Chapter 1
Había perdido ya la cuenta de cuántas veces había suspirado en la última hora, desde que su mejor amiga había llegado a su departamento había expulsado más aire de su organismo que inhalándolo en su interior.
Se observó una vez más en el espejo de cuerpo completo que tenía en su habitación, resignado dirigió su vista a través de él hacia la castaña sentada en el borde de su cama, puso su mejor carita de cachorro; sin embargo, parecía no tener efecto alguno en ella. Aurora seguía mirándolo con grandes ojos brillantes y una sonrisa de autosuficiencia, como un artista contemplando su última obra.
Posó nuevamente sus ojos sobre su figura, analizando desde la camiseta hasta los zapatos, mentalmente se preguntó cómo había llegado a aquella situación.
Retrocediendo un par de horas atrás, Pablo se encontraba disfrutando de su inicio de fin de semana con un maratón de la última serie que le habían recomendado junto con una tibia taza de café, como un omega soltero eran los pequeños placeres que podía darse de vez en cuando, puesto que el trabajo y la universidad lo tenían saturado hasta la coronilla.
El apartamento estaba casi a oscuras, apenas había una tenue luz viniendo del living a causa del televisor encendido y lo único que se escuchaba eran las voces provenientes del programa. La pequeña atmósfera que el sevillano había formado se vio abruptamente
interrumpida por el timbre resonando en todo el lugar, soltó un sonido de molestia observando su taza semivacía del líquido amargo; se había enfriado. El timbre siguió sonando con insistencia, dejó el traste sobre la mesita ratonera que tenía enfrente, tomó la cobija que tenía sobre sus piernas y se acomodó en todo lo largo del sillón cobijándose hasta la nariz, quien quiera que sea terminaría desistiendo y podría volver a su tranquilidad, como si lo hubiera adivinando el timbre dejó de sonar. Suspiró destensando su cuerpo y regresó su atención a la pantalla del televisor, se había perdido unos cuantos minutos del siguiente capítulo pero nada que no pudiera entender.
Si creyó poder tener una noche de sábado tranquila, la idea se esfumó por completo ante la voz proveniente a sus espaldas.
- Pa. blo. Ga. Vi. - con cada sílaba remarcada con un tono lúgubre por la misma voz, sentía como los vellitos de su nuca se erizaban, su lobo interior escondió la cola y bajó sus orejas, hasta él sabía que nada bueno vendría con aquella visita.
Se sentó sobre el sillón nuevamente, giró su rostro hasta la entrada donde pudo vislumbrar una pequeña silueta, tragó el nudo que se le había formado, con pasos inseguros se acercó hasta el interruptor, la luz mostró claramente la presencia de su mejor amiga. Pablo sabía que tramaba algo al verla con las manos detrás de la espalda y una sonrisa maliciosamente fingida en su rostro.
En ese momento odio darle una copia de las llaves de su departamento.
- A-Aurora. - habló con nerviosismo hacia la beta de cabellos castaños - ¿Qué haces aquí? - el omega se abofeteó mentalmente, había sido la pregunta equivocada al verla alzar su ceja.
- Lo olvidaste. - afirmó cruzándose de brazos - Hoy es la fiesta de disfraces que Ansu organizó, prometiste acompañarme. - caminó cruzando al lado del omega hasta sentarse en el sofá - Además también estará Frenkie. - murmuró bajito con las mejillas sonrojadas, enterneciendo momentáneamente al omega.
Aurora había sido su mejor amiga desde la preparatoria, fue su pilar cuando se presentó como omega y muchos de los que consideraba sus amigos le dieron la espalda al enterarse que pertenecía a la última raza de la jerarquía.
Pablo miró apenado a su amiga, había olvidado por completo su compromiso y no tenía nada preparado.
- Realmente lo lamento, Aurora. - se disculpó - Pero no tengo nada que pueda usar para la fiesta.
Aurora se levantó de un salto sonriente hacia su amigo, le dio un pequeño golpe en la nariz con su dedo índice y camino hacia un lado del sofá, Gavi la observó sacar una pequeña maleta del costado. ¿Cómo y cuándo había llegado eso ahí? No lo sabía y tampoco iba a preguntar, la castaña tenía su propia magia.
- Sabía que lo olvidarías, así que vine preparada. - comentó sacando dos conjuntos del interior, uno completamente negro y el otro de colores tiernos.
