Yuta

Summary

Dongyoung ha crecido en la pobreza mĂĄs absoluta y siempre ha deseado una vida mejor. Nunca habĂ­a imaginado que un dĂ­a serĂ­a condenado a la pena capital, ni que un vampiro inmortal lo rescatarĂ­a para conducirlo mĂĄs tarde hacia la muerte. Dongyoung le entrega su cuerpo, pero se jura que jamĂĄs le darĂĄ su corazĂłn. Vampiros/Adap.

Status
Ongoing
Chapters
14
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n/a
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18+

PrĂłlogo

Castillo

Helvita, fortaleza de los

Vampiros

de la Horda.

Invierno ruso en épocas pasadas.



—¿QuĂ© nueva humillaciĂłn nos traerĂĄ el dĂ­a de hoy?—Sana pregunto a su hijo, Yuta, cuando los guardias los escoltaban ante el vampiro conocido como Yixing— el rey de los Vampiros de la Horda. Y el padre de Yuta. Aunque sĂłlo tenĂ­a nueve, Yuta se dio cuenta que el tono de su madre sostenĂ­a un rasgo de imprudencia. —¿Y por quĂ© estas despierto?,—exigiĂł, como si Ă©l pudiera explicar las maneras abruptas de su padre.


La convocatoria habĂ­a llegado al mediodĂ­a, mucho mĂĄs allĂĄ de su hora de acostarse.


—No sĂ©, Madre, —murmurĂł mientras se ajusta la ropa. HabĂ­a tenido sĂłlo unos segundos para vestirse.


—Estoy cansada de este trato. Un dĂ­a Ă©l me empuja demasiado lejos, y lo lamentara.


Yuta la había oído por casualidad quejarse con su tío Kun sobre las diatribas y coqueteos del rey, de su conducta cada vez mås extrañable en voz baja le había confesado.


—

Kun mi amor sobre tu hermano, no soy nada en este reino, excepto una amante maltratada, aunque yo era la heredera del trono de Dacia.

—Kun había tratado de consolarla, pero ella dijo: —

sabía que sólo estaría con él hasta que su corazón dejarå de latir. Ahora me pregunto si él tiene un corazón en absoluto. Hoy sus ojos verdes claro estaban en llamas con una luz peligrosa

.

Estaba destinada a ser mejor que esto.

—Con cada uno de sus pasos, las pieles se extendían sobre sus hombros balanceándose hacia delante y hacia atrás. Los faldones de su vestido escarlata crujieron, un sonido agradable que siempre asociaba con ella. —

Y tĂș, tambiĂ©n mi prĂ­ncipe.


Ella lo llamĂł "

prĂ­ncipe

" pero Yuta no lo era. Al menos, no en este reino. No era mĂĄs que el bastardo de Yixing, uno en una larga lista de ellos.


Siguieron a los dos guardias por las escaleras tortuosas a las habitaciones privadas del rey. Las paredes estaban cubiertas con oro y hĂșmedas, por el frĂ­o. Afuera una tormenta de nieve golpeaba el castillo.


Candelabros en la pared alumbraban el camino, reflejando llamas vacilantes sobre el metal, pero nada podría aliviar la penumbra haciéndose eco en estos corredores.


Yuta temblĂł, deseando estar de vuelta en su cama caliente con su nuevo cachorro dormitando sobre sus piernas.


Una vez que llegaron al vestĂ­bulo, afuera de los aposentos de Yixing y los guardias empezaron a abrir las crujientes puertas de oro, Sana paso sus manos alisando sus elaboradas trenzas y alzĂł la barbilla.


No era la primera vez, que Yuta pensabaque parecía un ångel de antaño.


En el interior, revistiendo la pared del fondo, se alzaba una ventana altísima de cristal embutida con incrustaciones de símbolos de las artes oscuras. Los vitrales mantenían afuera la luz del sol débilmente visible a través de la tormenta y hacia un temible telón de fondo para la silla del rey.


No es que el imponente vampiro necesitara algo para parecer mås temible. Su construcción era mås como la de un demonio, sus hombros eran mås amplios que una tabla, sus puños eran como yunques.


—Ah, Sana Daciano se digna a obedecer una citación, —Yixing dijo desde la cabeza de la larga mesa del comedor. Cada noche, sus ojos parecían crecer más rojos, su brillo carmesí se destacaba contra su cabello de color negro que caía sobre su frente.


