1 ⋆𝐉𝐔𝐍𝐆𝐊𝐎𝐎𝐊⋆
⋆JUNGKOOK⋆
Me relaje sobre la silla en este ruidoso restaurante, mientras trataba de controlar toda la furia qué me estaba carcomiendo. Quería relajarme, alejar las fuertes ganas de gritar y mandar todo a la.
—¿Qué dices? Creo que no lo he escuchado bien. Repite lo.
Xiu Qing se acomodó en su silla, sin prestarme ni la mínima atención mientras yo lo fulminaba con la mirada.
—Dije que Jackson será ascendido a socio este año.
Ábrete el vaso qué tenía en mi mano derecha, con tanta fuerza que estaba seguro de que se quebraría si seguía ejerciendo tanta fuerza.
—Pero, ese ascenso sería mío.
Él simplemente se encogió de hombros.
—Las cosas cambiaron, Jungkook.
—Me he matado todos estos meses trabajando. He traído millones a esta empresa. Me dijiste que si superaba mi récord del año pasado conseguiría el ascenso para convertirme en socio.
Xiu Qing agitó una mano.
—Y Jackson ha traído más inversores qué tú.
Estampé mi mano izquierda en la mesa, sin importarme verme alterado o llamar la atención.
—Eso fue porque el jugo sucio robándome uno de mis clientes. La idea de la campaña la di yo. ¡Él se llevó todo el crédito!
—Es tu palabra contra la suya, Jungkook.
—De que hablas, él está mintiendo. Yo soy la víctima aquí.
—La decisión ya está tomada, y la propuesta ya fue aceptada. Esfuérzate más para el próximo año, tal vez el próximo si lo consigas.
—¿Así nada más?
—Para que no te desalientes, te daré una muy buena comisión.
‹‹Una comisión››
Yo no quería una maldita comisión. Yo quería el ascenso. Ese puesto era mío. Me puse de pie tan rápido como pude qué volque la silla detrás de mí, la cual golpeó el suelo con fuerza. Me enderecé y lo miré con el ceño fruncido. Teniendo en cuenta que Xiu Qing no superaba el metro setenta y dos, sentado se veía tan pequeño.
Xiu Qing enarco una ceja.
—Cuidado, Jungkook. Recuerda que en Qiangda inc lo más importante es el trabajo en equipo. Sigues formando parte del equipo. Eres una parte fundamental.
Lo miré fijamente, reprimiendo las ganas de golpearlo y mandarlo a la por su ridícula charla.
—Sí, para el equipo.
Sobre todo.
Me alejé meneando la cabeza.
Volví al trabajo y entre dando un fuerte portazo. Mi asistente me miró, sorprendido. Tenía un sándwich a medio comer en sus manos.
—¿Acaso no te tengo prohibido comer en la oficina? —le solté, gritando sin importarme nada.
Él se puso de pie con torpeza.
Como siempre.
—Us...usted estaba afuera. —tartamudeo. —Estoy trabajando en sus gastos y he pensado que...
—Pues deja de pensar, joder. —me incliné sobre su mesa y le quité el dichoso sándwich de las manos, haciendo una mueca por la atrocidad. —¿Mantequilla de maní y mermelada? ¿Él sueldo no le da para algo mejor o que? —solté una maldición cuando la mermelada mancho mi chaqueta. —Joder.
Su cara palideció, perdió todavía más color al ver la mancha roja extenderse sobre mi traje gris.
—Señor Jeon, lo siento mucho. Lo llevaré a la tintorería de inmediato.
—Claro que debe llevarlo. Ya que saldrá, tráigame un sándwich.
Él parpadeó.
—¿No...no ha almorzado?
—Su conclusión vuelve a ser errónea. Tráigame un sándwich y un café cómo me gusta, leche desnatada, con extra espuma. Necesito a Park Jimin al teléfono ahora mismo. —me quité la chaqueta con gesto repugnante y me aseguré de que los bolsillos estuvieran vacíos. —Llévela a la tintorería. La necesito devuelta está misma tarde.
Él siguió sentado mirándome con la boca abierta.
—¿Acaso está sordo?
—¿Qué necesita que haga primero?
Le tire la chaqueta directo a la cara.
—Ese es tu maldito problema. ¡Averígualo y hazlo de inmediato!
Entre en mi despacho y cerré de un fuerte portazo.
Un cuarto de hora después ya tenía conmigo mi sándwich y mi café cómo tanto me gusta. El interfono sonó.
—Tengo al señor Park en la línea dos.
—Perfecto. —cambie la línea. —Jimin, necesito verte hoy.
—Estoy más que bien, gracias por preguntarme. Jungkook.
—No estoy de humor. ¿A que hora estas disponible?
—Estaré toda la tarde ocupado, lo si...
—Cancela lo que sea que tengas.
—Ni siquiera estoy en la ciudad, Jungkook. Cómo muy temprano estaría ahí a las siete.
