Capítulo sin título
Sleepy Hollows
“en esos preciosos y eternos segundos que mis ojos vieron sus ojos, que mi rostro petrificado por el horror que presenciaba contrastaba con aquella artificial y dolorosa sonrisa en el rostro de aquel perdido en el abismo de su misma soledad <dios mío hijo…me niego a verte y aceptar que te convertiste en un asesino por mi culpa>>. Tras eso dicho, apunto con mi arma hacia aquel que una vez, fue mi hijo y acabo con su sufrimiento. No puedo permitir que otro más lo haga, al menos en mis últimos momentos de vida quiero hacer algo por él, que lo salve…”
Fragmento de “Las peculiares aventuras de Ambrosse Pierce”
PROLOGO
El caballero volador
Se encontraba caminando por las funestas y solitarias calles de tierra fangosa por los sucesivos dias de mal clima y tormentas característicos de la región del norte de Sleeperia, en la ciudad de Ecloscopia mejor conocida como la ciudad de los ladrones.
El solitario mercader de libros proveniente del reino vecino de Scariossa…reino de eruditos y genios de refinados gustos, amantes del té negro y la carne de venado.
Aquel mercader había surcado los mares y océanos más indeseables y peligrosos de los siete reinos…y era muy bien conocida su leyenda de que aparte de mercader y timonel de su propio Ballenero cuyas velas de paño horizontales lucían de unos diseños extravagantes que a menudo hacia que a la distancia se confundiese con un barco pirata, los 6 cañones que disponían a cada extremo del mismo dispersos en forma de zic zac con cuatro cañones por arriba y tres en la parte baja casi que rozando entre que el agua se metiese de vez en cuando si había mucha marea o no se cerraba bien las puertillas. Pero nada de esto le importaba a Arthur Blackhoot.
Arthur llevaba ya cuarenta años en el oficio de la venta de libros por los distintos reinos, esta venía a visitar a un familiar muy querido; de otra forma jamás rumbaría los peligrosos mares plagados de Tiburomantes cuyas mandíbulas podían destrozar con suma facilidad hasta al galeón más grande, pero Arthur ya tenía experiencia con estas criaturas semejanza a los tiburones blancos pero con una piel y tonos que recordaban a los diamantes o minerales semejantes, resplandecientes durante el día y la noche y siendo un poco más grandes que los tiburones blancos, se decia que si cazabas uno solo de estos ejemplares te cortarían la cabeza ya que hoy día son algo escasos y sus temporadas de apareamiento son tan impredecibles como la personalidad de los mismos…cuya inteligencia para cazar a sus presas era tal de semejanza con la de los delfines.
Todo eso le era irrelevante a Arthur el erudito de Scariossa cuyo Ballenero extravagante fue construido por los mejores carpinteros de las zonas del sur de Scariossa además de ser uno de los primeros barcos que podía surcar los cielos con ayuda de unos remos que salían de la parte más baja de la proa a ambos lados cuyos remos echos de un material tan negro y oscuro como la noche, tan duro y pesado que diez hombres musculosos tenían que sostenerlo y moverlo durante horas para que este simulase la misma función que cuando esta sobre el agua, liberaban desde las palas un polvo que se esparcía por el aire y se pegaba alrededor del Ballenero haciendo que tras unos minutos este empezara a tomar rumbo hacia los aires y se dirigiese hacia donde el timonel quisiese ordenándoselo con la menta como si de un deseo mágico se tratase, este milagro se trataba del “Sleepy”.
El Sleepy…poderosa y maldita magia proveniente de estas mismas tierras podridas y grises pero que en sus buenos dias fueron tan verdes y llenas de vida como el paraíso de cualquier naturalista aficionado y tan lleno de flora y fauna que dejaba muy buena mercancía a los granjeros y demás trabajadores que se dedicasen a ese tipo de cosas.
Arthur podía recordarlo muy bien pues el en su tiempos gloriosos fue un digno caballero sirviente del lunático y odiado rey de estas tierras…cuyo nombre está probado nombrarse en todos los reinos y cuya verdadera historia fue borrada de todos los libros…excepto de uno que él siempre llevaba consigo y del cual su familiar estaba muy interesado en poder inspeccionarlo.
Siempre me pareciste un chalado querido primo –Decia Arthur para sí mismo mientras maldecía el fangoso suelo que le hacía resbalarse de vez en cuando.
Arthur decidió tomar un descanso tras tener frente suyo una ventana rota que le revelaba hombres perdidos y malhumorados sentados, de ropajes sucios y viejos como sus cuerpos, era un bar.
Bien le había advertido su primo Leonard que no le convenía meterse a ninguno de estos sitios pues era muy habitual el vandalismo, los saqueos y el odio hacia los de fuera del reino y en especial a los de viajantes en barco, Ecloscopia era bastante conocido por su robo de barcos a marineros novatos o extraviados de sus destinos confundiendo mayormente Ecloscopia con su parentesco con el reino de Blasspolosia cuya fauna tambien empezó a verse mermada y quedando igual de deplorable aunque por motivos completamente distintos.