La docena de cortesanos sentados con Ă©l se quedaron viendo a Sana con disimulada malicia. Por su parte, ella retrocediĂł los labios hacia atrĂĄs para darles un destello de sus colmillos. Encontraba a estos cortesanos debajo de ella y no hacia ningĂșn secreto de ello. Sentado a la izquierda del rey estaba el tĂ­o Kun de Yuta, que parecĂ­a avergonzado.


Yuta siguiĂł la mirada de Sana al asiento a la derecha de Yixing el lugar depezar a honor reservado para ella. En el comedor los platos cubiertos con restos de comida estaban extendidos ante ella.


Ocasionalmente, los vampiros jóvenes se alimentaban de lo de la tierra, consumiéndolo, ademås de sangre. ¿Tal vez otro de los bastardos de Yixing llego a Helvita a vivir entre ellos?


El corazón de Yuta saltó. Podría establar amistad con él, podría tener un compañero Como hijo bastardo del rey, no tenia ninguno; su madre lo era todo para él.


—¡Es tarde!, —dijo Sana. —Todos deberían estar en cama a esta hora odiosa.


Yixing parecĂ­a Silenciosamente advertir a Sana, pero ella no le prestĂł ninguna atenciĂłn, exigente dijo, —¿QuĂ© quieres, Yixing?


Después de beber profundamente de una jarra de hidromiel mezclada con sangre, Yixing se limpió con la manga sobre sus labios.


—Ver a mi altiva Mistress1 y a su dĂ©bil bastardo. —El rey contemplĂł a Yuta. —Ven.


—No lo hagas, hijo, —Sana dijo entre dientes en Dacian.


Yuta respondiĂł en el mismo, —IrĂ©, quiero, ahorrĂĄrtelo.—Como siempre, Ă©l harĂ­a todo lo posible para protegerla, no importando lo dĂ©bil que sabĂ­a que era.


En su expresiĂłn, la ansiedad luchaba con el orgullo.


—Debería saber que Yuta Daciano nunca se agacharía detrás de los faldones de su madre, incluso ante el rostro de un tirano con los ojos rojos.


Cuando Yuta se acercĂł a comparecer ante el rey, Yixing sacudiĂł la cabeza con disgusto.


—¿Todavía no puede trazarte, verdad?


El rostro de Yuta era impasible cuando respondió: —Todavía no, mi rey.—No importaba lo mucho que intentara teletransportarse, nunca

tenia éxito. Sana le había dicho que el rastreo era un talento que llegaba tarde a los Daci, ellos habían limitado esa capacidad cerrando su reino.


Ella consideraba que la incapacidad de Yuta era otra señal de que él la tomaría después como ella, no como un simple Vampiro de la Horda.


Yixing tomĂł el brazo delgado de Yuta, apretĂĄndolo.


—Demasiado frágil, ya veo.


Yuta estaba desesperado por crecer más, con impaciencia comía alimentos de la tierra. Él anhelaba ser tan formidable como su padre guerrero, por ninguna otra razón que la de proteger a su madre. No es que la princesa Sana necesitara de protección.


—Por todos los dioses, me avergĂŒenzas, muchacho. DeberĂ­a haberte retorcido el cuello, ejecutarte al nacer.


Yuta escuchaba estas críticase manera rutinaria, se había acostumbrado a ellas. Su madre, sin embargo, no. Con un alarido, Sana cogió råpidamente una jarra de sangre, arrojåndosela a Yixing. Esta rompió un cristal negro detrås de él, desencadenando un rayo silencioso de luz. Los cortesanos sisearon, dispersåndose por toda la cåmara. El rayo dio a centímetros del codo inmóvil de Yixing antes de que un criado diurno se apresurara a rellenar el agujero con un paño arrugado.


—Mi hijo es perfecto. —Sana le enseñó los colmillos, sus iris verdes se volvieron negros por la emociĂłn. —Con excepciĂłn

de que lleva tĂș estampa en la cara. Por suerte, heredĂł la mente aguda de mi linaje real. ÂĄEstĂĄ lleno de astucia, una marca de los Daci!


Yixing también le mostró los afilados colmillos, sus ojos brillaban, incluso mås rojos.


—¡Tientas a mi ira, mujer!


—Como tĂș tientas a la mĂ­a. —Sana nunca se echaba atrĂĄs ante Ă©l.


Siempre que Yixing golpeaba, ella le devolviĂł el golpe dos veces. Sana le habĂ­a dicho a Yuta que los Daci eran frĂ­amente lĂłgicos, gobernados por la razĂłn. Al parecer, Sana la Audaz era la excepciĂłn. Furiosa como la ventisca que rugĂ­a afuera, ella incitaba a Yixing para llamar su atenciĂłn, azotĂĄndolo con su lengua espinosa cada vez que Ă©l miraba hacia la noche. Ella habĂ­a admitido una vez ante Yuta que su padre soñaba con encontrar al vampiro que finalmente serĂ­a la pareja de Yixing, que harĂ­a latir su corazĂłn por toda la eternidad. Su realeza legĂ­tima que llevarĂ­a a sus verdaderos herederos. 


