otra oportunidad

Los recuerdos pueden ser traicioneros, quizás alguien diría que resultaba una ventaja el tener experiencias previas, pero a él le resultaba doloroso en un nivel casi karmico; el peso extra en el fondo de su pelvis, los espasmos musculares, el dolor sordo y cronometrado de las contracciones, todo le recordaba que hubo un ante, hubo una anterior batalla para traer vida al mundo, pasó por tanto, sufrió tanto, y luego… la perdió, arrebatada de sus brazos con una tragedia dimensional, nunca se recuperó de ello, ni con los años o los cambios, ni con sus luchas y el trabajo obsesivo que actualmente devengaba. Llevaba un peso tan grande: mantener el orden establecido en el multiverso, erradicando las anomalías, resultando irónico que ahora estaba rompiendo con sus propias reglas de una manera muy particular, viéndose consumido ante la tentación de tener nuevamente algo a que aferrarse, y lo logró, consiguiendo mantener el origen de su “secreto” a salvo, pero el trago más amargo estaba por ser bebido, volver a batallar por una nueva vida, su esperanza engendrada en el dolor más profundo del alma: la pérdida de un hijo.

―Deberías contar con algo de apoyo, Miguel ―el holograma de una pequeña mujer con lentes en forma de corazón apareció sobre el hombro del nombrado.
―Ya te dije que no hace falta ―le respondió en un tono completamente fastidiado, para ser una IA, Lyla insistía mucho en sus ideas.
―Siempre es bueno tener a alguien para este tipo de situaciones. ―le rebatió al tiempo que cruzaba sus brazos con indignación.
―Yo puedo con esto solo, no necesit.. agh… ―su voz se cortó abruptamente gracias a la llegada de una nueva contracción, la más potente que había experimentado desde que entró en trabajo de parto hacia un par de horas.
―Oh sí. ―Lyla alzó su mano derecha mostrando un enorme número 5 como si fuera un aviso publicitario de Las Vegas. ―Tus contracciones son cada cinco minutos, Miguel.
―Dime algo que no sepa. ―gruñó bajito, tratando de sobrellevar la oleada de dolor que nacía en la base de sus caderas, irradiando a todo su vientre y muslos. Obligando a permanecer sentado en su silla frente a las muchas pantallas holográficas en tonos amarillas.
―Fíjate que si puedo decirte algo que no sabes. ―Sentenció sonriendo de oreja a oreja.
―No me hables. ―Chasqueo la lengua ya fastidiado por la voz de ella.
La situación actual consumía su escasa paciencia para quedarse más tiempo sentado, poseído por el dolor se levantó de su puesto, procediendo a moverse con incomodidad por toda la sala al tiempo que masajeaba su baja espalda con firmeza, realmente no quería escuchar más a Lyla, a veces podía ser tan impertinente, pero inhabilitarla no estaba entre sus planes, ella era algo así como su mano derecha, manejaba tantas cosas, le mantenía al tanto de quien entraba o salía de las instalaciones, y ahora mismo resultaba ser su único apoyo para afrontar este momento, tomaba el tiempo de sus contracciones, sin querer admitir que ella le quitaba un poco la sensación de soledad que se asentaba con el pasar de las horas ante semejante situación, sin la ayuda de nadie.
Resultaría muy complejo explicarle al resto lo que sucedía con él, prefirió alejarse y hacer las cosas a su modo, en las instalaciones pocos sabían de su condición, entre ellos Jessica, del resto, alejo a todos de su lado, esquivándolos para trabajar a distancia, excusas que muchos asumieron como nuevas excentricidades de Miguel O’hara, pero había un Spiderman en especial que fue difícil de eludir por su gusto de visitarlo inesperadamente con su hija, le incomodaba que Peter entrara en su espacio personal, ese hombre no sabía de límites, teniendo que retirarse cada vez que él llegaba a las instalaciones, usar a otros miembros del equipo para recibirle e interactuar, en fin, evitarlo era una prioridad, ese condenado tonto desataba nuevas sensaciones que crecían dentro de él, algo que Miguel necesitaba mantener enterrado en el fondo de su corazón, pero su condición actual, las hormonas, el embarazo, todo ello sacaba emocionalmente a flote sus sentimientos extraños y nuevos. Sin pasar por alto que siempre pretendió mantener su embarazo en absoluto secreto hasta dar a luz, luego de ello resultaría más simple explicar que cuidaba de un “inesperado” bebé, a tener que hablar de estar embarazado y ser acosado por un grupo de Spidermans curiosos, faltaba poco para lograr su meta, tan poco… pero la suerte, el destino, o una “inventiva” Lyla cambiarían esos planes.
―Vigila el lugar, necesito ir a mi habitación. ―Miguel habló entrecortado, tratando de recuperarse de la última contracción, enfilando sus pasos incómodos rumbo a un área más privada, acondicionada con todo lo necesario para su descanso y aseo personal.
―¿No me dejaras decirte lo que no sabes?
―…No quiero oírlo. ―dio por culminada la conversación cuando ingresó en el área de descanso.
