LACTANCIA

Oneshot basado en la historia Nobis
Hay situaciones para las que nadie te puede preparar, menos aún, si jamás, ni remotamente esperaste experimentarlas. Para Eddie estaba bien claro que no contaba con la mínima idea del cómo manejaría su reciente vida de nuevos padres; imposible de cuantificar los pensamientos, emociones, y sentimientos agolpados alrededor de un nuevo ser que deben cuidar y alimentar si o si.
La ansiedad de lo desconocido unido al contar con una pareja muy particular que sabe menos aún que él mismo respecto a las dinámicas de crianza humana; volviendo este paseo en un completo campo minado de sucesos inesperados, raros, vergonzosos, y hasta un punto, muy divertidos.
El paseo de toda una vida llamado: Paternidad.
El acto tan básico de dormir se transformó en un acontecimiento privilegiado para el pobre Eddie, el solo sentía que estaba agotado, escuchando como su hijo lloraba en medio de la noche, inevitable no actuar ante sus instintos básicos de buscar calmarlo, pero más que los llantos de Sleeper por comida, lo que le ponía ansioso era la voz rasposa del simbionte taladrando su cabeza cada dos horas o hasta menos, empujándolo a reaccionar de inmediato en el cumplimiento de sus responsabilidades compartidas.
—Eddie.
—mmm… ya, ya estoy despierto —murmuró con desgano, el cansancio comenzaba a hacer mella en su ánimo.

Pidiendo clemencia a todo su cuerpo cansado, Eddie se removió dificultosamente en la cama, sacando fuerzas para terminar sentando, inclinándose hacia donde se ubicaba la lámpara de noche sobre una mesita junto a la cama. Antes de siquiera abrir la boca para pedirle ayuda a su otro, el nombrado ya estaba completamente alerta estirando múltiples extremidades negras por la habitación, Eddie observó como una de ellas encendía la lámpara, otra movía varias almohadas y cojines tras su espalda, un par más le trajeron un pañal de tela que colocó estratégicamente sobre su hombro izquierdo, y la última extremidad se acercó cargando un cojín de lactancia que justamente les trajo su amiga Anne en la tarde, resultando extraordinariamente útil en su nueva labor de amamantar.
A Eddie tan solo le quedó sonreír aún medio adormilado, por más cansado que se encontrara le alegraba que el simbionte no dejara de estar al pendiente de sus necesidades, agradeció mentalmente que Venom pudiera ir un paso adelante en sus deseos y emociones, actos de pura empatía en pareja.
—Date prisa, Eddie. —Acarició la mejilla de su anfitrión, indicando que ya podía cumplir con su parte del trabajo.
—Un momento, dame un instante para sentarme bien, cariño.—suspiro bajito, acercándose al moisés ubicado a su lado sobre la cama, tomó cuidadosamente en brazos a Sleeper, llevándolo instintivamente contra su pecho, meciéndolo un poco en un vano intento de acallar su llanto.
—Está hambriento.
—Oh cariño, estoy seguro que ya todos en el edificio saben que nuestro bebé está hambriento.

Suspiró otra vez, estaba resultando incómodo que Venom le apresurara para hacer esto, entendía que Sleeper debía comer, pero aún él estaba procesando este hecho, lentamente, ya sin el reflejo mecánico o los nervios y angustias de las primeras veces, como ocurrió en el auto de Dan cuando venían de regreso a la ciudad, ya llevaban dos días de ensayos y errores de lactancia por su obvia inexperiencia.
—Eddie, estamos muy tensos, relax.
El periodista miró con ansiedad como su pequeño hijo abría la boca desesperado apenas sintió que estaban piel a piel, sin la ropa estorbando en su camino, moviendo su cabecita en una búsqueda puramente instintiva. Eddie frunció los labios un poco estresado, los movimientos desesperados su bebé le dificultaban que consiguiera aferrarse a su pezón, la lucha duró unos segundos más hasta que Sleeper atajo el pezón entre sus diminutos labios, succionando ávidamente, en esos momentos el periodista se tensaba por completo, la sensación inicial del agarre junto a lo desesperado que succionaba Sleeper causaba una reacción automática en él, usando sus dedos para alejar un poco su pobre pezón de la boca del bebé, esperando que se calmara y tragara con menos desesperación.