Sana se alisĂł las trenzas, una vez mĂĄs, luchando claramente con su temperamento rebelde.


—Te burlas de tu hijo a tu propio riesgo, Yixing.


—¿Hijo? Yo no lo reclamaría como tal. Este muchacho no se comparará con mi verdadero sucesor —Otro trago a su jarra. —De eso estoy seguro.


—Yo tambiĂ©n. ÂĄYuta serĂĄ superior a cualquier otro hombre en todos los sentidos! ÂĄEs un Dacian!


Yuta vio este cambio con profunda inquietud, Recordando la advertencia que su tío kun le había dado una vez a Sana: —Incluso Yixing puede ponerse celoso de tus conocimientos y fuerza. Debes someterte antes de que su amor por ti se convierta en odio.


Yuta sabĂ­a que la advertencia de su tĂ­o se habĂ­a hecho realidad. Yixing parecĂ­a cruel.


—Crees que tu especie es mucho mejor que la mía



Una mujer ebria se tambaleaba en la sala de la cĂĄmara privada de Yixing. Una mujer mortal. La mandĂ­bula de Yuta se aflojĂł, e Sana presionĂł el dorso de la mano sobre su boca. La mujer estaba vestida como una reina, su vestimenta era tan rica como la de la propia Sana. ÂżEra ella la que habĂ­a cenado a la derecha del rey?


—¿Una humana?—El shock de Sana se convirtiĂł rĂĄpidamente en ira. —¡Te atreves a traer a uno de esos animales enfermos a mi casa! ÂżCerca de mi Ășnico descendiente?—Ella caminĂł hacia delante para empujar a Yuta detrĂĄs de ella. Aunque los vampiros adultos eran inmortales, Yuta seguĂ­a siendo vulnerable a las enfermedades.


—La humana es Nayeon, mi nueva Mistress.


—¡Mistress!—, Sana exclamó. —Más bien una mascota. ¡Su especie vive en casuchas de tierra, duermen entre el ganado!


Yixing saludó a la mujer, y ella con coquetería serpenteo hacia él.


—Ah, pero ella tiene un sabor a vino y miel.—Se volvió hacia su hermano. —¿Lo tiene ella, Kun?


Kun dirigiĂł una mirada culpable a Sana. Tirando de su mascota en su regazo, Yixing se burlĂł.


—Deberías probarla, Sana. —Él desnudó el brazo pálido de la mortal.


Los ojos de Sana se agrandaron. —¡Extraer sangre directamente de su piel! No hundiríamis colmillos en un ser humano o en cualquier otro animal. ¿Debere traerte a los cerdos para que los perfores?


Ellos apartaban la vista, mirĂĄndose los unos a los otros, sus expresiones decĂ­an algo, pero Yuta no pudo descifrar exactamente lo que decĂ­an.


Finalmente, Sana habló :—Yixing sabes que hay consecuencias, sobre todo para alguien como tu



—Mi especie reverencia la Sed, —dijo Yixing, —veneran tomar sangre.


—Entonces, veneran la locura, porque eso es seguramente lo que seguirá.


Ignorando la advertencia de Sana, perforó la muñeca de la mujer, haciéndola gemir.


—¡Eres repugnante!—Sana bloqueado la vista de Yuta, pero Ă©l estaba fascinado por esta visiĂłn, viendo a escondidas alrededor de sus faldas. Una vez que habĂ­a terminado de alimentarse, Yixing libero el brazo de la mortal, y luego la besĂł de lleno en plena boca, provocando un grito de indignaciĂłn de Sana. —¿QuĂ© bebas de su piel es bastante asqueroso, pero aparearse con su cuerpo? ÂżNo tienes vergĂŒenza?


Él rompió el beso.


—Ninguna. —Se lamió los labios, y la mortal se rió, girando el cabello de Yixing alrededor de su dedo.


—¡Esto es despreciable. No me harĂ© cargo, ya no!


—Y ÂżquĂ© vas a hacer al respecto?


—DejarĂ© este lugar salvaje para siempre, —declarĂł. —Ahora, mata a tu nueva mascota, o volverĂ© a Dacia.


—Ten cuidado con los ultimĂĄtums, Sana. No te agradara el resultado. Especialmente desde que no puedes encontrar tĂș patria.