―Es una lástima. Entonces, que todo fluya por sí solo ―Lyla se encogió de hombros, pasando a limarse las uñas con desinterés.
Miguel no le dio ni un mínimo de importancia a las palabras de Lyla, estaba más al pendiente de prepararse mentalmente para las próximas horas, ya dentro del área de descanso, procuró deshacerse de su ropa, estaba volviéndose loco por el calor que le generaba, sobre todo el roce contra sus sensibles pezones, era infernal. Con sumo cuidado se deshizo del suéter beige que cubría dificultosamente su redondez, luego fueron sus botas negras, y también quedaron fuera sus pantalones grises de tela ultra elástica para soportar las curvas de un enorme vientre de nueve meses, quedándose tan solo en su bóxer negro, prenda que también mandaría al diablo apenas la situación lo ameritara.

Luego de desvestirse se dirigió al baño para orinar, siendo una completa incomodidad gracias a la presión que ejercía su hijo no nato en su pelvis, luego de ello lavó sus manos y rostro ya sudorosos, saliendo nuevamente para caminar alrededor de la amplia habitación, este sería su lugar seguro donde pretendía dar a luz. La habitación se encontraba muy bien equipada, él mismo se había encargado de conseguir todo lo necesario para el acontecimiento, guardando con sumo cuidado un kit médico obstétrico, mantas y toallas limpias, implementos de aseo personal para él y su nuevo hijo, además de una pequeña cuna blanca anclada a uno de los laterales de su cama, pensando en que le facilitaría el encargarse del bebé sin necesidad de levantarse mucho, comprendía que en el mejor de los escenarios le esperaban unos cuantos días de reposo impuesto para sanar del parto.
No tenía ni una pizca de miedo respecto al proceso que estaba enfrentando actualmente, era su segundo parto, en su universo los hombres pueden gestar, y así lo vivió en un pasado algo lejano, tuvo una hija, la luz de sus ojos, su pequeña Gabriella, la que el destino le arrebató amargamente de sus brazos; resultaba doloroso recordarlo, tan doloroso que creyó que no existiría nada ni nadie que pudiera ayudarlo a sanar ese dolor, hasta que hace nueve meses este nuevo bebé le renovó poco a poquito la “esperanza” ante su vida fría y vacía. Un bebé que no planeo tener, resultado de una visita a otro universo donde se consiguió momentáneamente con una versión del padre de Gabriella… los recuerdos se arremolinaron, la situación se dio, una noche de pasión en donde él usurpó la identidad de su otro yo de aquel universo, la locura de la soledad se apoderó de él, ni siquiera fue por amor, simplemente un arrebato febril que le costó caro cuando pasado un mes después se descubrió en estado, pensó tantas cosas, hasta pensó en interrumpir ese embarazo, pero su corazón ya destrozado no dio para deshacerse de su error, había perdido una vida en el pasado: su hija, ahora se presentaba un pequeñísimo rayo de esperanza inesperada, decidiendo luchar para llevar a término su nuevo embarazo, rompiendo con sus propias reglas en el camino, la mera existencia de su hijo era un hecho cuestionable.
Pensar en el pasado le distrajo del tiempo transcurrido desde que ingresó a su habitación, Miguel lo percibió distorsionado por culpa del dolor, incrementando su ansiedad, andando de un lado a otro cual tigre enjaulado, caminando, meciendo sus caderas apoyado contra la primera pared que tuviera al frente cuando llegaba una contracción. Así se le fueron un par más de horas, el tiempo se acortaba, las contracciones eran la mejor guía para saber que esto avanzaba de manera despiadada, una tras otra, el dolor ascendió a tal punto de intensidad que ya no pudo caminar más, acabando de rodillas sobre la cama, con el rostro contraído en su suplicio mientras las nuevas oleadas azotaban su baja espalda y vientre, volviendo cada músculo rígido, duro, la presión en su entrepierna le obligó a permanecer a cuatro patas, con los muslos lo más separados posibles, incómodo, jadeando de agotamiento apenas la última contracción vivida cedía lentamente, derrumbándose de lado en la cama para darse unos minutos de descanso, esto iba rápido, estaba consciente de ello ya que los segundos partos por lo general son intensos y acelerados según sus investigaciones.
―Lyla… ―Miguel gimió quedito, humedeciéndose con la punta de su lengua los labios resecos tras hablar.
―Estás por entrar en la peor fase del trabajo de parto… ―La IA se hizo presente a un costado de Miguel, agachada para hablarle cerca de su rostro.
―Bloquea las puertas, que nadie entre a las instalaciones hasta que todo termine ―se enderezo como mejor pudo, procediendo a deshacerse de la ultima prenda de ropa que cargaba puesta: sus boxer negros.
―Ya está listo. También mande un aviso a todos, les explique que las instalaciones estarían bajo un protocolo preventivo de revisión de sistemas, nadie molestara hasta que informe de la finalización.
―Buena idea.
―Y… creo que me retiraré, su apoyo moral está a punto de entrar por esa puerta. ―Lyla habló melodiosamente al tiempo que se despedía con su mano derecha, desapareciendo su imagen holográfica.