—No quiero que se ahogue de nuevo, la última vez me asusto.
—Deja de hacerle eso, no corre ningún tipo de peligro, Eddie.
—¿Cómo estás tan seguro? —Observaba atentamente la boca de Sleeper, sin darse ni un segundo para bajar la guardia, con los nervios a flor de piel.
—¿Cuándo nos has visto ahogarnos seriamente con algo que comemos?
—No puedes compararte con un bebé.
—Es nuestro hijo, comer es su primer y más básico instinto de simbionte.
—…es un buen punto, pero aún me angustia. —Se pensó por un segundo la respuesta de Venom, quizás su amante estaba seguro por la parte simbionte de su hijo, pero eso no elimina el que su miedo estaba fundamentado por el experimentar algo desconocido: el mantener vivo a un ser diminuto e indefenso, obvio que se asustaría ante cualquier imprevisto. Al final aceptó alejar la mano de su pecho cuando el bebé empezó a incomodarse al ser interrumpido en su comida.
—Mucho mejor. —El simbionte respondió complacido al ver que su pobre hijo dejó de ser interrumpido en medio de su comida.
—Uhm… con calma, pequeño. —gruñó bajito ante la nueva y desesperada fuerza que ejercía el niño con su boca mientras succionaba, incómodo por las interrupciones.
—Está aprendiendo sus límites.
—Mierda, va a lastimarnos si sigue jalando así. —Se tragó un gemido gutural al sentir un nuevo tirón.
—Es tolerable, Eddie.
—¿Tolerable? Dices eso porque no son tus pezones. —El periodista le replicó incómodo.
—Son “nuestros pezones” también sentimos incomodidad, acaso olvidas que estamos conectados.
—…lo siento. —Trago grueso, sintiéndose algo mal por pelear con el simbionte ante una situación que ninguno de los dos podía evitar, compartían el mismo cuerpo, incluidas las sensaciones. —A veces olvidó eso, cariño.
Eddie respiro muy profundo, recargándose mejor contra las almohadas, tratando de mantenerse en una postura cómoda con su hijo. Luchaba con el sueño, cabeceando de vez en vez hasta que sintió como Sleeper dejó de comer pasando a estirar sus diminutos brazos y piernas con un gesto muy cómico que fue seguido por un par de quejas agudas que precedían a un seguro llanto.
—Si, aun falta, ya entendí la señal.
El periodista le acomodo con sumo cuidado sobre su hombro izquierdo, dónde el simbionte coloco el pañal de tela momentos atrás.

Luego de ello le propinó unas suaves palmadas en la espalda hasta hacerlo soltar un sonoro eructo, escuchándose demasiado adulto viniendo de esa pequeña criatura, y ahora sí, le volvió a acomodar en el otro pecho para continuar con su comida, con menos ansiedad que antes.
Era su tercera noche como nuevos padres, aprendiendo los ritmos de su hijo sobre la marcha, descubrieron que el alimentar a Sleeper les llevaba alrededor de una hora a hora y media, luego de ello, Eddie lo dejaba en manos de Venom para que le ayudara a sacarle nuevamente los gases, cambiara su pañal si hacía falta, y nuevamente a dormirle, esto último resultaba lo más sencillo porque Sleeper caía rápidamente en una especie letargo por todo lo comido. Desde un inicio el simbionte se había ofrecido a hacer todas las labores necesarias de madrugada, sin despertar a Eddie, resultando en un completo fracaso; aunque fuera un recién nacido, Sleeper reconoció perfectamente cuando su padre simbionte tomaba control del cuerpo de su madre, desatándose una batalla campal donde el bebé se negaba a ser alimentado, obligándolos a descartar por completo la idea de sacar a Eddie de la ecuación para que lograra dormir unas horas más.
Luego de una larga noche con un número de tres levantadas para alimentar a su hijo, el pobre Eddie fue despertado una cuarta vez por los insistentes llamados de su compañero dentro de su mente, Venom parecía hablarle en tono preocupado, volviéndose imposible el seguir durmiendo. Eddie se removió con debilidad entre las mantas, abriendo sus ojos pesadamente, observando con atención el moisés donde estaba Sleeper, ni sabía qué hora era, solo le quedaba claro que finalmente había amanecido, notando una débil luz filtrándose juguetonamente a través de las cortinas grises de la habitación.