Sana le había explicado a Yuta por qué el reino de Dacia había permanecido en secreto durante tanto tiempo. Los misteriosos Daci viajaban en una niebla de camuflaje. Si abandonaban esa niebla, los Dacian nunca podría trazarse a casa por su cuenta, y los recuerdos de su ubicación se desvanecían.


Con la primera vista de Yixing, Sana había perdido su corazón, siguiéndolo de regreso a Helvita, dejando tras de sí su propia niebla, su familia, su futuro trono.


—La encontrarĂ©, —ella afirmĂł ahora. —AsĂ­ me cueste la vida, entregarĂ© a Yuta al Reino de Sangre y Niebla, una tierra donde reinan los inmortales civilizados.


—¿Civilizados?, —Yixing se rió, y los cortesanos siguieron su ejemplo. —¡Esos demonios son más brutales que yo!


—¡Macho ignorante! ÂĄNo tienes ni idea de lo que hablas! No puede comprender nuestras formas, lo sĂ© porque tratĂ© de enseñårtelas.


—¿Enséñamelas?—Él dio un puñetazo sobre la sustanciosa mesa. —¡Tu arrogancia serĂĄ tu ruina, Sana! ÂĄSiempre crees que eres mejor que yo!


—¡Debido a que—yo—lo—soy!


En ese momento, los cortesanos se quedaron en silencio. Con los dientes apretados, Yixing ordenó: —Retira tus palabras descuidadas, o al atardecer te lanzare a ti y a tu bastardo afuera en el frío.


Yuta tragĂł, pensando en el fuego en su habitaciĂłn, sus rompecabezas queridos encima de su escritorio, sus juguetes esparcidos por la alfombra de piel caliente en el suelo. La vida en Helvita podrĂ­a ser miserable, pero era la Ășnica vida que habĂ­a conocido.


—DiscĂșlpate, madre, —silenciosamente se lo pidiĂł a ella. En cambio, ella enderezĂł los hombros.


—Elige, Yixing. La fĂ©tida humana o yo.


—Pídeme perdón y trata de hacer las paces con mi nueva Mistress.


—¿Pedir?—Sana se burló. —Nunca. ¡Soy una princesa Daci!


—¡Y yo soy el rey!


—Deja a Sana, hermano, —murmuró Kun. —Esto se pone tedioso.


—Ella tiene que aprender su lugar.


—Para Sana.


—¡Suplica el perdón de Nayeon!


Cuando la mortal le lanzo a sana una mueca victoriosa, Yuta sabía que él y su madre estaban condenados.



Un Mes MĂĄs Tarde





—Alimenta ese odio, Hijo. Que arda como una forja.


—SĂ­, Madre, —Yuta rallado, sus respiraciones se empañaban mientras caminaban a travĂ©s de acumulaciones de nieve hasta sus rodillas.


—¡Es lo Ășnico que nos mantendrĂĄ calientes!—Los ojos de Sana brillaban con resentimiento como lo habĂ­an hecho desde que Yixing les ordenĂł salir de Helvita.


Esa noche, Yuta habĂ­a escuchado el mĂĄs ligero tropiezo en la respiraciĂłn Sana, habĂ­a visto un destello de sorpresa. Ella sabĂ­a que se habĂ­a equivocado. Pero habĂ­a sido demasiado orgullosa para remediarlo, e inclinarse ante una humana. Ni siquiera por mĂ­.


Toda la corte se reuniĂł en la entrada del castillo para ver a Yuta y a la arrogante Sana ser expulsados con sĂłlo la ropa sobre sus espaldas. Para morir en el frĂ­o. Ellos habrĂ­an perecido hace mucho tiempo si Kun no hubiera deslizado las monedas a Yuta.


El cachorro de Yuta lo había seguido, con los ojos muy abiertos y tropezando con sus propias patas, presa del pånico trato de llevarlo con él. Mientras que Yuta se quedo viendo incredulidad, Yixing agarro al perro por la nuca, rompiéndole la espalda. Con el sonido de las risas de los vampiros de la corte, el rey había arrojó a la criatura muerta a los pies de Yuta.


—

SĂłlo una de nuestras mascotas muere, este dĂ­a.


Los ojos de Yuta se habían anegado, pero Sana le siseó: —

Nada de lĂĄgrimas

,

Yuta

!

Utiliza tu odio en contra de él. ¥Nunca olvides la traición de esta noche!


Para Yixing, ella gritó: —

Te darĂĄs cuenta cuando sea demasiado tarde

...


Ahora ella ausente murmurĂł, —En el momento en que lleguemos a Dacia, tendrĂ© tu alma tan amarga como el frĂ­o que trata de matarnos.


