Entre Dos Reinos

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Summary

Verona, una chica con 18 años recién cumplidos, descubre que es una mestiza y es obligada a elegir entre dos futuros reyes de sus razas para casarse con uno de ellos. ¿Elegirá al hombre correcto o sumirá a todas las razas en la miseria?

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo


→ 𝓥𝓮𝓻𝓸𝓷𝓪


Ese día conocería los resultados de mi prueba de ADN, una prueba obligatoria que se hace a partir de la mayoría de edad para saber a qué raza deberías integrarte según de qué tengas más genes. Dentro de cada raza, hay distintos tipos de clanes según los genes, pues han existido miles de tipos de variables en cada raza, y según qué variable tengas, serás enviado a un clan u otro.


Yo, estaba completamente segura de pertenecer a las brujas espirituales, pero no era consciente de lo equivocada que estaba y de cómo esa información iba a cambiar mi futuro, y el de todas las razas con las que convivo.

Durante ese periodo de tiempo también conocí el amor, la pasión y la decepción, el engaño, la traición. Exploré cada emoción por primera vez y de la forma más intensa por dos hombres, ¿debería llamarlos príncipes? Mason y Vladimir, Vladimir y Mason. ¿Mejoraron mi vida, o sólo la complicaron? ¿Me enriquecieron con su presencia, o sólo me debilitaron? Son preguntas que no lograba responder a pesar de que ya todo hubiera pasado hace meses. Diría que estaba contenta con mi decisión, pero no puedo evitar pensar en cómo sería todo si hubiera elegido lo contrario.


– ¡Al fin llegaron los resultados, tía Mei! Aunque es una tontería, ¿no? No necesito esto para saber que soy una bruja espiritual, ¿verdad tía? – o al menos, eso tenía claro hasta fijarme en la carta. En principio, ya me había llamado la atención su aspecto, era un sobre negro. Sólo se usan para comunicados mínimamente importantes y sólo pueden abrirse por mayores de edad, ¿todos los resultados de ADN van en sobres negros?


Quería abrirla, lo intenté, pero no pude abrirla. ¿¡La carta se está cerrando cada vez que trato de abrirla!? ¿Hasta las cartas vienen embrujadas? ¿Y por qué se supone que no puedo abrirla? ¡Es mi estúpida carta y ya soy mayor de edad, tengo todo el derecho a leerla! Con notoria molestia, le entregué la carta a mi tía Mei, quien realmente no es mi tía de sangre, pues soy adoptada. También por eso me hacía ilusión leer yo misma la carta, para conocer más de mis padres, mi origen.


– ¿Qué pasa tía Mei? ¿En la carta pone que soy una descendiente de dragón plateado? – Dije con tono burlón, sin soportar el silencio sepulcral de esta. Tras fijarme, pude notar su expresión sorprendida, también pálida.

– ¿T-Tía Mei? Era una broma.. ¿qué pasa? Me estás asustando – entorné los ojos aún con mi actitud burlona y despreocupada y me levanté, dirigiéndome a su butaca para poder leer yo misma la carta, pues ella no parecía tener ganas de hablar. ¿Está decepcionada porque no soy una bruja espiritual, o algo así?


Al menos, eso pensaba antes de acercarme a leer. Las letras eran rojas, ligeramente inclinadas, qué elegante.

No podía entender muy bien la escritura mágica, pero los símbolos los conocía, ¿qué harían en mi carta los escudos de la raza licántropa y la vampírica? Además, esas dos razas, que han sido enemigas desde los inicios de los tiempos. ¿Qué clase de sentido tiene? ¿La carta ha llegado confundida?


– Verona... ¡Verona! ¿Cómo puede ser esto cierto...? Los resultados siempre son acertados. ¿¡Qué significa esto!? Debe ser.. un falllo, sí, eso mismo.. un fallo – arrojó la carta contra el suelo y se marchó, farfullando en bajo para que no pudiera oír, cosa que para su desgracia, logré.

"Una mezcla de vampiro y hombre lobo... qué desfachatez. Hace siglos no aparece uno... falacias."

¿Una mestiza? ¿Yo? Qué gracioso. ¡Esa unión siquiera existe, estoy segura! ¿¡Cómo va a existir un cruce si esas razas buscan sangre con solo verse!? Debe ser una ridícula broma o un imperdonable error. El responsable debería ser castigado.


....O eso pensaba hace tan solo dos días. ¡Joder, soy una puta mestiza, no me lo puedo creer! ¿¡Qué será de mi ahora!? No me pasará nada malo. Siquiera tengo síntomas extraños o habilidades. Por supuesto, ¿qué cojones iba a salir de esa unión antinatural? Lo único que quiero saber es si me van a encerrar, o algo así…


Para mi sorpresa, mientras esperaba en aquella sala algún tipo de sentencia, aparecieron ante mi dos muchachos, ambos con un físico extraordinario. Se notaba a leguas la raza de ambos.


– ¿Qué significa esto? ¿Quiénes sois vosotros? – me alejé unos pasos de los apuestos desconocidos, con una expresión confusa y desconfiada.

– Así que tú eres Verona. Ja. No está mal – el pálido y alto vampiro se acercó a mi, colocando su gélida mano en mi barbilla, observándome como si estuviera evaluando a algún objeto de su propiedad. Eso me molestaba.

– ¿Qué crees que haces? ¡Siquiera nos conocemos! ¿Dónde están los seguratas? ¿Podéis estar en mi sala privada acaso?

– Así que mi reina tiene carácter... pareces entretenida. Permite que me presente, mi nombre es Vladimir Quinn Rider, heredero a la corona vampírica.

– Yo soy Mason Prescott Hans, heredero al trono de los licántropos. Por favor, no se altere, podemos explicarle lo que está ocurriendo, parece que no sabe nada – el hombre lobo, que hasta ahora había guardado silencio, se presentó, poniéndose al lado del chupasangres. Ya que todos se presentan, yo también debería, aunque parecen saber más que yo de la situación.

– Yo soy... Verona Lawrence Miles, bajo el cuidado de un clan de brujas de la alta burguesía.

– Verona... ambos, futuros reyes de nuestras razas, hemos sido avisados de tu condición. Quizá es un poco agresivo, pero deberás casarte con uno de nosotros, quieras o no. Como la mujer más poderosa viva, todas nuestras demás candidatas a esposas han sido eliminadas – pude notar la expresión del hombre lobo endurecerse ante sus propias palabras.

– Voy a ser directo. ¿Eres consciente de lo poderosa que eres? Ahora mismo está en tus manos decidir el destino de todas las razas... casi te envidio. Únete a mi, sé mi reina, y podré potenciar tus poderes cuando te muerda. Seremos los reyes más poderosos jamás vistos.

– ¡No lo escuches! Reina conmigo, y libra a mi raza de la opresión, planta la paz conmigo entre las razas, nadie se atrevería nunca a cuestionar nuestro poder... se lo suplico, mademoiselle.

– ¿Qué..? ¿Por qué debería siquiera haceros caso? ¡Nada de esto tiene ningún tipo de lógica! ¿¡Dónde está el consejo!? ¡Exijo una explicación oficial..!


Y así lo pedí, ambos hombres me escoltaron hasta el consejo, donde para mi desgracia, todo lo que decían los desconocidos era verdad… pero al menos no tenía la presión de elegir ahora. Al parecer, podré pasar una semana con cada uno conociendo sus mundos para decidir justamente con cuál concertar matrimonio.