Miguel ni tuvo tiempo de reaccionar mentalmente ante las imprevistas palabras de la IA cuando una contracción lo asaltó, dejándolo mudo, tan solo estiro sus manos buscando aferrarse a las sábanas de la cama, resoplando con los dientes apretados al máximo, confirmando lo anunciado por Lyla, estaba entrando en la fase de transición, el peor momento antes de empezar a pujar, trayendo consigo un dolor sordo que no recordaba tan terrible, percibiendo que este parto era muchas veces más doloroso que el anterior.
El dolor no le permitió prestar atención a nada más que no fuera acostumbrarse al nuevo ritmo de sus contracciones, cerrando sus ojos gracias al picor causado por el sudor que le surcaba el rostro, también un inevitable deseo de llorar, mal momento para ser traicionado por los recuerdos, rememorando el pasado, comparando cómo fue todo cuando tuvo a su pequeña Gabriella entre brazos por primera vez: su calor, su llanto, el peso de la nueva vida, la alegría infinita teñida de amargura con la realidad; y las lágrimas ya no resultaron una amenaza, se volvieron senderos bajando por sus sonrojadas mejillas perfiladas, perdiéndose entre el sudor de un cuerpo agotado que se daba el momento de expresarse ante el dolor más que físico, dolor emocional, del que arde no solo un rato, sino, toda una vida…
―Mi niña. ―se abrazó a su vientre rígido, ahogado en llanto, luchando por adaptarse a la nueva contracción que irrumpía de modo ardiente su bajo vientre.
De cierta manera sentía que liberaba todo, sacando del alma su dolor, pensó que quizás debía asesinar definitivamente el recuerdo para volver a intentar ser feliz, este instante donde se abandonaba a la vulnerabilidad absoluta, donde nadie podría verlo ni juzgarlo porque así lo decidió, la soledad impuesta para afrontar las consecuencias de sus actos: sus pecados.
Mientras intentaba volver a la calma tras el ataque de llanto que sufrió sintió una especie de caricia sobre su hombro derecho, un toque inesperado que lo llevó a reaccionar tan rápido como sus sentidos y cuerpo le permitieron, ubicando con su aguda vista rojo intenso al dueño de aquella inesperada sensación.
―¡TÚ! ―Miguel se quedó paralizado ante la súbita presencia de alguien que él conocía muy bien.
―Cálmate… ―Alzó sus manos en señal de rendición. ―Lyla me llamó, dijo que necesitabas ayuda. ―Su cerebro al fin notó la incómoda condición en que se encontraba Miguel: desnudo, con su enorme vientre rígido, sudoroso, y acorralado sobre la cama. ―¡OH POR DIOS, ESTÁS DE PARTO!
―¡LARGO DE AQUÍ! ―grito indignado, mostrando sus filosos colmillos y garras retráctiles ante Peter.
―Deja de gritar, Miguel. ― Lyla se hizo presente ante el nombrado.
―D-dejaste que entr-
Miguel no pudo culminar de quejarse, acabando en posición fetal sobre la cama, las contracciones no le daban el mínimo respiro, se venían una sobre otra, dejándolo sin aliento para quejarse por la inesperada presencia de Peter B. Parker, el hombre que menos tenía ganas de ver, o mejor dicho, al que menos quería mostrarle este tipo de vulnerabilidad, justo en su momento mas intimo, mas suyo.
―Respira. ―Peter tragó grueso, decidiendo finalmente agacharse junto a la cama con mucho cuidado, no sabia exactamente que hacer, observando cómo un hombre tan recio, duro e infranqueable se partía de dolor, temblaba, resoplando como un toro. ―Debes respirar más lento o acabarás muy cansado para lo que viene.
―Qu-que mierda… sabes tú, de esto. ―Dejo ir la frase apenas sintió que bajaba el dolor.
―¿Acaso olvidaste a Mayday? Soy su papá, estuve en su nacimiento. Creo que eso me califica para dar apoyo moral a cualquier parturienta. ―sonrió un poco, recordando ese día inolvidable cuando nació su pequeña niña.
―Cállate y lárgate, ¡vete! ―vociferó indignado, permaneciendo en posición fetal dándole la espalda, sin intenciones de mirar a Peter, sentía que era invadido por una liga de rabia y vergüenza difícil de controlar.
―No puedo irme. No me pidas dejarte solo aquí, así. ―Aun dudando se atrevió a estirar su mano, posándola sobre el hombro sudoroso de Miguel. ―Lyla me explico algunas cosas, y si crees que te juzgaré por tu situación, estás muy equivocado, solo quiero ser de ayuda.
―…mierda, no ahora. ―Miguel murmuró para sí lleno de asombro y vergüenza, sintiendo como estaba totalmente mojado entre sus muslos, finalmente se había roto su fuente, bañando las sábanas blancas donde estaba acostado.
