Capítulo 1
Dicen que mientras mas rápido corras mas lejos estarás del peligro, pero ¿Qué haces para alejarte del dolor? No importa cuanto corras, no importa cuanto cierres los ojos y cuentes hasta diez, solo queda esperar a que la marea se serene para seguir adelante.
Abrí los ojos con lentitud intentando enfocar mi vista ante la incesante luz de la habitación. Miré con atención a mi alrededor y me di cuenta de inmediato que estaba en una habitación de hospital ¿Como había llegado aquí? Un ruido sordo se escucho a mi derecha y mire fija allí.
—oh por Dios — una mujer por la que puede deducir era una enfermera entro a la habitación mirándome como si pudiese creer que esté allí. — llamare al doctor — me quede perpleja al ver que, así como entro, así salió de la habitación sin darme ningún tipo de explicación. Como pude me senté en la camilla y me quite la cánula de la nariz sintiéndome menos asfixiada, cosa que al parecer no le gusto a la persona que había entrado a la habitación
—Pólux, al fin despiertas — mire al frente y allí estaba un hombre en bata. es joven de aspecto atlético y de sonrisa deslumbrante, pero este no era el momento para quedarme fascinada con un doctor. Mire nuevamente a mi alrededor y el doctor comenzó hablar — se que debes de estar un poco Desorientada y debo de hacerte algunos chequeos — el hombre apunto una luz muy brillante en mis ojos y sentí que mi respiración fallaba. Varias imágenes pasaron por mi cabeza hasta que caí en cuenta de lo que había pasado.
—Mi madre, ¿Dónde esta mi madre? — pregunte alterada y con la voz rasposa gracias a mi garganta seca. Al notar que el doctor en ves de calmarme solo me miraba con lastima.
—Pólux, no se si lo recuerdes, pero tus padres sufrieron un accidente hace unos días y lamentablemente te tuvimos que mantenerte sedada— imágenes de los dos llegando al hospital luego de aquel accidente se inclino fresco en mi memoria haciéndome hiperventilar.
—¿Y mis padres? — el hombre negó poco a poco y sentí que la vida se me estaba escapando de las manos poco a poco.
—Ellos murieron, tu padre en el camino hacia acá, y tu madre en el instante que se estrellaron— comencé a llorar en silencio queriendo que el se callara, pero siguió. Era como si me estuviera castigando. Yo había visto a mis padres muertos, ellos no habían llegado con vida, solo vi sus cadáveres—Pólux, tienes que tranquilizarte un momentos — no quería seguir escuchando todas esas idioteces, y nadie me obligaría hacerlo, ellos eran mi vida y ahora ... Todo esto era una mierda, pero al parecer seria lo que me tocara. — se que has salido de un coma y no es lo mejor que debas escuchar, pero… — lance la bandeja que estaba cerca de mi y este se cayó de golpe haciendo un ruido espantoso.
—¡NO! ¡NO QUIERO ESCUCHAR SOBRE LA MUERTE DE MIS PADRES! — el hombre frente a mi permanecía con los ojos muy abiertos al igual que la enfermera junto a el, la cual no había visto entrar
—Se que no es la mejor manera, y se entiende su reacción…
—Usted no sabe absolutamente nada — sentencie mirándolo con enojo — déjeme sola — este asintió no antes sin hablar.
—Solo una cosa mas — escuche expectante — su tío ha estado aquí desde que ingreso. Si no tiene con quien ir allí esta su solución — no dije nada ya que no había nada por decir. — vendré en un momento para aclarar lo que principalmente la trajo hasta aquí. — el me miro con un poco de pena y se acerco tomando mi mano — se que es difícil, pero lo vas superar — el hombre se giro saliendo de allí dejándome sola con mis pensamientos a mis por hora. Mi tío, a ese hombre solo lo había visto una cuantas veces y hasta ahora no ha sido mas que una carga para mi madre y nunca dio nada por ella, pero ahora debía ver por mi, y aunque no lo quisiera debía de vivir con aquel hombre para poder sobrevivir sin ellos.
(***)
Sentir que la vida ya no tenia sentido era la cúspide de mi día. Cada vez que aquel hombre habla me daban mas ganas de morirme. Que el fuese un doctor no le da derecho a hacerme esto, yo no quería nada de esto ¿Por qué lo hacia?
