Cold | kookmin

Summary

El último momento en donde te abrazaré, será el instante en que me haré la promesa de encontrarte donde sea que vayas.

Genre
Drama/Other
Author
M
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

In the emotion of the painful.

Tras el tintineo de la pequeña cuchara contra el borde de la taza, Jimin sonrió aún frente al espejo. Estaba allí, tragando el nudo en su garganta mientras guardaba en una pequeña caja de terciopelo cada arete que pudo obtener en sus años como estudiante universitario. Ya no los necesitaba, porque no salía, no disfrutaba. Su vida se resumía al estar bajo la preocupación que carcomía su pecho cada vez que veía a Jungkook postrado en aquella cama.


Los gastos aumentaban y el tiempo transcurría sin piedad. El dinero escaseaba y las épocas malas eran más prolongadas de lo que le gustaría. Todos pasamos por tiempos precarios y alarmantes, pero, ¿podían ser tan agobiantes y repletos de una tristeza extenuante como lo eran las suyas?


Hizo todo con velocidad, cerrando la caja luego para colocarla en una esquina de la cómoda en su habitación. Para su buena fortuna, había conseguido un comprador que aceptó adquirir la joyería por una considerable cantidad de dinero, o por lo menos la suficiente para poder costear los medicamentos que su novio requería con urgencia. Ya no había tiempo de pensar en su cuidado personal o lo mucho que le gustaba adornar sus dedos con anillos; la salud del chico tras él, era muchísimo más importante.


Dándose la media vuelta, se encontró con la bonita sonrisa de Jungkook, tan preciosa y que aún lograba acelerar su corazón como el primer momento en que lo vió. El amor seguía intacto, fuerte y hasta lastimero. Si él no amara tanto al menor, ¿sufriría menos?


—Te dije que eso no era necesario, de verdad no lo es. ¿Por qué insistes en hacerlo? —su voz se oía cansada y ronca. Sus horas sobre el colchón consistían en dormir y no despertar hasta que Jimin lo removía con cuidado para darle una comida liviana. Le daba incontables besos en las mejillas, y en ocasiones, veían una película juntos. Eran momentos bonitos y que lograban apartarlos de la realidad tan sólo por unos minutos. —Ven aquí. Abrázame.


Lo vió dejar la pequeña cuchara inoxidable sobre el plato en donde reposaba la taza en la cual le había servido un té, acomodándose entre las mantas con lentitud e intentando llegar a apoyar la cabeza sobre la almohada. Jimin tragó saliva cuando captó la pequeña mueca de dolor en la expresión agotada de Jungkook y de inmediato se acercó para brindarle soporte. Su corazón ardía en medio de su temeroso latir y la garganta se le cerraba en un apretado nudo de angustia.


Subió las frazadas hasta por encima de su pecho, arropando al chico por completo para mantenerlo caliente ante el frío tortuoso del invierno. Con la cabeza sobre la almohada, Jungkook le regaló una nueva sonrisa, haciendo caso omiso al exasperante y profundo dolor que se expandía por sus huesos. El pelirrubio se la devolvió con un cariño desbordante.


—Por favor, recuéstate conmigo. Te necesito. —le murmuró, y Jimin no lo pensó dos veces antes de rodear la cama para tomar lugar en el otro extremo del colchón. Aún con el pantalón jogging color gris, se metió bajo las mantas por igual, manteniendo su torso en dirección a su novio.


—¿No quieres más té?


—No, ya no más. ¿Sabes? Ya me cansé del té. Me gustaría tomar un café cargado, como en los tiempos en donde coqueteábamos en la universidad cuando estábamos en la cafetería. ¿Recuerdas eso?


Jimin no pudo evitar reír, llevando su vista hacia el techo de la habitación. Su mano izquierda se aferró a las sábanas con fuerza, luchando para no echarse a llorar.


—Sí, te gustaba molestarme cuando yo me esforzaba por rechazarte.


—Sólo te hacías el orgulloso conmigo, cuando la realidad era que te gustaba y me deseabas tanto como yo a ti. —inquirió, girando la cabeza para verlo desde su posición. Sus ojos eran grandes y brillantes, y Jimin podía jurar que recorrían sus facciones con un infinito amor que no era necesario expresar en palabras. —Y ahora también lo haces.


