La séptima víctima

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Summary

“Finalmente alguien se ha despertado. Bienvenido. Espero que hayas dormido bien, por un momento pensé que la dosis que había aplicado fue excesiva.” La bocina que se encontraba en el muro más alejado de la habitación le habló directamente. Lo último que recordaba era tener a su próxima víctima dormida entre sus brazos y listo para subirla a su camioneta. Ahora, se encuentra en atado a una cama en una habitación vacía sin entender que es lo que está sucediendo. Minutos después se da cuenta que no está solo, su víctima se encuentra en otra cama al fondo de la habitación y los nervios se apoderan de él. Si desea vivir tendrá que salvarla, aunque nadie asegura que será suficiente.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

“Finalmente alguien se ha despertado. Bienvenido. Espero que hayas dormido bien, por un momento pensé que la dosis que había aplicado fue excesiva.” La bocina que se encontraba en el muro más alejado de la habitación le habló directamente.

La cabeza le dolía, de inmediato se dio cuenta de que sus manos estaban atadas a la cama en la que se encontraba cuando intentó levantarlas para revisar si tenía alguna herida; su cara mostraba desconcierto, no sabía lo que estaba pasando y se limitó a gruñir mientras abría lentamente los ojos, para evitar la molestia de la luz entrar, e intentaba descifrar donde se encontraba. Poco a poco recuperó la consciencia, un ataque de adrenalina y enojo le recorrió por todo el cuerpo como un rayo y comenzó a moverse violentamente en la cama, sin ninguna clase de suerte al intentar liberarse. Se dio cuenta que no solo sus manos sino uno de sus pies se encontraba atado al extremo de la cama, solo uno, le causó un poco de curiosidad pero le restó importancia pues lo que necesitaba saber es donde estaba y quien le había hecho esto; una vez que se liberara le haría pagar a quien sea que haya planeado esta broma, o lo que fuera que sea.

El enojo abandonó por un momento su mirada y el miedo se apoderó de ella; dejó de insistir con las manos y pies pues entendió que solo estaba gastando su energía sin conseguir nada en absoluto. Se tranquilizó lo mejor que pudo cerrando los ojos y respirando profundamente, sus pensamientos inundaron su calma y comenzó a imaginar cómo haría pagar a quien fuera responsable; se sorprendió pintando una sonrisa, abrió los ojos nuevamente y comenzó a analizar la habitación. Observó nuevamente la bocina y antes de que cualquier otra cosa pudiera llamar su atención quedó congelado, el miedo había vuelto a sus ojos y se preguntó cómo no fue lo primero que notó; su ritmo cardiaco se elevó a un punto que seguramente no era normal, su boca se resecó y por un momento pensó que su respiración se había detenido y la sangre en su cuerpo había decidido empezar una huelga y no moverse más.

Pero, qué mierda es… Las palabras se formaron en su cabeza y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo una vez más, se preguntó si realmente habían parado de suceder desde que despertó. En otra cama, la mujer que después de semanas de planeación e investigación había finalmente decidido atacar se encontraba atada igual que él a otra cama debajo de la bocina y pegada a la pared del fondo, sus dos brazos se encontraban inmovilizados y una de sus piernas se encontraba libre como si eso realmente sirviera para algo. Estaba inconsciente, podía notar su respiración tranquila, como si estuviera simplemente tomando una siesta después de una mañana difícil. Una mancha roja en su frente resaltaba en una piel tan blanca como las sábanas que cubrían la cama. El golpe que él le había propinado una noche antes para dejarla inconsciente y después seguir con su plan de agregarla a su preciosa colección, como cínicamente le gustaba llamarle. Desde dónde se encontraba no podía ver otro indicio de violencia pero algo en su mano izquierda llamó su atención, un catéter estaba correctamente colocado pero no había medicamento o ninguna sustancia siendo administrados. De inmediato sintió una punzada de dolor en su mano izquierda, la adrenalina, o el desconcierto o lo que sea, no le había permitido darse cuenta de que él también tenía un catéter colocado, la ausencia de medicamento o sustancia se repetía; un miedo real, por primera vez en mucho tiempo, se apoderó de su cuerpo y quedó petrificado, no entendía absolutamente nada, nada hacía ningún sentido para él. El miedo debió reflejarse en su cara pues después de lo que parecieron dos segundos, aunque probablemente fueron diez minutos, la voz en la bocina volvió a resonar en la habitación.

“No te preocupes por ella, si es que lo estabas. Solo duerme, se recupera del golpe. Muy acertado debo admitir, en el momento en el que la atacaste cayó y no se enteró de nada más en el mundo. Gracias por el favor, solo tuve que ocuparme de ti en lugar de hacerlo con dos personas, definitivamente me ahorraste un poco de trabajo y por lo tanto te haré un regalo en algún momento. Por ahora, descansa, relájate, haremos lo posible para que te sientas como en casa. Hasta pronto.”

La voz se apagó una vez más antes de que pudiera reaccionar. Su rostro parecía haber quedado sin sangre, no circulaba más, no podía moverse, el dolor en su cabeza se había desvanecido, no porque realmente ya no doliera si no por el impacto de las palabras de… de quien fuera que sea que estaba detrás de esa bocina que habían hecho que olvidara. Cuando pudo recuperar la compostura lo único que atinó decir en una voz que él pensó era alta fue:

“¿De qué regalo estás hablando? Entiendo que no tienes ni idea de con quién te has metido, si me sueltas en este momento quizá tenga un poco de compasión por ti.” Las palabras realmente salieron de sus labios sin convicción. No hubo ninguna respuesta.

