El encuentro
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Era una soleada tarde de primavera en el pequeño pueblo de Seongsu. Las flores estaban en plena floración y el aire fresco llenaba los pulmones de quienes paseaban por el parque central. Jungkook, un joven mudo de cabello oscuro y ojos brillantes, disfrutaba de su caminata diaria por el parque, observando a los niños jugando y a las parejas compartiendo momentos juntos.
Mientras caminaba por un sendero rodeado de árboles, Jungkook se detuvo para admirar un hermoso cerezo en flor. Sus dedos ágiles se movían rápidamente, describiendo en el lenguaje de señas lo maravilloso que era el árbol. Aunque no podía expresarse con palabras, su rostro mostraba una profunda admiración y alegría.
A pocos metros de distancia, Taehyung, un joven extrovertido de cabello castaño y una sonrisa contagiosa, observaba a Jungkook con curiosidad. Taehyung había llegado al pueblo hace apenas una semana y aún estaba adaptándose a su nuevo entorno. Al ver a Jungkook comunicarse de una manera tan única, sintió una fuerte necesidad de conocerlo y aprender más sobre él.
Decidido a entablar una conversación, Taehyung se acercó a Jungkook con una sonrisa amistosa y le tendió la mano en señal de saludo. Jungkook, sorprendido pero complacido por el gesto, le devolvió la sonrisa y estrechó la mano de Taehyung. Aunque no podían entenderse verbalmente, ambos sintieron una conexión instantánea.
Taehyung intentó comunicarse con Jungkook a través de gestos y expresiones faciales, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba aprender el lenguaje de señas para poder entender realmente a su nuevo amigo. Con una mezcla de determinación y entusiasmo, Taehyung se propuso aprender el lenguaje de señas, sin saber que este sería el comienzo de una amistad inquebrantable y llena de aventuras.