FALSO
Gojo Satoru, alumno de tercer año de la Jujutsu Tech Academy, tiene esta especie de rivalidad a muerte con Itadori Yuuji, un alumno de primer año de la misma preparatoria (Cosa que el pobre chico no sabe e incluso piensa que él y Gojo son buenos amigos). El niño peli-rosa es un muchacho amable y radiante que desde el momento en que lo conoció no ha hecho más que admirarlo y ser atento con él. Con ojos ambarinos llenos de emoción y un porte tan determinado que no hace más que irritar a Gojo cuando lo ve por demasiado tiempo (Sus amigos dicen que la verdad es que está perdidamente enamorado de su kohai y solo tiene celos de que su actitud bonachona atraiga la atención de otras personas que no sean él).
Definitivamente haría lo que fuera para demostrarle a todo el mundo que Itadori Yuuji no es el alma pura y benevolente que piensan que es. Aún si eso le costaba un ojo de la cara o su tan preciado tiempo libre los fines de semana.
Es así que la oportunidad se presenta cuando por suerte (o por desgracia) termina encontrándolo una noche en un club de pelea clandestino que solía visitar con su mejor amigo Geto Suguru. Ambos jóvenes eran un dúo excepcional en las batallas cuerpo a cuerpo, nunca habían perdido un enfrentamiento. Esta era su forma de desahogarse de su gran carga de estrés por trabajos durante la semana y el dinero adicional tampoco estaba de más ¿Correcto?
– Oi, Suguru, ¿Qué ese de allá no es el bicho Itadori?– Pregunta el albino despectivamente mientras se baja las gafas sobre el puente de su nariz para observar mejor. Si, tenía que ser él, reconocería esa ridícula cabellera rosada a donde sea que fuera ya que resaltaba en el lugar lúgubre como un pulgar dolorido. También era indudable de que esa contextura musculada resaltada por la camiseta sin mangas que llevaba pertenecía a la estrella del equipo de beisbol institucional. Y están equivocados si piensan que Gojo lo detalla demasiado como para grabarse la forma de su estructura osea.
– ¿Uhm?– Volteó a mirar el pelinegro en la dirección por la que señalaba su castroso amigo– Oh si, se ve como él, me sorprende que hayas podido identificarlo en ésta oscuridad– No es como que la bodega en la que estaban fuera la réplica de un apagón, pero la iluminación si era bastante escasa lejos del cuadrilátero donde se presentaban las peleas. Tal vez la intención era mantener el anonimato de los espectadores tanto como se podía, o simplemente el grupo organizador era demasiado tacaño como para comprar algunas bombillas.
– Se atravesó en mi vista, es todo– Suelta con molestia, reacomodándose las gafas una vez confirmada la identidad de su enemigo.
– Nunca creí que Itadori-kun fuera del tipo que se mete en negocios ilícitos, aunque si tiene el cuerpo de un luchador– Se carcajea Suguru mientras peina su flequillo– ¿O tal vez entró al lugar equivocado? No sería la primera vez que un novato es iniciado porque se equivocó de establecimiento– La diversión dejó bastante rápido su expresión, ahora luciendo preocupado por el chico.
– ¡Huh! Lo dudo mucho, ¿Acaso te has vuelto ciego? Está en ESE rincón– Cuando alguien en el club hablaba sobre "Ese rincón" se refería al lugar favorito para las apuestas ilegales con algunos de los altos mandos del bajo mundo. Por lo poco que podía observar, el temerario peli-rosa se encontraba hablando con uno de los representantes de la mafia de la legión maldita. Personas peligrosas con las que nadie querría involucrarse voluntariamente, a menos que tuvieras las agallas y estuvieras lo suficientemente loco para pagar el precio– ¡Se los dije!, siempre les dije que ese mocoso no era el Ángel enviado por los cielos que todos afirman que es ¡Pero No! Yo siempre debo ser el malo del cuento– Pese a que Satoru se jactaba de aquello con indignación, muy dentro de si algo estrujaba su pecho con incomodidad.
