Prólogo
Gojo no puede apartar la mirada de Itadori Yuuji, no cuando el chico brilla como el mismo sol.
Yuuji es cálido, es amable, es dulce. Es un ángel que ha llegado su monótona vida para darle color, darle alegría, darle esperanza.
Esta cansado, agotado de tanto pelear, de mantener un equilibrio en el mundo sin recibir nada a cambio. No lo mal entiendan, a él le gusta ser el más fuerte, sabe que tiene un poder infinito y eso es divertido, pero hay días en los que desearía ser solo una persona normal.
Tener una vida normal.
Una donde las personas no le teman y no busquen matarlo en cada minuto, una vida donde lo quieran y le aprecien por quien es, no por su fuerza. Sabe que tiene amigos, Shoko, Nanami, Yuta y sus demás estudiantes, pero en el fondo se siente solo, vacío y sin motivos para continuar adelanté más que para proteger el mundo.
Pero... ¿eso es todo?
¿Realmente su vida se reduce a eso? ¿Solo esta aquí para proteger a otros?
No debería ser así, pero cada vez que intento tener o hacer algo más que no tuuviera que ver con sus poderes, fracaso rotundamente. Trato de conocer personas, de enamorarse, tener una familia, pero todos quería lo mismo, su dinero y estatus. Cada vez que iba a un lugar las mujeres y algunos hombres le coqueteaban de manera descarada, al inicio fue divertido, pero después se volvio aburrido, los altos mandos lo odiaban, sus estudiantes lo consideraban un tipo infantil y un engreído, la gente solo lo tomaba enserió cuando de luchar contra maldiciones se trataba.
Pero para una salida de amigos, fiestas, relaciones, Satorou no era bienvenido, o al menos no era importante.
Así fue hasta que llegó Itadori Yuuji.
Yuuji lo miraba con asombro e interés puro, sus ojos brillaban cada vez que el estaba cerca, se reía de sus bromas, no de manera forzada, realmente era una risa real, no una fingida. Lo quería y lo apreciaba, podían platicar horas y horas sobre temas que Satorou no creyó poder compartir con algún otro ser humano. Yuuji se preocupaba por el, no importaba si era el más fuerte, Yuuji realmente se preocupaba por su bienestar y eso le generaba calidez en su frío y abandonado corazón.
Reían, se divertian y la pasaba bien juntos.
Y por primera vez en muchos años, volvió a sentir que su vida tenía sentido. Porque no importaba si todos los demás lo veían como un bastardo egocéntrico con actitud infantil. Nada de eso le importa ya, porque mientras Yuuji lo siguiera viendo con esos ojos brillantes y le regalara un abrazo cálido, todo ese dolor habría valido la pena.
Yuuji era el nuevo sol en su vida, su nuevo motivo para seguir adelante, el motor de sus días.
Daría todo por el, lo protegeria contra cielo, mar y tierra si era necesario. Le daría todo lo que él pidiera, incluso si Yuuji se volviera un tipo malo y deseara destruir el mundo, Satorou estaría feliz de hacerlo a su lado.