Misión en pausa

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Summary

Brenda despertó después de haber sufrido un grave accidente que puso en peligro su vida. Ahora intentará recuperar sus recuerdos que fueron olvidados. En medio de todo este recupero, se dara cuenta de que las personas que la rodean no son quienes ella cree. Hay un propósito y un porqué. Será ella quien deberá encontrarlo o bien, recordarlo...

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1
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n/a
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13+

Capítulo 1

Brenda comenzaba a despertar y la claridad le impedía poder ver. Milagrosamente había salido con vida de aquel lugar de no ser porque logro frenar un poco a tiempo.

Se sentía pesada, cansada, incluso para levantar sus brazos se le dificultaba.

— Cielos... — había entrado un enfermero a chequear a la paciente cuando se la encontró tratando de mover sus brazos. Estaba finalmente despierta — aguarda.

Bajó levemente la luz para que ella pudiera acostumbrarse a la iluminación del ambiente.

— Pronto vendrá el doctor.

Después de decirle su condición Brenda se quedo sola en aquella habitación de hospital. Había perdido una pierna y no recordaba absolutamente nada, solo sabía que se llamaba Brenda porque el doctor se lo había aclarado.

Al día siguiente aparecieron dos hombres de traje. Uno de ellos se dirigió a ella formalmente, mientras que el otro fue más amigable, casi lo sentía más cercano. Ambos vinieron inmediatamente después de escuchar la noticia de que había despertado.

Le mostraron fotos y videos en su teléfono, le contaron quien era ella y a que se dedicaba, con el propósito de ayudarle a recordar.

Brenda solo escuchaba todo con atención y trataba, dentro de lo que podía, recordar lo que le mencionaban, sin embargo, no lo podía hacer.

Fue así que desde ese entonces recibía frecuentemente visitas de su esposo, al que no recordaba. Solía incluso llevarle siempre presentes y en cada ocasión le mostraba desde su teléfono los lugares que habían ido. Lastimosamente ella no podía recordar ninguno de ellos.

Los días pasaron, los meses y así; Brenda pudo salir del hospital y volvió a su hogar junto a Oscar.

Todo parecía normal hasta que un día, ella comenzó a tener sueños, veía objetos y personas que no conocía. Eran muy frecuentes estos tipos de sueños, y además, repetitivos. En ellos veía a una mujer que le entregaba algo pequeño en sus manos y luego la miraba con tanto cariño. En otros, estaba ella corriendo, escapando, persiguiendo, visitaba lugares extraños. Sola o en compañía.

Se preguntaba constantemente que eran.

Le tomó tanta importancia que comenzó a investigar por internet los significados, también lo consultó con su doctor después de tanto tiempo. Éste le comentó que solo eran sus recuerdos que comenzaban a volver lentamente a ella. Brenda no lo entendía, porque según Gastón ella era solo una bibliotecaria común, incluso le mostró fotos de ella trabajando allí.

Nada concordaba.

Entonces decidió hablarlo con Oscar.

Espero hasta que él volviera del trabajo por la noche y allí, una vez que ambos se encontraban sentados en el sofá, habló.

A medida en que comenzaba a comentarle lo que le estaba ocurriendo, el semblante de Oscar empezaba a cambia. Su rostro comenzaba a ponerse oscuro.

— No debiste hacerlo — ella lo miró confundida. — Ah... — se levantó de su asiento y luego se dirigió hacia la cocina para sacar una silla. Se subió encima de ella y después sacó el micrófono que estaba dentro del foco de la sala.

— ¿Qué estás...? — murmuró para sí misma — ¿por qué está eso ahí?

Volvió a mirarla directo a los ojos, sentía culpa.

Ya resignado con todo, apagó el micrófono por unos segundos, lo suficiente hasta que se dieran cuenta de ello y luego, lo debía de encender. Decidió entonces aclarar la situación. Le confesó quien era realmente y para quién trabajaba.

Su propósito desde un principio fue mantenerla cerca de sí. Oscar no era más que otro informante que debía notificar los cambios de actitud en ella y el posible recupero de su memoria.

No obstante, él no fue como los demás, ya que, se enamoró verdaderamente de ella.

A la asociación no le importaba otra cosa que no fuera localizar la última fórmula que Vanessa dejó en sus manos. Pero a Oscar, si le importaba el bienestar de ella y no pensaba en dejar que le hicieran daño.

Brenda no lo podía creer, ya no podía confiar en las personas de su alrededor. Además, estaba viviendo una mentira, donde su realidad era solo un esquema inventado.

En esa misma noche tuvo otro sueño donde podía oír voces y nuevamente, la mujer apareció otra vez, pero en esta ocasión llamándola y ella le respondió Vanessa...