—De acuerdo. Nos veremos en the roof. En la mesa de siempre. —colgué y pulse el botón del interfono. —Lo necesito ahora mismo.
La puerta se abrió y él entro para a acabar postrado a mis pies. Como siempre. Ni siquiera me molesté en mirarlo, no merecía mi atención en lo absoluto. Nunca en mi vida había conocido a alguien tan torpe como lo era él. ¡Siempre se tropieza con el aire! Es tan vergonzoso. Juraría que se la pasa más de rodillas ante mi qué las mujeres o hombres con los que salgo. Espere hasta que se pusiera de pie y recogiera su libreta y bolígrafo. Estaba sonrojado y le temblaban las manos.
—¿Si, señor Jeon?
—Mi mesa en The roof. A las siete en punto. Resérvela. Será mejor que la chaqueta este lista para entonces.
—He pedido el servicio urgente para ella. Aunque salió un poco más caro de lo normal.
Enarque las cejas.
—Estoy seguro de que le vendría bien pagar el dinero extra, teniendo en cuenta que todo fue culpa suya.
Su rubor aumento, pero no fue capaz de discutir al respeto.
—Iré por ella en una hora.
Agite una mano. Me daba totalmente igual a la hora que tuviera que recogerla, siempre y cuando me la trajera para ir a mi cita con Park Jimin.
—¿Señor Jeon?
—¿Qué?
—Hoy tengo que marcharme a las cuatro. Tengo una cita médica muy importante. Le envié un correo electrónico al respecto la semana pasada.
Tamborileé sobre la mesa con los dedos mientras lo observaba. Mi asistente, Kim Taehyung, la cruz de mis existencia. Había hecho de todo solo para poder liberarme de él, pero todo fue en vano. Daba igual cual fuera la tarea o orden, él siempre conseguía lograrlo. Por humillante qué fuera siempre hacia de las suyas.
¿Recoger mi ropa de la tintorería? Si ¿Asegurarse de que mi baño privado siempre estuviera bien surtido de mis artículos favoritos de aseo personal y lo más importante con mis condones favoritos? Claro que si. ¿Ordenar por orden alfabético mi enorme colección de Cd después de que decidiera llevármela a la oficina? Sin fallo alguno.
Incluso los guardo todos en cajas después de que ‹‹me lo pensara mejor›› y decidiera enviarlos de nuevo a mi departamento, impecables y en orden. No dijo ni pío. ¿Enviarle flores y un mensaje de despedida a la mujer de turno qué quisiera quitarme de encima ese mes o esa semana? Obviamente si.
Iba todos los días a la oficina sin falta y jamás desde que se convirtió en mi asistente personal llego tarde. Rara vez salía a menos que fuera para hacer algún encargo que le hubiera asignado o para escabullirse en la sala de descanso, donde almorzaba uno de sus asquerosos sándwich caseros qué le había prohibido comer en la oficina.
Siempre mantenía mi agenda y mis contactos al día; archivaba los informes siguiendo el código de color que a mi me gustaba; y filtraba mis llamadas, asegurándose de que ninguno de mis numerosos ex me molestara alguna vez.
Según me habían dicho, todo el mundo lo adoraba, nunca olvido el cumpleaños de alguno de sus compañeros de trabajo o sus superiores y horneaba unas galletas deliciosas que me compartía en ocasiones especiales.
Era la perfecto ilustrada en un hombre.
No lo toleraba.
Era todo lo que odiaba en una persona. Delgado y delicado, con el cabello castaño y los ojos grandes. Se vestía con trajes sencillos, igual que él. Impecable, pulcro y totalmente anticuado. Siempre llevaba su cabello bien peinado en todo momento. Nunca utilizaba joyas, y por lo que había observado, tampoco cuidaba de su piel.
No poseía el menor atractivo y no tenía el amor propio necesario para hacer algo al respecto. Apocado y tímido, era fácil de pisotear. Jamás se defendía, aceptaba todo lo que yo le tiraba y jamás me ofrecía un no por respuesta. A mi me gustaban las personas fuertes y con personalidad.
No felpudos como él Joven Kim.
Sin embargo, tenía que aguardármelo.
—Esta bien. Pero que no se le vuelva una costumbre, Joven Kim.
Por un instante creí ver la furia en sus ojos, pero acabó asintiendo con la cabeza.
—Recogeré su chaqueta y la dejaré en su armario. Recuerde la conferencia telefónica a las dos de la tarde. Y recuerde asistir a la conferencia en la sala de juntas —señaló unos archivos qué estaban en la esquina de mi escritorio —Ahí están sus notas.
—¿Mis gastos?
—Terminare en breve el informe y se lo traeré para que lo firme.
—De acuerdo. Ya puede irse.
Se detuvo en el marco de la puerta.
—Qué tenga una linda noche, señor Jeon.
Ni siquiera me molesté en mirarlo y mucho menos en responderle.
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