fue volviendo borroso. Escuché un gruñido, sonidos de pasos, como de perro… o algo un poco más grande.
- ¿Qué cojones? - escuche una voz grave, transmitía bastante respeto, imponía - ¿Como no la habéis visto? Donde… - las voces fueron alejándose hasta que todo se quedó en silencio.
Me desperté con la luz del sol, tenía el cuerpo cansado, como si hubiera salido de fiesta hasta el amanecer. Las sábanas eran muy suaves y la cama muy cómoda. De repente me di cuenta de lo tarde que era, tenía que llegar al trabajo y ya había amanecido. Me puse de pie de un salto y casi me caigo de culo de la impresión que me dio el darme cuenta que estaba en una habitación desconocida. De lo rápido que me había levantado, me tuve que volver a sentar. Por el mareo me estaba dando una especie de jaqueca. Me toque la cabeza y tenía un apósito, me dolió rozarlo. Poco a poco recordé los sucesos de la noche anterior.
Escuché el sonido de una pesada puerta, levanté la vista. Un hombre de al menos dos metros de altura entró, por la jaqueca no conseguía enfocar del todo bien, pero me pareció bastante guapo e imponente.
- Buenos días - hablo con una voz suave pero firme, me pareció extrañamente familiar.
- Lo serán para ti - le respondí bastante seca, no estaba precisamente de buen humor - ¿Dónde estoy y como he llegado aquí?
- Anoche, mis hombres se chocaron contigo mientras corrían. Puesto que no llevabas documentación, te trajeron aquí hasta que despertaras - explicó. Lo miré a los ojos, sentí una chispa por la columna vertebral.
- Mira guapo, cuando alguien se hace daño lo mínimo es llevarlo a un hospital, no secuestrarlo después de atropellarlo. - Sentí que de alguna manera lo estaba desafiando, pero no aparté la mirada, me puse de pie y me acerque a él. - Como no me llevéis a donde me habéis encontrado ya, os voy a denunciar por secuestro - dije mirándolo fijamente a los ojos.
- Espero que podamos resolver el malentendido - vi como apretaba los dientes - lo antes posible. ¿Le gustaría acompañarme a desayunar mientras hablamos?
Me quedé boquiabierta por el ofrecimiento, que educado era mi secuestrador, vaya, me asegurare de tenerlo en cuenta cuando testifique en la policía. Me crucé de brazos mostrando mi descontento, pero de repente me acordé que no había localizado mi móvil - ¿Dónde está mi móvil?
- Me lo había llevado para cargarlo, tenias la batería bajo mínimos - me lo extendió.
Cogí el móvil, miré la hora y le mandé un mensaje a mi secretaria diciendo que hoy no iría a trabajar. También programe otro a mi madre que se enviará en un par de horas con mi ubicación actual diciendo que me habían secuestrado y que llamase a la policía.
- ¿Desayunamos? - insistió mi extraño anfitrión, asentí y lo seguí.