—Yo no soy orgulloso. —debatió, acercándose aún más a Jungkook sobre el colchón. El menor esbozó una sonrisa al escucharlo. —Tú eras muy insistente y un verdadero hostigador, ¿no te parece? Me cantaste una serenata frente a toda la facultad e incluidos los profesores, el día de nuestra graduación. ¿Acaso estabas loco?


—Sí. —se aproximó un poco más, frunciendo con ligereza el ceño cuando el dolor lo azotó. Sin embargo, no tardó en reemplazarlo por su amplia y brillante sonrisa. —Mucho y por ti. También dije eso por el micrófono. Deberías haber visto tu cara desde el escenario, estabas completamente rojo, como un tomate.


La carcajada de Jimin se hizo escuchar, mientras objetaba: —Cállate, eres un tonto.


—No, tú eres el tonto. —lo acusó, con las arrugas formándose en las esquinas de sus ojos al sonreír. —Perdimos mucho tiempo por tu culpa, lo sabes, ¿no? Años en los que pudimos haber sido novios los gastamos en un tira y afloja conmigo persiguiéndote y tú rechazándome innecesariamente. —Jimin le observó, dándole la razón en silencio y no inquirió cosa alguna al respecto. Era mejor así. Ya no había lugar para arrepentimientos, no con su actual situación. —Pero ahora... No puedo tomar café. Mi estómago se siente como un enorme boquete interminable donde todo lo que entra se acumula para después salir de nuevo. Termino devolviendo todo y... Si no es té, debe ser sopa, o algún alimento balanceado y propio para los enfermos como yo. Es agotador, ¿lo sabías? Extraño la antigua vida y quiero salir de esta cama, siento que podría... No sé. Hacer las cosas mejor.


—Hey. —el pelirrubio le llamó, provocando que su mirada volteara hacia él. Las lágrimas acumuladas en sus ojos eran visibles, los volvían aún más brillantes, pero tristes. Tan tristes. —No pienses en eso. Nada es tu culpa, ni la mía. Nosotros no lo sabíamos.


—Lo sé. —asintió, con su apenas visible nuez de Adán moviéndose al tragar saliva con dureza. —Sin embargo, ¿no crees que hubiera sido bueno saberlo? Ser conscientes de nuestro destino, nos haría actuar mejor. Quizás, hasta evitaríamos muchas cosas en el camino.


Jimin dirigió su mirada hacia las mantas celestes y rayadas, procesando lo dicho por su novio. La melancolía era palpable, estaba ahogándose en una tempestad insólita. Una que no creyó vivir.


—Es posible. —concordó, volviendo sus ojos hacia Jungkook. Sus luceros aún lucían como los de un niño, como si todavía no hubiesen explorado el mundo en su totalidad. Y, ciertamente, aquello no era del todo mentira. —Pero, si eso sucediera, jamás aprenderíamos nada. Haríamos las cosas a la perfección para no tener errores y, ¿eso de qué nos serviría? Probablemente, la vida es una sola, y creo que yo prefiero vivirla sin conocerla por completo.


Los labios resecos de Jungkook se separaron, mientras movía un poco su cabeza contra la almohada. El segundero del reloj colgado en la pared de la habitación, era lo único que se oía cuando el castaño parecía meditar la respuesta que le daría.


—Tienes razón. Quizás, esto no podría haberse evitado y no pudo ser de otra manera. —analizó, para volver su mirada nostálgica hacia él. —¿Podrías abrazarme?


Una pequeña sonrisa se plantó en el rostro sereno de Jimin, y pronto se acercó lo máximo posible al chico, atrayéndolo hacia su pecho en un suave abrazo para no provocarle demasiado dolor. Pudo percibir los jadeos de aflicción que Jungkook soltó en medio del movimiento hasta que su cabeza se escondió en el pecho del mayor.


Guardaron silencio por un momento, y Jimin acarició su cabellera, procurando ignorar las hebras castañas que quedaban entre sus dedos cuando se desprendían del cuero cabelludo. Las pocas sesiones de quimioterapia a las cuales habían asistido, pasaban factura. No obstante, Jungkook ya no quería hacerlo. El cáncer de huesos era avanzado; terminal. No quería acudir a las terapias o tomar la medicación.


