꧁_Broken Angel_꧂

Summary

Katsuki siempre deseó el poder tocar a un ángel. ¿Que pasara cuando lo consiga?

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1


Katsuki Bakugou tenía cinco años la primera vez que entro a una iglesia.


Su padre no era realmente devoto, así que normalmente no tenía mucho que ver con las cosas de la religión, pero este sería el bautizo de su sobrina y el hombre sería el padrino.


Katsuki se encontraba aburrido hasta que algo llamó su atención.


Cuando el sol del mediodía atravesó los vitrales de la iglesia, el pequeño rubio se maravillo por la hermosura en la imagen que se proyectaba.


Era la imagen de una persona, con grandes alas blancas y el rostro más hermoso que el niño había visto. No sabía si la figura era femenina o masculina, solo sabía que no podía dejar de mirar tal obra de arte.


Cuando la ceremonia de bautizo terminó, Katsuki le preguntó a su padre "¿Cómo puede alguien ser tan hermoso?", y Masaru le explicó que en la imagen no se retrataba a una persona, sino a un ángel. Una creación divina, construida en base a la pureza y la benevolencia, un ser sin género cuya hermosura era otorgada por la mismísima mano de Dios.


Y Katsuki no pudo evitar sentirse maravillado... Quería entender todo sobre estos seres y sus misterios. Quería saber de dónde venían, qué hacían, como se sentiría tocar uno...


Masaru a menudo solía bromear diciendo que si tanto le gustaban los ángeles, tal vez debería intentar portarse como uno, ya que el pequeño rubio era una bola de problemas andante.


Lo que Masaru no comprendía era que, Katsuki no quería ser un ángel... Quería romper uno.


El pequeño rubio sentía un inmenso deseo de saber cómo se sentiría arrancar esas hermosas plumas.

Quería ver si el inmaculado rostro de la criatura, se vería lindo cubierto de lágrimas.

Quería descubrir si gritaría o se quejaría mientras Katsuki desprendía mechones del precioso cabello.


Así, poco a poco, mientras el rubio crecía, su obsesión aumentaba.


Cuando tenía diecinueve años, encontró un foro de internet en el que la gente contaba sus experiencias cercanas a la muerte y descubrió que el tema de los ángeles era bastante común entre las personas que decían haber muerto y vuelto a la vida, o haber estado tan cerca de la muerte que casi no lo podían contar.


El rubio llegó a la conclusión de que los ángeles eran quienes se encargaban de llevar a las personas al mundo de los muertos, así que pensó que solo necesitaba estar lo suficientemente cerca cuando a alguien le llegara su hora, y tal vez así podría atrapar a una de esas divinas criaturas.


Un veinte de abril, día de su cumpleaños, Katsuki invitó a una amiga a celebrar con él.

Alegó que se sentía solo ya que su padre había tenido que viajar por trabajo y el rubio no tendría compañía en su día especial, y la convenció de no contarle a nadie... "Lo que pase será nuestro secreto", le había dicho en tono insinuante.


Y Camie, una pequeña rubia de lindo rostro y cuerpo sensual, aceptó encantada. La idea de estar a solas con Katsuki la tenía en las nubes, pues para nadie era secreto el enamoramiento en el qué la chica había caído desde sus primeros años de secundaria.


Al llegar la noche, la rubia apareció en casa de Katsuki con un bonito vestido blanco que acentuaba sus curvas y se ajustaba en los lugares correctos.


Y Katsuki no pudo evitar pensar que se vería mucho más bonito cuando él mismo se encargara de adornarlo con detalles en rojo.


La música sonaba alto y luego de un par de copas, la chica se volvió realmente fastidiosa, pero mucho más fácil de tratar.


Cuando la rubia se encimo lo suficiente, Katsuki decidió que era hora de recibir su regalo de cumpleaños.


Tomó a la chica de la cintura, guiandola para que se sentará a horcajadas sobre él. Katsuki suspiró mientras la rubia comenzaba a besar su cuello, pasó sus grandes manos por la espalda de la chica, acariciando de arriba a abajo y jugando un poco con el cabello de su nuca.


Y cuando Camie atrapó los labios de Katsuki en los suyos, este aprovechó para tomar la navaja que había colocado bajo el cojín del sofá en el que se encontraban.