—¡Eddie, despierta! Es hora de comer. —Le volvió a gruñir ansioso en su mente.
—…aún no llora. Déjame dormir un poquito más, cariño. —se quejó entre balbuceos.
—Hablamos de nosotros, Eddie. ¡Morimos de hambre! Y huele muy bien allí afuera. —señaló la puerta de la habitación con una de las extremidades que extendió fuera del cuerpo de su anfitrión.
Venom necesitaba con urgencia que repusieran todo lo que su bebé había consumido en una sola noche. El simbionte intuyo desde un inicio que Sleeper les iba a resultar una carga grande, pero no imaginó que el acto humano de amamantar les generaría un gasto calórico monstruoso, poniendo en peligro la salud de su anfitrión si no se cuidaba el cómo repartir los nutrientes indispensables, llegando a preocuparse un poco por todo lo que se iba para crear la leche materna perfecta para un bebé medio simbionte.
—Dios, tienes razón. También tengo mucha hambre. —acarició su estómago aún hinchado, sintiendo como rugía cuál bestia enjaulada, un hambre atroz azotando internamente.
—Sleeper duerme, aprovechemos de comer, amor. Tenemos que llenar el tanque con urgencia.
—Ok, ok, ya me levanto. Déjanos arreglarnos un poco, cepillarme los dientes, orinar.
—Démonos prisa, Eddie.
Con mucha delicadeza el periodista salió de la cama, evitando en todo lo posible que el bebé despertara, luego de verificar que Sleeper aun estaba bien dormido, fueron directo al baño para orinar, cepillar sus dientes, lavarse el rostro cansado y obviamente ojeroso por la noche de desvelo materno.
Ya muy despierto, menos despeinado y más presentable, la pareja se movió rumbo a la cocina, el lugar de donde provenían los agradables aromas que los tenían con la boca hecha agua. Encontrándose con la grata sorpresa de una mesa servida para un gran desayuno, había hotcakes, pan tostado, salchichas, huevos revueltos, tocino, y muchas frutas.
La pareja dueña de casa estaba muy metida en los últimos detalles culinarios, sin notar que sus invitados habían despertado y los observaban desde el umbral de la cocina.
—Muy buenos días, chicos. —Dan fue el primero en voltear a verlos, sonriendo animado mientras llevaba a la mesa una olla llena de algo que humeaba, era avena recién hecha.
—Buenos días. —Eddie les saludó tímidamente, cohibido por el tamaño desayuno que les esperaba.
—Siéntense, ya estamos casi listos. —Anne le secundo a su esposo, dejando un par de jarras con jugo de naranja en la mesa.
—Todo se ve tan bueno, morimos de hambre. —Eddie sonrió enorme al tiempo que tomaba asiento, al igual que la pareja lo hacía frente a él.
—¿Cómo pasaron la noche? —El médico preguntó con emoción mientras colocaba frente a Eddie un enorme plato de avena caliente.
—El bebé se levantó varias veces. Lamentamos si los llegó a despertar, es que es un poco desesperado.
—Nuestro hijo tiene hambre, está en pleno derecho de llorar para exigir que lo alimentemos. —Venom brotó sobre el hombro derecho de su anfitrión, renegando con su cabeza dientuda ante las palabras dichas por Eddie.
—Eso es cierto, los bebés no saben de horarios. Y no te preocupes, Eddie. No nos molesta que llore. —Anne respondió muy relajada mientras su esposo asentía con la cabeza, secundando sus palabras.
—Me preocupaba que no pudieran dormir, como nosotros. —sonrió con debilidad, tratando de evitar un inoportuno bostezo.
—Demasiada charla, Eddie. ¡A comer!
Anne y Dan miraron asombrados como el simbionte prácticamente empezó a tomar la comida con sus finos tentáculos, agarrando de todo a su paso, llevándolo hasta su boca dientuda, obviamente disfrutando de saciar el hambre que los torturaba.
Finalmente Eddie disfrutaba de un rato de charla banal como en cualquier comida con amigos, todo muy normal hasta que Anne notó algo peculiar en su ex, decidiendo comentárselo con mucha delicadeza.
—Eddie. —Anne le llamó la atención en tono bajo.
—¿Hmm? —el nombrado seguía muy concentrado en comer con satisfacción su gran tazón de avena, sin notar como su amiga le observaba con más intensidad, tratando de llamar su atención nuevamente.