Todo esto, era un verdadero sacrilegio para Jimin. Se esforzaba en sobrellevarlo cuanto pudiera y sin tener que recurrir a la brusquedad para hacer reaccionar al castaño. Todo su pecho se sentía pesado y asfixiado por la carga que significaba y cada cosa que debía realizar para salir adelante.


—Hueles delicioso. —lo escuchó pronunciar cerca de su cuello. Sus brazos se aferraban a su cintura con firmeza. —También me brindas calor. Mis manos se sienten frías y... —soltó una pequeña risa. —Sé que no es precisamente por el invierno.


Jimin apretó los labios en una línea, tragando el nudo en su garganta. No quería decir que, se había puesto perfume para que Jungkook no sintiera su propio mal aroma a causa de la enfermedad. El menor evitaba besarlo a como de lugar por ello siempre que el pelirrubio intentaba hacerlo. Nada le facilitaba las cosas, y todo parecía estar muerto.


Él estaba muerto en vida, porque sin el antiguo Jungkook no podía hacer nada. El que era enérgico y atosigante, y con el cual solía discutir por idioteces. Ahora, todo debía ser cuidadoso, porque era como una pequeña bola de cristal con el riesgo de romperse en cualquier instante.


—Tú sigues siendo igual de cálido para mí. —le hizo saber, acariciando su espalda. —Tus brazos son mi hogar.


—No importa cuanto vaya en declive, ¿verdad? Seguirás diciéndome esas cosas como si fuera el ser humano perfecto.


—No eres perfecto, nadie lo es. —su voz sonó amortiguada cuando supo que el llanto estaba haciendo su aparición. —Pero eres mi novio, mi compañía, mi mejor amigo y mi luz de todos los días. Eres mi Jungkook. Eso es suficiente. —cerró los párpados, sintiendo al castaño acomodarse aún más contra él. —El único amor de mi vida.


Jungkook rió feliz contra la piel de su cuello, haciéndole sentir levemente mejor. Sus ánimos, en aquel instante, dependían de ese chico castaño, y no en modo de una dependencia emocional. El bienestar del menor, siempre significaría su felicidad y, en aquellos momentos, todo aquel conjunto peligraba.


—Necesito descansar, debo dormirme una vez más. —lo escuchó. Jimin apoyó su barbilla cariñosamente sobre su pelo, aspirando el aroma a shampoo. No importaba cuán cansado estuviera o lo mucho que le costara moverse sin sentir el dolor desde la raíz de los huesos, continuaba manteniendo su aseo personal y esforzándose en cuidar su apariencia.


—Duerme, yo te cuidaré.


—Sé que lo harás. —su hablar aún más lejano lo envolvió. El pelirrubio también cerró los párpados, dispuesto a dormir junto a él. —Siempre lo hiciste aún si yo no te lo pedía o te hacía enojar.


—Y lo seguiré haciendo, mi príncipe. En esta, y en todas nuestras vidas. Te buscaré para que nuevamente te conviertas en la luz de mis ojos.


Las manos de Jungkook que se afirmaban a su cintura, perdieron progresivamente su fuerza. Su respiración se volvió más lenta y él permaneció allí, cuidándolo con esmero y adoración, como él lo merecía.


Estaría bajo la luna noches enteras, siendo su guardián y velando por su bienestar, aún cuando esto le llevara la vida entera. Los años correrían y no se movería; su objetivo jamás cambiaría. El amor era palpable e incambiable.


Jungkook se removió una última vez entre sus brazos, antes de pronunciar: —Yo también te amo, Jimin.


Su voz se perdió en la oscuridad de la habitación, y sus intenciones serían las mismas aún cuando no fueron expresadas en el momento exacto, porque a la mañana siguiente, Jimin supo que la última conversación, había llegado más pronto de lo esperado.


Los brazos flácidos de Jungkook aún se mantenían a su alrededor, y la ausencia de su respiración fue la clave para que la primera lágrima silenciosa cayera. Lo recostó con cuidado contra el colchón y besó su frente, apreciando lo hermoso que era y cómo eso nunca cambiaría. No importaba qué tan fría se sintiera su piel o el color que fuera perdiendo conforme los minutos avanzaban y su cuerpo se ponía más rígido; él seguiría siendo su hogar, su calidez, y su soporte.


Lo sostendría durante toda su vida, aún con la frialdad de su ausencia quitándole el aliento hasta sus últimos días.