Chapter 1 Matías Romero
El primer día de trabajo en Matías cambió mi vida, me habían enviado a esa sucursal bancaria a capacitar a una nueva chica y yo me sentía algo nerviosa pues tampoco es que llevara mucho tiempo trabajando ahí, es solo que era un nuevo proyecto y no había tanto personal… aún así me sentía importante.
Siempre he sido una persona que aparenta ser muy seria y quizás sin conocerme la gente pueda pensar que tengo un aire “altivo” aunque eso es solo una máscara y por alguna razón esa chica tan sencilla y alegre llamada Bianca y yo, hicimos click enseguida.
Nuestra jefa Rose nos presentó al equipo completo y realmente yo no estaba prestando mucha atención.
-muchos rostros qué recordar
Me dije a mí misma, pero entre todas esas personas había un chico muy sonriente con el que todos bromeaban y aunque no por mucho tiempo, fijé mi mirada en él y luego la desvié para seguir en lo mío.
El trabajo no era difícil aunque si un poco cansado, yo trabajaba en la planta baja y tenía que subir escaleras muchas veces al día para poder cambiar monedas por billetes o billetes dañados por unos más nuevos ya que ayudaba a la gente a ocupar los nuevos cajeros automáticos y que pudieran realizar sus pagos, la verdad es que el tiempo se me iba volando con mis 2 compañeros Bianca y Charly.
Charly había sido el encargado de ayudar a la gente en el cajero mientras aguardaban a nuestra llegada, en realidad él debía estar arriba pero decidieron dejarlo para que nos diera tips y nos ayudara por un corto tiempo así que él se encargaba de ponernos al tanto de todo lo que sucedía arriba y por supuesto responder a todas nuestras preguntas.
Pasadas unas semanas ya éramos grandes amigos y empezaron las confidencias, a Bianca le gustaba un chico que se llamaba Alex pero todo el mundo lo conocía como el pájaro, no me pregunten el motivo pero a Bianca parecía entusiasmarle el hecho de subir y coquetear (se le daba natural ese coqueteo inocente) con él a pesar de que ella tenía un novio, en sus propias palabras un ñor bastante más grande que ella pero que la llenaba de lujos y regalos aunque hacía mucho tiempo no llenaba lo más importante que era el corazón de Bianca.
Yo por mi parte también tenía un novio con el que ya llevaba varios años y por más que intentaba congeniar, la verdad es que éramos personas muy diferentes intentando cambiar al otro.
Siempre he pensado que soy una persona intensa y romántica, cursi si quieren decirlo… me derrito con las historias de Austen, me identifico con cada heroina de comedia romántica que existe y me afectan las canciones a un nivel en el que puedo reír y llorar al mismo tiempo.
Con Marcus nunca sentí eso, quizás al principio un leve atisbo de romance que después se fue desvaneciendo hasta los cimientos, él… un maestro de la indiferencia
A veces me pregunto si fue la diferencia de edad la que tenía todo destinado al fracaso, pero ¿a quién engaño? Simplemente no era nuestro kismet.
Cada día llegaba a Matías con mi iPod a todo volumen, me sentaba en las bancas circulares de piedra afuera del metro y encendía un cigarro, dejaba que el humo del cigarrillo se llevara mis pensamientos, mis desamores, mis malestares y entonces cuando acababa, entraba a Matías… subía los escalones y saludaba a las pocas personas que me conocían y repetía mi rutina de atender a los clientes y platicar con Bianca y Charly.
De pronto la gente empezó a acostumbrarse más a usar el cajero en ves de subir a la sucursal y eso era bueno, al menos estaba cumpliendo con mi trabajo aunque eso implicaba subir más veces y entonces sucedió algo que me golpeó como un meteorito en medio del pecho y me dejó si no sin aliento, me dejó sin tranquilidad pues tenía que cambiar 2 monedas de $10 por un billete así que me acerqué a la caja sin importarme si el cajero estaba con un cliente o no, le pasé las 2 monedas y le dije “¿me las cambias por un billete por favor?” Y el cajero muy amablemente asintió y me pasó el billete de manera muy eficiente, sin alterarse ni un minuto y entonces lo miré y ya no hubo vuelta atrás.
Recordaré esa mirada hasta el día en que me vaya de este mundo pues esos profundos ojos cafés me sonrieron con la mirada hasta hacerme estremecer.
No recordaba su nombre aunque me lo habían dicho pero no importaba pues de mi lado estaba Charly que me diría todo de él.
-ahhh se llama Henry… pero yo que tú me andaba con cuidado pues es el novio de la hija de Rose y no quieres hacer enojar a la jefa verdad?
Yo estaba ensimismada en mis pensamientos
-verdad???
-Eh? Ah no! No, aparte yo tengo novio pero como que algo me llama la atención
Entonces Bianca interrumpió
-Pues deberías darte una oportunidad, tu novio parece delincuente jaja
Me quería reír pero me hice la seria
-Bianca ya escuchaste, anda con Rosalie la hija de Rose y yo ando con…
No me dejó terminar
-¡Con el señor delincuencia!
Nos echamos a reír todos y el asunto quedó zanjado.
Días más tarde me notificaron que debía irme a otra sucursal y empecé a ponerme ansiosa pues Charly me insistía en que arregláramos una salida para poder ligar a nuestros respectivos crush aunque realmente no pudimos concretar nada pues el tiempo apremiaba.
Yo solía dibujar notitas con ositos panda pues ese había sido mi apodo por mucho tiempo y Charly decidió que era buena idea tomar mis notitas y ponerles mensajitos para que Henry pudiera tener algún recuerdo mío.
El plan funcionó, Henry me mandó una solicitud de amistad en el face y yo encantada la acepté, solo para golpearme con la realidad en la cara pues su única actividad era mandarle a Rosalie su novia, mensajitos de amor, comentar cada foto, cada publicación y dedicarle canciones… ahí fué donde me dije
-Ann ¿qué rayos estás haciendo?
Y lo eliminé… no me juzguen la verdad si me pegó en el ego
Tenía suficientes problemas como para que Henry que era un bello recuerdo de Matías, se convirtiera en una preocupación más.
Y así me fuí de mi querida sucursal, pasé a la oficina de Rose a dar las gracias y allí me enteré que había decidido quedarse con Bianca para que trabajara ahí de fijo y debo decir que aunque me dió gusto, secretamente esperaba que la elegida hubiera sido yo.
Unas cuantas lágrimas rodaron por mi mejilla aunque no estoy segura si fueron de tristeza o de orgullo herido y ese fué el último día que vi a Henry con su cara burlona preguntándome.
-¿por qué lloras?
-es mi último día
-ahhh este… que te vaya bien
Me dió un abrazo escueto y me fui a mi casa, no sin antes prender el iPod y mi cigarro para despedirme de aquel lugar donde había dejado un poquito de mí.