Reconquistemos Erebor

Summary

Victoria es una chica normal elegida por Gandalf para cambiar el destino de la misión de Thorin Escudo de Roble de reconquistar Erebor. ¿Salvará la misión? ¿O será demasiado difícil incluso para alguien que conoce todos los obstáculos que encontrarán por el camino?

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo I

Había llegado, por los pelos como siempre, pero había llegado. En unas horas estaría ya de vuelta, en casa. Le encantaba viajar pero aquel viaje la había dejado especialmente cansada. Buscó su asiento, el 32A, y cuando lo encontró se sentó, colocando su mochila debajo del asiento delantero.


La gente se movía de un lado para otro. Avión para un lado, avión para el otro...Cuando se sentó todo el mundo, las azafatas comenzaron a dar indicaciones de cómo abrocharse correctamente el cinturón y demás cosas importantes, pero Victoria estaba acostumbrada a viajar en avión y no les prestó demasiada atención. En vez de eso sacó su iPad de la mochila y conectó sus auriculares (porque sí, era de esas personas que preferían usar auriculares con cable en vez de los famosos iPod), dispuesta a ver otra vez una de las mejores sagas basadas en libros de la historia: El Hobbit.


–¿Otra vez vas a ponerte a ver esa basura?


El que hablaba era su hermano, la persona más insoportable que uno se pueda imaginar, y seguramente sería inimaginable para cualquier persona que no fuese Victoria.


–Primero, no es ninguna basura. –comenzó a contestarle Victoria–. Segundo, sí, me voy a poner a verla otra vez. Y tercero, si no tienes cultura cinematográfica ni gustos ninguno, cállate y no me estropees el viaje.


–Ya está bien. Espérate a que despeguemos aunque sea para ponerte con la dichosa película.


Y así se demostraba por enésima vez que su madre apoyaba siempre a su hermano.


Victoria decidió esperar para no enfadar más a su madre y que así la dejasen tranquila durante el vuelo. Al fin, tras unos quince minutos, el avión despegó, y Victoria se asomó a la ventanilla viendo cómo Milán se hacía más y más pequeña. Miró a su madre y su hermano. Su madre ya estaba cogiendo postura para dormir y su hermano estaba esperando a que pasase el carrito con los aperitivos, como siempre, pese a que fuesen las once de la noche. Decidió pues, que era el momento de ponerse a ver la película.


Justo cuando iba a darle a reproducir, su hermano le tocó el hombro y ella se quitó un auricular de mala gana.


–No me creo que con veinte años sigas viendo esa basura para críos –le espetó.


–¿Qué sabrás tú, con doce años? El crío eres tú, aprende a saber en qué lugar estás, Martín.


Justo en ese momento, el avión empezó a temblar violentamente, haciendo que los hermanos dejasen de lado su discusión y se pusiesen los cinturones, había turbulencias.


–Señores pasajeros, estamos sobrevolando una zona en la que el viento sopla con gran intensidad -hablaba el comandante–. Les pido que se abrochen los cinturones de seguridad y mantengan la calma.


Nada más terminar de hablar el comandante, una señora sentada en la fila de en frente a la de Victoria comenzó a gritar asustada.


–¡El ala! –decía–. ¡El ala del avión está ardiendo!


Rápidamente, dos azafatas acudieron a intentar calmarla, pero entonces la señora ya no era un problema, pues todo el avión estaba gritando, algunos pasajeros incluso estaban poniéndose en pie y cogiendo sus pertenencias, asustados.


–Señores pasajeros, hemos tenido una avería –la voz del comandante apenas era audible con todo el jaleo que habían montado la mayoría de pasajeros–. Les informo de que vamos a precipitarnos hacia el mar. Por favor, mantengan la calma y sigan las instrucciones que están plasmadas en su asiento delantero, que indican que hay que hacer en estos casos. Por si no las ven, nuestras azafatas van a explicárselas.


Por el pasillo del avión comenzaron a pasar algunas azafatas, que se habían puesto unos chalecos amarillos, y comenzaron a explicar a los pasajeros como ponerse los suyos, que colgaban sobre sus cabezas.


Victoria se puso el suyo rápidamente, sin apenas ayuda, y se puso a ayudar a su madre y su hermano a colocarse correctamente los suyos. La verdad es que le asustaba un poco la idea de caer al mar en plena noche, pero trató de disimularlo un poco.


El avión comenzó a descender rápidamente cuando ya casi todos los pasajeros tenían puestos sus chalecos. Las azafatas les indicaron que dejasen atrás todas sus pertenencias, y alguna que otra persona discutió, pero finalmente cumplieron las normas cuando las azafatas les dieron a entender que por muchas cosas que consiguieran llevarse, se iban a mojar en el mar y probablemente las perdieran.


Finalmente, el avión cayó en el agua, y comenzó a hundirse poco a poco. Las azafatas abrieron las salidas de emergencia y todos los pasajeros comenzaron a salir del vehículo. Pero iban demasiado lentos, y la fila apenas había llegado a donde estaba Victoria cuando empezó a entrar agua por las puertas. Asustadas, las azafatas saltaron al exterior dejando a la chica dentro del vehículo, con las puertas cerradas, atrapada, mientras el agua no paraba de entrar. Victoria trató de no entrar en pánico, y se puso a buscar algo que pudiese servirle para romper una ventanilla y salir nadando, pero no había nada a simple vista, por lo que se puso a rebuscar entre las pertenencias de otros pasajeros. Abrió muchas maletas y mochilas hasta que encontró algo que podía servirle de algo: una gran piedra morada. Más que una piedra parecía una especia de gema extraña. Pero decidió no perder más tiempo y se puso a golpear una ventanilla con el extraño objeto.


La ventanilla no se rompía, y Victoria, agobiada, empezó a golpearla con más fuerza, pero nada. Sin embargo, pasó algo que la desconcertó: la gema empezó a desprender un resplandor extraño. Hipnotizada, dejó de golpear la ventanilla y soltó el extraño objeto, que comenzó a brillar más y más hasta que un brillo cegador salió de él, por lo que Victoria tubo que taparse los ojos.


Cuando los volvió a abrir ya no estaba en el avión.