—¿Cuánto tiempo más nos llevara?—Tenía los pies entumecidos, el vientre vacío.


—No sĂ©. SĂłlo puedo seguir mi anhelo a ese hogar en Dacia.


Como ella le habĂ­a dicho a Yuta, su padre, el Rey Suho, gobernaba aquel reino, una tierra de abundancia y paz. EstĂĄ encerrado en piedra, escondida en el corazĂłn de la

montaña. En el interior de una elevada caverna mil veces mĂĄs grande que Helvita habĂ­a un castillo negro majestuoso, rodeado por fuentes deslumbrantes de sangre. Los sĂșbditos del rey llenaban sus baldes cada mañana.


Yuta apenas podĂ­a imaginar un lugar asĂ­.


—DespuĂ©s de todas nuestras andanzas, creo que estamos cerca, Hijo.


Esa primera noche, cuando habĂ­an caminado por el bosque que rodeaba la sanguinaria y aterradora Helvita, ella temĂ­a que Yuta no a travesara la noche helada. Una y otra vez, tratĂł de teletransportarlos a Dacia, sĂłlo para ser devueltos al mismo lugar.


Él había sobrevivido; ella se había agotado.


Ahora estaba demasiado débil para trazarse, por lo que avanzaban laboriosamente hacia otra aldea, uno que podría proporcionarles un granero para protegerse de la letal luz solar del día que se aproximaba.


Desafortunadamente, cada aldea estaba llena de inmundos mortales.


Ellos siempre veĂ­an la belleza de Sana y el corte extranjero de su ropa con asombro. entonces sospechaban. Yuta recibĂ­a su parte de atenciĂłn por sus penetrantes ojos dorados y su cabello rojizo escarlata siempre que se derramaba por debajo de su gorro. A su vez, Sana ridiculizaba sus sucios cuerpos, montados por piojos y su lenguaje simplista. Su desprecio por los mortales seguĂ­a creciendo, abasteciendo de combustible el suyo.


Cada noche, antes del amanecer, dejaba oculto a Yuta mientras cazaba. A veces, volvĂ­a con las mejillas rojas de sangre, y no habĂ­a triunfo en sus ojos. Un tajo en la muñecapodĂ­a llenar una taza para Ă©l tambiĂ©n. Otras veces, ella estaba pĂĄlida y taciturna, maldiciendo la traiciĂłn de Yixing, lamentando su situaciĂłn. Otra salida del sol, cuando se estaba quedando dormido, la habĂ­a oĂ­do murmurar: —Ahora dormimos con el ganado, y debo beber de la carne...


Sana redujo la marcha, sacudiendo la cabeza alrededor.


—¿Nos estĂĄn siguiendo, Madre?—Los humanos de la Ășltima aldea habĂ­an sido mĂĄs hostiles que cualquier otros, arrastrĂĄndose detrĂĄs de ellos, incluso en el desierto.


—No lo creo. La nieve cubre nuestra pista rápidamente. —Caminaba trabajosamente, diciendo, —Es hora de tus lecciones.


Durante el viaje de cada noche, lo instruĂ­a en todo para sobrevivir entre los humanos,


—Beber del mismo sólo te matará de hambre, y nunca hasta la muerte. La etiqueta Dacian: los estallidos de emoción se considera la máxima grosería, por lo que, naturalmente, ofenderías mi linaje.


Y siempre le extraĂ­a promesas para el futuro, Âżcomo si ella pensara que pronto iba a morir?


—¿QuĂ© debes hacer cuando seas mayor, mi prĂ­ncipe?


—Vengar la traición en contra de nosotros. Destruir a Yixing y tomar su trono.


—¿Cuándo?


—Antes de que Ă©l encuentra a su pareja.


—¿Por quĂ©?


Yuta diligentemente respondiĂł: —Una vez que encuentre a su pareja predestinado por la sangre, Ă©l se harĂĄ mĂĄs poderoso, incluso mĂĄs difĂ­cil de matar. Y Ă©l engendrarĂĄ un

heredero legĂ­timo con su pareja. Los Vampiros de la Horda no seguirĂĄn al bastardo de Yixing, mientras viva su verdadero sucesor.


—Debes estar completamente seguro de que la Horda te jurará lealtad. Si tu esfuerzo por reclamar la corona fracasa, te aniquilaran. Espera hasta que seas el más poderoso.


—¿TendrĂ© que llevar los ojos rojos para luchar contra Ă©l?


Ella se detuvo, inclinando la cabeza.


—¿QuĂ© sabes de tal asunto?


