《1》
Desperté al escuchar la alarma activarse. Abrí los ojos de golpe al ver la habitación teñida por las bombillas de luces rojas que, con intermitencia sacudían mi visión. Avancé a rastras por el pasillo porque fue imposible mantenerme en pie. Sentí como el peso de la gravedad me hundía más y más. Sin duda alguna se trataba de un perturbador. Levanté como pude la cabeza y vi la silueta humanoide moviéndose hacia mí. Un punto de luz verde me dio directo en la frente y un analizador dio vuelta por toda la habitación. Algo en mi interior palpitó con fuerza, ni siquiera pude gritar su nombre, pero esperaba que pudiera escapar antes que el sabueso lo encontrara. Lo vi acercarse, sentí la muerte en cada uno de sus pesados pasos. Una de sus botas metálicas reposó en mi espalda y no pude evitar no sentir, solté un quejido tras apretar por unos momentos los labios entre sí.
—¡Cuantos defectos! —habló tras la máscara
Mi visión se clavó tras esa máscara de metal brillante que se aseguraban de no dejar cabos sueltos en el pequeño apartamento de alquilé.
—¿Dónde está el chico? —preguntó con insistencia
Mi cuerpo se sacudió, no conseguí controlarlo y se dio cuenta.
—Por favor, no me mates —dije, con voz entrecortada
Se retiró la máscara, se inclinó hacia mi mirándome con esos ojos artificiales sin una pizca de vida. Cubrí mi boca al darme cuenta de lo que había dicho. Se supone que no debo sentir, pero era inevitable, no era algo que pudiera controlar.
El sonido de un láser derribando al sabueso me sorprendió. Las luces rojas se apagaron y con ellas el perturbador. Me incorporé con dificultad, sentí sus manos rodeándome. Un par de lágrimas se me escaparon cuando vi que estaba herido.
—Aun puedo verte, mi amor —dijo, mientras descendíamos por las escaleras
Mi amor. Amo esa palabra. Amo que me abrace, amo la vida que construimos estos meses tranquilos, sin que el sabueso pudiera encontrarnos. No pensamos en un plan de escape porque en verdad creíamos que ya no nos buscaban. Creí que la información genética que compré para ambos sería suficiente camuflaje. Que equivocada estaba. Fuimos cuidadosos, vivimos una vida de bajo perfil con empleos simples, sin amigos, pero sociables. Sonreímos, abrazamos e hicimos todo lo que creímos se debía hacer para pasar desapercibidos.
Ahora, ahora habíamos sido acorralados en el estacionamiento del edificio al que lo rodeaban las fuerzas especiales. Cuando lo vi siendo arrastrado hacia afuera mientras era esposada, no pude evitar recordar la primera vez que lo vi.
Era apenas una novicia que trabajaba para una de las organizaciones más importantes del mundo. Mi puesto como inspectora de debilidad y defectos era bien remunerado. Siempre hice mi trabajo bien hasta esa noche en la que él llegó. Lo miré a los ojos mientras lo arrastraban entre varios hasta la sala de pruebas y supe que era diferente a cualquiera que haya visto antes. Me bastaron tres interrogatorios para darme cuenta que no había nada malo en él y que sentir era parte de nuestra evolución. En un mundo donde no se nos permite sentir, las personas como él hacían la diferencia. No fue fácil llegar a esa conclusión. Al principio me resistí, sin embargo, todos mis esfuerzos por mantenerme fría, dura e inerte se esfumaron cuando empecé a sentir que necesitaba verlo, escucharlo hablar sobre los sentimientos. Y no bastó que le dijera que esos sentimientos casi llevan a la extinción al ser humano, porque estaba convencido que no había tal cosa como la perfección.
—Es parte de la naturaleza del ser. La destrucción es parte de la creación —mencionó en alguna ocasión.
A partir de entonces, mi vida como inspectora y ciudadana de la alianza cambió. Me encontré con un bache para dar un diagnóstico a su problema. ¿Era un defecto? Me pregunté una y otra vez, sin estar segura de qué pensar. Hasta que una mañana vi como arrastraban a un ciudadano. Pasó de largo por la oficina de inspección, fue directo a la celda, estaba sentenciado a morir. Algo dentro de mí se rompió y ya no fui la misma. Por lo que llegué a la conclusión de que se trataba de un virus. Un virus que ya empezaba a asimilar. Pero... ¿cómo podría comunicar algo así? Se supone que nosotros somos diseñados a la perfección, ningún virus podría afectarnos.