– Hey hey espera– Suguru levanta la mano en dirección al peliblanco para señalar de nuevo hacia el rincón por donde ya venía el chico que parecía ser Itadori con una bolsa deportiva que se notaba algo pesada– ¿No es ese Fushiguro-kun detrás de él? Podría jurar que si– Y por supuesto que lo era, para cuando ambos pasaron junto a un lado del cuadrilátero directo a hablar con los jueces, la poca iluminación cercana les permitió ver las figuras de ambos hombres con más claridad y así Gojo no solo confirmó que de hecho el molesto cara de papa estaba acompañado por su otro kohai, aquel que parecía siempre estreñido. Si no que también notó lo que parecían sus manos entrelazadas al caminar. Cosa que no hizo más que avivar su enojo (aunque no supiera exactamente la razón de ello).
– ¿Qué diablos? ¿Y también arrastró a Megumi-chan aquí? Es una terrible influencia, no puedo creerlo– Dramatizó pese a que su tono sonaba más a un mordisco rabioso que a cualquier intento de parecer incrédulo– Ésta vez sí se las verá conmigo, ¡Sostén mi bolso Suguru! Aquí están las pruebas que finalmente necesitaba– Tal como lo dijo, el albino aventó la mochila en la que solían transportar el dinero recaudado por las apuestas hacia su amigo, quién la atrapó en el aire y observó con divertida curiosidad el cómo éste ansiosamente sacaba su teléfono de su bolsillo y enfocaba la cámara (Con una resolución a nivel profesional, ya que era un aparato caro de último modelo) hacia la pareja de primer año.
– ¿Qué se supone que harás con eso?– Pregunta verdaderamente interesado mientras se cuelga la mochila al hombro, debía anticiparse a las acciones del albino, quien con todas sus excentricidades siempre terminaban involucrados en algún problema sin buscarlo.
– Esto es evidencia, tonto, me servirá cuando vaya a casa de ese farsante y le reclame por corromper a Megumi-chan. ¡Un acto tan inaceptable que yo, Gojo Satoru, como su guardián no puedo permitir que otro haga cuando ese derecho me corresponde!– Aquí está otro asunto.
Resulta que la familia Gojo había apadrinado a los Fushiguro (Megumi y Tsumiki) cuando eran muy jóvenes después de la muerte del padre de ambos, quien había sido un colega cercano al padre del mismo Satoru. Por lo que le correspondía a éste de cuidar de los más jóvenes ya que tenían casi la misma edad. Pero ese es el resumen de una historia demasiado larga para detallar. Lo importante aquí, es que, la verdadera razón por la que el muchacho peliblanco se había molestado, era porque inconscientemente se sentía traicionado por el que vendría siendo su hermano menor al salir con su eterno (enamorado) rival.
Suguru solo pudo suspirar al escuchar tal estupidez, clásico de Gojo– Bien, pero que no te vea ahora, ya vienen saliendo – A todo el drama montado, ninguno de los dos se había movido del área de entrada desde que llegaron comenzando a llamar la atención de las personas cercanas a ellos, quienes también se fijaron que el monstruo de los seis ojos (como apodaron a Satoru en el club por sus increíbles reflejos y su aparente sexto sentido al percibir ataques desde sus puntos ciegos) No había hecho más que tomar fotografías de la reciente atracción del club. El peleador peli-rosado que esa noche se iba con un buen botín.
Ante lo dicho por su compañero, inmediatamente lo arrastró por la manga de su chaqueta hasta detrás de un pilar de apoyo, donde esperaron pacientemente a que los jóvenes salieran del establecimiento. Desde su posición pudieron ver y escuchar lo contentos que ambos se veían, aunque Yuuji lucia bastante extraño ¿Era un peinado diferente? ¿O tal vez la iluminación había hecho que partes de su cuerpo parecieran inusualmente oscurecidas? Daba igual, si se veía más rudo que de costumbre poco importaría si no estaba debajo de Satoru gritándole por más. Que digo. Por libertad cuando le dé la paliza de su vida por llevar a su protegido al mal camino.
– Oi, Suguru– Llamó con voz ronca, su mirada aún estaba dirigida a la puerta de entrada por donde desaparecieron los de primer año hace solo unos momentos–Ve a inscribirnos para todos los turnos que hayan el resto de la noche, no estoy de humor para regresar vacíos hoy– Si Geto notó la ira que hervía a fuego lento en su amigo, no comentó nada al respecto y simplemente se fue a hablar con los jueces pensando en sí debería escribirle a Shoko para que los recoja por la mañana. Ya que cuando el albino hacia una petición de tal calibre, era una mentira creer que regresarían luego de unas pocas horas.
Pobre diablo sea quién sea al que le toque el primer round.