—Cuando un vampiro mata a su presa mientras bebe, se vuelve más poderoso, pero la sangre mancha sus ojos.


—SĂ­, porque Ă©l bebe de lo mĂĄs hondo, hasta el fondo del alma. Esto trae fuerza pero tambiĂ©n sed de sangre. Yixing se ha convertido en uno de los CaĂ­dos. —Ella añadiĂł vagamente, —Y serĂĄ aun mĂĄs tortuoso. Para Ă©l, en particular.


—¿Por quĂ©?


Ella le dio a Yuta una mirada de valoración, como si decidiera algo sobre él.


—No pienses en esas cosas, —finalmente dijo, haciendo su tono ligero. —Nunca mates cuando bebas, y nunca tendrá que preocuparte por ello.


—Entonces, ÂżcĂłmo voy a... —se sonrojĂł de vergĂŒenza. —¿CĂłmo serĂ© lo suficientemente fuerte como para matar a Yixing?


Sana lo alcanzĂł, presionando sus manos en contra de sus mejillas congeladas, levantando su cara.


—Olvídate de todo lo que has escuchado de tu padre. Cuando seas mayor, los guerreros inmortales temblaran de miedo, mientras que los demás se desmayaran a tu paso.


—¿En verdad, Madre?


—Estas perfectamente formado y crecerás hasta ser un Dacian magnífico, un vampiro para ser temido. Especialmente una vez que sangres. —Miró detenidamente hacia el cielo nublado, la nieve salpicaba su cara. —¿Y tu pareja?—Sana encontró su mirada una vez

más. —Será incomparable. Una verdadera realeza ante la que incluso yo me posaría.


Él entorno los ojos como si estuviera bromeando, pero su porte era serio. Yuta esperaba encontrarle rápidamente. Sabía que cuando se desarrollara por completo, poco a poco su corazón detendría su ritmo, sus pulmones dejarían su respiración. Cuando se convirtiera en un caminante muerto Vampiro, no sentiría ninguna necesidad por nadie.


Su tío una vez había tiraron bajo su barbilla y le había dicho: —Sólo cuando olvides lo que te pierdes en la cuna de unos suaves muslos, encontrarás a tu pareja, y te devolverá la vida.


Yuta no se preocupaba por el lecho, pero la idea de su corazón deteniéndose le horrorizaba.


—¿Cuánto tiempo pasara hasta que le encuentre?


Ella mirĂł lejos, diciendo en un tono extraño, —no lo sĂ©. PodrĂ­a llevarte siglos. Pero lo que sĂ­ sĂ© es que serĂĄs un buen y fiel rey para tu pareja. —Entonces ella le preguntĂł:—¿Y quĂ© vas a hacer cuando poseas el trono de la Horda?


—Aliarme con tu padre, uniendo a los Daci y a la Horda bajo un blasón familiar.


Ella asintiĂł con la cabeza.


—Suho es el Ășnico en quien puedes confiar. No en mis hermanos, o hermanas, con sus intrigas y complots. Únicamente en mi padre. Y, por supuesto, puedes confiar en tu pareja.


ÂżPero todos los demĂĄs?


—Debo usarlos y desecharlos, no preocuparme por ninguno, ya que ellos no importan nada.


Acurrucó su dedo índice debajo de su barbilla. —Sí, mi inteligente hijo.


Pasaron los siguientes kilómetros de esta forma, con ella enseñåndole las intrincadas costumbres de los Daci mientras trataban de ignorar el frío.


Un cielo encapotado amenazaba con mĂĄs nieve; las garras del alba atravesarĂ­an la oscuridad en cuestiĂłn de horas.


Yuta se estremeció, sus dientes y colmillos de bebé castañeaban.


—Silencio, —susurró Sana. —Los humanos nos siguen. —Ella olfateo el aire. —¡Dioses, su olor me agravia!


—¿QuĂ© quieren?


Ella murmuró, —Darnos caza.


—¿D—donde podemos ocultarnos?—Estaban en un amplio valle con altas mesetas al este y al oeste. Los mortales avanzaban por el norte. Las montañas se alzaban lejos al Sur.


Ella mirĂł a su alrededor con desesperaciĂłn.


—Tenemos que llegar a las montañas. Creo que es donde encontraremos el paso que conduce a Dacia. —Le dio un empujĂłn. —¡Ahora corre!


Lo hizo, tan rĂĄpido como pudo, pero la nieve estaba demasiado alta sobre la tierra, cegado por los copos que llovĂ­an con demasiada rapidez. —Nunca lo lograrĂ©, ÂĄMadre!