Beso a la chica con pasión y sonrió entre el beso cuando afirmó la rubia cabeza sosteniendo con fuerza el cabello en su mano libre mientras que con su otra mano clavaba el afilado instrumento justo en el centro de la pequeña espalda.


La chica soltó un gemido doloroso que Katsuki rápidamente ahogó con sus labios, y procedió a sacar el cuchillo para volver a clavarlo una y otra vez, sin romper ni una sola vez el beso.


Y cuando la chica en su regazo dejó de moverse por completo, Katsuki se quedó ahí, trazando con sus dedos líneas de sangre entre una herida y la otra, sin bajarla de sus piernas, esperando estar lo suficientemente cerca cuando el ángel llegará... Sin embargo esto no pasó.


Esperó toda la noche sin moverse del sofá, y cuando todo el calor abandonó el cuerpo inerte encima de él, el sol ya se asomaba por su ventana y la decepción se clavó en su pecho, como si fuese la hoja del cuchillo que había usado la noche anterior.


•••


Seis meses habían pasado desde su cumpleaños número veinte y el rubio no había dejado de planear su próximo movimiento.


La ventaja de ser una persona abiertamente asocial, es que nadie pensaría jamás que la rubia desaparecida podía estar con él. Todos en la universidad, e incluso en su vecindario, sabían que el rubio detestaba la compañía, y definitivamente no estaba abierto a ningún tipo de relación, mucho menos con Camie, ya que la rubia solía ser un poco molesta de vez en cuando.


Deshacerse del cuerpo no fue tan difícil como creerían, solo lo congelo durante unos días, luego lo cortó con la sierra para madera que su padre tenía en la cochera y lo esparció por diferentes partes de la ciudad, enterrando los trozos dentro de bolsas con cal, para asegurarse de que el mal olor y la descomposición no fueran un inconveniente.


Luego del fracaso de su cumpleaños, y la decepción de no haber obtenido resultados, Katsuki se había dado a la tarea de eliminar toda evidencia, y mientras limpiaba el desastre que se había formado en su sala, una idea llegó a su cabeza.


Tal vez no se trataba de estar cerca de alguien que está muriendo, sino de estar cerca de la muerte propia.


Y es así como el rubio comenzó con su nuevo plan... Si matar a alguien no era la solución, intentar matarse a él mismo tal vez sería la respuesta correcta... Eso era todo, solo tendría que usar su propio cuerpo la próxima vez.


•••


Consiguió una pequeña casa muy cómoda en un lugar un poco alejado de la ciudad. Su padre, encantado con la idea de que el rubio quería ser independiente, le facilitó el pago de la propiedad y Katsuki solo tendría que gastar en servicios básicos.


Lo que más le gustaba de la casita con jardín, era el sótano, que a diferencia de las habitaciones superiores, era amplio y espacioso, perfecto para guardar objetos grandes, herramientas, y tal vez, alguna mascota.


El rubio se vio en la obligación de tomar un curso básico de enfermería, con la excusa de que quería ampliar su currículum y no estaba realmente lejos de su verdadera carrera, ya que de alguna forma, la psicología también es una rama de la medicina ¿Cierto?.


Pero la realidad es que el rubio necesitaba saber cómo coserse a sí mismo, y como darse primeros auxilios sin la necesidad de acudir a alguien más.


Luego de mucho trabajo y planeación, Katsuki al fin podía decir que tenía todo listo para su segundo intento.


Durante el curso de enfermería robó suficientes insumos como para sanar sin tener que ir a la farmacia o salir de casa en absoluto.


Terminó comprando un futón que instaló en el sótano. También compró un par de gruesas cadenas de seguridad reforzadas, e incluso un bonito plato para perros.


Le tomó casi dos meses terminar de insonorizar el sótano el mismo, y para cuándo todos los detalles estaban afinados, faltaban solo dos días para su próximo cumpleaños.


A Katsuki le causaba gracia. No lo había planeado de esta forma, simplemente los preparativos tomaron mucho más tiempo del que pensó, pero le causaba algo de nostalgia, así que decidió esperar un par de días, así haría su gran movimiento justo en el aniversario de su primer intento.


Y cuando el día finalmente llegó, el rubio compró dos botellas de ron y un par de cigarrillos "mágicos", de los que fumaba cuando sentía que necesitaba dejar salir su estrés.


Sabía que si no hacía todo a la perfección, las cosas podrían resultar realmente mal, y no sería cuestión de solo limpiar un poco de sangre y cortar algunas piezas.