Peter no dijo nada ante el inesperado suceso, tan solo se levantó yendo directo al baño, regresando tan rápido como pudo con un par de toallas entre sus brazos. Luego de eso se volvió a agachar cerca de Miguel, indicándole que le ayudara a secarse, obteniendo como única respuesta de su parte un gruñido corto seguido de un leve contoneo afirmativo con su cabeza, nuevamente una maldita contracción le robaba las ganas de pelear o rechazar la necesaria ayuda.
Peter fue completamente respetuoso con sus acciones, limitándose a secarle los muslos hasta donde el otro le dejó, sin hacer preguntas impertinentes o comentarios que incomodarían a O´hara, estaba muy claro que este pretendió aislarse de todo y todos, así fuera un acto riesgoso por su actual situación.
―Me imagino que todas las cosas necesarias para el parto están en esa caja. ―Peter observó con detalle la habitación, notando la nombrada caja de plástico gris sobre una pequeña mesa, junto a la cama.
―Si ―se incorporó dificultosamente hasta quedar sentado con las piernas separadas, pasando a acariciar su bajo vientre, la sensación de encajamiento le obligó a cambiar de posición a una más cómoda para su cuerpo que instintivamente se preparaba para el inevitable alumbramiento.
―Cómo imagine, preparaste todo con minuciosidad ―Peter ya estaba con la caja abierta, revisando su contenido.
―Esto puedo hacerlo solo ―echó su cabeza atrás, buscando aire para afrontar otra oleada de dolor, sintiendo como su vientre se tensó de golpe, anunciando la llegada de una contracción.
―Lo sé. ―Peter sentenció suavemente, dejando la caja en su lugar para encaminarse hasta donde Miguel ―estoy completamente seguro que si puedes hacerlo, pero nunca está demás algo de compañía, mejor aún si sabe dar masajes.
Sin más palabras entre ellos tomó asiento tras Miguel, atreviéndose a colocarle las manos en la espalda baja, presionando con sus dedos en puntos específicos. Fue un movimiento completamente suicida acercarse de eso modo, peor aun, tocarlo durante una contracción, generando un incómodo silencio entre ellos, Peter esperaba recibir unos buenos insultos en otro idioma, quizás algún empujón, o hasta unos arañazos cortesía de esas manos con garras retráctiles, pero jamás imaginó que el hombre frente a él reaccionaria dando un muy audible suspiro de alivio, viéndolo encorvar la espalda hacia delante para permitirle que siguiera dándole el masaje, sinceramente se sintió muy bien el instante, sus dedos deslizándose por aquella espalda ancha y fuerte, bajando poco a poco hasta donde finaliza la columna, enfocándose justo allí, Peter recordaba con precisión los masajes que le daba a su ex esposa cuando se quejaba de dolor durante su embarazo, la memoria muscular lo llevó ejecutar un trabajo eficiente, dejando que los gestos físicos y vocales de Miguel dictaminarán hasta dónde y cuánto seguir tocándolo.

―No alardeabas. ―finalmente decidió hablar, de cierto modo menos inseguro por la presencia del otro.
―Soy un haz con los dedos ―Peter alzó sus manos moviendo los dedos graciosamente.
―…Parker.
―¿Si?
―Necesito pujar.
Peter se levantó de la cama casi que dando un salto, asombrado por la frase que soltó Miguel muy fríamente, como quien dice que va a salir a comprar pan.
―¿Qu-qué necesitas? Dímelo y lo haré. ―respondió en un tono notablemente nervioso.
―Pon… las sábanas de la cama en el suelo ―hablo con dificultad, jadeando para mitigar la nueva e intensa presión que experimentaba entre sus muslos, moviéndose poco a poco hasta quedar sentado a orillas de la cama, con las piernas muy abiertas.
―¡COMO DIGAS!
El mayor cumplió de inmediato las ordenes impartidas, moviéndose hasta el otro extremo de la cama arrancando las sábanas de un solo tirón, luego de ello las llevó hasta los pies de Miguel, agachándose para acomodarlas donde el otro le indico, mentalmente intentaba controlar los nervioso ante el suceso que estaba por experimentar, ni se dio el tiempo de hacerse cuestionamientos tan básicos como del cómo ocurrirá el parto exactamente, sirviéndole de algo el que Lyla le haya atascado de información muy gráfica respecto a cómo sería el proceso de nacimiento antes de permitirle ingresar a las instalaciones, le asombro un poco pero no lo suficiente para asustarle, prácticamente era igual al parto de las mujeres de su universo, solo que con la diferencia del lugar de salida.
Luego de dejar las sábanas en el piso como le indico Miguel, se movió rumbo a donde se encontraba la caja de plástico con las cosas necesarias para el parto, la abrió y sacó todo lo que creyó útil, desde guantes, pinzas, tijeras, gasas, algunas toallas, todo se encontraba clasificado y esterilizado.
Para cuando Peter volvió a centrar su atención en Miguel, ya este se había bajado de la cama y se encontraba de cuclillas en el suelo, con su espalda recargada contra la cama y las piernas lo más separadas posibles, sabía perfectamente qué posición facilitaria su alumbramiento, recordando que fue la misma que le sirvió en su pasado parto.