Pablo amaba a la castaña, pero en casos como este creía fielmente que la joven beta también era su perdición en persona, sin importar la situación siempre se veía a merced de ella, pero jamás le haría mención de aquello, agregarle más autoridad terminaría acabando con él.
- Especialmente para ti. - le extendió el conjunto en tonos pastel - Así que ve a ponértelo, no acepto una negación como respuesta ya que te olvidaste por completo de la salida que teníamos.
Tomó la vestimenta entre sus manos y si no fuera porque su mandíbula estaba pegada a su cráneo seguramente hubiera caído hasta el suelo como en las caricaturas al detallar cada prenda. Aurora sabía bien con qué propósito lo hacía, la miro desafiante y negó con la cabeza.
- Mujer, estás loca si piensas que usaré esto - replicó.
- No hables y ve a cambiarte, dije que no podías negarte - lo tomó por los hombros caminando hacia el baño de su habitación, antes de que pudiera excusarse con algo le cerró la puerta en la nariz.
De esa manera es que ahora se encontraba enfundado en aquella vestimenta totalmente impropia de él y se sorprendió un poco al ver el conjunto de la castaña, ella portaba un vestido largo de color negro que envolvía como una segunda piel su figura, las mangas eran largas con volantes, el prominente escote de corazón resaltaba el busto de la beta y aquella abertura a un costado de su muslo derecho dejaba al descubierto sus piernas vestidas en unas medias negras. Pablo observó su rostro, el maquillaje oscuro solo hacía resaltar su mirada avellana y sus labios estaban pintados en un intenso rojo; la vio acomodar su cabello bajo aquel sombrero en punta.
- Pablo. - lo llamó por su nombre de pila y enseguida supo que ya no había manera de zafarse, Aurora ya estaba emocionada - Sabía que te quedaría hermoso. - chilló hasta pararse a un lado del omega, un poco más alta gracias a los tacones.
- No estoy seguro, no creo que me siente bien la ropa.
- ¿Estás loco? Gavi como omega, tienes mejor cuerpo que cualquiera, tienes una piel de porcelana, tus cabellos enmarcan bien tu rostro y tus ojos marrones te hacen tener una mirada angelical. Con un milagro tal vez encuentres a tu destinado, vamos obsérvate bien en el espejo, pareces todo un sugar baby si fuera un alfa hasta yo quisiera darle a ese trasero.
- ¡Aurora! - se avergonzó con lo último.
¿En verdad le decía aquello con el cuerpo que ella tenía?
Suspiró mirándose por tercera vez en el espejo y probablemente podía estar de acuerdo con la castaña por primera en la noche, llevaba puesto una playera de cuello redondo de manga corta, era de seda transparente con los bordes en cuero del mismo color, bajo la prenda sus pezones se veían cubiertos por unas pezoneras en forma de corazón, podía leerse baby boy respectivamente en letras blancas, al conjunto se le unía una falda del mismo con tablones ajustada a su cintura, apenas le cubría lo justo y necesario, bajo su mirada hacia sus piernas las cuales tenían unas medias a medio muslo con terminación en encaje con unos botines de plataforma, todo estaba perfectamente armonizado de pies a cabeza en la paleta de degrade del rosa al blanco.
Se sonrojó por lo descubierto que se sentía, sin contar que la castaña había añadido una tanguita de encaje. De alguna manera también le gustaba ver la lujuria que podía desprender, aunque esto era un secreto para sí mismo.
- Ten, usa esto. - miró hacia su amiga y le entregó un collarín de color blanco de cuero con una pequeña argolla color plata en el centro de esta y en la parte de atrás se encontraba la cerradura a llave - Es para protección, me gusta como te ves, pero tampoco te arriesgaré - sonrió cálidamente y recordó porque la apreciaba mucho.
- Aunque tienen un truco. - camino hacia él - Si encuentras de casualidad a tu alfa este se abrirá por sí solo. - le guiñó el ojo mientras le colocaba el collar, se quejó cuando sintió un pequeño pinchazo justo donde se encontraba la cerradura.
-¿Qué fue eso? - preguntó sobándose esa parte.
- Es un regalo de Cora. - le sonrió - Acaba de conectarse a tu parte animal, por eso el pequeño pinchazo bajo tu nuca.
Pablo sintió a su lobo removerse, tocó el collar y después miro a la castaña, a veces daba miedo, también tendría que vigilar su amistad con Cora.