Ignorando todo esto y aquello Arthur entro al lugar por sus puertas maltrechas de madera tan inflada por la humedad que parecía que si ponía un poco de fuerza en los dedos podría quebrar su estructura, paso dando pasos seguros pero sin parecer muy confiado pues conocía perfectamente a los bandidos que se hallaban a sus costados, frente y detrás suyo observándolos con ojos codiciosos, vacíos y perdidos en un abismo de alcohol y mugre pero codiciosos igualmente.
¿Qué desea que le sirva?- Dijo una voz femenina gruesa y áspera provenientes de los labios gruesos de una mujer que más que tabernera, parecía que quería que la invitasen a la opera.
Un poco de ron está bien- Decia mientras sacaba de sus bolsillos una bolsa pequeña pero que hizo un sonido como el de un martillo cuando cae al suelo, llamando la atención de todos presentes en el lugar.
Entendido señor- La mirada apagada de aquella mujer pasó del desinterés al clásico juego de miradas coqueta que solo una persona que ve bolsillos llenos es capaz de hacerle a Arthur, mirada que conocía muy bien.
Muchas gracias, por favor conserva el cambio- Dijo Arthur esbozando una pequeña sonrisa que a duras penas podía notarse por el gran bigote y barba por lo cual tuvo que asentir con la cabeza.
Pasaron alrededor de tres minutos desde que Arthur había pedido su ron pero no había ya rastros de la tabernera que había entrado por las puertas hacia la cocina para gritarles a sus muchachas que dejasen de holgazanear y se pusieran a trabajar. La bolsa junto con las joyas todavía seguía donde la había dejado, estaba pensando en que si tardaban otro minuto más la tomaría y se iría de mala gana puesto que no quería llegar a horarios tan tardíos a lo de Leonard, además de que un grupo de hombres atrás suyo murmuraban oraciones que comenzaban a irritarlo, terminando por agarrar la bolsa rápidamente sin que se diesen cuenta y haciendo el menor ruido posible al apretarla, escondiéndola en su gorro de lana que se sacó disimuladamente de la cabeza y fingiendo que se rascaba.
Procedió a levantarse de la silla, dejar algunas monedas que conservaba en el bolsillo derecho del pantalón y se dio la vuelta esperando un ataque de algún borracho; se había llevado la mano al bolsillo izquierdo donde tenía su confiable revolver de slybalines de cuero que aunque no mortales, si penetraban la piel y podían dejar aturdidos a quien tenían la desdicha de recibir el impacto.
Para su no sorpresa el grupo que estaba en la mesa del lado izquierdo de una ventana sin vidrio, se hallaban armados con botellas y navajas de mango de cobre que apuntaban directo a su cabeza. Preparado con arma en mano Arthur estaba dispuesto a lanzar el primer slybalin directo a la cabeza del más feo de todos los presentes cuando una risa irreconocible le helo la sangre, no sonaba ni humana ni animal, un similar de aquella voz era como cuando le pones una máscara de metal a un caballero y resuena con eco.
Arthur volteo la mirada un instante para vislumbrar una figura misteriosa que se encontraba sentado una silla a la derecha de la suya, de sobresalto este saco el arma y le apunto al extraño el cual dejo entrever un filoso cuchillo como el de una espada salir de su interior, era un estoque tan largo que parecía impráctico hasta para el uso que le corresponde, pero destrozo la pistola haciendo que me explotase en la mano y me la lastimase.
Lo siento mi amigo, pero es de mala educación apuntar antes que preguntar- Decia en tono relajado mientras movía de forma extrovertida y molesta su otra mano, no dejaba ver su rostro por debajo de su sombrero de galera pronunciada el cual tenía plumas rojas de un tono casi tan resplandeciente como el fuego con ciertos matices más claros, algunas de tono amarillento y otras anaranjadas.
¡¿Qué les pasa vagos?! Esta desarmado, robémosle el dinero, por Slaboon que sí!- Grito un hombre que estaba detrás del todo en una mesa, solitario y casi sin vida pero que sus ojos se reavivaron con la situación tan bizarra y cuyo grito llego a oídos de todos los borrachos dormítenos y sacaron armas de todo tipo: navajas, machetes de mango de bronce, cañones de bolsillo y revólveres de slybalas celestes, las más peligrosas de todas las slybalas y de la más ilegales tambien.