―¿Necesitas algo más? ―Peter se arrodilló con cuidado frente a Miguel.
―¡No estorbar! ―Gruño con fuerza al tiempo que estiró ambos brazos a los lados para sujetarse del colchón, listo para dar el primer pujo.
Peter notó de inmediato como el rostro del hombre frente a él cambio, contrayéndose completamente en dolor y esfuerzo, efectivamente estaba pujando; desde que se conocieron, esta era la primera vez que lo veía tan vulnerable y sufriendo, causándole una sensación incómoda en la boca de su estómago, una rara impotencia que crecía minuto a minuto con cada resoplido y gruñido de Miguel, sintiéndose impotente en el cómo ayudarlo de alguna otra forma, sin dejar de impresionarse ante la concentración y entereza de O’hara para no dejar ir ni un solo grito o gemido de dolor.
La situación permaneció así por casi una hora, con un Miguel completamente concentrado en pujar, una vez tras otra, sin darse ni un pequeño espacio para descansar entre las contracciones, hasta olvidando que un angustiado Peter lo observaba arrodillado frente suyo, sin emitir palabra alguna hasta que de un segundo a otro le tuvo que sujetar fuertemente de los hombros cuando Miguel casi se va de bruces tras empujar con todas sus fuerzas, aturdido por el agotamiento.
―Miguel, debes descansar un momento. ―le miró con angustia, sintiendo como temblaba un poco entre sus brazos.
―Estoy bien… ―soltó la frase de repente, con el rostro completamente sudoroso y sonrojado.
―Mientes, estás agotado ―sentenció completamente serio, observando como las piernas de Miguel seguían temblando bajo su peso, se notaba que estaba a un paso de derrumbarse.
―Dame un guante. ―le exigió con molestia, obviando las palabras de Peter.
―Miguel, estás exhausto, llevas mucho tiempo pujando y no pasa nada, y desde mi mínima y casi nula experiencia en partos, creo que eso no es bueno.
―¡LO SE! ¡POR ESO QUIERO UN MALDITO GUANTE! ―Gritó indignado, estirando su mano derecha hacia donde estaba el material médico sobre la cama. ―…lo necesito, debo revisar que pasa, por que no baja.
Las palabras de Miguel habían salido de su boca con pura angustia, tratando de aguantar el dolor de una nueva contracción, haciendo un esfuerzo monumental por no pujar, ahora sentía que debía evitar hacerlo hasta comprobar que su bebé no estuviera sufriendo alguna situación que le impidiera descender por su canal de parto. Peter entendió todo de inmediato, lanzando su telaraña hacia una bolsa plástica que contenía un juego de guantes médicos, jalándolo para dejarlo en manos de Miguel.
―Haz lo que debas, yo te sostendré.
Peter lo rodeó entre sus brazos sirviendo de apoyo mientras Miguel asentía levemente con su cabeza, procediendo a reventar la bolsa con sus colmillos, sacando rápidamente uno de los guantes médicos para colocarlo en la mano derecha. Apenas tuvo el guante puesto, espero a que culminara su actual contracción, paso siguiente, movió su diestra entre sus muslos temblorosos, tomando una bocanada de aire antes de deslizar dentro de su canal de parto dos de sus dedos: índice y medio.
―¿Todo bien? ―Peter le preguntó con suavidad al oído, Miguel estaba con su cabeza recargada en su hombro derecho, completamente mudo.

―Está cerca, debo seguir ―murmuró con emoción al sentir que tocaba la cabeza de su hijo no nato con ambos dedos, sacándolos de inmediato para continuar pujando.
―Espera, espera, velocista, tengo una idea para que puedas estar más cómodo.
Sin perder tiempo Peter alzó su mano derecha apuntando al techo de la habitación, disparando sus telarañas de tal modo que creó un improvisado columpio de telarañas, lo suficientemente bajo para que Miguel se subiera en el sin perder la posición de cuclillas, dándole la ventaja de que sus piernas y brazos no se cansen y pueda seguir el parto. Miguel observó con una media sonrisa lo que había hecho Peter con las telarañas, resultaba sin duda alguna ingenioso y perfecto, mascullando un “gracias” mientras se acomodaba sobre las telarañas ayudado por el mismo Peter, sintiéndose más libre para seguir con el agotador trabajo de traer a su hijo al mundo.
―Mucho mejor. ―Peter le miró con ternura mientras su mano se posó sin pensarlo siquiera sobre el hinchado vientre de O ́hara, sintiendo como este se tensó de golpe anunciando una nueva contracción.
Y así Miguel siguió con su labor, pujando una tras otra hasta que finalmente llegó una abrumadora sensación de ardor en sus bajos, anunciando que su hijo estaba cada vez más cerca. En todo este tiempo no tuvo la necesidad de vocalizar su dolor, era manejable, pero la sensación de quemarse por dentro lo llevo al punto de necesitar gritar, soltar todo el dolor que estaba experimentando momento a momento mientras su bebé ahora si bajaba dolorosamente rápido, listo para coronar.