Una vez la beta lo terminó de arreglar con un poco de maquillaje, sin exagerar, llamaron a Anna para que pasara por ellos, esta venía disfrazada de ángel sin más ni menos algo sencillo pero usual en ella. En el auto el omega se sentía ansioso, una cosa es estar frente a su amiga y otra muy diferente estar en una multitud con ese atuendo, las manos le temblaban un poco y cada cinco minutos miraba la pantalla bloqueada de su teléfono, la castaña se dio cuenta de eso y tomó las manos de Gavi, le sonrió de manera tranquilizadora asegurándole que todo estaría bien.
Veinte minutos de viaje fueron suficientes para que llegaran a la casa de Ansu, se escuchaba la música a todo volumen desde afuera, se bajaron y antes de tocar la puerta Aurora le retocó el brillo en sus labios y acomodo la playera bajo la falda. Les abrió un Ansu disfrazado de diablito y en medio del tumulto, los cuerpos bailando y las luces de colores los dirigió a la mesa donde sus demás amigos se encontraban, Aurora al ver a Frenkie personificando a un caballero se olvidó por completo del omega y se dirigió hacia él, Anna se fue con Mikky la cual llevaba un disfraz de maid y Ansu se sentó junto a Vinicius vestido de angelito, evitó una risa por lo ilógico que resultaba eso, pasó la mirada por el lugar y se encontró con la mirada marrón de Ferran, le sonrió a modo de saludo y se dirigió hacia él evitando a toda costa las miradas que le eran dirigidas.
- Ferran, que alegría verte por aquí - lo llamó, se sentó a su lado y este parecía mirarlo estupefacto, el omega había olvidado su apariencia.
-¿Ga-Gavi? - el aludido asintió y sonrió un poco apenado - vaya, casi no te reconozco, te ves espectacular.
- Gracias, aunque me siento un poco raro - confesó.
- No te sientas así, de verdad, ¡te ves increíble! - le afirmó.
- Tú también, Ferran, te sienta bien el disfraz de vagabundo - se burló un poco de la falta de imaginación de su amigo, ambos rieron.
Se pasaron la próxima hora entre bromas y temas triviales, de un momento a otro Pablo empezó a sentir un calorcito en su cuerpo, lo pasó por alto atribuyéndolo al ambiente del lugar, le pidió un ponche a Ferran el cual amablemente se lo trajo y continuó con la plática, estaba tan absortó que se olvidó por un momento de esa incomodidad.
Eran las 3:00 de la mañana cuando Ferran le miró de una manera preocupada.
- Pablo, ¿tu celo está próximo?
Y como si de un balde de agua fría le cayera sobre la cabeza miró la fecha en su celular rogando por lo que su amigo le mencionó fuera un error, incrédulo confirmó lo inevitable, su celo estaba programado para ese día. Miró asustado a Ferran, este aunque era un alfa confiaba en que no le haría nada.
- Tenemos que sacarte de aquí. - comentó - Vamos por tu amiga - lo tomó del brazo para que no lo perdiera entre la multitud. A lo lejos observó a Mikky y le preguntó por la castaña.
- Aurora tiene rato que se fue con Frenkie.
Después de esto, seguramente mataría a Aurora. Ferran lo subió al segundo piso, lo metió en una de las habitaciones, sus feromonas cada vez se hacían más fuertes y no tardaría que cualquier alfa lo sintiera.
- Quédate aquí, iré por unos supresores a la farmacia, escóndete y cierra bien la puerta.
Ferran salió de la habitación, se sentó en la cama y se recriminó mentalmente por haber sido tan descuidado con algo tan delicado como lo era su celo. Escuchó pasos fuera de la habitación rápidamente puso el seguro de la puerta rogando que no lo sintiera la persona que se encontraba en el pasillo, se dirigió hacia el armario pero se encontraba cerrado, lo mismo pasaba con el baño, los pasos se detuvieron frente a la habitación, sin más remedio se escondió debajo de la cama, podía ver la sombra debajo de la rendija de la puerta.
