Capítulo 1
Sine fine bellum
Prólogo: La guerra sin fin
Desde el inicio del mundo, el maná se volvió un pilar fundamental. La tierra comenzó a formarse, y varias razas comenzaron a nacer debido al maná.
Una de estas razas fue la primera en manipular el mana, lo cual llevo a ser mas poderosos de los demás. Después de un tiempo, ellos comenzaron a ser venerados por las demás razas, debido a su primitivo razonamiento.
La Primera Raza comenzó a gobernar a las demás, y consecuentemente las demás comenzar a aprender los principios del maná. Sin embargo, uno de los de la Primera Raza tuvo una idea muy diferente.
Uno de ellos se rebeló y comenzó una guerra. Al principio, solo eran amenazas vacías, pero el logró apoderarse de una de las Razas que eran muy fuertes. Fue una masacre, muchos comenzaron a morir debido a ese ejército.
Los de la Primera Raza idearon un plan, ellos defenderían y enseñarían a las demás razas aliadas como usar el maná. De esta forma, ellos lograrían sobrevivir.
De esa forma empezó, la primera guerra, La Guerra del Origen de la Primera Edad.
Los años pasaban, y poco a poco, el ejército del enemigo, se apoderaba más y más del mundo. Solo quedaba un continente, donde todos ellos estaban atrincherados. Parecía que iban a sucumbir.
Pero, para molestia del enemigo, el plan de la Primera Raza se finalizó. Sacrificando sus cuerpos como toque final, les dieron las armas necesarias a las demás razas y el contraataque comenzó.
Estás fueron las Razas Aliadas: humanos, enanos, elfos y hombres-bestia. Y en el ejército enemigo, solo estaba la raza de los orcos, los cuales seguían las órdenes de su amo, el malvado de la Primera Raza.
Las tornas se voltearon, Los Aliados comenzaron a hacer retroceder al ejército enemigo, poco a poco. Cada uno desempeñaba bien su papel. De esa forma, en unos cuantos trixcers; lo cual se llama década actualmente; lograron derrotar al ejército enemigo.
Ya rodeado, el malvado lucho con todas sus fuerzas; aliados murieron; pero nunca retrocedieron. Después de horas, de una agotadora batalla, cada aliado asestó un golpe mortal y final al malvado. La victoria ya era suya. Sin embargo, el vencido conjuró una maldición, no a los aliados, sino a los súbditos que había usado como ejército.
Los orcos vencidos; no asesinados; se levantaron. Los aliados maldijeron al malvado y a la mala suerte, ya que no había necesidad de acabar con la vida de una de las razas. No dudaron, quemaron el cadáver del malvado y con sus últimas fuerzas, escaparon. Ya que no querían acabar con ellos.
Los aliados salieron victorioso pero ganaron a un enemigo, era uno de los suyos. Sus padres; los de la Primera Raza; les dieron un mensaje antes de irse: derroten al malvado y amístense con la raza hermana de los Orcos. Ahora, la última parte será más difícil. Así acabo la primera edad y empezó la segunda, donde La Guerra Eterna siguió su curso.
Lamentablemente, el propósito original....se perdió.