Peter no pudo evitar angustiarse al ver como el moreno se retorcía gruñendo y gimiendo a viva voz mientras separaba aún más sus piernas, desesperado por hacer espacio en sus caderas para facilitar la salida de su hijo, dejando a la vista como una pequeña cabeza poblada de cabellos oscuros se abría paso pujo tras pujo. Un hecho un tanto impresionante de ver para un Peter que no estuvo mirando directamente esa zona cuando su hija nació, en aquel entonces su lugar fue al lado de su ex esposa, sujetando su mano y dándole palabras de alivio; esto era otra cosa, aquí estaba siendo colaborador directo de algo sumamente íntimo para Miguel, apoyándolo no solo con palabras, hasta sus manos instintivamente se ubicaron sobre las rodillas del otro, cruzando sus miradas por unos segundos cuando O’hara descansaba tras un pujo, Peter estaba observando a un hombre totalmente despojado de su capa de soberbia y control, aquí yacía un Miguel minimizado, o era mejor decir, maximizado en su humanidad gracias al dolor y la labor que ejercía, el milagro mismo de traer vida al mundo, un acto de fortaleza indescriptible si le preguntaban a Peter el como describirlo. Admiro a su ex cuando tuvo a Mayday, y ahora admiraba infinitamente a Miguel, pensado en decírselo cuando todo esto culminara, si, tenia que soltar sus pensamientos luego de calmadas las aguas, mientras, continuaba arrodillado frente a él como un punto de apoyo.
Al salir de sus divagaciones sobre partos y fortalezas, se topó con la escena de una cabeza ya casi completamente fuera, cubierta en rastros de sangre y fluidos, además de varios hilos de sangre que bajaban por los muslos desnudos de Miguel gracias al proceso de expulsión, manchando las blancas sábanas que colocó en el suelo.

―¡VEO UNA CABEZA! ―Peter gritó eufórico, levantándose rápidamente para tomar una de las toallas que venía dentro de la caja plástica, retornando a su lugar frente al moreno para secarle la frente poblada de sudor ―¡Vamos, Miguel!
El nombrado continuo pujando con todas sus fuerzas hasta que al fin bajo la sensación de estarse quemando, soltando un largo suspiro de alivio, pasando a bajar ambas manos para sentir como la cabeza de su bebé estaba completamente fuera, tocándole con asombro su pequeña nariz, boca, frente y coronilla, sintiendo un golpe de recuerdos, nuevamente en un mal momento para rememorar el instante mismo en que tuvo a su hija entre brazos por primera vez, como se veía, como se sentía, hasta cómo olía, ahora mismo todo le revolvía un mar de recuerdos pasados a tal punto que sin querer dejó escapar un par de lágrimas que se camuflajearon entre el sudor y el agotamiento.
―¿Miguel? ―Peter le habló un tanto asustado, el nombrado se había quedado mirando a la nada, con sus manos acunando el cráneo de su hijo aún sin nacer.
―…Busca el aspirador nasal. Es una pequeña cosa azul de goma. ―hablo entrecortado, saliendo de su trance momentáneo, preparándose para la siguiente contracción.
―Claro.
Peter se movió nuevamente hacia la cama, ubicando lo que el otro le pidió, al encontrarlo se regresó donde Miguel, observando atentamente como este seguía con sus manos cuidadosamente cerca de su hijo mientras pujaba, preparado para atajarlo cuando saliera.
El último tramo de este proceso fue rápido, para alivio del moreno el bebé estaba bien alineado así que le resultó relativamente fácil sacar los hombros, uno primero, el otro después, en ese instante Miguel lo tomó rápidamente entre sus manos, jalándolo hacia arriba, llevándolo instintivamente contra su pecho mientras se dejaba caer de rodillas en el suelo, bajando del improvisado columpio de telarañas.
Su cuerpo temblaba descontrolado al tiempo que jadeaba para recuperarse del último esfuerzo que dio, pasando a sentir como se removía algo tibio entre sus brazos, era su hijo, al fin estaba allí, podía verlo, era una pequeña cosa rojiza y resbaladiza que aun no daba su primer llanto, tan solo se le escuchaba emitir un gorgoteo ahogado, de inmediato Miguel le quitó el aspirador nasal de las manos a un impresionado Peter, procediendo a limpiar el mismo las vías respiratorias del bebé: nariz y boca, un par de veces hasta que el infante dio un gemido agudo seguido de su primer y muy potente llanto. Miguel suspiro aliviado al escucharle, pasando a acunarlo más aún contra su pecho, meciéndolo un poco al tiempo que le susurraba que todo estaría bien.

Peter reaccionó dándole una toalla limpia a Miguel, este la tomó de inmediato, usándola con cuidado, frotando la espalda y cuerpo del recién nacido, notando finalmente que había dado a luz a una niña, tenía entre sus brazos a su pequeña nueva hija, su segunda oportunidad en la vida.