—...Tu camiseta.
—¿Qué sucede con mi cam- —bajó la vista dudoso, comprendiendo de inmediato lo que Anne trataba de informarle.
En un segundo el pobre hombre se levantó de la silla cual resorte, intentando usar sus manos para taparse las notorias manchas húmedas que adornan la prenda a nivel de su pecho, demasiado evidentes para obviarlas. No dijo ni una palabra cuando desapareció rumbo a la habitación, dejando su desayuno a la mitad y a su ex con la palabra en la boca.
—¡No terminamos la comida! —Venom se quejó de inmediato, sin entender qué estaba sucediendo.
—Mierda —Lleno de prisa se quitó la camiseta mojada, sintiendo en el proceso como sus pectorales estaban muy sensibles, rígidos, y calientes.
Aún consternado por el inesperado suceso Eddie inspeccionó el área con sus dedos, la piel se sentía sumamente tensa y cálida, pasando a recorrer los costados de ambos pechos hasta los pezones enrojecidos, era una sensación completamente nueva y rara.
—Anoche no estaban así. —Murmuró para sí.
—Parece que nuestro cuerpo se sigue ajustando a las demandas de nuestro hijo.
—Tiene sentido, pero es incómodo.
—Lo sabemos, Eddie. Cuando Sleeper despierte comerá y seguramente nos sentiremos mejor.
El pobre hombre asintió con su cabeza, confiando en las palabras de su amante, pero muy en el fondo Eddie sintió como lo golpeaba cual puñetazo al estómago una nueva sensación: impotencia; por todo los cambios rápidos en su cuerpo, por no tener nada bajo control, por las hormonas, por no dormir, por todo lo nuevo que vivían. Y quiso obviar la incómoda emoción, empujándola lejos hasta el fondo de su mente mientras se distraía buscando una camiseta limpia para colocarse, frustrándose consigo mismo en el proceso, por más que revolvía las gavetas de la cómoda, o miraba los rincones de la habitación, no conseguía dar con la ropa exacta que él quería usar. La desesperación lo llevó hasta un pequeño cesto de ropa sucia dentro del baño de la habitación, y allí, justo entre más prendas suyas y de su bebé, encontró la camiseta, obviamente también estaba sucia, ese simple hecho desató la impotencia que tanto trato de mandar al carajo minutos atrás, brotando cual volcán en erupción, desbordada desde su mente y cuerpo cansado, saliendo en forma de sendas lágrimas bajando por sus mejillas sin él desearlo, volviéndose un tembloroso hombre sollozante.
Lloro por unos tensos minutos, siendo interrumpido ante el contacto de un par de extremidades negras que le acariciaron el rostro enrojecido, intentando secarle las lágrimas. Sintió tanta vergüenza de mirar a su otro, aunque Eddie estaba completamente consciente de que Venom leía sus emociones, él comprendería este estallido repentino.
Al pobre hombre le tomó unos segundos levantar la mirada hasta tropezar con sus reflejos en el espejo que había sobre el lavabo, tratando de detener el llanto inesperado mientras Venom se mantenía silencioso observando la situación, flotando sobre su hombro derecho con una mirada compasiva.

—¿Por qué estamos llorando? ¿Por qué? —gimió quedito, secándose el rostro de mala gana con la misma camiseta sucia que inició esta reacción.
—Creemos que es porque estamos agotados, las hormonas también juegan en nuestra contra, Eddie. —el simbionte respondió con suavidad, tan sentido emocionalmente como su anfitrión.
—Míranos, somos un completo desastre. Hinchados por todos lados, adoloridos, con hambre, sucios, llorando. Somos unos padres desastrosos —hablo con tristeza.
—Vamos a estar bien, amor. Ya pasará esta tormenta de hormonas, hacemos lo que mejor podemos. —Movió un par de sus extremidades rodeando los hombros y espalda de su anfitrión, emulando un necesario abrazo.
—¿Lograremos hacer las cosas bien, V? —Apretó la camiseta sucia entre sus manos.
—Ni siquiera nosotros como simbionte podemos saberlo, pero estamos juntos en esto, Eddie.
—Tienes razón, cariño —sus palabras vinieron acompañadas de un inesperado pero muy audible sonido estomacal, sacándoles una ligera sonrisa a ambos, cortando con el momento triste.