Su cuerpo le dolía, su temperatura corporal había aumentado y sentía como su entrada se lubricaba, observó como la persona se alejaba nuevamente, y como si el destino le jugara en contra una corriente de aire fresco que entró por la ventana se coló entre su falda provocándole un escalofrío y soltando un sonoro gemido, se llevó las manos a la boca tan pronto se dio cuenta de lo que había hecho, los pasos regresaron y de nueva cuenta se pusieron fuera de la habitación aunque el picaporte no cedió, se escuchó el sonido de una llaves y como esta era introducida en la cerradura de la puerta. Pablo temblaba, rogaba porque fuera Ansu y lo ayudara, incluso Vinicius sería su salvador ya que este era el destinado de Ansu y no habría riesgo alguno.
La puerta se abrió y cerró nuevamente mientras observaba como la persona entraba a la habitación. Llevaba unos zapatos de vestir negros, se arrastró un poco más a la orilla siendo cuidadoso de no ser descubierto y lo miró, por el olor a madera y lluvia supo que era un alfa, el cual vestía un traje negro de dos piezas, llevaba la playera blanca con los primeros dos botones desabrochados. Observó como la persona abrió la puerta para salir.
Por un momento creyó estar a salvo.
Pablo sintió como su vientre se contraía, se movió incómodo y la fricción que hizo la falda con su miembro ya erecto le causó un pequeño gemido, el alfa que hasta ahora le había dado la espalda desde el umbral se volteó y caminó hasta orillas de la cama, el omega asustado se encogió más rogando que lo pasara por alto.
Vio como este se dirigía nuevamente hacia la puerta, su corazón se desbocó cuando escuchó el cierre de esta y el click que resonó por la habitación al haber sido puesta bajo seguro.
Podía darlo por hecho, su casto trasero dejaría de serlo esa misma madrugada.
2
Observó como este rodeaba la cama, sus manos le temblaban y pequeñas lágrimas empezaban a descender de sus mejillas. Sintió como unas frías manos lo tomaban por los tobillos y lo jalaba hasta haberlo sacado debajo de la cama. La falda había quedado hacia arriba revelando su miembro erecto apenas cubierto por la pequeña tanguita de encaje, sus piernas estaban húmedas de su esencia y sentía como cada vez se iba lubricando más, su rostro lo sentía caliente y con sus manos cubría los posibles sonidos indecorosos que saldrían estando en esa situación.
Levantó la mirada y se encontró con la oscura del alfa, esta denotaba lujuria, le recorría el cuerpo desvistiéndolo con la mirada de las pocas prendas que poseía, cruzó las piernas y un gemido opacado por sus manos sonó apenas por el roce del movimiento, el desconocido gruñó.
Como pudo se levantó lo más rápido posible de ahí, apenas inició su carrea sintió como era tomado de la cintura y aventado sobre la cama, el alfa le abrió las piernas posicionándose entre ellas, subió lentamente su mano por su pierna, le olió el cuello y ronroneo en su oído.
-¿Qué hace un lindo omega como tú en mi habitación estando en celo?
Tembló, la voz le produjo un escalofrío, inconscientemente abrió más las piernas para que el sujeto se acomodara mejor.
-¿Eh? No deberías entregarte tan sumisamente. - dijo mientras se restregaba contra el omega.
Pablo gimió en el oído del alfa, su reacción lo asustó, pero el aroma a madera y lluvia se había intensificado en el ambiente causando que su omega interior se regocijara y se dejara hacer.
- Por favor, déjeme ir. - sollozó, mientras intentaba apartarlo con la poca fuerza que le quedaba en los brazos.
Pedro le sujetó las manos encima de la cabeza, con la mano libre tomó el borde de la ropa interior y de un solo tirón rompió la delicada tela.
- Tranquilo, haré que lo disfrutes tanto como yo. - Pablo sintió como su miembro era
tomado por la caliente y varonil mano del alfa.
Con el pulgar rozó la cabeza ya húmeda por el líquido preseminal, fue ascendiendo y descendiendo con lentitud por toda la extensión del miembro, conforme veía que el omega se relajaba iba aumentando la velocidad.
- Po-por favor, d-deténgase - su vientre se contraía, sabía que pronto llegaría al orgasmo.
Su mente le gritaba que saliera de ahí, que se negara, pero su omega interno le decía que se dejara tomar, que aquel alfa lo marcara como suyo, con esos pensamientos se vino en la mano del contrario.
Observó como este se llevaba la mano a la boca y lamía su esencia, enviando un temblor en todo su cuerpo.
Lo miró directo a los ojos.
- Eres realmente muy dulce, cariño.- sonrío.