—Así que no podrás bailar por al menos un año. Un desgarre de los meniscos de la rodilla puede curarse con el debido cuidado. Normalmente esto se cura con un descanso, rehabilitación, compresas de hielo y antiinflamatorios. Puede durar 6 o hasta 1 año, aunque esta la duda de volver a bailar — quería llorar, pero mis padres habían criado a una mujer fuerte, no una que se lanzaba a llorar. —sé que este es un momento duro para ti y que debes de estar desorientada por la cantidad de sedantes que te hemos colocado durante estos días. Me imagino de debes de tener preguntas sobre todo lo sucedido y para eso estamos cuando te sientas un poco mas tranquila dile a la enfermera y ella me localizará. Te recomiendo que descanses y que no trates de levantarte de la cama— me negué a verlo, solo miré algún punto de aquella habitación, mientras veía como aquella beca en la academia de ballet en París desaparecía.
—¿Cuándo podrá irse? — aquel hablando era tío, el cual ha estado aquí desde que el doctor llego, pero no hemos interactuado en lo más minino.
—Sus resultados son buenos a pesar del desgarre, así que un par de días podrá irse, pero por el momento es mejor administrar los sedantes— el hombre saco un bastón a mi tío, algo arcaico y de encino, pero no era nadie para quejarme. — tendrá que movilizarse con esto y esta misma tarde podrá salir. Ya toda la recetado esta aquí — este extendió un papel a mi tío y prosiguió a explicarnos — tendrás que hacer terapia de calor y frio con una compresa, tomaras tus calmantes y cuando sientas fuerza en la pierna podrás hacerte un chequeo y depende de los resultados podrás volver a bailar
—Muchas gracias doctor — el doctor salió de allí y mi tío solo se limito a sentarse sin verme realmente y algo me decía que el no traía nada bueno consigo.
Pólux…Dos meses después.
Respiré pausadamente mientras me sentaba en una de las mesas del gran comedor de la preparatoria y procedí a comer in tentando parecer una chica normal. Me gustaría decir que todo en este tiempo fue muy bien, que mis tíos eran lo mas bello que me pudo haber pasado después de la muerte de mis padres, pero era una completa, estúpida y retorcida mentira. Aun recuerdo lo que el me había dicho el día en el que llegamos a esta casa.
Entramos en la casa y era horrorosa, quería quedarme en la casa de mis padres, pero el doctor había dicho que lo mejor era tener compañía.
—Te diré como serán las cosas aquí — mi tío se freno y vi a dos de los chicos que salían de una habitación que se encontraba al fondo del pasillo. — Ellos son Jared y Cristian, son tus primos y tendrás que hacer todo lo que ellos te digan de ahora en mas — mire a mi tío he intente hablar, pero mis palabras no salían.
—¿Es muda padre? — pregunto el tal Jeremy acercándose peligrosamente a mi. Di un paso atrás y mi tío me apretó el hombro evitando que me alejara.
—Si tus primos se quieren acercar a ti debes dejarlo. Debes de ser una buena chica Pólux, o jamás dejare que te vayas — este me empujo al frente dejándome caer al suelo, sentí un dolor punzante atravesar mi rodilla, pero me recompuse para mirarlo a los ojos — quiero esta casa limpia, solo puedes ir y venir de la escuela y olvidare de el baile — no sabia que pasaba, pero lo ultimo que dijo era lo ultimo que quería hacer en la vida, sin mis padres eso ya no tenia sentido, así que debía de decirle adiós a al ballet de la ópera de París.
Y eso fue lo mas leve que sucedió ese día, luego de allí los golpes y los gritos no tardaron en aparecer, mis primos eran crueles y mi tío era aún peor y había algo en ellos que me perturbaba y me parecía retorcido al ver como se me quedaban viendo cuando utilizaba faldas.
Me sobresalte al escuchar algo caer a mi lado y retrocedí un poco y un pánico atroz me envolvió haciéndome mirar a todas partes.
—Pólux ¿estas bien? — me detuve sobre la pequeña figura de Jessica y esta no dejaba de verme.
—Si, solo algo cansada — miré la comida frente a mi y me sentí mas hambrienta de lo que me había sentido en todos estos últimos dos meses. Y no era para menos, ellos no me dejaban comer si no hacia algo como ellos quisieran.