—Es mejor que comamos, eso nos ayudará.
—Si, será lo mejor, antes de que Sleeper despierte. —Recargo su cabeza contra la de su otro.
Eddie suspiro bajito mientras sentía como el simbionte le quitaba de las manos la camiseta sucia, devolviéndole al cesto de donde la saco, luego de ello le dio una toalla limpia para que se secara, tuvieron que lavarse el rostro para borrar el episodio de mocos y llanto inesperado, también Eddie limpio con sumo cuidado el desastre de la fuga de leche. Al salir del baño más calmados, se pusieron otra camiseta limpia y volvieron en sus pasos a la cocina.
—Lamento que me fuera así, debía resolver algo. —Eddie habló encogido de hombros, volviendo a sentarse para intentar comer el resto de su plato ya fría.
—No hay problema. —Anne le respondió relajada al tiempo que le ofrecía un vaso de jugo. —Creo que puedo conseguir algo para evitar esos accidentes.
—Aprecio la ayuda, pero no quiero tener este tipo de charlas. No esperaría hablar de eso con ustedes en medio del desayuno, más bien, en ningún momento de mi vida. —Eddie estaba seguro que su rostro estaba sonrojado, lo tomó por sorpresa que Anne le saliera con semejante ofrecimiento.
—Eddie, estás ocupándote de un bebé que tuviste prácticamente anteayer, y su otro padre está pegado a ti. Créeme, hablar sobre comprar protectores de lactancia es el tema menos escabroso en todo esto. —La chica volvió a mirarlo con calma.
—¿Qué demonios son esos protectores?— El simbionte hizo la pregunta directamente en la mente de su compañero, intrigado por la repentina sensación de vergüenza que asaltó a su anfitrión.
—Luego te explicaré eso, V. —Eddie le habló bajito, solo para ellos.
—Todo tema que surja será obvio dada su situación actual, Eddie. Más bien, si necesitan algo, solo díganlo. —Dan también les sonrió con amabilidad, su tono era conciliador y calmado.
—… ok. —El periodista respondió todavía un poco incómodo, bajando la mirada a su plato de avena fría. —Estamos bien.
Luego de ello, Eddie y Venom lograron comer un poco más, pensando en las inesperadas amables palabras de sus amigos, un apoyo que ni él mismo sabía que necesitaba pero que a pesar de lo incómodo del tema, de algún modo les hizo sentir comprendidos, menos solos ante lo que pasaban con su nueva paternidad, muy sensibles y navegando en un mar de hormonas inestables gracias al parto. Sin mencionar todo lo nuevo que hacía su cuerpo y que intentaban procesar paso a paso.
Para cuando estaban dándole los últimos bocados a su desayuno, el llanto de Sleeper anunció que había despertado, lloraba tan fuerte que los nuevos padres no perdieron ni un segundo en levantarse de la mesa y salir rápidamente a la habitación.
—Hola cariño. Ya vas a comer, danos un momento. —Con mucho cuidado Eddie lo sacó del moisés, moviéndose rumbo al sillón frente a la cama, sería el mejor lugar para alimentarlo. —Mierda, no otra vez…
Sintió como una repentina tibia humedad se adueñaba de su camiseta recién puesta, era la reacción totalmente natural de su cuerpo ante los llantos de Sleeper, listo para cumplir su trabajo de alimentarlo.
Entre prisas el periodista le pidió a su compañero que cargara al bebé, Venom respondió de inmediato acomodándolo con mucho cuidado entre varias de sus extremidades, dejándole libre los brazos de su anfitrión para ocuparse del problema con la ropa mojada, le incomodaba muchísimo y se le pegaba a su cuerpo.
No imaginaron que el simple acto de dejar a Sleeper con su padre simbionte cuando estaba a punto de comer causaría que el niño empezara a llorar desgarradoramente; sus puñitos cerrados se alzaban temblorosos entre las extremidades negras de su padre, como buscando salir de allí, su carita regordeta estaba tomando un tono rojo intenso de tanto llorar. Ante el tremendo escándalo que desató Sleeper, Eddie optó por sacarse la camiseta de un solo jalón, tirándola sobre la cama, agarró el cojín de lactancia y se acomodo en el sillón, permitiendo que su compañero dejara cuidadosamente al iracundo bebé sobre el cojín. Santo remedio, Sleeper dejo de llorar en automático, comenzando a manotear, buscando torpemente con su boca abierta hasta que sintió cerca de su nariz el pezón que su progenitor le ofrecía, aferrándose a él con más fiereza que nunca, succionando desesperado, molesto, y emitiendo algo parecido a pequeños gruñidos, como si les reclamara a sus padres por haberlo hecho esperar para comer.