La poca coherencia que le quedaba se fue al carajo con lo último, tomó del cuello al alfa y unió sus labios en un desesperado beso, su omega había salido.
- Hágame suyo, de la manera más ruda que usted pueda hacerlo. - susurró sobre los labios del contrario tirando levemente de las hebras oscuras del alfa.
- Será un placer, pero no me hables de usted de seguro tenemos la misma edad.
Pablo dirigió sus manos hasta los anchos hombros quitándole el saco, desabotonó el resto de la camisa observando aquel torneado torso, quiso pasar su lengua y dejar plasmados sus besos en los marcados abdominales.
Vio como el alfa se deshizo de las demás prendas, su cuerpo totalmente desnudo se posaba frente a él, su mirada descendió hasta su virilidad, se mordió el labio inferior, le excitaba de sobremanera pensar que eso lo llenaría y su lado sumiso deseaba que fuera lo más pronto posible.
-Ponte en cuatro - demandó el alfa con una voz más profunda, Pablo sin dudarlo dos veces puso su trasero al aire, dándole una maravillosa vista de su entrada, escuchó pasos afuera de la habitación pero justo en ese momento deseó que nadie viniera interrumpirlo, ni siquiera Ferran que amablemente se había ofrecido a ayudarlo. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió al alfa detrás de él y quienes estuvieran detrás de aquella puerta dejó de importarle.
Pedri se acercó a la espalda del omega, dejó un beso sobre su hombro a través de la tela mientras le alzaba la falda, elevó su mano y la dejó caer en un sonido sordo sobre el trasero de Pablo provocando un gritillo por parte de este.
- Por favor, más - gimió, le escocia la piel del glúteo, pero la corriente eléctrica que se extendía por su miembro le hacía querer más - por favor daddy, más.
- Eres un lascivo, pequeño - contestó Pedri.
Le dio otra nalgada en el glúteo contrario, obteniendo el mismo resultado, la acción se repitió otras tres veces, dejando al rojo vivo el trasero de Pablo. Pedri lo hizo mirarlo a la cara, sus mejillas estaban rojas y un hilillo de saliva caía por su barbilla, era la imagen más exquisita que había visto en toda su vida.
Metió sus manos bajo la playera del omega hasta llegar a sus pezones cubiertos, sin delicadeza le desprendió las pezoneras, Gavi gimió ante la sensibilidad de sus botones, el alfa apretó las pequeñas protuberancia entre sus dedos, retorciéndolos y jugando con ellos a su antojo, el omega bajo él gemía ante sus caricias, Pedri se acercó a los labios entre abiertos del contrario, mordiqueó su labios sin llegar a besarlo causando un quejido en el omega.
Rápidamente le sacó el resto de ropa que le quedaba a Gavi, le abrió las piernas y dejo que sus miembros se rozaran provocando un gemido en ambos, dejó húmedos besos en las clavículas y cuello del omega hasta llegar a su lóbulo donde dejó un último beso antes de mirarlo nuevamente a los ojos.
- Abre la boca - Gavi lo hizo y Pedri introdujo tres dedos - lubrícalos bien - el omega, succionó y lamió los largos dedos imaginándose como sería tener su miembro en la boca.
Cuando Pedri creyó que era suficiente las sacó y le dio un beso fogoso, bajó su mano hasta la entrada palpitante del omega e introdujo un dedo, como lo imaginó el chico era virgen y sonrió al saber que sería el primero.
Pablo sentía una pequeña incomodidad que se desvaneció con la entrada y salida de este, soltaba pequeños jadeos y veía como el alfa introducía un segundo dedo, abriéndolos y cerrándolos, su boca había bajado a sus pezones, dando pequeños besos alrededor de la aureola, tentándolo y volviéndolo loco.
Los constantes movimientos de los dedos de Pedri lo hacían mojarse más, instintivamente movió las caderas para sentirlo más profundo. El Alfa ante dicha acción apresó uno de los pezones del menor al mismo tiempo que introducía un tercer dedo.
- Ah, si no lo metes ahora, yo mismo lo haré. - gruñó en el oído del alfa.
Pedri de un movimiento brusco puso boca abajo al pequeño omega, alzó su trasero y de una sola estocada entró en la estrecha cavidad de Gavi, arrancándole un gemido desde su garganta.