—Debes de descansar cariño, no es muy sano para tu rodilla lesionada y se nota que estas cojeando un poco mas — no estaba cojeando mas de lo común, he hecho cada entrenamiento de estiramiento, he tomado mis analgésicos y he estado haciendo la terapia de frío, pero no quiero que nadie me vea recuperarme. Ya París esta mas que olvidada para mi. — Deberíamos ir a cenar esta noche — quise reírme, pero no lo hice. Ellos no me dejarían salir de casa. Y aunque quisiera la ventana de “mi habitación” estaba sellada y era raro que la puerta principal estuviera abierta.
—no puedo, el frio de la noche hacen que me duela — sabia que me estaba aprovechando de esto, pero no quería ver a nada o a nadie cerca de mi. He intentado espantar a Jessica, pero esta dejo muy claro que no me dejaría sola.
—Esta bien, pero prométeme que pronto saldremos juntas. Ya tenemos 18 años y es hora de divertirnos mas — asentí no muy entusiasmada. Mi vida no volvería hacer la misma y no esperaba que alguien lo entendiera. Solo deseo que en medio de alguno de sus golpes logren matarme de una vez por todas.
(***)
Llegue al lugar de mis torturas 1 hora antes ya que había faltado a arte contemporáneo, era la única clase que me saltaba ya que no podía y no volvería hacer lo que realmente me apasionaba. Miré a mi alrededor y comencé ha arreglar todo el chiquero de casa. No sabia si hacían estas cosas apropósito y no quería averiguarlo, ni hoy, no nunca.
Al terminar de hacer que esta casa reluciera me encerré en mi habitación poniéndole seguro a la puerta. Tenia miedo de que en alguna de sus borracheras mis primos entraran a este lugar he hicieran conmigo lo que se les viniera en gana. He visto como me miran, he visto la lujuria en sus ojos y no quiero salir lastimaba. Lo peor de todo esto es que soy su familia, sangre de sus sangre y aun así tienen esos pensamientos hacía mi.
Pasada las 10 de la noche la música estaba a todo dar, gracias a dios no tenía nada que hacer al día siguiente y podría permanecer encerrada hasta que ellos se fueran a quien sabe donde. Me sobresalte al ver como la manija de la puerta estaba siendo movida con brusquedad. Me puse de pie y me acerqué a está tomándola para que dejara de moverse.
—¿Están seguros que es su prima? — se escuchó una voz al otro lado de la puerta.
—Si que lo es, en el momento en el que nuestro padre la venda al club podrá ser totalmente nuestra, por el momento mi papá esta dejando que se sienta segura en esas cuatro paredes… Pero cuando esta salga de su cajita de porcelana seré el primero en estrenarla. — tenia ganas de vomitar, no podía creer lo que estaba escuchando a través de la puerta. A pesar de que veo sus miradas lascivias todo el tiempo, es grotesco escucharlo.
—Para ser tu prima le tienes unas ganas insanas — otra voz se escucho y unas cuantas risas mas.
—Es bailarina ¿Han escuchado lo que las bailarinas pueden hacer con esos cuerpo? ¿Lo elásticas que son? Todo un manjar de dioses que solo yo podre disfrutar por primera vez, solo imagina abrir esas cremosas piernas a tan punto de que parecieran quebrarse y ver todo lo que hay entre ellas. — quería llorar, pero era algo que podía guardar para después. El había mencionado el Club, y el Club es un lugar a donde prostitutas y proxenetas iban. ¿Mi tío pensaba venderme allí? Tenia que salir de aquí antes de que algo malo sucediera, pero ¿Cómo?
A los minutos las personas fuera de mi habitación se fueron y por fin deje de escuchar aquellos comentarios grotescos que hacían mis primos. Los odiaba con mi vida, no podía creer nada de lo que ellos dijeron allí afuera, como su quisieran que yo los escuchara. Mire la habitación y saque un bolso mas o menos grande y metí ropa, analgésicos y cosas que me ayudarían. Llegue a la conclusión de lo que haré y no puedo esperar que algo pasara para escapar. Eran las 4 de la mañana y sabia que ya la fiesta había terminado, así que con todo el silencio que podía hacer salí de la habitación.