Esto es una locura, la mujer en la otra cama si debía estar ahí, pero con él de pie a un lado y empezando su 'trabajo'. Siempre imaginaba días antes lo que haría con su siguiente víctima, como terminaría con ella y después desaparecería como lo había hecho ya decenas de veces; era un ritual al que estaba acostumbrado. Simple, hermoso, satisfactorio, clásico, dramático e incluso algo teatral. La policía intentaría por semanas, quizá meses, pero el caso sería una vez más desechado, y el seguiría con su vida aburrida por un tiempo, hasta que el deseo de tener a alguien más en su 'colección' volviera.

Un ataque de rabia lo inundó nuevamente e intentó zafarse de sus ataduras sin éxito. El dolor que la aguja en su mano producía se hizo más agudo esta vez y lo único que lo tranquilizó de nuevo fue gritar como no había gritado en mucho tiempo.

“¡Voy a disfrutar demasiado matarte!” Logró articular después de la rabieta dirigiéndose directamente a la bocina de la habitación. Una vez más, no hubo respuesta.

Frustración, ansiedad y un poco de incredulidad lo llenaban completamente. Intentaba tranquilizarse y pensar en lo que él llamaba cosas más felices, como idear la manera en la que terminaría con la vida de quien lo había capturado pero no lograba concentrarse.

Cuando logró tranquilizarse de nuevo comenzó a analizar la habitación con más detalle. La cama donde se encontraba la mujer tenía a sus pies una lámpara que llamó fuertemente su atención, un tubo un poco oxidado sostenía un cono movible con un foco dentro; tenía una lámpara exactamente igual en su 'oficina'. El pensamiento de que fuera su lámpara se coló en su cabeza pero lo desechó rápidamente pensando que era simplemente una casualidad pero sus nervios se tensaron un poco cuando se dio cuenta de que a un lado de la lámpara se encontraba una puerta de madera con una pintura café desgastada por el efecto del tiempo y que incluso en partes se veía como si algo hubiera carcomido la madera; justo como en su puerta.

Su instinto lo llevó a inmediatamente barrer la habitación por completo con la mirada, las paredes pintaban un blanco sucio, no había recibido mantenimiento en un largo tiempo. El techo tenía manchas grises y negras provocadas quizá por moho. Cuando pensó que no podía haber más similitudes su mirada se encontró con una mesa de aluminio a un lado de la cama de la mujer, juraría que hace dos segundos no estaba ahí pero era irreal pensar que alguien la había colocado ahí sin que él lo notara. El alma se fue de su cuerpo por un momento al darse cuenta de que la mesa tenía las mismas marcas que él había hecho a la suya por cada una de sus víctimas, y cuando regresó de golpe dirigió su mirada la bocina y volvió a gritarle:

“¿A qué mierda estás jugando hijo de puta? Si eres tan valiente déjate de juegos y mátame si es lo que quieres, porque si no lo haces tarde o temprano seré yo quien vea cómo la muerte se apodera de ti.” Esta vez la amenaza pareció un poco más firme y un sonido, como de una televisión sin señal, se escuchó en la bocina, enseguida la voz volvió.

“Dos veces has jurado matarme.” Dijo y continuó con una carcajada para después dirigirse al hombre nuevamente. “¿Cómo planeas hacerlo? ¿Me cortarás las venas hasta que la última gota de sangre abandone mi cuerpo? ¿O quizá esta vez me cortarás el cuello después de hacerme cortes por todo el cuerpo? ¿O has decidido intentar algo nuevo esta vez?”

El silencio capturó sus labios, aunque intentaba gritarle a la cara paso por paso lo que haría hasta saber que había muerto, las palabras no salían. Ahora de quien no había una respuesta era de él. Tal y como lo describió la voz, aunque sin los detalles que lo hacían excitante, así habían sido los asesinatos de sus últimas dos víctimas, cómo es que lo sabía? Quién era este tipo y que mierda quería con él? Aunque intentaba no lograba conectar ningún hilo, no existía manera de entender lo que estaba pasando y con cada minuto esto se volvía más y más irreal. La bocina se activó nuevamente y después de una risa que se burlaba descaradamente volvió a dirigirse hacia él.

“Tal como lo esperaba, aunque es un poco decepcionante, no tienes ni idea de cómo voy a morir. Admito que me emocionaba escuchar de tu voz lo que harías para matarme, el primero de tu colección masculina. En fin, quizás en otro momento, ahora tienes tiempo para pensar.” La voz se apagó de nuevo y él no pudo más que prometer.

“Lo sabrás cuando te encuentres atado a esa cama frente a mi, te prometo que no te daré ninguna oportunidad de disfrutarlo porque será el momento que más habré esperado en mi vida, morirás y seré yo quien te mate hijo de puta.” El silencio se adueñó de la habitación una vez más y él se envolvió en sus pensamientos hasta que el sonido de la puerta lo devolvió a la realidad y ésta se abrió de golpe.