Encendió la radio y finalmente se sentó en su sofá... Si, el mismo que su padre había accedido a darle ya que Katsuki dijo que estaba lleno de "bonitos recuerdos". Abrió la botella de ron y dio un trago grueso sin preocuparse por el ardor en su garganta. Luego encendió el cigarrillo y lo llevó a su boca mientras con la mano libre tomaba la pequeña navaja negra que había colocado sobre la mesita de café frente a él.


El rubio soltó una pequeña risa ronca, recordando la primera vez que hizo todo esto. Le dio una larga calada al cigarro y se acomodó mejor en el sofá, soltando el humo mientras comenzaba a trazar una pequeña línea desde la base de su palma izquierda, haciéndola más profunda conforme llegaba al centro de su muñeca. Y Katsuki apretó los dientes cuando la sangre comenzó a brotar en grandes cantidades, sonriendo perdido entre el humo y la letra de la canción que sonaba de fondo.


«I'm everything they said I would be»


Katsuki hundió más la navaja, necesitaba hacer un corte firme si quería conseguir su objetivo.


«Before you let go, just one more time

Take off your clothes, pretend that it's fine»


La sangre comenzaba a bañar su regazo y gran parte del sofá, y el rubio podía sentir como el aire se hacía más espeso.


«A little more hurt won't kill you

Tonight, mother says, "You don't look happy"»


Su cabeza comenzó a dar vueltas y su visión se nublaba un poco... Katsuki comenzó a reír entre dientes.


«Close your eyes

I know that you're wrong for me

Gonna wish we never met on the day I leave»


"Falta poco, puedo sentirlo" pensó. "Pero debo mantenerme atento o se podría escapar"


«I brought you down to your knees

'Cause they say that misery loves company»


Un fuerte olor a madera quemada comenzó a opacar el amargo olor del cigarrillo que ahora se encontraba tirado en algún lugar del suelo. Y el rubio apretó su mano herida con la poca fuerza que le brindaba su brazo derecho. Abrió un poco más los ojos, y se regocijo triunfante cuando una fascinante figura se alzó frente al.


«It's not your fault I ruin everything.

And it's not your fault I can't be what you need»


"Venid conmigo, ciervo descarriado, y dejadme guiar tu camino de vuelta hacia el refugio de vuestro padre..."


La voz de la criatura era melodiosa y suave, casi como si cantara. Y Katsuki por un momento se dejó llevar por la niebla que el asombro y la falta de sangre habían instalado en sus pensamientos.


Y cuando las grandes alas blancas se extendieron, y el ángel estiró su mano hacia Katsuki, el rubio solo sonrió.


«Baby, angels like you can't fly down hell with me»


•••


Katsuki tomó la mano del ángel pero lejos de dejarse llevar por él, el rubio lo jaló con todas sus fuerzas hacia abajo, y en un arranque de adrenalina, se levantó con impulso tomandolo del cuello y estrellándolo contra la mesita de roble en la que antes había estado el cuchillo.


Y la criatura se retorció, llevando ambas manos hasta la de Katsuki en su cuello para intentar liberarse del agarre, pero era como si se quemara. Katsuki lo levantó de nuevo y lo estrelló una vez más contra la madera, disfrutando el crujido de lo que asumía, era el cráneo del ángel quebrándose.


Lo levantó una vez más, esta vez sosteniéndolo por un segundo en el aire, deleitándose con la vista de lo que era el ser más hermoso y perfecto que alguna vez había visto, "Tu y yo seremos buenos amigos" dijo el rubio, y lo volvió a estrellar contra la mesa haciendo uso de todas sus fuerzas.


Y cuando la criatura cayó inconsciente frente a él, Katsuki se dejó caer una vez más en el sofá. Saco rápidamente la cajita con instrumentos que había colocado previamente debajo del asiento y no perdió tiempo en comenzar a curarse.


Estaba bastante mareado una vez que toda la descarga de adrenalina había abandonado su cuerpo, y sabía que debía apurarse, así que apresuradamente limpio la herida con gasas bañadas en peróxido de hidrógeno y apretó los dientes mientras clavaba la aguja, al rojo vivo, en su piel.


Y mientras vendaba su brazo, de vez en cuando levantaba un poco la vista para mirar a la criatura que aún yacía frente a él, como si su cerebro aún no pudiera creer que era real.