—Oh dios. Hijo, con calma, sé que estás bien cabreado. —Eddie se crispo y apretó los dientes mientras resoplaba por la nariz, intentando calmarse. Quejarse que dolía ya era una obviedad, y tratar de convencer a un bebé muy hambriento resultaba muy tonto.
—Tardamos mucho, está bastante enfadado, Eddie.
—No iba a ir a ningún lado con tu comida, cariño.—El periodista le habló suavemente al niño, bromeando un poco en un intento de distraerse de los dolorosos jalones que aún le daba su hijo. pasando sus dedos por la mejilla del bebé, acariciándole para relajarlo.
Al final experimentaron la hora mas incomoda respecto a amamantar a su hijo, y no fue directamente por como Sleeper había protestado, llorado, o por su fuerza, simplemente resultó incómodo, frustrados luego de ver que no lograron obtener un alivio muy significativo en sus pechos a pesar de que su hijo retozaba sobre el cojín con su barriguita llena a más no poder.

—¿Acaso está comiendo menos? —Eddie observó dudoso sus pechos, se sentían obviamente aún llenos.
—Nuestro cuerpo ahora mismo produce más leche de la necesaria.
—¿Puedes cambiar eso, V? No se, lo que sea para no estar a un paso de explotar. —Señaló con sus manos la obvia inflamación.
—No podemos, Sleeper tiene el mando ahora mismo. La calidad de la leche la regulamos cuidadosamente nosotros, la cantidad, él. Nos hace liberar hormonas sin control.
—Magnifico, tenemos un bebé glotón. —Sentenció con ironía.
—Son sus necesidades, Eddie. Y nosotros nos adaptamos a él, no él a nosotros.
Eddie se quedó en silencio, meditando las palabras de quien compartía este inesperado proceso incontrolable, único, tan íntimo que ningún ser humano tendría la suficiente mentalidad para entenderlo al nivel de ellos.
El periodista sonrió levemente, sintiendo desde lo más profundo de su corazón que el simbionte era perfecto para comprender las necesidades de su hijo recién nacido, a veces sentía un poquito de envidia por esa capacidad, que con solo un mínimo contacto de pieles ya Venom reconocía si Sleeper tenía hambre, sueño, o algo lo molestaba. A cualquier madre recién parida le heriría ese hecho, pero a él no, Eddie comprendió rápido que su bebé tenía otro tipo de conexión con él, una muy íntima de su parte humana, como buen recién nacido lloraba a mas no poder por sentirlo cerca suyo, reconocía su aroma, el timbre de su voz; así es como Eddie estaba aprendiendo lentamente respecto a entender las necesidades de su niño, y él era un simple humano luchando en la crianza de un ser híbrido, un bebé que pudo controlarlo antes de siquiera tener un cuerpo completamente formado dentro de su vientre, con instintos extraordinarios para sobrevivir, quedando absurdo pelear con lo que su hijo controlaba instintivamente en él.
—Tenemos un bebé muy especial. Y si, nos toca amoldarnos a él. —Eddie acarició con sus dedos la mejilla regordeta de su hijo, sonriendo aún más, sabiendo que Venom siempre le ayudaría con el pequeño milagro que era Sleeper.
—Somos uno en esto, y en todo lo que hagamos, amor.
—Tienes razón, cariño.
Luego de esa pequeña charla motivacional entre ellos, Eddie se tomó un momento para revisar su celular, necesitaba de ideas respecto a solucionar lo de su nueva incomodidad, al mismo tiempo, Venom se encargó de cambiar el pañal de Sleeper, ya era todo un experto en limpiar los desastres de su retoño, dejándolo bien limpio para acomodarlo nuevamente dentro de su moisés, abrigado y dormido. Retornando junto a su anfitrión al verlo dejar su celular en la cama, pasando a buscar ropa limpia, su bata de baño y un par de toallas, estaba claro que Eddie se daría un muy merecido baño.