Agarró su brazo e intento trazarse con él. Sus formas se desvanecieron brevemente, pero no desaparecieron. Apretando los dientes, lo intento una vez mås, en vano. Liberåndolo, ella lo giró en su lugar, buscando una vía de escape. Entonces se calmo, escuchando. Sus ojos se ampliaron.


—¡Padre!, —ella gritó, el sonido resonó a lo largo del valle. —¡Estoy aquí! Tu Sana está aquí.


Nadie le respondiĂł.


—¡Padre!


Los mortales a la distancia daban gritos mientras se acercaban.


—¿PapĂĄ? —ella se balanceaba sobre sus pies, su expresiĂłn... perdida. —SĂ© que te sentĂ­ y a los demĂĄs.


Yuta entonces lo supo. Inmortales de gran poder habían estado aquí. ¿Por qué no rescataron a su princesa?


Lagrima carmesĂ­ se deslizaron por su hermoso rostro cuando ella cayĂł sobre sus rodillas.


—EstĂĄbamos tan cerca. —La orgullosa Sana comenzĂł a cavar en la nieve, usando sus garras para apuñalar las capas permanentes de hielo.Incluso cuando se arrancĂł las garras y sus dedos comenzaron a sangrar, siguiĂł cavando.


—¿QuĂ© tan bajo te he llevado, Yuta. Cuando me recuerdes, no te acuerdes de esto. Con cada puñado de hielo, un agujero crecĂ­a. —TĂș eres el hijo de un rey, el nieto de un rey. ÂĄNo lo olvides nunca! —Cuando la piel de sus dedos comenzĂł a desprenderse, tratĂł de ayudarla, pero ella le dio una palmada en las manos, parecĂ­a a punto de enloquecer.


Finalmente, lo metió en el pequeño hoyo que había hecho.


—Ven. OcĂșltate aquĂ­.


—Tengo que hacerlo más profundo, Madre. No hay suficiente espacio.


Ella susurrĂł, —hay suficiente espacio. Me asegurarĂ© de que estĂ©s a salvo.


Sus ojos se abrieron. ÂżTenĂ­a la intenciĂłn de luchar contra ellos?


—TrĂĄzate de aquĂ­ sola, — le dijo, aunque sabĂ­a que probablemente estaba demasiado dĂ©bil incluso para eso.


—¡Nunca! Ahora, ¿cuáles son sus votos para mí?


—Madre, yo



Ella chasqueĂł sus colmillos, sus iris se volvieron negros.


—¡Tus votos!


—Tomar la vida de Yixing. Apoderarme de su trono.


—¿En quiĂ©n vas a confiar?


—En nadie más que en tu padre y mi pareja.


MĂĄs lĂĄgrimas cayeron.


—No, solo en tu pareja, Yuta. Suho y los Daci nos abandonaron el día de hoy.


—¿Por quĂ©?


—Llevamos a esos mortales muy cerca. —Ella dio un sollozo. —Él eligió el secreto valioso de su reino sobre nuestras vidas. Debo pagar por mi insolencia, por mi falta de astucia. Ellos hacen un ejemplo de mí.


El pĂĄnico estallĂł dentro de Yuta.


—¿CĂłmo te encontrare? ÂżQuĂ© hago?


—Una vez que los humanos se vayan, mi familia vendrĂĄ por ti. Si no, harĂĄs todo lo necesario para sobrevivir. Recuerda todo los que te he enseñado. —Empujo su manga por encima de su brazo. —Bebe, Yuta. Te harĂĄ lo suficiente fuerte para soportar los prĂłximos dĂ­as.


Negó con la cabeza en confusión. —No puedes perder sangre.


—¡ObedĂ©ceme! —Ella se mordiĂł en la muñeca. —Inclina tu cabeza hacia atrĂĄs y parta tus labios.


De mala gana, lo hizo, y ella levantĂł el brazo sobre su rostro vuelto hacia arriba, por encima de su boca. Su sangre era rica, rĂĄpidamente alejo el frĂ­o. Ella lo hizo beber hasta que la corriente habĂ­a decaĂ­do a un goteo, hasta que el hielo se formo sobre la herida.


—Ahora escucha. Los llevare lejos de ti, los distraerĂ©. Ellos me tomaran a mí



—¡Nooo! —Él gritó.


—¡Yuta, escucha! Cuando me capturen, la necesidad de protegerme se elevarĂĄ dentro de ti. Debes ignorarla y permanecer aquĂ­. No hagas caso de tu instinto y confĂ­a en tu frĂ­a razĂłn. Como no pude hacerlo con Yixing. Como falle en hacerlo mil veces. ÂĄJĂșrame esto!