Ahora que la veía más detenidamente, Katsuki estaba sorprendido porque realmente no era como lo imaginaba.


No tenía liso cabello dorado ni piel inmaculadamente clara y perfecta, ni tampoco pequeñas alas con plumas blancas y relucientes.


La criatura frente a él, tenía una gran mata de risos en tonos verdes, negros y esmeralda que caían sobre su frente y bajaban por su nuca.

Tenía hermosas pecas que adornaban su piel, que lejos de ser pálida, era casi dorada, como si de un bronceado se tratase.

El halo en su cabeza no era dorado, ni estaba flotando como en las imágenes de la iglesia, no. En lugar de eso era como si fuese una extensión de su cráneo, como un trozo de hueso retorcido que salía de un lado de su nuca, se alzaba sobre su cabeza en forma circular y conectaba en el otro lado de la misma. Y sus alas... Dios, sus alas eran la mejor parte. Eran gigantescas y hermosas, blancas como la leche y tan pobladas de plumas que Katsuki imaginó que debían ser realmente pesadas.


Luego de un minuto en el que Katsuki se permitió descansar para que la niebla en su cerebro se esparciera, se levantó del sofá y tomó a la criatura en sus brazos para llevarla a lo que sería su nuevo hogar.


Y vaya, era más pesado de lo que imaginó, o tal vez solo estaba muy débil por toda la sangre pérdida.


Mientras bajaba las escaleras miraba el rostro del ángel en sus brazos y aún no podía creer como, mientras más lo miraba, más hermoso se volvía.


Sus largas pestañas eran verdes y rizadas como el cabello que cubría su cabeza y sus labios, tan rosados y carnosos, hacían que Katsuki imaginara un montón de cosas que hasta ahora no habían circulado en su lista.


Lo recostó sobre el futón que había instalado antes y usó las cadenas que había enterrado en el suelo, para asegurar los tobillos del ángel.


Y cuando estuvo completamente atado, Katsuki se permitió mirarlo con más cuidado, tocar lentamente su piel, que aún inconsciente, parecía erizarse bajo sus dedos.

Y en un intento por ver más, se dio a la tarea de eliminar la túnica pristina que cubría la hermosa piel, encontrando que las pecas no estaban solo en su rostro, sino que bañaban la totalidad del cuerpo.


Cuerpo que, a ojos de Katsuki, era inefable.

El rubio no podía entender por completo lo que veía. El pecho, si bien era plano como el de un hombre, seguía teniendo una apariencia bastante femenina, o tal vez sería porque la pequeña cintura y las grandes caderas lo complementaban.


Katsuki paso sus manos por el abdomen cubierto de pecas, trazando las marcadas líneas que en un humano, solo se podrían conseguir con una pesada rutina de ejercicios, y luego, dejó que sus dedos vagaran hasta las amplias caderas, recorriendolas con deseo y bajando hasta los gruesos muslos sin detenerse, y una vez allí, el rubio no pudo evitar darles un fuerte apretón con su mano buena, regocijándose en la divina sensación que la piel afelpada brindaba a su tacto.


Y cuando llegó a la mejor parte, supo que su padre se había equivocado, y que la descripción en las escrituras había mentido, pues entre ese hermosísimo par de pecosas piernas, Katsuki encontró un diminuto amiguito, tan bonito y rosado que lo hizo pensar en los que se describían en ese extraño fic que Katsuki por curiosidad termino leyendo una vez, en el que hombres pequeños y femeninos podían dar a luz.


Y Katsuki podría seguir explorando toda la noche, pero el dolor en su cabeza y la falta de aire en sus pulmones le indicaban que necesitaba terminar de sanarse. Colocarse una transfusión de sangre para recuperar plasma y luego comer algo para estabilizar su cuerpo.


Así que, muy a su pesar, el rubio se inclinó sobre la criatura inconsciente en el futón, y con una sonrisa burlona, se acercó para depositar un dulce, casi casto, beso en la frente del delicado ser, y se retiró. Comenzando a subir las escaleras, pensó que no debía apurarse, después de todo, ahora tenía todo el tiempo del mundo para aprender sobre su nueva mascota.


•••






( La canción que escucha Katsuki es "angel like you" de Miley Cyrus)


ℍ𝕚𝕝𝕝𝕤 ✞︎