―Es linda. ―Peter la observó con ternura, la pequeña estaba acurrucada contra el pecho de su progenitor, su carita redonda lucía un tierno puchero, su piel era un poco más clara que la de Miguel, y con cabellos castaños, lo único que no pudieron ver fueron sus ojos, la pequeña los mantenía fuertemente cerrados mientras seguía quejándose un poco por como era limpiada con la toalla. ―Felicitaciones, Miguel.
El nombrado quedó en silencio observando a Peter, sintiéndose estúpidamente feliz, casi que eufórico luego de todo el suceso, sin pensarlo mucho estiró su brazo libre, atajando las ropas del otro, haciendo que se acercaran más aún, atreviéndose a darle un fuerte abrazo, Peter reaccionó del mismo modo, rodeando la espalda de Miguel con sus brazos, estrechándolo suavemente, ambos hombres permanecieron así, en silencio, diciéndolo todo sin palabras, hablar estaban de más, se sobreentendía la gratitud y el apoyo inesperado, el cariño oculto y algo más, algo que despertó en el fondo de sus corazones y que posiblemente se volvería mas obvio con el pasar del tiempo.
Miguel rompió el abrazo con un gemido doloroso, sabía perfectamente lo que sucedía, experimentaba nuevas contracciones, su cuerpo estaba expulsando la placenta.
―¿Qué sucede? ―Peter le miró asustado por el repentino cambio en el otro.
―Es la placenta ―con mucho cuidado acomodo a la bebé entre sus brazos, dejando su pequeño vientre expuesto con el cordón umbilical unido a ella. ―debo cortar el cordón.
―En eso puedo ayudarte, yo corte el cordón de Mayday el día que nació. ―su rostro se iluminó de inmediato con la idea.
Un emocionado Peter volvió a la cama para tomar todas las cosas que recordaba necesarias, regresando a su lugar frente a Miguel, este asintió con su cabeza, guiándole del dónde y cómo debía colocar las pinzas para que él pudiera cortar el cordón, le pareció buena idea dejar que Peter lo hiciera, sabía que le estaba regalando un nuevo tema de conversación para alardear con el resto de los Spidermans, no solo hablaría de Mayday, ahora se luciría contando el cómo le ayudó en su parto. Ese justo pensamiento lo hizo sonreír un poco, observando atentamente como Peter cumplía sus indicaciones al pie de la letra, cortando el cordón umbilical de la bebé.
―¡Listo! ―Peter coreo feliz al completar su trabajo.
―Cárgala, debo revisar si la placenta salió completa ―Sin un ápice de duda extendió sus brazos para que Peter cargara a la pequeña.
―Si confías en mí… ―hizo puchero al mismo tiempo que tomaba en brazos a la bebé, cuidadosamente envuelta en la toalla.
―Es estúpido que lo dudes, Parker, si no confiara en ti, no estarías aquí.
―Eh… Lyla fue quien me trajo aquí.
―Ella sabía lo que necesitaba. Lyla me conoce muy bien, mejor de lo que a veces me gustaría ―hablo bajito, dándose cuenta de sus propios sentimientos hacia Peter.
―Qué bonito fue escuchar eso, Miguel ―La IA finalmente hizo acto de presencia junto al nombrado.
―Al fin apareces.
―No fue necesaria mi presencia, siempre estuviste en buena compañía. ―Lyla les lanzó una mirada cargada de picardía nada disimulada a ambos.
―Ya que estás aquí, revisa el estado de salud de ambos, un escaneo completo.
―Como ordene, jefe. ―La pequeña chica se paró firme, llevando su mano a la frente simulando un saludo militar, desapareciendo nuevamente.
La inteligencia artificial cumplió rápidamente con la orden, regresando momentos después para darle un parte completamente positivo a su creador, luego de ello, Miguel culminó de verificar el estado de la placenta, la había expulsado completamente, eso lo hizo sentir aliviado de no tener que recurrir a alguna otra intervención médica mayor, su siguiente paso era descansar.
Mientras él se encargaba de envolver la placenta en las sábanas ensangrentadas, noto como Peter deambulaba de un lado a otro de la habitación con la recién nacida en brazos, lucía tan calmado y feliz, sin prestar atención al como Miguel lo veía, sus rojas orbes estaban fijas en lo obviamente dulce del instante, sintiendo algo de aprehensión en su pecho, anidando un peculiar pensamiento en su mente: el sentir tristeza de que su bebé no era nada de él, del como aun no siendo algo suyo, allí estaba, acunándola con una ternura desbordante, también del cómo les apoyó en esta última hora, y de todo lo que hizo con sincero cariño para ellos.
―Miguel, debes descansar ―Peter se acercó ofreciéndole su brazo izquierdo para ayudarle a levantarse del suelo donde aún permanecía.
―…si, tienes razón. ―interrumpió su divagación rápidamente, dejando de lado esos raros pensamientos, empujándolos lejos en su mente.