- Ya estarás feliz, ¿verdad? Provocando que mi alfa salga, sonando tan desesperado y con esos lascivos gemidos tuyos me fue difícil prepararte adecuadamente - volvió a salir del cuerpo del omega solo dejando la punta dentro - Ahora no te arrepientas. - entró de golpe provocando que la cabeza de Pablo cayera sobre la almohada.
- No tengas piedad. - contestó.
Las embestidas no se hicieron esperar, Pablo gemía contra la almohada apretando las sábanas. Pedri gruñía, el interior del omega lo apretaba y en cada estocada sentía que llegaba al cielo.
- Mírame. - ordenó el alfa.
El omega alzó la mirada, fue atrapado por los labios del otro, la saliva se les caía de las comisuras de sus labios, sus lenguas se estaban degustando una a otra, la falta de aire los hizo separarse. El sonido de sus cuerpos al encontrarse era lo que más llegaba a los oídos de Pablo haciéndolo querer más.
- Más, más rápido. - rogó el omega entre gemidos.
Pedri sintiendo como el nudo se acercaba comenzó a masturbar al menor sacándole gemidos y jadeos, haciendo sus embestidas más profundas se acercó al cuello de este donde aspiró el dulce aroma a rosas del omega, pero el collar aún estaba ahí. No se había percatado para nada hasta ahora.
- Veo que no eres tan tonto. - jadeó.
Detrás de toda esa faceta demandante Pedri se sintió un poco triste, sabía que el omega era su destinado desde el momento que entró en la habitación y no poder marcarle, debido a ese collarín, lo desalentaba un poco.
- No deberías preocuparte. - Gavi no supo por qué lo dijo y mucho menos cómo es que sacó voz para decirlo.
Pedri no entendió, pero el sonido de un click lo hizo entender.
Continuó con lo que había empezado y al mismo tiempo que ambos llegaban a la cúspide de la lujuria, marcó al omega.
Lamió las pequeñas gotas de sangre que habían salido y atrajo al menor hacia su cuerpo, el nudo tenía que bajar sino quería lastimarlo a la hora de salir de él.
Notó como su acompañante se había quedado dormido, con una sonrisa abrazo la cintura del más bajo y se dejó caer en los brazos de Morfeo.
A la mañana siguiente Pablo se despertó desorientado, observó el lugar y recordó todo lo que había pasado, intento salir, pero unos brazos en su cintura se lo impidieron.
Los colores se le subieron a la cara cuando descubrió que aún seguían unidos, aunque era un poco obvio después de haber anudado, quito los brazos de su cintura y tratando de no despertarlo se apartó provocándole un pequeño jadeo al deshacer la unión. Subió la mano hasta su cuello y sintió la marca. y
Sonrió.
Lo sabía, después de todo, su omega sabía mucho antes que él mismo. Se volvió a acostar quedando de frente a él, hasta ahora se daba cuenta que no sabía su nombre y se avergonzó de ello.
Lo observó detalladamente, la forma de su rostro, el color de sus labios, sus pestañas y la
forma en la que caía su cabello negro.
- Lamento si te lastime. - se sobresaltó alejando su mano de golpe.
- Eh, no, no me lastimaste - habló apresuradamente causando ternura en Pedri.-me gusto.
- De verdad que eres un ángel - sonrió - a todo esto, ¿cuál es tu nombre? - preguntó avergonzado.
- Gavi, Pablo Gavira- contestó tomándole la mano.
- Un gusto ser su pareja Gavi, mi nombre es Pedri, Pedro González.
Ambos se sonrieron, Pedri tomó a Gavi de las mejillas y le dio un beso tierno, sin apuros, todo contrario a los de hace unas horas.
Pablo prometió que después le agradecería enormemente a Aurora por haberlo traído a esta fiesta, también le diría que el collarín cumplió su función.
- Lo que más me gustaría es que ya tengas a nuestros cachorritos en tu vientre. - habló Pedri después de separarse del beso.
-¿¡Eeeeeh!?, ¿No...no crees que es m-muy pronto? - preguntó nervioso - Además no siempre se logra a la primera vez.
- ¿De verdad? - preguntó Pedri con una mirada juguetona - Entonces no saldremos de aquí hasta lograrlo.
- E- Espera Pedri, aún estoy sensible.
- Si me llamas de esa manera menos me detendré.
Pedri se abalanzó sobre el omega y no hay que ser muy inteligente para saber qué pasó con el trasero de Gavi.
Fin