Mira lo que has hecho imbécil, vas a lograr que nos asesines a los dos- Decia Arthur maldiciendo mientras se acariciaba la mano lastimada y miraba enfurecido a su atacante.
cómo puedes ser siempre tan negativo, deja de mirarme como un tiburomante en plena merienda- Decia en tono burlón mientras se iba poniendo de pie dejando ver no solo su gran altura superior a la de todos los presentes, sino dejando observar que vestía un exorbitante traje clásico de caballero, pantalones de un blanco gastado como el de las hojas de los pergaminos o los libros que terminaban cerrándose cerca de sus tobillos, medias largas rayadas con franjas bordo oscuro y negro, botas de cuero negro bien lustradas , una camisa blanca que parecía apretarle el cuello y que tambien apretaba en sus muñecas haciéndole parecer algo más corpulento de brazos de lo que realmente parecía, un chaleco de cuero bordo y por encima aquella capa tan larga que llegaba hasta sus pies.
Esta imponente presentación no fue suficiente para que los ladrones frenasen su cometido de robarle la bolsa al viejo vendedor de libros y sin titubear lanzaron botellas y disparos contra él a lo cual Arthur pudo responder únicamente encogiéndose de hombros y tapando su rostro como un niño pequeño al romper algo frente a sus padres. Sin embargo no fueron las slybalas ni las botellas la que lo hirieron, sino el repentino forcejeo por parte del misterioso sujeto de capa negra el cual lo había tomado y puesto debajo de sus hombros como si un paquete se tratase, maldiciendo a todos los borrachos y con su estoque largo cortar las balas y botellas con movimientos exagerados y poco elaborados, rompiendo las armas con la punta del estoque uno por uno y dejando salir un humo verde de cada punzada que daba contra aquellas pistolas y revólveres.
¿Cómo demonios has podido hacer eso? ¿Qué clase de cazador eres tú?- Grito Arthur impresionado por el poder de aquel hermoso estoque.
-Uno que caza historia señor, como la que porta usted aquí- Dijo dándole una suave cachetada en el muslo donde se encontraba escondido su cinturón de herramientas donde guardaba el libro prohibido.
-¿Cómo sabes tú y que te hace pensar que te lo daré?- Dijo Arthur intentando soltarse de esos largos y poderosos brazos delgados.
-Supongo que la herencia querido tío, la herencia- Dijo riéndose y lanzando a Arthur a su espalda se decidió a escapar subiendo de un salto por una mesa vacía cerca de una ventana y terminando por caer en un corcel negro que a toda velocidad emprendió camino por las calles hasta llegar a unos arbustos, adentrándose en el bosque.
Demonios, son unos imbéciles los han dejado escapar con el botín- Maldecía el viejo borracho de atrás volviéndose a dormir sobre su brazo.
Todo esto fue culpa de ese ostentoso larguirucho enmascarado, cuando lo vea le daré su merecido- Dijo uno de los sujetos apretando el puño con rabia. –Ya está, ya no se puede hacer nada mejor bebamos algo-.
Me parece lo mejor, pero Brunilda no ha salido de la cocina desde hace como veinte minutos ni con todo el escandalo ¿Qué demonios estará haciendo?- Dijo el más feo de todos rascándose la entre ceja y disponiéndose a entrar por la puerta de la cocina junto con sus cuatro hombres detrás de él siguiéndolo.
Se llevaron un sobre salto y se pusieron a vomitar tres de ellos mientras que los otros dos gritaba que llamasen a la policía, la escena era espantosa pues Brunilda la tabernera, se encontraba colgada boca abajo mientras sus extremidades rebanadas en 6 trozos cada una pero levitando lo suficientemente cerca una de la otra para reconocerlas, su torso se encontraba por encima de la cabeza mientras que del cuello emanaba un líquido verde espeso, mismo liquido salía de todas las partes del cuerpo de la mujer.
Cuando los oficiales llegaron a la escena del crimen no tardaron en confirmar este caso como otro asesinato más, se marcharon sin más y dejaron que los hombres crematorios, cuya función era quemar los cuerpos de las víctimas de la magia prohibida y juntar las cenizas en frascos, hiciesen su trabajo.
Colgaron un cartel en un papiro el cual dejaba ver un dibujo hecho a mano con tintas chinas negras y rojas, el cartel era muy claro: “El caballero Volador” vivo o muerto, cincuenta mil perlines por su captura.
Te has pasado esta vez volador, pero ya verás cuando nos encontremos y yo mismo clave tu estoque sobre tu horrenda mascara que finge una sonrisa que deja ver terror en tus cobardes ojos, ya veras, por el poderoso Slaboon enorme y perezoso que duerme bajo nuestros pies en el mar, donde tu cuerpo atado a la más enormes de las rocas prometo atar y anudar hasta que se me quiebren las uñas…ya verás que si- Dijo para sí mismo el teniente en mando de Ecloscopia, quien ya veía morir por quinta vez a un civil a manos del dominado “caballero volador” pues se decia, iba en un caballo volador y cuya silueta podía deslumbrarse por unos instantes sobre la hermosa luna.








