Capítulo Único
El tiempo volaba demasiado rápido para el gusto de Kazuki. Su pequeña Miri, su solecito, su princesa más querida, ya había entrado a la etapa de la adolescencia, aún recuerda como si fuera ayer cuando él y Rei asesinaron al padre de la niña en una fiesta de navidad. Y por el remordimiento la terminó adoptando. Aunque su compañero estaba enojado pero no podía quedarse con un gatito, pero sí con una niña.
Pero a pesar de todo, Rei le terminó teniendo un enormes cariño a Miri, todos los días a la misma hora estaban los dos sentados en el sofá de la sala de estar jugando a las carreras de Morio Kart y esa fue su costumbre hasta la actualidad, aún siguen haciéndolo todos los días, pero mayormente los viernes en la tarde, cuando los dos tenían tiempo.
Por otra parte, la adolescencia de una niña era un tema complicado tratándose de él un hombre, porque no ha vivido nada en carne propia, ya que es ese momento donde una madre le explicaba a su hija sobre cómo pasó de niña a mujer o como sea, no sabe cómo iniciar “la charla femenina” o si ya era momento o cómo era todo, investigó en libros, sitios web y en varios blogs de madre contando su experiencia. Cuando llegó el momento adecuado, o calculó que era el momento adecuado, se acercó a su niña de trece años y comenzó a hablarle. Cuando finalizó la pequeña Miri solo lo vio con un ceño fruncido y le dijo:
— Papá Rei ya me lo había dicho.
— ¿Qué? — Kazuki parpadeo varias veces sin creer lo que escuchaba.
— Si — la niña asintió con la cabeza — Él era el único en casa cuando me llegó mi primera regla. Dijo que a él también le sucedía y que no me estaba desangrando a muerte. Me dio consejos, tips y otras cosas.
Kazuki abrió y cerró la boca sin creérselo. Pero luego se dio un golpe mental, se le había olvidado que Rei también pasaba por eso todos los meses. La preocupación por Miri hizo que tuviera una laguna mental.
— Se me había olvidado que Rei también menstruaba.
La niña solo le dio unas palmadas en el hombro a su padre.
Kazuki estaba feliz con la familia que construyó junto a Rei, estaba feliz de tener a Miri. Todo estaba bien. Menos por el hecho de que casi todos los días desde que su niña llegó a secundaria llegaban regalos de todo tipo. Desde ramos de flores hasta osos de peluche gigantes. Aún recuerda cuando Rei abrió la puerta y se encontró con un peluche enorme de su personaje favorito de videojuegos. Nunca le dijo a Miri que se lo enviaron a ella y se lo quedó para él solito, cuando Kazuki salía por algo muy noche, siempre podía encontrar a Rei abrazando al peluche. Nunca pensó tenerle envidia a un peluche.
Kazuki en ese día soleado y con un clima maravilloso de febrero pensó salir de paseo con su familia, pero justo los dos familiares se negaron. Era viernes y ellos, primeros muertos antes de romper su tradición tan preciada.
Así que como un padre dolido, le pidió a Karin si quería salir un rato, ya que los “adictos a los juegos” no querían salir para no romper su tradición. La chica aceptó gustosa, quería conseguir inspiración para su nueva línea de ropa y una salida con su cuñado le dará buenas ideas.
El mayor se despidió de su marido e hija. Lo que hizo que los dos respondieran al mismo tiempo y sin despegar su vista de la pantalla ” Nos vemos Kazuki/ papá“. Con un puchero en sus labios Kazuki maldijo a la familia que le tocó y cerró la puerta.
Cuando parecía que ya se había ido. Miri puso el juego para que su Rei pusiera absoluta atención. Su padre solo levantó una ceja y la vio en silencio esperando una explicación para haber pausado cuando él estaba apunto de ganar la carrera.
Miri algo nerviosa suspiro, en su mente repasaba todo lo que iba a decir en ese momento, sabía que su papá Kazuki no estaba y eso le daba un poco de confianza.
— Necesito un consejo, papá — la joven adolescente se notaba nerviosa, bajo su mirada y comenzó a jugar con sus manos. Rei solo la miró expectante por lo que iba a decir su hija. Cuando Miri notó la mirada curiosa de su padre decidió hablar — Me gusta un chico de mi escuela, en serio me gustó mucho, pero no sé cómo acercarme a él.
Rei medito por un momento lo que decía su hija, cuando llegó a una conclusión, asintió lentamente con su cabeza dándole la confianza necesitaría a la niña de seguir hablando.
— Y me gustaría saber ¿Cómo terminaron juntos papá Kazuki y tú? Y…¿Cómo se conocieron?
Rei prefirió guardar esa información en su mente. No le iba a decir a su hija que la razón por la que terminaron juntos fue por ella. De seguro y toma literalmente sus palabras. Así que hizo todo lo que haría un padre coherente ante una pregunta tan personal de su hija.
Se hizo el loco y se levantó del sofá para alejarse del lugar.
La niña lo abrazó por la cintura para evitar que él se fuera.
— ¡Papá Rei, por favor¡ ¡Por favor!, ¡por favor! — a Miri le salían pequeñas lágrimas por los ojos — En serio me gusta mucho ese chico y no quiero hablar sobre este tema con papá Kazuki, porque de seguro lo desaparece.
Rei rodó los ojos por la forma dramática de su hija, soltó un suspiro cansado, sabía muy bien que Kazuki es capaz de desaparecer a alguien sin dejar rastro, solo porque esté cerca de su princesa. Así que con su lado más paternal se acercó a su hija y le dio un beso en la frente.
— No necesitas cambiar, no necesitas hacer nada, simplemente se tú. Se la niña sonriente que yo crie junto a Kazuki, si él no quiere contigo o simplemente quiere que cambies. Tíralo, elimina personas así, porque solo te harán daño… — Miri abrazó a su padre mientras Rei jugaba con el cabello castaño de su hija — Pero si él ve lo especial que eres, la chica única, sonriente, divertida que eres, entonces es el indicado.
Miri acomodo su cabeza en el hombro de Rei, con una sonrisa en su rostro.
—Gracias por el consejo papá.
Kazuki cuando entró al departamento junto con Karin no esperó ver a Rei junto con Miri abrazados en el sofá viendo una película. La pequeña parecía interesada en la película mientras que Rei jugaba el cabello de Miri con los ojos cerrados mientras tarareaba algo.
Karin no pensó mucho cuando le tomó una fotografía a padre e hija. Kazuki en cambió solo sonrió enamorado de la vista. En serio, adoraba a su familia.