—¿Puedes vigilarlo un momento, cariño? —Observo con cuidado a Sleeper ya bien seguro dentro de su moisés.
El simbionte asintió con su cabeza, ni siquiera preguntó nada, sentía que Eddie merecía un momento de privacidad para tomar esa ducha caliente. Y si que lo necesitaba. El periodista volvió a tomar su celular y se movió con rapidez al baño, sacándose la ropa a las prisas, con un recién nacido dormido el tiempo vale oro.
Abrió la llave de la regadera para regular el nivel de calor en el agua, paso siguiente, dejó su celular sobre la tapa del inodoro, con la ventana del navegador abierta en un artículo que estaba leyendo relacionado a lactancia. Ahora sí procedió a meterse de lleno en la ducha, dando un sonoro suspiro satisfecho, fue la gloria sentir el agua caliente cayendo en todo su cuerpo cansado, tomándose su tiempo para mojarse completamente la cabeza y luego el resto de su humanidad.
Disfrutaba del agua caliente como nunca, es que Venom no estaba completamente presente en su mente para darle las acostumbradas quejas de la alta temperatura. Luego de estar conforme con una enjabonada rápida, algo de champú y enjuagar todo, cerró la llave del agua caliente y abrió la de agua fría, acto muy necesario para lo que pretendía hacer, ya con el agua bien helada al máximo procedió a tomar una de las toallas que llevó dentro de la ducha, mojándola generosamente procedió a colocarla con mucho cuidado sobre sus pectorales inflamados, según lo leído en Internet, el frío ayudaría a bajar la inflamación, agregando movimientos con sus dedos que le servirán para facilitar la extracción de la leche retenida luego de amamantar.
Con algo de inseguridad Eddie empezó a apretar su dolorido pectoral derecho, intentando que saliera algo de leche, el resultado: unas miseras gotas de color amarillento, eso ni era leche, aún estaban produciendo calostro, había leído con asombro que esta es la primera super comida que recibe un recién nacido, en ese calostro están los primero anticuerpos que pasan de madre a hijo, los nutrientes, y las calorías necesarias para la supervivencia del bebé los primeros días de vida, luego la leche baja propiamente, ajustándose constantemente al crecimiento y necesidades del niño.
—Mierda, voy a pasar una vida aquí… —dio un suspiro decepcionado, siguiendo en la incómoda labor de “ordeñar” sus doloridos pechos.
Luego de cinco minutos luchando con el dolor que le generaba tan incómoda “solución”, se dio por vencido, ya estaba temblando de frío desnudo bajo el agua helada, en vez de lograr desinflamar sus pechos acabaría con un resfriado. Al menos el simbionte respeto su momento privado, saliendo de la ducha derrotado, secó su cuerpo con mucho cuidado, se colocó un bóxer limpio, pantalones de pijama y la bata de baño rojo ladrillo, entre sus prisas olvidó traer una franelilla limpia. Para su sorpresa, cuando salió del baño se encontró con el simbionte recostado con su enorme forma humanoide en la cama matrimonial, junto al moisés, parecía estarlo esperando.
—¿Qué haces?… —Eddie se quedó parado frente a la cama, tratando de entender qué estaba tramando.
—Sube a la cama, Eddie. —sus palabras fueron firmes pero con un toque amoroso.
—No estoy para estos juegos, V. Sabes perfectamente que no voy a hacer nada. —se dio media vuelta, dejando la toalla mojada sobre una silla cercana, luego llevaría toda la ropa sucia al cuarto de lavado.
—Confía en nosotros, amor. —Amplió su gran sonrisa dientuda, golpeando suavemente el colchón con la garra derecha, indicándole a su amante donde debía sentarse, justo entre sus gruesos muslos negros.
Eddie suspiro cansado, obedeciéndolo algo inseguro, de cierto modo percibió que no había nada de índole sexual en el ofrecimiento de su otro, siempre le fue fácil captar esas sensaciones entre ellos, leer entre líneas sus intenciones fisiológicas.
—Muy bien, cariño. —Eddie se subió a gatas hasta la cama, quedando sentado de espalda a su amante, entre sus piernas. —¿Ahora que?
—Es tonto que nos ocultes el dolor que sientes, nuevamente olvidas que estamos conectados, tu dolor es nuestro dolor. —Con mucho cuidado tomó entre sus garras la bata de baño que cargaba puesta su anfitrión, abriendo de par en par, dejando al descubierto los obviamente inflamados pectorales.