>>Llegué a la planta y vi a varios hombres dormir en el suelo y en el mueble. Miré a mi tío descansar en el sillón y fui silenciosa hasta el para quitarle las llaves de su pantalón. Me acerque con cautela y enganche mi mano a su cinturón y quite las llaves, pero eso había sido muy fácil así que lo que sea que en esta vida me odiara hizo que mi tío me tomara del brazo y me lanzara hasta el envolviéndome en sus brazos. Mi pánico subió dos niveles cuando vi al primer hombre despertar, pero este solo se fue la casa y allí me di cuenta que la puerta siempre estuvo abierta. Me retorcí poco a poco sobre el cuerpo de mi tío hasta que logré salir de sus agarre y fui directamente hasta la caja que había visto muchas veces como abría y metía dinero y esta no era la excepción. No sé cuánto dinero había, pero era lo suficiente para que comprar mi medicina.
No había vuelta atrás, ya tenia el dinero en la mano y mis pocas cosas en la otra. Salí de aquella casa y corrí a todo lo que daba, o todo lo que me dejaba mi rodilla lastimada. Corrí hasta no saber a donde estaba, hasta que llegue a un lugar de la ciudad que recordaba de a poco y antes de que pudiera sonreír al darme cuenta de que había llegado a un lugar que conocía una mano me tapo la boca y me condujo a un callejón desierto. No grite, estaba en shock como para hacerlo. Espere lo peor, pero nunca llego nada, solo me sentaron en el suelo y se sentaron junto a mí.
—una jovencita como tu no debería de andar por estas calles tan solitarias y llenas de alimañas sarnosas — mire a la persona que me hablaba y me dio la bienvenida la cara de un hombre que se veía golpeado por la vida y las malas decisiones. Este se comenzó a quitar sus ropas y me alarme hasta que solo quedo en suéter y eso aun no me calmaba. — Tranquila, debes de protegerte — me dejo sus cosas y con un gesto me indico ponerme la ropa que se había quitado.
—Pero ¿no tendrá frio? — las calles eran frías y este hombre debía de saberlo a la perfección, se notaba que llevaba muchos años en esta condición.
—¿Tienes a donde ir? — este cambio la pregunta y negué mientras bajaba la cabeza al ver que era obvio — pues algo me dice que terminaras como muchos aquí cariño. Y no debería, una chica como tu tiene no debería estar en la calle ¿Que te trae hasta aquí?
—Mis padres murieron hace unos meses y ahora todo esto se ha salido de control. Mi tío no me quiere con el y pronto haría algo atroz si no escapaba — mi garganta se cerro por completo y llore, llore por que no había llorado antes y no me habían dado el privilegio d hacerlo. Lloré por todo lo que pude haber logrado y hoy es solo una ilusión o una historia con un final inconcluso. Llore por que mi destino era mas duro de lo que había pensado alguna vez. Y llore por que llorar nos hace humanos, por que si no lloráramos nos ahogaríamos en el abismo que alguna vez fueron nuestros corazones — Lo lamento — dije entre sollozos y este se acerco sin incomodarme.
—La vida en la calle es dura niña ¿Estas segura de quedarte en ella? — asentí recordando lo que aquel hombre iba hacerme.
—Mi tío me vendería al club en algún momento, así que no me queda de otra. No es lo que mis padre hubiesen querido, pero lamentablemente es todo lo que me queda y puedo tener de verdad.
—El club, ese lugar de mala muerte que solo destruye a las pobres chicas que entran allí — asentí sorbiendo mi nariz y este chasqueo loa dedos — Tienes que entender que una mujer en la calle tiene pocas probabilidades de sobrevivir, pero la calle es mejor que terminar en el Club — el hombre se quito su gorro que alguna vez fue de una lana limpia y suave. — tienes que ocultar a toda costa lo que eres, así que colócate esto — insistió con aquellos trapos, los cuales eran muchos y se notaban que pesaban — oculta ese bolso si hay algo de valor y esconde esto — este toco mi cabello corto color rubio. Este me llegaba al cuello, pero aun era fácil saber que era una chica gracias a este.
—¿Por qué hace todo esto? — no pude evitar preguntarle aquel hombre marcado por la vida
—tuve una hija. Murió hace dos años por que no supe como cuidarla. Su madre me la quiso quitar así que me arraigue en la calle y termine perdiéndola de todas maneras… me recuerdas a ella. — la tristeza en sus facciones habló por él y sentí pena a pesar de que yo era la que estaba en esta transición. El hombre me ayudo a ocultar todo lo que pudiera indicar que era una chica y me miro fijamente a los ojos. — No estaré siempre, así que te enseñare tantas cosas como pueda y espero poder ayudarte — ahí aprendí que las cosas no duran para siempre y que debía apreciarla por todo lo alto.