Sin pensarlo mucho aceptó la ayuda, logrando levantarse con dificultad hasta quedar de pie sujeto al mayor, pidiéndole que lo ayudara a llegar al baño, debía asearse adecuadamente, también la bebé lo necesitaba antes de poder volver a la cama y descansar. Y nuevamente Peter sirvió de apoyo para ellos, con sumo cuidado colocaron a la niña dentro de su pequeña cuna mientras él acompañaba a Miguel hasta el baño, dejándolo solo para que este se diera una ducha rápida y pasara a ponerse algo de ropa, luego de ello Miguel volvió a la cama, no sin antes darle todas las indicaciones a Peter del cómo debían limpiar a la niña utilizando una pequeña bañera para bebés llena de agua tibia, frotando su frágil cuerpo con sumo cuidado hasta dejarla completamente libre de la sangre y fluidos que le cubrían cuando nació.
―Esta pequeña dama está limpia y lista para ir con su mam… ―el pobre de Peter paró de hablar apenas se dio cuenta que no sabía exactamente cómo debía denominar a Miguel, y tampoco quería entrar en discusiones incómodas cuando el ambiente era de confianza e intimidad entre ellos ―Lo siento.
―Biológicamente hablando soy su madre, no te enredes con eso, Parker. ―Miguel le respondió con total simpleza, aunque notablemente cansado, ya su cuerpo no daba más, necesitaba dormir, por más fuerte que fuera, dar a luz lo agotó a un punto único.
―Me parece lógico. ―su rostro se iluminó nuevamente, pasando a dejar a la niña en brazos de su progenitor, bien envuelta en una suave manta color amarillo claro. ―creo que deberías comer algo y dormir, lo necesitas.
―Lyla puede pedir comida para nosotros. ―le propuso rápidamente.
A Miguel le tomó tan solo unos segundos procesar lo que acababa de hacer, ofrecerle comer juntos a Peter B. Parker, juntos después de todo lo que sucedió. Tal parecía que su conciencia estaba queriendo compensar todo lo que hizo Peter por él, algo que no cualquiera haría, cosas que este hombre realizó sin quejarse y lleno de cariño, y claramente Peter asintió feliz a la invitación inesperada de Miguel, generándose una curiosa atmósfera entre ellos que fue rota por la bebé, había comenzado a dar quejidos que amenazaban con volverse llantos, moviendo su cabecita desesperadamente contra el pecho de su madre, haciendo que Miguel reaccionara de inmediato buscando con la mirada por toda la habitación, tratando de recordar dónde había puesto algo sumamente importante para utilizar justo en este instante.
―¿Esto es lo que buscas? ―Peter levantó del suelo un cojín de lactancia, se había caído entre la cama y una de las mesitas de noche, seguramente por culpa del ajetreo causado por el parto.
Miguel tomó el cojín sin decir nada, acomodándolo sobre sus muslos, estaba ansioso por cumplir con su pequeña hija que lloraba a todo pulmón, aun restregando su carita contra su pecho, para este punto ya Peter había visto todo lo posible de su humanidad, y hasta más, así que le tenía sin cuidado dejar a la vista sus pechos completamente hinchados y listos para cumplir la función de brindarle alimento a su bebé.
Con mucho cuidado acomodó a la pequeña en su brazo izquierdo, pasando a usar su mano derecha para guiar cuidadosamente su pezón contra la nariz de la bebé, esto causó que ella abriera de inmediato su boca, enganchándose completamente del pezón que le ofreció su progenitor, pasando a succionar ávidamente sin ninguna dificultad, Miguel suspiro aliviado, relajándose un poco a pesar de que la situación le llevaba a rememorar su pasada experiencia respecto a amamantar, nunca pudo hacerlo bien con su pequeña Gabriella, mucha inexperiencia y falta de apoyo, pero esta vez se prometió que sería distinto, preparándose para este instante, leyendo e investigando cuanto pudo, finalmente disfrutando del momento más único e íntimo entre madre e hijo, el primero de muchos.
Mientras Miguel estaba completamente concentrado en amamantar por primera vez a su hija, Peter tan solo sonrió y se alejó en silencio, saliendo de la habitación dándoles un poco de privacidad, era lo mejor, ya fuera, se puso en contacto con Lyla, ella le ayudaría a pedir la comida que mucha falta que hacía, charlando con la IA respecto a la locura que había sido este día para él, dentro de la habitación, Miguel seguía completamente concentrado en la pequeña vida que ahora acunaba entre sus brazos, su milagro.
―Te pareces mucho a tu hermana Gabriella cuando nació ―le habló suavemente, sintiendo que un nudo horroroso se formaba en su garganta por compararlas ―siempre estuve seguro de que serías una niña, eso siempre lo supe. Pero me dio miedo, nueve meses de completo miedo y terror, aferrándome a la idea de verte aquí, y que cuando finalmente estuvieras en mis brazos sabría que nombre darte. Y ya lo tengo, te llamarás Hope, mi esperanza.
Culminó sus sentidas palabras agachándose cuidadosamente para besar la cabecita de su pequeña Hope, listo para enfrentar lo que sea, a pesar de la sombra perenne de volver a perder un hijo, pero también con la infinita convicción de que hará lo que sea por ella.

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CON AMOR
ILITIA FOREVER
pieza a escribir aquí...