—N-no lo trataba de ocultar. —gruñó bajito, incómodo por el repentino frío que se coló en su piel expuesta, especialmente en los enrojecidos y sensibles pezones.
—Podemos aliviar esto mucho mejor que tú, Eddie. —Venom ronroneo, hablándole bajito al mismo tiempo que posaba sus grandes garras sobre los pectorales del nombrado, cubriéndolos tiernamente.

—Cuidado, hazlo con cuidado. —Se retorsión bajo el agarre de su amante simbionte.
—Shhhh… no hablemos, solo relajémonos, no queremos despertar a nuestro bebé. —Miro por un fugaz segundo el moisés, cerciorándose de que el bebé aún dormía.
—Ok… —masculló la respuesta, tratando de hacerle caso al simbionte, confiaría en lo que pretendía hacer su otro.
Con mucho cariño y delicadeza Venom fue liberando varias de sus extremidades, dirigiéndose a más zonas contracturadas de su anfitrión: como los hombros, espalda alta y baja, no solo Eddie sentía dolor en su pecho, varias partes de su espalda estaban resentidas por el cansancio. Los toques fueron tan perfectos que Eddie se fue relajando, recargándose más cómodamente en el amplio torso del simbionte, dejando que este utilizara sus enormes garras para enfocarse en masajear sus pechos, sintiendo como el dolor cedía poquito a poquito con cada toque estratégico; los gruesos dedos de su otro sabían exactamente dónde y cómo tocar, apretando con sus pulgares e índices alrededor de las aureolas oscuras, causando que de sus pezones salieran disparados delicados chorros de calostro, una tras otra hasta que la inflamación cedió casi por completo, permitiendo que su pobre anfitrión se aliviara finalmente mientras él limpiaba los restos de aquel líquido amarillento con una toalla limpia.
—¿Mucho mejor, Eddie? —preguntó con un toque de inocencia fingida.
—Oh, si, cariño. —Alzó la mirada para encontrarse con las orbes iridiscentes de su compañero. —Esto fue más eficiente que el agua fría.
—¿Por qué no nos pediste ayuda?
—Creí que te pondrías en plan morboso, como la última vez. —Desvió la mirada un poco sonrojado, recordando su último encuentro en la tina, antes del desastre del incendio.
—Nosotros respetamos la comida de nuestro hijo, y hay más que suficiente. Así que la próxima vez que estés así de lleno utilizaremos nuestra boca para sacar hasta la última gota que sobre, sin desperdiciar nada. —estiró su larga lengua maliciosamente por el cuello de su amante. —Reciclar es bueno, amor.
—Ves que tenía razón, siempre le das la vuelta a las cosas para hacerlas algo sexual. —Atajo la lengua de su amante entre sus manos, jalándolo hacia él. —No te aproveches de mi paciencia, estamos en cuarentena, cariño. —Dejo libre la lengua de Venom.
— …¿qué carajos es una cuarentena?
—Significa que no podemos tener sexo hasta después de 40 días luego de dar a luz, llevamos tres, así que nos restan 37.
—Esa regla humana es estúpida.
—Estúpida o no, lo que importa ahora es nuestro bebé, que nos sintamos mejor física y anímicamente, luego de eso, podremos tener todo el sexo que deseemos, V.
—No suena muy justo. —Gruño algo inconforme.
—Es mi mejor oferta, cariño. —Se giró con mucho cuidado quedando arrodillado cara a cara con el simbionte. —Gracias por ayudarme.
Eddie tomó entre sus manos el rostro de su otro, procediendo a besarlo, un beso suave y tierno, lleno de gratitud por lo que había hecho, en verdad se sentía muchísimo mejor sin el peso y presión de unos pechos llenos hasta reventar, libre para volver a descansar, necesitaba dormir, al menos un par de horas más antes que su hijo despertara hambriento, otra vez.
Fin
¡Holis mis preciosos! Si, al fin decidí publicar este pequeño oneshot para contarles un poquito de cómo fueron esos primeros días de nuestros geniales nuevos padres, espero que les gustara, y sigo trabajando en el nuevo capítulo de Nobis, libre de bloqueos creativos y ahora en Ao3.
CON AMOR
ILITIA