Por la mañana Brenda despertó agitada, sentía la viva voz de su amiga Vanessa en su mente. Necesitaba saber que le pasó, así que se fue a su casa sin avisarle a nadie. Ni a su jefa y a ninguna otra persona que le rodeaba. Ya nadie podía ser fiable a sus ojos.

¿En algún punto, algo fue real?

Al llegar, la casa estaba solitaria pero conocía perfectamente un pasadillo por el cual antes se infiltraba en secreto para reunirse con ella. Daba lugar hasta su oficina, el escritorio era inmenso ahora que no estaba. Siempre había papeles por dondequiera que veías.

Y sin dar muchas vueltas comenzó a revisar hasta que encontró su computadora, al prenderla vio que necesitaba de una clave; intentó de muchas formas, pero ninguna de ellas lo era. Fue hasta entonces que se le vino a la mente el número 2018, el año en que perdió a su primer y única hija. Brenda era la única persona que ella le había contado sobre su secreto más íntimo.

La clave era correcta.

Al empezar a investigar descubrió una carpeta que estaba oculta, al abrirla vio otra carpeta que contenía su nombre puesto en ella. Allí habían varios documentos, fotos y notas.

Las leyó a cada una. Estaba su partida de nacimiento, contrato, fotos suyas con ella o sola. Era todo un tsunami de información que debía de ordenar. En esa carpeta estaba su pasado y el cómo había llegado hasta ahí.

Lo que le había entregado Vanessa era la prueba que ayudaría para evitar que las personas consumieran un fármaco que les perjudicaría la vida. Brenda debía de entregarlo al jefe de la policía, amigo de confianza de Vanessa. Sin embargo, esa noche en que ellas se habían reunido por última vez, habían invadido su casa para recuperarlo.

Mientras que Vanessa los distraía, Brenda se fugó con la última y única copia que quedaba. La persiguieron y cuando logró perderlos la chocó un camión. Pensaron que si la mataban en ese momento iban a conseguirlo, sin embargo, sólo fue una distracción.

La verdadera muestra se encontraba en el lugar menos pensado.

Vanessa era una persona muy religiosa pese a su carrera, todos los domingos iba a misa y en una de ellas, le obsequió un rosario a la madre superiora.

La madre superiora lo aceptó con gratitud, sin embargo, lo que ella no sabía es que en donde estaba la figura de Jesús, debajo de él estaba incrustada la tarjeta SD que tanto era deseada.

Salió de esa casa y volvió a su hogar tranquilamente, a pesar de que se había dado cuenta de que la habían seguido hasta allí.

No la podían matar, de eso estaba segura. Al menos hasta que ellos obtuvieran lo que querían.

Dejo pasar unos días; actuaba de manera natural con el resto, iba al trabajo y volvía. Con Oscar se tuvo que distanciar, así que Gastón fue quién estaba más al pendiente de ella.

Finalmente cuando creyó que era conveniente ir a buscarlo, dejó su día libre y se armó un plan de escape.

Los lugares más concurridos eran ideales para estos casos, principalmente si llevas a gente que no te pierde de vista.

El centro comercial era su destino.

Entró a una tienda de ropa y allí se compró una chaqueta y un gorro. Cuando tuvo las dos cosas vio a lo lejos que venía el colectivo, así que aprovechó aquello y empezó a correr hacia él. Las personas que la seguían también lo hicieron. Se dirigió entonces hacia un vendedor de telas que detrás de él cruzaban muchas personas ya que estaba ubicado en la mitad del pasillo.

— Hey, te regalo esto y tu dame tu buzo y gorra — le dijo a una chica que justo cruzaba. La chica dudo un poco al principio pero después acepto y ambas cambiaron de ropa.

Brenda a paso moderado llego hasta el colectivo mientras que a la otra chica la retuvieron los tipos.

Una vez que llegó al monasterio pidió una cita con ella y, al cabo de unos minutos ella la recibió personalmente. Brenda se puso en un papel deprimente por la pérdida de su amiga y le pidió como último deseo el poder volver a ver el rosario que tanto ella apreciaba.

La monja accedió a ello, conmovida por la desgracia de una niña tan radiante como Vanessa; le presto el rosario por un momento y luego se retiró brevemente para darle su espacio.

Una vez ya tenida la tarjeta, se despidió de ella y luego se dirigió rápidamente al cuartel. Allí solicitó hablar con él y ni bien lo vio, él lo entendió. Se estrecharon las manos y después cada uno volvió a lo suyo.

Un mes después los titulares de las noticias, las radios, los periodistas y toda la nación hablaba de aquella asociación y de su peligrosa línea de fármacos que pudo haber sido consumida, pero que fue impecablemente interrumpida a tiempo.