—¿Quieres que me oculte? ¿Que no te defienda contra esas criaturas?


Lagrimas de desconcierto brotaron.


—SĂ­, esto es precisamente lo que quiero. Hijo, tu mente es la mĂĄs brillante que he conocido. UtilĂ­zala. No repitas mis errores —se apodero de su barbilla. —Hay un Ășltimo voto que debes a darme. Un voto al Lore de que no dejaras este sitio hasta que los mortales se vayan.


—¿Al Lore? ¡Era un voto irrompible! —Él quería poner una barandilla, negarse a esto.


ÂżCĂłmo podrĂ­a no defenderla?


Ella levantĂł su barbilla.


—Yuta, te... suplico esto.


ÂżUna princesa Daci suplicando a uno como yo? Sus labios se abrieron en estado del shock. Las palabras brotaron de ellos.


—Yo lo juro por el Lore.


—Muy bien. —Ella presionĂł un beso frĂ­o en su frente. —Quiero que nunca, nunca seas puesto en este punto tan deplorable de nuevo. —Sobre sus protestas frenĂ©ticas, comenzĂł a enterrarlo en la nieve. —ConviĂ©rtete en el rey que naciste para ser.


—¡Madre, por favor! ¿C—Cómo puedes hacer esto?


—Porque eres mi hijo. Mi corazĂłn. HarĂ© lo que sea necesario para protegerte. —Sus miradas fijas se reunieron. —Yuta, cualquier cosa digna en mĂ­ comenzĂł contigo.


Se negaba a creer que serĂ­a la Ășltima vez que la verĂ­a, rechazo decirle a su madre cuĂĄnto la amaba



Ella susurrĂł, —lo sĂ©, —entonces lo arropo en la nieve.


Calentado por su sangre, yacĂ­a acurrucado, temblando de miedo por ella. Sus ojos se movĂ­an, sin ver nada.


ÂżHabĂ­a arrastrado sus pies, corriendo hacia atrĂĄs de nuevo en direcciĂłn de los mortales?


Con el tiempo, oyĂł su lucha a la distancia, sentĂ­a las vibraciones de varias pisadas. De lo que debĂ­an de ser docenas de humanos rodeĂĄndola.


Apretó los puños, luchando contra el frenético anhelo de salvarla.


Sin embargo, Yuta estaba impotente obligado por su promesa y minado por su debilidad.


Sus gritos ahogados de frustraciĂłn se convirtieron en lĂĄgrimas ardientes cuando oyĂł el sonido de cadenas, los gritos apagados de ella. Los sonidos guturales de los hombres. HabĂ­a sido criado en Helvita bajo el reinado malvado de Yixing, Yuta sabĂ­a lo esos mortales le estaban haciendo.


Mientras luchaba para no vomitar la preciosa sangre con la que lo habĂ­a dotado, decidiĂł que se convertirĂ­a en un CaĂ­do, consumiendo la fuerza de otras

criaturas. PodrĂ­a crecer loco por la sed de sangre; nunca volverĂ­a a estar desvalido otra vez.


En lo que debieron ser horas mĂĄs adelante, los gritos de ella se callaron. Una vez mĂĄs,

sus ojos se movieron. CreyĂł ver un hilo de humo, entonces el olor a carne quemada. Al amanecer. Sus gritos se renovaron. Mientras se quemaba, le gritĂł en Dacian, —¡No lo olvides nunca, mi prĂ­ncipe! ÂĄVĂ©ngame!—Otras palabras siguieron, pero no pudo distinguirlas. Luego sonidos ininteligibles... gritos desesperados.


Con el sonido de sus gritos, lloró, repitiendo sus votos una y otra vez, añadiendo uno nuevo.


—Quemar al r—rey... Daci vivo...



“

Mi cordura fallarĂĄ mucho antes de que se haga mi voluntad. Por suerte, la Ășnica cosa mĂĄs interesante que tiene un loco es un ser implacable.”



Yuta Nakamoto Daciano,

El enemigo de los antiguo.






“¿

Yo, una magnolia de acero?

ÂĄAcero, mi culo!


[Riendo, luego, bruscamente, serio.]


Prueba con el titanio”


Kim Dongyoung "Doyoung"

Experto en chicos, en invertir la psicologĂ­a y en evadir la ley.





“

La diferencia entre tĂș y yo es que mis

acciones no tienen consecuencias para mĂ­.

Eso es lo que me convierte en un dios.”


Ten el segador del alma,

Deidad de sangre,

Sagrado protector de los vampiros, Dios de la muerte divina.