Saudade [Denji/Makima]

Summary

El cuerpo de Makima yacía sin vida en el suelo. Ni la sangre pudo contaminar la belleza de sus rasgos y tampoco desapareció la esencia de su solemne presencia. No hay grito de victoria, la adrenalina se disipó lentamente y en ese momento empezó a llover.

Genre
Romance
Author
Gojo
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Parte Única

Denji odia la lluvia.

Si le preguntas el porqué, te responderá que odia la sensación de humedad cuando desliza su mano entre sus hebras doradas, el desagradable momento en que sus zapatos se topan con los charcos de las calles, sin olvidar el infortunio de ser bañado con el agua sucia por culpa de los vehículos, y quedar empapado cuando olvida revisar el clima y no trae paraguas. Pero estas respuestas son insustanciales, razones que comúnmente la gente dirá para justificar su desagrado por el mal tiempo.

La verdad es complicada. El fúnebre y gélido ambiente que trae la lluvia arroja fragmentos de una vida pasada, una vida marginada repleta de eventos traumáticos —uno peor que el anterior—. Denji piensa remotamente que el abandono de su progenitor y la deuda de miles de yenes con la yakuza fue la maldición que lo dirigió a su infierno. Un infierno disfrazado de Paraíso antes de que el telón se derrumbara y mostrara su verdadera realidad.

Denji está seguro que su alma fue pegada por un super pegamento, pero todavía se pueden ver las grietas en su ser, una imperfección que nunca será eliminada; recordándole quién fue, de dónde vino y que fue lo que perdió. Y él debe sobrellevar aquello, sin importar las veces que se despierta agitado en las madrugas, empapado de sudor y con la garganta seca. En esos momentos de desolación y penumbra, Denji buscara en el dormitorio una cabeza con cuernos y otra con mechones oscuros. Tocara su pecho vacío, ninguna cuerda sobresaliente dentro de él.

Algunas veces permanecerá quieto en diversos lugares, mirando a la nada misma con la mente rememorando escenarios que ocurrieron en una vida diferente. Sus opacos ojos marrones se detendrán en un felino callejero y su pecho comenzara arder. No obstante, los momentos más difíciles son al toparse con gente físicamente similar a su antigua familia, las primeras veces se acercó a los desconocidos y su corazón se arrugó como el papel al observar decepcionado que no se trataban de Aki y Power.

Su ingenuo y torpe corazón alberga la esperanza de encontrarlos en esta nueva vida. Quiere creer que las deidades supremas sólo lo están haciendo sufrir por capricho y pronto se reunirá con su familia.

Esa es su cuerda de seguridad y se aferra con vehemencia para no caer en la tristura.

Está tan solo. Ahora tiene padres, pero estos prefieren sumergirse en el agotador trabajo de oficinistas que tomarse la molestia de estar con él. Así que es casi un huérfano.

Casa, ropa, comida y otros objetos materiales que el Denji del pasado hubiera amado y sería feliz.

El Denji de ahora no lo es.

El recuerdo de su hermano y hermana no es el único, él aún mantiene presente a cierta mujer de hebras rojizas y mirada imperturbable. Parece una broma de mal gusto reencarnar con sus sentimientos intactos, debería repudiar a Makima. Odiarla hasta la médula. Ese demonio con cara de ángel aprovechó su vulnerabilidad, le prometió tantas cosas que eventualmente le cumpliría para después quitárselo de la manera más horrible. Ella lo llenó de elogios y, como un perro hambriento de cariño, no dudó en seguir sus órdenes y dejarse manejar al igual que una marioneta. Todo en ella fue falsedad, un maldito condicionamiento que puso su mente y sentimientos a disposición de las manos suaves y manchadas de sangre del demonio.

Y pese a ello...

La extraña. La necesita. La desea.

Denji es verdaderamente patético, el bufón que todos podían humillar y tenderle una mano para seguidamente empujarlo a la inmundicia y reírse de su credulidad. Perdió a Aki y a Power porque Makima así lo quiso, porque él nunca importó, siempre se trató del corazón del Demonio Motosierra, el corazón de Denji siempre fue insignificante. El fanatismo de Makima lo llevó a la ruina y, aun así, tiene el cinismo de anhelar el roce de su cuerpo junto al de ella; la ilusión de permanecer a su lado como su fiel servidor.

El cuerpo de Makima yacía sin vida en el suelo. Ni la sangre pudo contaminar la belleza de sus rasgos y tampoco desapareció la esencia de su solemne presencia. No hay grito de victoria, la adrenalina se disipó lentamente y en ese momento empezó a llover. No. No son gotas de lluvia que caen por el rostro pálido de Makima, son lágrimas. Denji no la ha perdonado, sin embargo, no es suficiente impedimento para que se arrodille, incline su cuerpo y deje el primer y único beso en la frente de Makima. Una despedida agridulce.

Amarla lo hace sentir eufórico, amarla lo complementa. Está perdido, lo entiende, y acepta este maldito amor.

Quizás no es amor. Obsesión o locura, razones lógicas. Sin embargo, este amor retorcido se impregnó en su alma y no cederá.

Él suspira, caminando por las calles no transitadas de Tokio. El paraguas está sujetado con firmeza y un trueno resuena en los cielos.

La lluvia no se detendrá si él lo ordena.

Denji odia la lluvia.