El canto de las Nornas
Tal como las Moiras habían predicho, las Nornas, en profundo trance, al meditar profundamente en el nombre de Kekoa, contemplaron los pasatiempos de Kekoa con todo detalle, alcanzando a comprender los sentimientos y pensamientos de cada personaje involucrado.
De esta manera, estaban practicando el verdadero sistema místico del yoga descrito por Brahma.
Por voluntad divina, las hilanderas del destino, en sus cuerpos espirituales, accedieron al pasado, al presente y al futuro. El resultado fue la redacción de un exquisito poema épico e histórico, en cuya parte final, y de una manera maravillosa, el futuro se empalma con el presente de los dioses, revelando eventos que todavía no habían acontecido. Decorado y embellecido con palabras de incomparable maestría, el canto de las místicas Orantes dio origen al sagrado e inmortal canto de «La Magia del Amor», que contienen la historia del glorioso Wisa. Las tres diosas Orantes se preguntaban quién podría escuchar el hermoso y beneficioso canto épico, pues aquél que lo hiciera requeriría una memoria y una habilidad extraordinarias.
De pronto, vieron aproximarse a Olisihpa y Olosohpa los pupilos y ahijados mellizos cuyo nacimiento, la dísir Urd había tejido, y Skuld les había entretejido una larga vida entrelazando sus hilos con cientos de personas virtuosas; dos hermosos y talentosos jóvenes entrenados por ellas mismas, y que ahora venían como discípulos a ofrecer sus respetos a sus gurús. Enterados de la tarea se ofrecieron dichosos para realizar una gran invitación con el fin de que la recitación de La Magia del Amor fuese escuchada; de esta manera, las tres Nornas les confiaron este servicio.
A pesar de que eran muy jóvenes, Olisihpa y Olosohpa, irradiaban encanto y estaban dotados, por voluntad de Verdandi, de habilidades maravillosas. Perfectamente versados en los ritos, en los rezos y versos y en las disciplinas auxiliares, eran musicalmente tan virtuosos como los cantantes gandharvas. Su memoria era extraordinaria y su talento fino. Corporalmente los dos apuestos hermanos recordaban al supremamente hermoso Kekoa. De origen misterioso, Olisihpa y Olosohpa, habían nacido en Bunyipraty, el planeta del dios Raipwenlake, donde su bella madre- una reina trágicamente exiliada durante el embarazo- se había refugiado allí. Ella vivía una vida de dedicación y plena de sencillez, como una discípula más de las Nornas, sin revelar la majestad de su origen real, pues no quería que los otros dioses conocieran su identidad.
Los dos hermanos completaron sus estudios en el instituto Yoshahis-allah para dioses y entidades, en donde las sabias Orantes de los destinos divinos y mortales les enseñaron el gran poema, el cual resultó exquisito al cantarlo, al oírlo o al leerlo. Ellos aprendieron a recitarlo con destreza en sus diferentes ritmos y tonos, haciéndolo fluir dulcemente por las escalas de las siete notas musicales. En su construcción, el poema fue enriquecido por las nueve variedades de emociones: amor, inspiración, alegría, heroísmo, temor, ira, disgusto, sorpresa y serenidad.
Prontamente, los virtuosos Olisihpa y Olosohpa aprendieron de memoria el extenso poema en su integridad, y lo cantaron de una manera encantadora, siguiendo la rima concebida por las diosas Orantes.
Siguiendo fielmente las instrucciones de las Nornas, cantaron la maravillosa invitación de las diosas ante grandes sabios, brahmanes eruditos y otros seres piadosos del planeta Ishtara. Las personas purificadas que escuchaban la invitación se deleitaban de tal manera que no solamente exclamaban su profunda satisfacción, sino que felicitaban a los jóvenes dioses, luego, con alegría y emocionadas lágrimas en los ojos, aceptaban la invitación de las sagradas hilanderas, entre variadas ofrendas que serían útiles para su servicio: jarras y otros recipientes, vestimentas y sombreros de cuernos, esteras de hierba kush y pieles de venado que las diosas usan para meditar, también les obsequiaron instrumentos musicales y, además, invocaron bendiciones para que los mellizos tuvieran una vida larga y feliz.
Los mellizos recorrían pueblos y aldeas de Ishtara cantando la invitación, y cada vez la recitaban con profunda emoción y dulzura. Un buen día llegaron a las calles de la extraordinaria Agadé, la ciudad del trono, donde recitaron con profunda devoción y encanto la extraordinaria invitacion al evento. Al contemplar tan bello espectáculo, la gente se arremolinó cautivada. El propio Lahmu, rey de Agadé, alcanzó a escucharlos; entonces, atraído por aquella recitación, invitó a Olisihpa y Olosohpa y a sus gurús, las Nornas a su palacio, donde les ofreció un lugar de honor y amenidades.
Luego Lahmu dirigiéndose a sus hermanos divinos Shu-sin, Lakshman-sin y Tiglat-larsa-sin, a sus ministros y eruditos consejeros, sacerdotes y príncipes, les dijo: 'Distinguidos miembros de la dinastía del rey An, descendientes del poderoso dios Apsu por favor, escuchen esta excelsa narración de parte de estas tres cantoras que, aunque visten como brujas, poseen la fisonomía auspiciosa de los grandes monarcas y el esplendor de los semidioses. Escuchen de ellas este cautivante relato, rico en expresiones maravillosas y pleno en belleza literaria.'
Haciendo un elegante ademán para que empezara la función, el mismo Lahmu predispuso su mente para que fuera cautivada por la narración. Las nornas, con el ánimo exaltado, anunciaron que aquellos desprovistos de envidia y libres de la tendencia a encontrar defectos en los demás, merecían oír la recitación de La Magia del Amor, puesto que su audición otorga piedad, prosperidad, placer y liberación. Después de tejer con sus agujas e hilos las potencias espirituales del gran canto, ellas revelaron que la gran historia tenía sus semillas en la santa dinastía de Hafeez, descendiente del dios Co-durul, el cuarto hermano fundador del colegio yoshahis-allah.
En medio de una audiencia virtuosa, que se aprestaba a escuchar con gran atención y silencio, comenzó el canto.








